Feliz año nuevo, feliz vida nueva…

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Llegamos todos a tiempo a pesar de que aquí llegar a tiempo lo entendemos desde otra perspectiva. Nos pasamos toda la mañana preparando el lugar, la comida, respetando y promoviendo la armonía, lo bello para crear un ambiente fraterno y humano. Vinieron desde todas partes más de veinte personas. Cada uno testigo de esa transformación que aquí sufrimos y experimentamos, cada uno con un deseo enorme de seguir compartiendo con el otro fórmulas para mejorar, para tratar de sentir y bucear en la vida de forma profunda y compartida.

Pudimos de forma milagrosa adecuar la antigua cocina como comedor improvisado. De alguna forma nos sentimos respetuosos y honramos ese lugar que desde el siglo XVI ha albergado tantos y tantos momentos. Algunos colgaban por las paredes adornos, otros embellecían el entorno mientras que se colocaban mesas y sillas para todos. La cena era humilde pero gozosa, brindamos con zumo de naranja y comimos espárragos, arroces y todo tipo de condimentos nacidos de la tierra y alejados del sufrimiento y el dolor.

Tuvimos la suerte, la gran suerte de que el tiempo acompañó de forma misteriosa durante el día. No hizo frío, el sol radiante iluminaba cada rincón hasta el punto de que hemos podido comer fuera, junto al bosquecillo de abedules, castaños y robles. La noche es diferente y a pesar de que el frío sí nos acompañó en la última cena, cantamos y reímos y celebramos juntos el cambio de año.

Acomodamos de la mejor forma posible el limitado espacio de la ermita. La llenamos de cuencos de cuarzo y grandes instrumentos que casi no cabían en la sala. Tras hacer el último círculo de consciencia donde cada uno pudimos expresar nuestro sentir y de paso perdonar las torpezas del pasado, acomodamos nuestros cuerpos para disfrutar de un maravilloso concierto de cuencos que dos amigos habían preparado desde Santander.

De alguna forma, entramos en el nuevo año desde un plano dimensional diferente. El sonido creaba hermosas formas en nuestras mentes y corazones. Con el silencio de la noche cada nota que salía del cuarzo de aquellos instrumentos parecía querer transportarnos hacia otros universos. Entramos en un plano creativo, armónico, despejado. Irrumpimos en el nuevo año con la intención de seguir progresando interiormente mientras tratamos de practicar nuestro propio y amplio camino.

La valentía de los que nos habéis visitado estos días ha tenido su propia recompensa. En nosotros queda el recuerdo de la primera Navidad y Fin de año juntos en O Couso. Nos sentimos privilegiados por haber sido capaces de ser testigos presenciales de un momento histórico y único de esta incipiente y pequeña comunidad de almas libres. Gracias de corazón a todos los que pudisteis estar entre nosotros estos días y gracias a todos los que de alguna manera también habéis estado cerca. Gracias, gracias, gracias.

Ahora toca preparar la aventura de este nuevo e intenso año. Ahora toca profundizar en la acogida libre y voluntaria, sin requerimientos, sin expectativas, sin moneda que limite el ingreso en esa experiencia. Damos lo que podemos, cogemos lo que necesitamos. Así es y así debe seguir durante mucho tiempo.

Feliz año nuevo, a todos, desde el corazón.

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