O Couso sale de la incubadora (I)

Durante cinco apasionantes días en el Ashram Ananda Gaorii cerca del pueblo de Vig en Dinamarca, el proyecto O Couso ha estado participando en el taller piloto de CLIPS (Communities Learning Incubator Programme for Sustainability ). CLIPS es un proyecto organizado por miembros de ecoaldeas de toda Europa subvencionado por el programa Erasmus para ayudar y potenciar a nuevas iniciativas comunitarias a salir del cascarón. O Couso ha compartido este espacio con miembros de otros proyectos desde Italia hasta Estonia, Pasando por Alemania, Holanda, Inglaterra y otros países.

¿Y qué ha hecho O Couso en una incubadora? Analizar el estado del proyecto y aprender nuevas herramientas para que éste pueda volar fuerte durante muchos años.

El curso está estructurado en círculos concéntricos que fuimos abarcando desde dentro hacia fuera. En un primer nivel está la relación entre el Yo y el Nosotros o la comunidad. En un segundo nivel está la intención / visión del proyecto, seguidamente está la estructura y finalmente la práctica.

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El Yo y el Nosotros

El primer bloque, la relación entre el yo y el nosotros se presentó a través de una divertida dinámica en la que un nuevo integrante de una ficticia comunidad proponía al grupo de cocina que dejase de cocinar y todos se alimentasen de Prana. Sin lugar a dudas una de los grandes retos de cualquier comunidad es integrar las necesidades personales, experiencias, creencias… de todos los miembros que la compongan, a la vez que acoges sus actitudes y destrezas y se mantiene la identidad del grupo. La clave según los facilitadores del curso está en la empatía y la cultura de comunicación que exista en el grupo. Si no se reconocen las diferentes personalidades y cualidades del yo en el nosotros, más pronto que tarde dará paso al equívocamente temido conflicto.

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Los conflictos

Desde nuestro punto de vista no existe el equilibrio como algo estático a alcanzar y luego preservar. En O Couso nos gusta pensar en el equilibrio como un balancín. Cuando uno sube, otro baja. El equilibrio en verdad es esa fluctuación de situaciones. Por ello el conflicto es positivo. Éste siempre va a existir. Los conflictos son una fuerza evolutiva. Son un regalo.

Nuestra querida facilitadora Jenni nos dio estrategias para transformar cómo percibimos y cómo vivimos con el conflicto.

En primer lugar se ha de escuchar todas las voces, pero no solo la de todas las personas implicadas, sino también nuestra voz interior y exterior. Los conflictos suelen surgir por necesidades del yo no satisfechas. La clave está en escuchar sin juzgar lo que tiene que decir la otra parte. Así mismo resulta imprescindible tratar los conflictos en un lugar donde todos se sientan seguros.

En segundo lugar se ha de trabajar en nosotros mismos y nuestros temores o traumas. Ser sinceros y reconocer cuanto hay del conflicto de alguna situación no resuelta como individuo. Además hay que tener en cuenta que otra parte del conflicto puede estar canalizando otros conflictos de la sociedad fuera de nuestro grupo a escalas mayores.

Los conflictos hacen visibles cosas que nuestra comunidad carece o está tratando de cubrir. Éstos ponen de relieve situaciones de desequilibrio de poder. Si tú eres demasiado poderoso, ten por seguro que alguien se va a rebelar. Están estrechamente ligados al quien soy, y donde está mi poder y privilegios. Los privilegios son otorgados gracias al rango. El rango es algo de lo que no nos podemos desvincular. Ya sea tu edad, color de piel, estatus económico, rango psicológico, educación, género… todas estas cosas te otorgan privilegios de los que puedes ser consciente o inconsciente. Hay que tener en cuenta que el rango es algo permutable dependiente del contexto. La clave está en que aquellas personas que puedan tener más rango sean conscientes de sus privilegios y los utilicen para incluir y hacer partícipe a todas las voces. Por último decir que los conflictos no han de tratar de resolverse, sino de transformarlos.

Una dinámica para gestionar los conflictos que compartieron fue la de dibujar en un papel como se sentía el yo respecto a un conflicto concreto y en otro papel dibujar cómo se puede sentir la otra persona del grupo. Seguidamente te levantas y te posicionas enfrente de cada papel moviéndote de forma libre y escuchas la primera palabra que te venga a la cabeza. Después con la otra hoja haces lo mismo. Ahora tienes una estrategia de como manejar el conflicto.

Gestión de las emociones

El segundo bloque del día experimentamos con una dinámica para gestionar y compartir las emociones en grupos. Se llama El mandala de la verdad. En el desván de una bonita casa, en un grupo pequeño e íntimo, con el sol entrando por las ventanas, nos preguntamos en círculo cual era el parte metereológico (emocional) de cada uno en ese momento. Para unos había un sol radiante, para otros era un día nublado… El acto de compartir las emociones es como limpiar el cielo. Esta dinámica tiene sus raíces en la corriente de la ecología profunda. Todo debe de transcurrir en un lugar seguro y confidencial. Se dibujo con un cordón un gran círculo en el suelo divido en cuatro cuadrantes donde cada uno representa una emoción básica junto a un objeto.

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Voluntariamente cada persona de una en una se adentra en el círculo e interactuando con los objetos/emociones que siente en ese momento o respecto a una situación anterior. Puedes hablar o hacerlo en silencio. Saltar de un cuadrante a otro. Los demás solo observan y cuando terminas pronuncias las palabras “nosotros te vemos”.

Empatía

Por último, en el bloque final del día pusimos en práctica la herramienta de la polarización de roles con el estudio de caso de una nueva comunidad en Alemania integrada por cerca de treinta personas. La situación que presentó el representate de la comunidad es que si ella trabaja en la cocina no podía trabajar fuera para obtener ingresos y pedía a la comunidad que le diese cuatrocientos euros por el trabajo que realizaba. Seguidamente se escenifico la situación con tres roles polarizados: el miembro de la comunidad que hemos descrito, la visión de la comunidad de la economía del don (o como en O Couso estamos acostumbrados a llamarlo “deja lo que puedas, coge lo que necesites”) pero que no tiene suficiente dinero para satisfacer la necesidades de ese miembro y por último los miembros que sí trabajan fuera y aportan un dinero a la comunidad y se defendían diciendo que ellos no están disfrutando de la comunidad durante el día y tienes que hacer el esfuerzo de seguir inmersos en dinámicas hostiles del mundo laboral corriente. Todos los que estábamos allí podíamos sumarnos al círculo adoptando un rol e ir moviéndonos de uno a otro según lo fuésemos sintiendo. Fue muy conmovedor ver como el miembro presente de la comunidad pasaba por todos los roles. Cómo así somos capaces de comprender la postura del otro. Empatizar con la necesidades del compañero y desde hay abrir el corazón para posteriormente encontrar un camino. Resultó muy interesante como algunos roles se iban quedando sin apoyos de los integrantes del círculo que estábamos y luego de repente se volvían a sumar voces defendiendo esas posturas.

Después de este primer apasionante día intercalado por sesiones de yoga, meditación y canto con los monjes del ashram se dio por concluido el bloque del yo y el nosotros.

En siguientes entradas seguiremos compartiendo con todos vosotros las experiencias vividas.

¡Un fuerte abrazo!

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