No dejar nunca de intentar

O Couso no es una comunidad al uso, pero quizás sea uno de los lugares donde con mayor intensidad se viva la experiencia de vida comunitaria. La casa de acogida, gracias a su propia estructura y esencia, ejerce de poderosa práctica para todos aquellos que deseen vivir una experiencia única e irrepetible. La metodología empleada, la praxis diaria, el contacto con seres humanos de carne y hueso que se equivocan, que se emocionan, que aprenden de sus errores, que buscan un sentido profundo a sus vidas, hace que el día a día sea intenso e inolvidable.

Decimos que no es una comunidad porque aún no ha alcanzado materialmente la privacidad necesaria para que esto ocurra. Esta es una tarea compleja porque lo material y lo emocional se supeditan a una exigencia, a un ideal excesivamente alto para los tiempos que corren. Pero podemos decir que, a nivel anímico y espiritual, se ha creado una gran comunidad de personas que, aún no estando físicamente en el lugar, se sienten de alguna manera conectados y unidos en una especie de invisible lazo místico.

Algunas de las personas que vienen a visitarnos lo hacen buscando un poco de naturaleza, de contacto humano, de sentido de permanencia. Huyen de alguna parte afirmando que estamos ante una sociedad particularmente decadente en lo material, psicológico y espiritual. La búsqueda de alternativas o la necesidad de abrazar algún tipo de esperanza nos mueven a buscar lugares con algún discurso diferente, una narrativa alternativa, con algún tipo de práctica y vivencia que rompa algún molde.

Nosotros no nos cansamos de decir que no queremos cambiar el mundo. No es nuestro afán ser protagonistas o modelos de nada. Solo queremos aportar un verso, una nota, una experiencia que cale en los corazones de los que nos acompañan. No tenemos mayor aspiración que compartir ese alto ideal, a sabiendas que está destinado al fracaso. Por eso siempre hablamos de este sitio como una utopía inconclusa, algo que nadie podrá terminar por su elevada aspiración y por nuestra propia fragilidad humana.

Así que, navegando continuamente en el error y el fracaso, nos abrimos una y otra vez para conectar vidas, para abrazar juntos a la naturaleza, para expresar con alguien que acabamos de conocer nuestros más íntimos secretos. No tenemos duda de que lo estamos intentando. Y ese es nuestro único y mayor logro. No dejar de intentar.

Intuimos que este será un verano tranquilo, de transición a no sabemos dónde. Estamos en el octavo año del ciclo de veintiún años que nos habíamos dado como proyecto de vida. Vamos despacio, vamos tranquilos, pero aquí seguimos, esperanzados, atentos, observantes, abiertos.

Una respuesta a «No dejar nunca de intentar»

  1. Hola, me gusta vuestra iniciativa y me gustaría conoceros. Quisiera saber si el lugar esta adaptado a silla de ruedas. Pues me muevo en una eléctrica, sin ninguna otra posibilidad. Quedo a la espera de vuestros comentarios. Saludos.

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