Cómo explicar un proyecto de filosofía austera en el Palace

 palace

Habíamos quedado para comer en el restaurante Artemisa, muy cerca del Congreso de los Diputados. Tienen un exquisito menú vegetariano y una clientela fiel desde hace muchos años. Quizás se trate de uno de los restaurantes pioneros en la cultura vegetariana, y eso se nota en sus apreciados platos.

J., empresario y buen amigo desde hace años quería hacer un generoso donativo al proyecto pero necesitaba entender su filosofía y profundidad. Desde lejos, daba la sensación de que nos estábamos tirando desde un avión sin paracaídas y que en el vuelo, de forma ingenua, estábamos disfrutando de las vistas, desconociendo el porrazo que podríamos darnos si no teníamos atadas algunas cosas. Sus consejos y sus preguntas nos han ayudado mucho porque las cosas que se sienten profundamente desde el corazón necesitan de la guía de una inteligencia sana y ágil que pueda poner sobre el mapa de lo intangible las bases materiales que puedan ayudar en todo el proceso.

Tras terminar en Artemisa nos invitó a tomar una infusión en el hotel Palace, el que fue el hotel más grande y lujoso de su época. Mientras esperábamos la llegada del buen amigo C., bajo la cúpula-vitral interior del hotel, en el denominado jardín de invierno, recordaba los lujosos desayunos que años atrás tomaba en el vecino Ritz.

Realmente era paradójico intentar explicar la filosofía casi franciscana de un proyecto sencillo y humilde bajo esa gran cúpula. Mirábamos alrededor y veíamos lo difícil que sería poder explicar algo así, rodeados de personas que ni por un momento podrían entender nuestra necesidad vital de abandonar estas comodidades por una vida parecida a la de “il poverello d’Assisi”. ¿Cómo explicar bajo esa cúpula que lo que realmente nos conmueve del lugar donde vamos es precisamente su estado humilde, su sencillez, su aparatosa desnudez y su máxima austeridad, y que lo único que pretendemos es levantar piedra a piedra como si de un sencillo ritual de reconstrucción espiritual se tratara?

Tras la interesante conversación salimos los cuatro del Palace y nos dirigimos hacia un centro de yoga, donde hemos participado en un ritual de Satsang de tradición hindú. Allí hemos dejado de hablar para únicamente sentir, y hemos sentido profundamente y con claridad que estamos en el camino correcto. ¿De donde surge esa certeza? De la felicidad y la emoción que sentimos cuando explicamos a unos y otros este aparente salto sin paracaídas.

Descubrimos con cierto regocijo interior que hay angelitos que nos ofrecen día a día sus alas para que la caída siga siendo placentera, y que, con absoluta confianza, están ahí para dirigir nuestros pasos. Lo vemos a cada instante cuando nos ofrecen ayuda, casas enteras, muebles, dinero, sus propias manos de personas que ni siquiera conocemos. En diez días han pasado historias tan hermosas que nos hemos sentido arropados por todas esas alas angélicas que nos rodean. Hemos recibido cartas realmente conmovedoras y llamadas de ánimo constante. ¿Cómo no creer así que la utopía es posible?

Así que seguiremos, bajo cúpulas de oro o árboles sedientos, explicando y poniendo en práctica el ideal tangible en el que nos estamos volcando. Con ilusión, optimismo, alegría y amor, a pesar de la aparentemente incomprensible dureza que nos espera y la recompensa futura de haber cumplido con nuestra parte. Así que gracias a esas alas que nos protegen y nos elevan. Gracias de corazón por vuestro aliento.

 

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