Amabilidad: la alegría del compartir

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Uno de los fundamentos del amor es la amabilidad. Lo decíamos el otro día en uno de los círculos de consciencia en los que intentábamos profundizar sobre el querer y el amor. Nos gustó especialmente esa definición que alguien trajo sobre el círculo. Ser amables, ser confiadamente amables, sinceramente amables con el otro como fundamento, como piedra angular de toda relación. No como un acto hipócrita o protocolario, sino como algo sincero, de corazón. Ser amables con tu pareja, ser amable con tu familia, con tus amigos, con tu entorno, con tus vecinos, incluso añadiríamos eso de ser amables con el mundo entero, con la naturaleza, con los animales, con las plantas. Nos dimos cuenta de la fortaleza de esa afirmación, de esa actitud ante la vida, y de lo sencillo que resulta poder ser amistosos, simples, afables, cordiales, cariñosos, agradables, afectuosos, benévolos, en definitiva, amables.
Lejos de toda aquella gente que se pasa el día viviendo en la queja, en esa manía tóxica de ver el mundo siempre negro y oscuro, hostil, degradado, triste, deberíamos dar una vuelta y empezar a observar desde lo inmediato lo fácil que resulta hacer de este mundo un lugar hermoso donde vivir. Quizás solo hace falta cambiar nuestra mirada, intentar estar presentes en el instante de regalo que representa la vida. Es cierto que muchas veces vamos a comprar a esa tienda o ese lugar donde nos tratan con amabilidad, con cariño. Y también es cierto que cuando llegamos a un sitio donde la bordería es la que domina el ambiente, tendemos a huir hacia otro lugar. La amabilidad siempre atrae, y cuando vemos a personas discutir, solemos salir corriendo hacia otra parte porque siempre es una situación incómoda, tóxica, cargada de ruido y malestar. ¿Para qué ingerir esas energías? Cuesta tanto darnos cuenta de lo fácil que sería todo si fuéramos en todo momento amables. Incluso con aquella gente que no opina o piensa como nosotros.
Otra persona decía que una de las fuerzas que movían el amor es el silencio. Amar en silencio también es una poderosa forma de dejar paso a la verdadera esencia de la vida. Si pudiéramos conjugar ambas palabras en una mirada, en una sonrisa, silencio y amabilidad, el mundo sería algo maravilloso. No habría broncas en los parlamentos, los políticos se entenderían de mejor forma, los contrarios se animarían unos a otros para competir sanamente, los diferentes dejarían de ser enemigos o extraños, los vecinos se convertirían en seres amables y divertidos con los que interactuar más a menudo. El mundo sería menos gris. Y la fórmula sería bien sencilla: amabilidad, silencio, sonrisa. Está en nuestras manos crear un mundo amoroso y hacer de la vida algo bello. Es fácil y sencillo. Seamos amables, vivamos en la alegría del compartir. 
Pd. Queremos dar las gracias a todas las personas amables que este verano vienen a echarnos una mano y lo hacen con la sonrisa, la alegría y el amor suficiente para aportar una hermosa vibración en el lugar. Cuando esto ocurre y todo resulta tan fácil y cariñoso, la convivencia y el día a día se transforma en un momento mágico que merece la pena ser vivido. Así que gracias de corazón a todos por vuestro amor incondicional.
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