Encuentro de almas pioneras

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La semana que viene vamos a realizar un pequeño encuentro de aquellas personas que iniciaron el proyecto con alegría e ilusión cuando todo parecía casi imposible. Visto desde la distancia, parece casi un milagro todo lo que en O Couso ha ocurrido, tanto a nivel material como a nivel humano. Una gran familia se ha extendido por todo el territorio y hemos descubierto que realmente existe una auténtica comunidad, que aunque no viva estrechamente unida en el propio proyecto, si vive estrechamente unida en un lazo místico, de hermandad y fraternidad que se extiende más allá del tiempo.

Un grupo de amigos que llegaron como almas pioneras para poner las primeras piedras del proyecto ha decidido reunirse para recordar viejos tiempos, para ver in situ las mejoras y para hablar sobre el futuro, especialmente ante la gran noticia de que hemos conseguido que una buena amiga desee colaborar con la financiación completa de la futura escuela de dones y talentos. Estamos felices por esta gran noticia y este encuentro servirá para celebrar que la fase de construcción material está ya finalizando (2014-2021) y que en los próximos años empezaremos a construir la escuela, el jardín y la huerta, dando paso a la segunda fase del proyecto, la que irá desde el 2021 al 2028. La tercera fase, la fase Simorg (2028-2035), la fase de la comunidad, ya se está gestando en nuestros corazones.

Estáis todos invitados a venir y a participar de este bonito encuentro, esperando que sirva como base y excusa para futuros proyectos juntos. Gracias de corazón a todos los que estáis haciendo posible esta hermosa utopía. Gracias por la constancia, por la ilusión, por la entrega incluso en los peores momentos. Gracias, gracias, gracias.

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No somos un lugar de vacaciones, venimos a despertar

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El verano es un tiempo complejo, de atender a muchas personas y de facilitar todo lo que podemos los procesos individuales y grupales. Nos juntamos grupos numerosos donde puede ocurrir por error o confusión que se creen tendencias opuestas a la visión del propio proyecto. A veces tenemos que intervenir con algunas dinámicas para intentar hacer comprender que O Couso no es un lugar de vacaciones low cost, ni un lugar donde hacer turismo a bajo precio o quedar con los amigos para estar unos días de fiesta colectiva. El proyecto está basado en valores y principios profundos que intentamos gobiernen nuestras vidas, al mismo tiempo que, con gran esfuerzo, intentamos que sirvan de referencia e inspiración a todos los que nos visitan. No somos un lugar de vacaciones espirituales donde pagar una gran cantidad de dinero por unos cursos o talleres, ni un campo de trabajo donde intercambiar comida y alojamiento a cambio de algunas actividades a la comunidad, ni tampoco somos un negocio donde unos pocos se lucran a costa del resto ni un lugar donde vivir gratis a cambio de unas horas de intercambio.

O Couso es un lugar sin ánimo de lucro atendido por voluntarios, un sitio de experiencia humana integral, donde sutilmente se tocan temas de gran importancia como la gestión de los recursos y la ecología, una alimentación no violenta basada en valores de paz y bienestar, de cuidado de nuestros cuerpos y del cuerpo sagrado de la naturaleza, una economía nacida desde la más absoluta generosidad y bajo los principios de la economía del don, una intención de espiritualizar nuestras vidas de forma grupal, entendiendo para ello la necesidad de estar en silencio interior, en alegría y en salud, todo ello sin dogmas, sin creencias, sin nada que pueda entorpecer nuestro contacto directo con la naturaleza y su misterio, con la libertad individual bajo el marco del despertar colectivo hacia una nueva visión de las cosas y un proyecto de emancipación de los antiguos valores que gobiernan nuestras vidas. Es un lugar de liberación y sanación gracias a los bosques, al contacto humano en los círculos de consciencia, a la naturaleza en su más puro estado. Pero sobre todo es una escuela de responsabilidad donde todos venimos a aprender a convivir desde una consciencia diferente, a respetar desde la tolerancia fraternal y a comprometernos realmente por un mundo mejor.

Y todo esto que ofrecemos, ¿a cambio de qué lo ofrecemos? Sólo a cambio de respeto, compromiso y responsabilidad. Respeto a los acuerdos, respeto a los principios básicos de convivencia, respeto al lugar y especial respeto a los que integran el proyecto. Tener una experiencia parecida en cualquier otra ecoaldea o comunidad puede tener un coste de unos dos mil euros mensuales. Nosotros no cobramos ningún tipo de contraprestación económica, pero sí pedimos un alto grado de compromiso y responsabilidad. Por eso nos gusta que los que participan en el proyecto vengan concienciados en participar en las propuestas que surgen del mismo. Nos encanta empezar el día en silencio para atraer paz a nuestros pensamientos, continuarlo compartiendo unas canciones para que la alegría nos embriague y seguir con un poco de yoga para estimular y despertar nuestros cuerpos tras los almabrazos a la salida de la ermita. Nos encanta la puntualidad, que todos seamos limpios y ordenados, participativos en las tareas, que todos tengamos cura de los recursos limitados y hagamos todo lo que esté en nuestras manos para cuidar de los mismos o para colaborar en su multiplicación. Las aportaciones económicas, siempre voluntarias y desde la consciencia de cada cual, sirven para que el proyecto se sostenga y otros puedan disfrutar del mismo y sus mejoras en un futuro. Somos felices cuando los que vienen nos ayudan a aligerar la carga que representa sostener este trabajo de servicio, de estudio y meditación, de amor, sabiduría y voluntad al bien.

Somos servidores, no serviciales. Es decir, nos gusta sentirnos útiles, no sumisos a las tendencias de otros. Estamos aquí para ayudar en los procesos personales y grupales, pero necesitamos respeto, compromiso y ayuda mutua. Los círculos de consciencia son una herramienta eficaz y útil que nos ayudan a sanar personal y colectivamente. Los círculos de sabiduría nos enriquecen, nos hace más sabios y nos sirven como referencia y guía en nuestras dudas. El respeto a los recursos, los horarios y las actividades hace que toda la experiencia ejerza una poderosa influencia en nuestro interior y nos de un soporte anímico para explorar, más allá del proyecto, nuestras vidas desde una perspectiva diferente, valiente y revolucionaria. Por ello, os agradecemos de todo corazón que vuestro tiempo sea útil y provechoso, para que el nuestro también lo sea y podamos todos aprender juntos, libres, en equilibrio, armonía, amor, igualdad, tolerancia y fraternidad.

En amoroso servicio… el Grupo de Voluntarios.

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Salto de fe, de la ciudad a la comunidad

 

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Siempre hay un momento de angustia entre lo viejo y lo nuevo. Digamos que uno cierra los ojos, se lanza al vacío y siente como si de repente entrara en un estado donde no hay ni tiempo ni espacio, donde todo es calma entremezclada con un sentimiento de incertidumbre. Algo ocurre en ese estado liminal donde naces a una nueva vida, al menos, hacia una nueva percepción interior, una nueva consciencia, una nueva aventura vital. Eso debió pensar el voluntario que, tras catorce meses de vida comunitaria, ha decidido subir el grado de compromiso y responsabilidad con la vida utópica. Uno puede pensar que todos los compromisos tienden a atarnos a alguna cosa. Esas ataduras casi siempre son invisibles, pero están ahí. Elegir entre una cosa u otra siempre nos ata a una experiencia u otra.

Vivir en comunidad es dar un salto de fe. Digamos que renuncias a algunos aspectos importantes del individuo en sociedad. Para empezar, renuncias a vivir hacinado en un pequeño apartamento o habitación en esa colmena ruidosa y contaminada que llamamos ciudad para así poder abrazar la vida salvaje en plena naturaleza. Por más que nos cueste admitirlo, también renunciamos a la esclavitud, a cierta esclavitud, de vivir apresados a un trabajo, a un salario, a un horario, a unos jefes, a unas empresas con sus doctrinas, con sus exigencias, con sus normas, a cambio de vivir en un tiempo kairos, donde las cosas se miden por las experiencias, y no por los ritmos impuestos de la ciudad. A cambio, es cierto, en la ciudad recibimos algo de dinero que debemos repartir entre el Estado, el cual con ello garantiza algunos de nuestros derechos esenciales (educación y sanidad, por ejemplo) y nuestros gastos más elementales para sustentar nuestro cobijo, vestir, alimentación y placer. El placer es mínimo, pero está plagado de estímulos, tangibles e intangibles, y sobre todo de cosas, muchas cosas.

Una de nuestras mayores renuncias cuando elegimos vivir en comunidad es renunciar a cierto individualismo, a cierto egoísmo endémico que crece en nuestras vidas sociales. La comunidad exige un alto grado de compromiso con la vida en común, estrecha. Esto es una experiencia única que sólo los más fuertes o hábiles pueden soportar. La vida en comunidad es muy exigente y no todo el mundo está dispuesto a renunciar a las cosas buenas del mundo de la sociedad, por mucho que sea el grado de vasallaje que la misma nos exija. Cuando das el salto de fe hacia una vida diferente tienes que tener muy presente y hacer muy consciente qué es aquello a lo que renuncias y qué es aquello que ganas. La vida en comunidad, aparentemente, te ofrece más tiempo, más desapego hacia las cosas y una riqueza diaria de experiencias únicas e irrepetibles. Pero también un alto compromiso por el ideal, por la visión y el sentido que este tipo de vida requiere para ser soportada. ¿Merece la pena vivirla? Dependerá mucho de nuestros condicionantes, de nuestras aspiraciones interiores, de nuestra visión del mundo, de nuestro compromiso y responsabilidad a la hora de hacer de un mundo bueno, un mundo mejor.

Los experimentos utópicos que pretenden guiarnos hacia una visión más respetuosa para el planeta, hacia un mundo más virtuoso y agradable, tiene sus propios riesgos. Por eso hay que dar un salto de fe hacia este experimento vivo donde todos los días aprendemos algo nuevo que nos hace mejores. Por eso hay que creer, en cierta manera, en la necesidad urgente de actuar. Sólo desde la acción individual y comprometida lograremos que el mundo reviva hacia su propia salvación. Y esto no es un pensamiento mesiánico. Es una evidencia cada día más tangible. De ahí la urgencia de actuar. De ahí la necesidad de lanzarnos al vacío a golpe de fe y esperanza. Fe en seguir construyendo un mundo bueno y mejor todos los días y esperanza para que el futuro sea hermoso, sabio y llevadero.

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Coherencia

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Ritualizando la vida cotidiana. Aquí consagrando con respeto a la naturaleza la construcción de una nueva cabaña para el voluntariado.

Desde hace cinco años hemos sido flexibles en muchos aspectos. Comprobamos que esa flexibilidad a veces es difícil gestionar, especialmente cuando nuestra intención nunca ha sido entrar en rigideces de ningún tipo. Ahora estamos en una nueva etapa donde lo importante está en la posibilidad de ir entrando poco a poco en la coherencia que el proyecto exige. Estamos haciendo cambios positivos a pesar de las resistencias que todo cambio supone. Realmente estos cambios nacen de la intención de volver a la esencia del proyecto, de retomar aquellas cosas buenas que hacíamos al principio y que con el tiempo se han descuidado. Queremos volver a la coherencia, pero, sobre todo, a la esencia de este hermoso lugar. Estamos volviendo a los hábitos saludables, a darle importancia a los rituales y ceremonias y especialmente a la intención y principios que nos gobiernan.

Para todos aquellos que conocisteis el proyecto desde sus inicios, comprenderéis fácilmente que estos movimientos que estamos realizando son positivos a largo plazo y protegen de alguna forma la esencia inicial, las fórmulas que elegimos para que O Couso sea un proyecto de vida alternativa diferente, con ideales asumibles que requieren fortaleza interna y todo ello bajo un programa a largo plazo para ir paso a paso consiguiendo mejorar cada aspecto de la vida cotidiana.

Lo primero que estamos haciendo es profundizar en la alimentación. Como ya sabéis, hasta ahora en O Couso nos hemos alimentado con comida vegetariana pero de batalla. A pesar de que la abundancia alimenticia siempre ha sido una de las premisas en estos años, el hecho de buscar siempre una alimentación lo más sana posible ha creado discordancia en muchos sentidos. Poco a poco hemos ido reduciendo a la mínima expresión la comida procesada, así como toda la bollería industrial, tan abundante en tiempos pasados. A partir de ahora, solo beberemos leches de origen vegetal y huevos de nuestras gallinas felices. Como no tenemos vacas felices que podamos tratar con amor, la leche pasa a ser cien por cien vegetal. Y los huevos serán de nuestras gallinas, dejando a un lado la explotación a la que estos animales se ven sometidos.

También vamos a eliminar de nuestra dieta el azúcar blanco, el café y los tés, sustituyéndolos por cereales solubles o infusiones. La idea que tenemos es ir poco a poco profundizando en la huerta y en la autosuficiencia alimentaria para disponer de frutas y verduras frescas totalmente ecológicas. El ideal de transición será pasar poco a poco de una dieta ovo-láctea-vegetariana a una dieta totalmente vegana en los próximos años. Para ello ya estamos profundizando en los principios de la permacultura, habilitando nuevos espacios para los futuros invernaderos. El bosque-terapia y el bosque comestible también será otra de nuestras próximas prioridades.

También estamos haciendo cambios en la forma de trabajar y centrar nuestra atención en lo que hacemos y en el cómo lo hacemos. Seguimos meditando veinte minutos por la mañana y por la tarde, pero ahora hemos recuperado algunas buenas costumbres como la de cantar tras la meditación y hacer algo de ejercicio y yoga tras los cantos. Esto ocupa la primera hora de la jornada, cosa que permite empezar el día con alegría y fuerza. Al mismo tiempo, los miércoles hacemos un parón en las actividades comunitarias y dedicamos toda la mañana a profundizar en temas que puedan inspirarnos en nuestros hermosos círculos de sabiduría. Todo esto en su conjunto ha provocado que hayamos pasado de trabajar en las actividades comunitarias de veinte horas semanales a unas doce o quince, alcanzando con ello el ideal de disponer de más tiempo libre para nuestro enriquecimiento personal y compartido.

Queremos aprovechar para dar la bienvenida a Victoria, una hermosa alma recién incorporada al equipo de voluntarios y que desea profundizar con nosotros en los principios y valores que nos mueven, ayudando así con ello a hacer de un mundo bueno, un mundo mejor. Su experiencia profesional en entornos internacionales y su largo currículum en gestión de proyectos y comunicación seguro que nos ayuda a mejorar día a día. Con ella ya somos siete los voluntarios comprometidos a tiempo completo en un proyecto que va creciendo hacia dentro bajo los principios de la austeridad voluntaria y el decrecimiento paulatino de nuestras necesidades y hábitos. Gracias querida Victoria por aterrizar en un lugar maravilloso y único en un momento especial.

 

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