Simplemente ocurre

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Todos coinciden, algunos ya con ojos húmedos, en que no se quieren marchar. Parece incomprensible. Trabajan cuatro horas bajo un sol de justicia sin cobrar nada, pasan frío por las noches, no tienen agua corriente ni luz eléctrica. Los lavabos son unos agujeros en el suelo adornados con algo de tinte mágico en mitad de un bosque. Las comidas son lo que son, sin carnes ni pescados, sin alcohol, ni siquiera un triste vino para amenizar. Duermen los más privilegiados en unas caravanas donde traspasa el frío y el calor y el resto en tiendas de acampada al ras del suelo. Se levantan temprano para meditar en una ermita que carece de todas las comodidades. Las tardes quedan agotados entre paseos y emociones, entre compartires e improvisaciones de todo tipo. Y aún así no se quieren ir. Y algunos aún repiten no una o dos o tres veces, sino muchas.

No nos cansamos de decir que aquí no se ofrece nada excepto nuestra compañía. Incluso cuando reclaman conversaciones profundas les invitamos a que miren al sol o paseen por el bosque porque allí, en su contemplación, están todas las respuestas. No hacemos talleres ni prácticas extrañas que nos ayuden a conseguir un mayor grado de satisfacción personal. Sólo ponemos el escenario para que cada uno de los actores cree esa magia que nace en el grupo, en ese egregor que se forma cada vez que más de dos se juntan. Un bosque, un hermoso prado, las montañas y nuestras sonrisas. Eso es todo. Lo demás simplemente ocurre.

Es cierto. Todos los grupos tienen vida propia. Cada grupo tiene una especie de nota clave, de ritmo, de sintonía interior que provoca situaciones y experiencias diferentes ante una misma rutina. Todo es bien fácil aquí: levantarse, una corta meditación de veinte minutos, cuatro horas de trabajo, comer algo, un paseo por la tarde, cenar y dormir. Sin embargo algo pasa con todos. Algo sucede que los transforman y se van con otro sentir, con otra luz interior. Algo acontece aquí en este bosque encantado que todos quieren volver para compartir, para demostrar que el apoyo mutuo y la cooperación es posible, que el dar sin esperar nada a cambio puede realizarse, que la utopía se crea en pequeños pasos, cooperando en la cocina, ayudando a levantar un leñero entre todos, convirtiendo un trozo de bosque abandonado en algo armonioso y sublime. Algo debe ocurrir cuando la armonía se instala de forma extraña, cuando los conflictos, de haberlos, se resuelven con amor y paz, cuando todos nos abrazamos como si nos conociéramos de toda la vida y nos contamos profundas historias tras dos horas de convivencia.

Las semanas de experiencia están resultando todo un éxito a pesar de que aún no tenemos capacidad para casi nada. Pero algo se está haciendo bien entre todos los que estamos aquí, los que vienen y se van, los que nos quedamos un poquito más para saborear cada momento. Algo hermoso se está tejiendo para que todos, algún día, podáis disfrutar de esta magia y este lugar. Gracias de corazón por apoyarnos de todas las maneras. Gracias de corazón por crear la magia que hace posible que el ser humano se pueda mirar a los ojos, arrincone sus diferencias y bese la palma de la generosidad en su extremo más sublime. Es cierto, lo demás simplemente ocurre.

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