La utopía de encarnar el gozo, la belleza y la alegría en nosotros

Si bien el mes de junio y julio fueron meses de afluencia tranquila y sosegada, el mes de agosto está siendo un mes de mucha concurrencia, llegando a casi cuarenta personas por semana. Esto nos llena de gozo pero también nos mantiene alertas ante el reto de que todas las personas se encuentren bien en un lugar aún por hacer. Aún así, nos alegra saber que la búsqueda del alto ideal, a pesar de nuestras imperfecciones personales y grupales, sigue viva, y que la puesta en práctica cada día, a cada instante, sigue siendo nuestra mayor aspiración y compromiso.

Uno nunca sabe qué o cuánto está dispuesto a hacer para apoyar o empujar cualquier idea o proyecto que pueda mejorar a la humanidad, inspirarla o empujarla hacia altos ideales. DK, un maestro tibetano, decía que a medida que el ser humano ha ido progresando, los ideales han abarcado cada vez más pensamientos de naturaleza utópica, y a medida que surgían a la superficie, eran recordados y registrados y, comenzando a controlar en tal forma el cerebro humano, que el énfasis puesto en la alegría y el goce, llegó oportunamente a convertirse en la descripción de la generalidad de los sueños. Nuestro sueño final tiene ese marcado objetivo, gozar en la alegría del compartir.

Aquí tenemos el origen de las utopías, nos recuerda DK, las fantasías y las presentaciones idealistas de la belleza y la alegría futuras, que caracterizan la vida mental del ser humano evolucionado, las cuales han sido expresión de las esperanzas (aún no cumplidas) expuestas en libros como La República de Platón, en El Paraíso Recuperado de Milton y en las mejores producciones utópicas, idealistas y creadoras de nuestros poetas y escritores occidentales. Estos días, en algún círculo de sabiduría, apuntábamos que esa era nuestra naturaleza, nuestra aspiración. Y que algunos de nosotros, nos hemos comprometido en cuerpo y alma para poder plasmarlo lo mejor posible.

Hay muchas personas que desean y anhelan esa utopía, ese cambio posible en nuestra mente, en nuestra condición humana. Uno puede aspirar a ese ideal, pero pocos se comprometen realmente con el mismo. Y aquellos que lo hacen, no resisten todas las fuerzas y agravios que se desarrollan en tan arriesgada empresa. La aventura de inspirar a otros, de proteger valores profundos con honor y un marcado afán de servicio, es algo altamente complejo y arriesgado.

Es una carrera de fondo donde solo los más resilientes y resistentes irán superando las pruebas que la vida nos pone a cada instante. Los que sueñan mundos posibles tienen la responsabilidad de intentar encarnarlos. Esa responsabilidad siempre ha sido y resultado una tarea hercúlea. ¿Quién en verdad está capacitado para sostener un sueño, una fantasía, una visión que pueda hacer crecer nuestra condición humana? ¿Y cómo hacerlo sin resultar dañado, arruinado, crucificado, despreciado o mancillado?

El ser humano evolucionado se caracteriza por tener una vida llena de belleza y alegría. Alcanzar esa plenitud, esa felicidad constante es complejo, pero no imposible. Sostener cualquier pilar de nuestras vidas por esos valores amables y aparentemente sencillos debería ser nuestro ideal a alcanzar. Belleza y alegría, alegría y belleza. Si nuestras relaciones, nuestros trabajos, nuestros hábitos diarios estuvieran llenos de belleza y alegría, el mundo sería un lugar habitable, sencillo y profundo.

Viviríamos en una sonrisa constante, en una comunión hermosa con la vida y su misterio. Seríamos amables, incluso con aquellos que perturban nuestros sueños. Seríamos sensatamente capaces de soportar cualquier tensión, promoviendo siempre una actitud limpia y desenfadada. Ojalá algún día nos convirtiéramos en seres bellos y alegres, y pudiéramos empujar con ello el mundo que nos rodea. Esa es, tan sencilla como compleja, la verdadera utopía. Ser bellos y alegres, ser amables y entusiastas con la vida y con todo aquello que nos muestra en sus retos diarios. Y ese es el mantra que intentamos comulgar todos los días en este modesto proyecto utópico. Embellecer el entorno, embellecer de alegría cada cosa que hacemos, desde transportar pesada carga en la carretilla hasta hacer la comida o limpiar los espacios. Toda una excusa para que la belleza y la alegría nos llene de gozo a todos. Gracias por hacerlo posible.

4 respuestas a «La utopía de encarnar el gozo, la belleza y la alegría en nosotros»

  1. Ciertamente esa es la gran experiencia, el gran regalo que Ocouso ofrece.
    Con inocencia,como de forma casual, brinda sus tierras, sus corazones,la Sabiduría de todos los seres sintientes que habitan( aún pareciendo viajeros) la fuente,
    La esencia del proyecto de alguna forma mágica es la misma esencia de la naturaleza del amor.
    Muchísimas gracias.

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  2. Hola, tengo idea d hacer un proyecto solisario muy completo, pero nunca pienso en la palabra…»Utópico»…Os visité una vez, soy dl mismo barrio q tú en Barcelona, me parecio el texto con un tono un poco pesimista. CHumildemente creo q la fe en una energia superior y la conviccion grande en tu proyecto han d ser suficientes para conseguir hacer tu proyecto y tb para lidiar con la complejidad d la gente. Sobretodo tener la mente en positivo siempre a pesar d obstaculos. Os visité una vez, soy dl mio barrio q tu en Barcelona. Fue una experiencia d unas horas, pero buenisima. La cooperacion es la verdadera fuerza dl ser humano contra cualquier problema, no el indivualismo o competicion. Saludos y suerte!! Pd: Escribí como pude jeje

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