21 días de experiencia

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Hoy era un buen momento para empezar los 21 días de experiencia. La noche no quiere aparecer. Amanece tan temprano que resulta incómodo no disfrutar de la vida a altas horas de la mañana. Las meditaciones, ante la ausencia de frío, se hacen más pausadas y serenas. A las ocho de la mañana y a las ocho de la tarde. Para empezar el día en silencio y terminarlo en silencio. Y esas dos personas, valientes y decididas, han empezado su proceso de silencio. 21 días que les llevará por los recovecos de este lugar y también por los aledaños de su interior. Tres semanas de silencio para empezar a explorar toda esa vida envolvente que muchas veces, ante nuestro ruido interior, no vemos. Tres semanas de introspección para poder reencontrarse de nuevo con lo importante, con lo esencial, con lo verdadero más allá del velo de la rutina y el tedio.

Comemos en la hierba bajo el sol. Sonreímos y gastamos bromas. Unos se enamoran de otros y empiezan a verse parejitas alegres entre los árboles, buscando flores mientras caminan y se dedican sonrisas y miradas. La complicidad se puede ver cuando los pajarillos no paran de gritar que están artos del invierno. La vida en la pequeña comunidad no es fácil. Tras el duro invierno apetece pasear, estar tranquilos, trabajar alegres bajo el sol pelando los troncos que servirán para sostener el nuevo tejado o buscando plantas comestibles en los campos para aderezar una improvisada ensalada de hojas y flores silvestres.

No, aquí la vida no es fácil, pero resulta que es única y verdadera. La naturaleza nos enseña. Cuida de nuestro cuerpo físico. Vitaliza nuestra ánima con energía y fuerza. Nuestras emociones se tiñen de la espectacular visión que nos rodea. Las montañas y los valles fijan en nuestra mente mensajes calmados y llenos de gracia. No es fácil pero nuestro deseo quiere que la dificultad sea afrontada con serenidad y alegría, a sabiendas de que todo lo que hacemos es por el bien común. Todo es un aprendizaje. Vivir aislados en nuestras madrigueras es relativamente sencillo. Pero cuando salimos al mundo y nos enfrentamos a los otros resulta que aprendemos, resulta que la vida nos llama a envejecer juntos para comprender en profundidad sus misterios.

La primavera tiene una magia especial. Hace unos días un ciervo entró a la comunidad. Nos cruzamos con él, junto a las cabañas y se asustó. Las cigüeñas nos rodean buscando algo que comer mientras cientos de pájaros de todos los colores nos despiertan con sonidos imposibles. Hoy ha sido el primer día de la experiencia y tocaba no hacer nada, bucear en la quietud mientras se disfruta del espectacular paisaje salvaje. Pasear, comer algo y contemplar. Esa era la rutina para las dos valientes que se enfrentan al reto. Silencio, silencio, silencio. Y entonces ocurren cosas, algo se mueve, algo se instala, algo se reordena. Las emociones cobran sentido, los pensamientos fluyen vigorosamente. La vida continua su ciclo maravilloso y oxigena todo lo que somos. 21 días de experiencia, en silencio, nos ayuda a recordar quienes somos, a qué hemos venido y hacia donde vamos. Y todo como un regalo que despierta en nosotros esa emoción de compartir, de contemplar, de embellecer la vida con más vida.

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