¿Somos una ecoaldea vegetariana?

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Muchas comunidades se definen de muchas formas para intentar crear su propia identidad personal, su propia visión o intención grupal. Esto es muy importante a la hora de unir fuerzas y grupos humanos que trabajen para una visión y objetivos comunes. Este verano han llegado mucha gente pensando que nosotros somos una ecoaldea vegetariana. Es cierto que nuestro proyecto está basado en ideas propias de las ecoaldeas y de la vida sana, pero no somos estrictamente una ecoaldea y no somos estrictamente un modelo que centre sus esfuerzos en la alimentación.

Para empezar, nuestro objetivo final no es el de convertirnos en una ecoaldea. Seguramente eso será inevitable, es decir, lo ideal sería poder aspirar a ser una pequeña aldea lo más ecológica posible. De momento cierto enfoque va hacia esa dirección y estamos haciendo grandes esfuerzos para que así sea, pero no es nuestra visión. Tampoco tenemos como objetivo el dedicar toda la atención del mundo a la alimentación ni a predicar o imponer un tipo de visión alimentaria al resto. Simplemente elegimos una forma de alimentación ovo-lactea-vegetariana por nuestro profundo sentido del respeto a la vida animal y del mensaje de paz que intentamos transmitir al mundo. ¿Cómo hablar de paz si empezamos el día cometiendo actos de violencia dentro de la cocina? Es cierto que esto choca frontalmente con las tradiciones y la cultura más arraigada de nuestro inconsciente colectivo, pero también es cierto, y esto sí forma parte de nuestra visión y misión, que deseamos inspirar de forma pacífica a todas aquellas personas que pasen por el proyecto.

Si centramos toda nuestra atención en los medios de producción, en la alimentación, en las formas de hacer o no construcciones ecológicas sostenibles y basamos nuestro mensaje en lo que para nosotros sería la parte más material de la existencia, de alguna forma estamos basando nuestras vidas en aquello que ya hacíamos antes de venir a los bosques: la preocupación incesante por la subsistencia y sus diferentes formas de manifestación (el trabajo, la comida, el hogar). Eso sí, ahora más decorada con buenos propósitos y exóticas miradas hacia el futuro. Es inevitable que adoptemos nuestras prácticas diarias a un nuevo sentir, profundo y verdadero, pero siempre poniendo la atención en que eso no nuble todo el entramado profundo de lo que el ser humano representa como unidad holística. Es decir, la parte material está muy bien y hay que cuidarla y protegerla, pero sentimos que también debemos cuidar y proteger las otras partes sensibles del ser humano, y no por ello menos importantes como puedan ser la energía que nos mueve, las emociones que nos impulsan, los pensamientos que nos guían, la sabiduría que nos elevan a visiones más amplias, la voluntad que nos empuja a caminos más anchos y el amor que se nos revela como fórmula para encontrar la armonía y la verdadera paz.

De ahí que nos guste llamarnos, por decir algo, comunidad integral, o proyecto integral, porque para ser comunidad hace falta gente y de momento somos pocos, al menos pocos compartiendo la tierra que nos abraza, conscientes de que aunque en la primera línea de fuego somos poquitos, ahí fuera el sentido de comunidad se estremece y amplía. Ojalá tuviéramos la convicción y la seducción necesaria para animar a más gente a vivir esta experiencia compartida, este experimento colectivo que pretende hacer de un mundo bueno, un mundo mejor. Ojalá pronto seamos más los que han dado el paso firme y valiente de bucear en la difícil experiencia humana para elevar de alguna forma la visión conjunta de un mundo más justo y libre. Hacen falta transicioneros hacia esa nueva experiencia, y nuestra misión es poner fácil ese paso, inevitablemente material y emocional, para que los que vengan puedan dedicar sus fuerzas a inspirar un mundo mejor.

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Vivir para los demás es la Regla de la Naturaleza

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“Nada en la Naturaleza vive para sí mismo. Los ríos no beben su propia agua. Los árboles no comen su propia fruta. El Sol no brilla para sí mismo. La fragancia de una flor no se esparce para sí misma. Vivir para los demás es la Regla de la Naturaleza”.

 

Hoy en la meditación lo decíamos tímidamente. Debemos descubrir la apertura hacia el otro, el trabajo grupal, la acción conjunta. Estábamos acostumbrados a reunirnos por obligación, a veces social, a veces económica. Pero reunirte por un valor diferente requiere de mucha fortaleza.

Siempre habíamos teorizado sobre la espiritualidad. Incluso hemos sofisticado las creencias añadiendo complejas jerarquías, poderosos argumentos a favor de la magia blanca, increíbles técnicas de meditación para lograr el punto de quietud y con ello la puerta a otras dimensiones. Pero en esa compleja intelectualidad habíamos olvidado la poderosa llama del acercamiento al otro, el poderoso flujo del abrazo sentido, la experiencia de levantarte, compartir una breve meditación grupal y empezar a trabajar para los demás y no para uno mismo de la forma más humilde y sincera. Amar al semejante es mirar de frente a Dios, como dice la canción de los Miserables.

Realmente habíamos olvidado que nada en la naturaleza vive para sí mismo, y que nosotros debíamos respetar esa gran regla. Por eso cuando abrazamos al otro, cuando trabajamos para el otro, cuando despejamos las dudas sobre la verdadera espiritualidad en ese sincero silencio que ofrece el compartir y la generosidad, comprendemos de repente la gran obra. Cuando suspiramos en la llama del hogar común obviando que lo importante no es qué comeremos mañana o qué vestiremos sino de qué forma podré alegrar el corazón ajeno, entonces ocurre el milagro.

Meditar y estudiar son necesarios, pero de nada sirve si no somos capaces de abrir los pétalos celestes de nuestro corazón para compartir con el otro la experiencia vital. Estamos comprendiendo que si no creemos firmemente en que nada nos pertenece, sino que todo es para ellos y en su gloria, como decía una y otra vez la caballería espiritual, todo ese recorrido es estéril. Por eso debemos apartarnos a las orillas de la humildad, agacharnos y arrodillarnos como el último entre los últimos y limpiar y aliviar los pies del otro. Por eso debemos convertirnos en servidores de la vida una apagando nuestro interés para dar vida a la promesa del otro. Dejar de ser capitanes y líderes de nuestros egoísmos para convertirnos en obreros, en sencillos y silenciosos constructores del nuevo mundo.

El sol irradia, la flor comparte su perfume, el árbol da fruto, los ríos no beben su propia agua y ninguno de ellos pide reconocimiento o gloria. Ahí están ofreciendo lo mejor de sí mismos para enriquecer la vida común. Vivir para los demás debería ser nuestra meta, nuestro camino, nuestro sendero. Vivir para los demás debería ser nuestro mayor tesoro labrado en la roca de la enseñanza más profunda. Sólo abrazando al otro, sólo atesorando riquezas en lo sutil podremos comprender la esencia que nos hace inmortales. Sólo arrodillándonos ante la evidencia de aquellos que ya lo hacen podremos imitar sus pasos. La flor, el río, el sol, el árbol.

Abrazar la unidad y empezar a practicar los caminos del amor en acción es sin duda el mayor milagro que la naturaleza ha puesto ante nosotros. Ser conscientes de ello y ponerlo en práctica es la mayor revolución que jamás la raza humana haya podido hacer. Comprenderlo y practicarlo debería ser nuestra mayor revelación espiritual, y por lo tanto, la mayor grandeza de nuestras vidas.

(Foto: realizada por Hadar Bashari. Las bellas Zion y Natalie compartiendo un momento único en la cocina de O Couso).

El juicio al extraño

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“Lo que más nos ayuda a ser verdaderos contemplativos es el relacionarnos con otras personas y aprender a perdernos en la comprensión de sus debilidades y deficiencias, siendo este el mejor medio para librarnos de nuestro egoísmo, que es el único obstáculo para la luz y la acción del Espíritu. A través de la paciencia y la humildad en el amor a otras personas, comprendiendo con benevolencia sus necesidades y exigencias menos razonables, es como se realiza la obra de purificación en nosotros. Las personas perfectas cada vez son menos conscientes de sí mismas y dejan de percatarse de que hacen cosas; poco a poco Dios empieza a hacer en ellas y por ellas”. (Thomas Merton en su obra “Semillas de Contemplación”)

Esta es una prueba diaria aquí en el Couso. El tener las puertas abiertas, y nunca mejor dicho, nos pone a prueba con personas de todo tipo y clase. Nos gustaría ser completamente amorosos, pero es cierto que a veces ese amor incondicional resulta complejo. Siempre hay alguien que por uno u otro motivo nos puede poner a prueba. De ahí que este lugar sea una universidad constante y plena, de aprendizaje, de templanza, un espacio donde moldear en nosotros un carácter diferente, más humano y compasivo. Hoy lo hablábamos en la cocina. Poníamos el ejemplo de unos visitantes que llegaron hace unos días y juzgaron con su mirada una situación concreta. Nos damos cuenta de que el juicio está ahí, esperando su momento, esperando su oportunidad para diferenciar, para dividir, para hacernos sentir más poderosos, más grandes, diferentes ante el débil. No nos damos cuenta pero el juicio y la crítica nos asaltan a cada momento cuando esperamos del otro comportamientos que luego no se ajustan a nuestros deseos, sin saber exactamente la batalla que cada uno está librando en su interior. Siempre esa paja en el ojo ajeno. Siempre ese reflejo en el otro de nuestros puntos más débiles y oscuros.

Cada mañana deseamos que todo el mundo sea puntual en las meditaciones, en los desayunos, en los círculos de consciencia. Y luego esperamos además que todo el mundo sea trabajador, tenga consciencia de lo que hace y sepa aportar cosas al proyecto de forma solidaria y cooperativa. De vez en cuando eso no es así, y cuando algo no se adapta a lo que creemos que debería ser correcto, nace el juicio y la desconfianza. Quizás sólo sea una persona la que distorsiona el buen ritmo de lo que el grupo en general cree como correcto, pero esa sola persona es capaz de distorsionar a todo el mundo. Y no es la persona en sí, sino la mirada crítica, egoísta y enjuiciosa que tenemos hacia el otro, lo que hace que el grupo se desestabilice.

Esto ocurre a todos los niveles. Da espanto ver como estos días unos desarmados rompían la paz social asesinando a pobres inocentes en Barcelona y de cómo de repente se encendía el juicio a todo un colectivo. En su tiempo ocurrió lo mismo en la Alemania nazi, donde todos los judíos fueron arrastrados al holocausto. Hoy esos judíos son los musulmanes, condenados todos a un juicio sumarísimo donde el racismo y la xenofobia empieza a brotar a sus aires. Y ocurre no sólo en España estos días, sino que, como una plaga infecciosa, ese sentir se extiende por todas partes. Una nueva caja de Pandora se está abriendo.
Quizás algún día aprendamos a relacionarnos con las personas sin ese juicio, sin ese estigma asociado al otro. Ojalá algún día entendamos que todos somos uno y que en esa unidad nos movemos, vivimos y tenemos nuestro ser. Estamos convencidos de que algún día aprenderemos a perdernos en la comprensión de las debilidades y deficiencias del otro, siendo este el mejor medio para librarnos de nuestro egoísmo. Estamos convencidos de que la humanidad, algún día, encontrará su camino de unión, de paz y amor.
(Foto: Uno de los fundadores del proyecto en la sabana africana).

¿Por qué hay un laberinto en O Couso?

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El gran canto a la vida libre, retirada y salvaje también tiene su punto de magia y misterio, su grado de símbolo y arquetipo. En O Couso nos gusta jugar con el conocimiento que los antiguos nos legaron, y de vez en cuando es fácil encontrarse con elementos simbólicos que pretenden desvelar al que los contempla algún tipo de mensaje. Uno de ellos, tras pasar por un pequeño atrio precedido de un portal que nos lleva al bosque encantado, es un pequeño laberinto escrito y construido con las piedras que los visitantes nos traen de todas partes del mundo.
Entre el laberinto de Chartres y el laberinto de la catedral de Amiens hay un camino estrecho con parada inevitable en Notre Dame de París. Hace unos años atravesamos toda Francia para fotografiar los misterios de sus muchas catedrales. Cuando aquella mañana de marzo amanecíamos en Chartres y penetrábamos en su catedral sentíamos cierta nostalgia extraña. Había en cada piedra una historia, una vida, un misterio. Los alquimistas que levantaron los símbolos de ese lugar sabían que para llegar al misterio del Universo primero hay que pasar por el laberinto humano. Hay que atravesar con suma paciencia y pericia cada una de sus trampas y pruebas. Por eso el laberinto se encuentra al poco de entrar en la catedral, y también, antes de penetrar en nuestro pequeño bosque de O Couso. Los sabios saben que la única forma de salir de ese laberinto pasa inevitablemente por la toma de consciencia del hilo de Ariadna que nuestra alma teje para sacarnos de nuestro propio lío. En Chartres percibes cierta verdad respaldada por la fuerza del símbolo. Y nace la responsabilidad interior de compartir esos trazos de luz que han sido tejidos con toda la prudencia posible. Todo es contagioso, incluido el conocimiento oculto que se esconde en cada ocaso, en cada amanecer, en cada gesto, en cada instante. Aquí jugamos con la triada, con las esferas, con el círculo, con los números, con la música, con el Arte. Y lo hacemos de forma silenciosa, para que aquellos que tengan ojos y sepan descifrar el lenguaje misterioso de los “pájaros” puedan adivinar el juego del Aula de la Sabiduría.
Después de Chartres esperaba la ciudad eterna, la bella Paris, ese lugar plagado de palacios desplegados por todas sus calles. Nuestra Señora, Notre-Dame de Paris, nos recuerda que en toda Francia, y quizás en toda la cristiandad, la adoración a la Virgen está presente en todo su culto. La Virgen siempre es representada por una luna en cuarto creciente. Las fuerzas lunares que muestran la astralidad, la maya que nos protege de la luz del hijo. Notre Dame de Paris es como el vientre que protege con suma delicadeza ese símbolo. La madre María siempre presente como la madre Tierra, como esa Gaia que todo lo impregna y que nos protege. Tras el laberinto, ahí está el bosque representando todo ese mundo de magia, de duendes, de naturaleza en estado puro. La madre que nos espera para acogernos en su vientre.
Al entrar a la catedral te encuentras con un potente mensaje: “via viatores quaerit”, “Yo Soy el Camino que busca Viajeros”. Ese mensaje impacta porque a cual peregrinos nos hemos visto de frente con el mismo, con la inevitable llamada, con esa urgencia de seguir adelante. Vitruvio escribe en su De Architectura, que la arquitectura descansa en tres principios fundamentales: la Belleza (Venustas), la Firmeza (Firmitas) y la Utilidad (Utilitas). Pero cuando entras a una catedral te das cuenta de que hay algo más: el conocimiento. Cada piedra parece tener vida. Cada poema épico es descrito en esas estatuas, en esos mensajes que nacen de sus paredes. Toda catedral es un libro abierto para quien tiene ojos para ver. Lo pudimos ver también en la inmensa catedral de Amiens, una réplica casi exacta de Notre Dame de Paris. Todo arte gótico encierra un argot hermético, un lenguaje que permite descifrar las columnas de la enseñanza que conduce al Jardín de las Hespérides. Los argonautas viajan hacia ese conocimiento para compartirlo, porque no hay mayor bien, no hay mayor inteligencia y mayor entrega que la de vivir para dar. Quizás por eso disfrutamos construyendo y reconstruyendo los lugares de esta tierra que poco a poco se está sacralizando. Cada vez que nos toca terminar de pulir una pared algo hermoso nace en nosotros.
Y ese y no otro es nuestro propósito aquí. Y lo hacemos como un juego divertido donde podemos reír y cantar mientras penetramos en el misterio. Por eso hay un laberinto, para recordarnos la dificultad humana y el devenir que nos espera cuando consigamos salir del mismo. Por eso los símbolos nos ayudan a reflexionar sobre nuestra condición para hacerla cada día mejor.

Transformar la rabia en amor

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No podemos evitar, a pesar de nuestro aparente estado de aislamiento en los bosques, conectar todos los días con el mundo para ver las noticias. Lo hacemos con frecuencia, ojeando varios diarios, comparando visiones, perspectivas, para así hacernos una idea global de cómo va el rumbo de nuestra querida humanidad, de sus intenciones y propósitos, de sus estados de guerra y de paz. Hoy nos visitaban dos alemanes y les preguntábamos de broma como iban las cosas por ahí en la Tierra. Estos días hemos estado en vilo por varios asuntos, especialmente por la escalada de tensión con Corea del Norte. Y estos días de nuevo la paz de este lugar es perturbada por la noticia de un atentado terrorista en nuestras querida Barcelona. Todo resulta atroz y paradójico. Atroz por todo lo que representa la muerte de esa docena de personas que andaban tranquilos en una tarde de verano, y paradójico que ocurra en un momento donde la turismofobia parece que hace su propio agosto.

Ayer, una persona que desea quedarse por tiempo indefinido aquí con nosotros decía que por un lado le encantaría y que por otro hay algo de él que le empuja a hacer algo más. Esa terrible sensación de culpabilidad y de intentar arreglar el mundo que a tantos nos ha invadido alguna vez. Y todo para luego descubrir, de forma humilde y arrodillada, de que es poco lo que podemos hacer, excepto cumplir con nuestro deber moral de ser buenas personas en nuestro entorno más inmediato, entre los nuestros, nuestra familia, amigos, vecindario, para hacer de este mundo bueno, un mundo mejor.

Nos preguntábamos hoy de dónde nace esa rabia que ha invadido a unos jóvenes enloquecidos con deseo de sangre y muerte. Nos preguntábamos qué clase de moral les perseguía, si es que eran capaces de saber esa primaria distinción ética entre el bien y el mal. Nos preguntábamos mientras construíamos cabañas para el nuevo mundo, qué ceguera habrá podido con ellos para llegar incluso a la extinción de sus propias vidas. Es algo que no podemos comprender, por más vueltas que le demos a todo. Esta mañana, algo abatidos por el atentado, intentábamos descubrir el origen de ese mal, de esa ignorancia, y nos dábamos cuenta por algunos comentarios de que la rabia se contagia, de que es algo que llevamos dentro, latente, esperando cualquier excusa para saltar por los aires. Y esas excusas están ahí todos los días, en las pequeñas cosas, en actos estúpidos que pueden desencadenar en una tragedia.

En el círculo de consciencia de hoy nos preguntábamos como podíamos transformar esa rabia en amor, ese dolor y ceguera en algo que pudiera servir para cambiar el mundo. Y la conclusión era clara, no dejándonos arrastrar ni contaminar por el odio, por la ira, por la cólera, por la violencia. Lo mejor que podemos hacer es contagiar amor en el otro, independientemente de quién sea el otro. Sólo podemos hacer eso.

Paz y descanso a los que se han ido. Paz y amor a los que quedamos.

Retos materiales y espirituales

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Tras el último círculo de sabiduría que trataba sobre comunidades y la vida en comunidad, llegó un frío intenso que dejó O Couso helado. Por suerte, nuestros corazones estaban llenos de alegría y podíamos disfrutar de las veladas junto a las velas y los cantos de Taizé en la ermita. Llegó el frío y la gente empezó a marcharse poco a poco. Incluso el grupo de componentes internacional, que ya llevaba un mes entre nosotros, decidió para nuestra pena seguir caminando. Por primera vez en mucho tiempo, hoy hubo un día de calma donde sólo quedábamos tres personas en un sábado tranquilo, sin mayores sobresaltos que las demandas de los gatitos por saber dónde estaba su comida y la llamada de algunos comensales que solicitaban poder venir los próximos días.

La previsión para la próxima semana, después de un mes de julio cargado de gente bonita y grupos de hasta treinta personas, es que seamos no más de una docena. Será otra semana tranquila que servirá para reponer fuerzas y empezar a trabajar interiormente para el invierno que se presenta. Estos días otoñales nos advertía de que quizás este año el tiempo sea irregular e inestable, y por si acaso, algunos valientes que desean quedarse todo el invierno han regresado a sus casas para equiparse mejor después de estos días helados en pleno agosto. Vivir en la naturaleza, rodeados de bosques y a más de ochocientos metros de altura tiene sus cosas.

Estamos satisfechos porque han sido muchos los avances desde que en enero decidimos poner en marcha una serie de trabajos para mejorar la casa. Ya disponemos de baños, lavabos y duchas, aunque dada la poca capacidad que las placas solares tienen para soportar el termo eléctrico, estamos buscando una fórmula eficaz para que en invierno podamos disponer de agua caliente. Estos días, incluso cuando hacía frío, nos hemos estado duchando en la ducha exterior, provocando que algunos de nosotros hayamos terminado con algún que otro catarro. Aún así, estas anécdotas de pura supervivencia en los bosques no minan nuestras fuerzas. Es tanto lo que aquí aprendemos todos los días que eso es motivación suficiente para seguir adelante.

Los retos para enfrentarnos con dignidad al invierno siguen siendo los mismos. Cerrar la casa grande, que ya no parece tan ruinosa, y seguir trabajando en la construcción de más cabañas para que los voluntarios que deseen quedarse largas temporadas tengan mayor privacidad y comodidad. Es importante cuidar a los cuidadores para que puedan tener fuerzas y puedan seguir con la tarea inspiradora. Tratar a la gente con una sonrisa, con alegría y simpatía a veces resulta todo un reto si por dentro existe algún tipo de desajuste. De ahí que en estos más de tres años de experiencia nos hayamos dado cuenta de que es muy importante, para la continuidad del proyecto, que los que están aquí puedan disfrutar de cierta comodidad y privacidad para recargar pilas y reponer fuerzas. La dificultad de crear un núcleo estable deriva precisamente de esa falta de privacidad y comodidad material mínima.

Así que las pocas semanas que quedan de agosto serán reflexivas, tranquilas y cargadas de trabajo antes de que llegue el frío. Habrá que priorizar algunas cosas sobre otras para que podamos cada día más tener un lugar estable, agradable, cálido, donde poder imaginar juntos la construcción del nuevo mundo. De momento hemos conseguido varios hitos: no pagamos hipoteca, no pagamos alquileres, no pagamos luz ni agua y estamos trabajando duramente para que en un tiempo no muy lejano podamos disponer de la mayor autosuficiencia alimentaria. Esas bases de libertad y emancipación material harán posible que nuestra predisposición a trabajar sobre nuestra psique colectiva y sobre el espíritu de los tiempos sea mayor. Cuando materialmente esté todo ordenado, nuestra labor será dedicar el mayor tiempo posible a la construcción de un modelo material y espiritual que pueda servir de inspiración a todos los que deseen conocer este lugar. Ese es nuestro reto y esa es nuestra mayor motivación. Esperamos que así sea.

 

Una semana tranquila

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Una semana suave y tranquila, llena de gente bonita que colabora, que sonríe, que resulta agradable en el trato, que se les quiere sólo con verlos. Realmente muchas veces, cuando hay uno o dos que hacen ruido, juzgamos al grupo en general y somos un poco injustos. Ayer hacíamos repaso y realmente no han sido tantas las personas que han distorsionado el proyecto. Sólo unas pocas, pero descubrimos como ese poder residual puede hacer sombra y minar las fuerzas y los ánimos. Quizás en el mundo ocurra lo mismo, sólo son dos o tres los que hacen ruido y el mundo está lleno de gente buena, pero silenciosa, que trabaja en sus cosas y que en el fondo sólo desea paz, cariño y amor.
Ayer hicimos un círculo de sabiduría sobre masonería. Fue divertido ver como aquello que no conocemos siempre nos causa cierto temor. También es hermoso ver como desde el egregor se van disipando las dudas y se alienta la curiosidad por otras formas de entender y vivir la vida. Siempre hay un halo de misterio sobre todo aquello que ignoramos, pero siempre debemos fijar la atención en el mayor de los misterios, la propia vida, el universo que la acoge y nosotros, seres con autoconsciencia que se interrogan una y otra vez por todo. Este año los círculos de sabiduría están disfrutando de cierto éxito y el año que viene le dedicaremos más atención para que sigan siendo productivos y profundos.
Hoy han llegado personas desde Taiwán y Portugal que se unen a los que ya están o han pasado en estos días, esta vez de múltiples nacionalidades como Italia, Croacia, Bélgica, México, Alemania, Brasil, Holanda, Suecia y de múltiples lugares de la península que vienen y se van como gotas de agua que se unen a un océano de cariño y compartir y luego van a un cielo y a otra tierra diferente para seguir navegando por esos lugares de ensueño.
A veces dan ganas de acompañarlos a todos en sus periplos. Hay personas que vienen con sus dudas existenciales y se lanzan a los caminos sin saber muy bien donde terminarán. Esta semana ha venido un grupo que se conoció en un voluntariado en Taizé, la comunidad ecuménica conocida por sus canciones que se han extendido por todo el mundo desde la Francia meridional. Cuando agradecemos la comida estos días lo hacemos con sus cantos con forma de mantras que nos llegan al corazón e iluminan el alma peregrina. Hay tantas formas de compartir, desde una canción, un caminar juntos o una tertulia sobre cualquier cosa. Es hermoso poder unir nuestras manos y sabernos parte de una sola humanidad, de un solo sentir que se multiplica con el contagio de la mirada, con la sonrisa, con el humor, con la alegría por vivir una vida en comunidad.
Nos sentimos agradecidos por todas esas personas que nos acompañan todos los días. A veces más, a veces menos, pero que siguen el halo de convertir este lugar hermoso en un punto de encuentro, de armonía, de cariño. Sigamos construyendo ese nuevo mundo desde la sencillez, el contacto y el amor.

Amabilidad: la alegría del compartir

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Uno de los fundamentos del amor es la amabilidad. Lo decíamos el otro día en uno de los círculos de consciencia en los que intentábamos profundizar sobre el querer y el amor. Nos gustó especialmente esa definición que alguien trajo sobre el círculo. Ser amables, ser confiadamente amables, sinceramente amables con el otro como fundamento, como piedra angular de toda relación. No como un acto hipócrita o protocolario, sino como algo sincero, de corazón. Ser amables con tu pareja, ser amable con tu familia, con tus amigos, con tu entorno, con tus vecinos, incluso añadiríamos eso de ser amables con el mundo entero, con la naturaleza, con los animales, con las plantas. Nos dimos cuenta de la fortaleza de esa afirmación, de esa actitud ante la vida, y de lo sencillo que resulta poder ser amistosos, simples, afables, cordiales, cariñosos, agradables, afectuosos, benévolos, en definitiva, amables.
Lejos de toda aquella gente que se pasa el día viviendo en la queja, en esa manía tóxica de ver el mundo siempre negro y oscuro, hostil, degradado, triste, deberíamos dar una vuelta y empezar a observar desde lo inmediato lo fácil que resulta hacer de este mundo un lugar hermoso donde vivir. Quizás solo hace falta cambiar nuestra mirada, intentar estar presentes en el instante de regalo que representa la vida. Es cierto que muchas veces vamos a comprar a esa tienda o ese lugar donde nos tratan con amabilidad, con cariño. Y también es cierto que cuando llegamos a un sitio donde la bordería es la que domina el ambiente, tendemos a huir hacia otro lugar. La amabilidad siempre atrae, y cuando vemos a personas discutir, solemos salir corriendo hacia otra parte porque siempre es una situación incómoda, tóxica, cargada de ruido y malestar. ¿Para qué ingerir esas energías? Cuesta tanto darnos cuenta de lo fácil que sería todo si fuéramos en todo momento amables. Incluso con aquella gente que no opina o piensa como nosotros.
Otra persona decía que una de las fuerzas que movían el amor es el silencio. Amar en silencio también es una poderosa forma de dejar paso a la verdadera esencia de la vida. Si pudiéramos conjugar ambas palabras en una mirada, en una sonrisa, silencio y amabilidad, el mundo sería algo maravilloso. No habría broncas en los parlamentos, los políticos se entenderían de mejor forma, los contrarios se animarían unos a otros para competir sanamente, los diferentes dejarían de ser enemigos o extraños, los vecinos se convertirían en seres amables y divertidos con los que interactuar más a menudo. El mundo sería menos gris. Y la fórmula sería bien sencilla: amabilidad, silencio, sonrisa. Está en nuestras manos crear un mundo amoroso y hacer de la vida algo bello. Es fácil y sencillo. Seamos amables, vivamos en la alegría del compartir. 
Pd. Queremos dar las gracias a todas las personas amables que este verano vienen a echarnos una mano y lo hacen con la sonrisa, la alegría y el amor suficiente para aportar una hermosa vibración en el lugar. Cuando esto ocurre y todo resulta tan fácil y cariñoso, la convivencia y el día a día se transforma en un momento mágico que merece la pena ser vivido. Así que gracias de corazón a todos por vuestro amor incondicional.

Hacia la inevitable fraternidad humana

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Aún estamos con el regusto de la visita de los dos grupos de scout que han venido desde Madrid y Barcelona para disfrutar de una semana hermosa y divertida, diferente, llena de anécdotas y retos compartidos. La visión de servicio de los scouts ha hecho que la casa sufriera muchos cambios y que el espíritu de grupo se hiciera aún más patente. Los aportes, el trabajo, el servicio para la pequeña comunidad y los gestos continuos han sido la nota clave de esta hermosa semana pasada. Ya los echamos de menos, como también a las familias hermosas y sus hijos que han pasado por aquí y a todos los que habéis compartido con vuestras risas y anécdotas experiencias únicas. Gracias de corazón por vuestra infinita generosidad y amor.

Hoy de nuevo han vuelto los reyes magos Begoña y Javier al Couso con nuevos presentes para ir completando la construcción de la casa grande. Esta vez venían con cuatro puertas para los lavabos nuevos, que hasta ahora, se accedía a su intimidad desde una tímida cortina improvisada. A partir de mañana, por fin podremos hacer nuestras cosas de forma cómoda y sosegada. Estos magos del oriente asturiano han venido ya doce veces y siempre con las arcas llenas de presentes. El saber que están ahí, como tantos otros de vosotros que nos apoyáis incondicionalmente de forma silenciosa y siempre con todo el cariño del mundo, es, sinceramente, un gran alivio interior. El marco de referencia, o al menos de nuestra referencia siempre fue precisamente ese: apostar por construir entre todos una casa que fuera, además, una casa de todos.

Hoy lo expresaba fielmente nuestro querido Antonio, que por fin ha vuelto de su periplo asiático: “volver aquí es como volver a casa”. La sensación de hogar compartido, de volver a un sitio donde siempre alguien te recibe con un abrazo o una sonrisa, es algo que te alivia por dentro. El que Antonio y viejos conocidos como la familia Mey o Luis el Polaco hayan pasado estos días por aquí nos ha llenado de esa sensación de familia extensa. Especialmente en un mundo tan cambiante como este, donde es tan fácil últimamente quedarte sin casa y sin hogar, sin familia y sin nada. Esa sensación de pérdida, al menos de pérdida material, siempre viene asociada a una pérdida de identidad, una pérdida psicológica que te marca para siempre. Sus efectos son demoledores para una mente débil. Por eso esa destrucción civil, material, nos sirve, si sobrevivimos a ella con cierta dignidad, volver a cambiar los parámetros de nuestra vida.

Esto puede ocurrir cuando perdemos algo material, o cuando perdemos la salud. Son cosas que nos obligan a replantearnos totalmente la existencia. Cuando careces de salud y de ánimo todo lo demás deja de tener sentido. De ahí la necesidad interior de hacer algo más en nuestra vida. Nos referimos a algo más que pensar en las vacaciones, en el trabajo y en los nuestros. Al haberlo perdido todo, nos sentimos con esa obligación moral de ayudar a los que también han pasado por ese trance o están pasando por el mismo para recuperar, al menos psicológicamente, la sensación de familia, de hogar.

Materialmente aún es poco lo que podemos dar más allá de un plato de comida o una cama, pero al crear el espacio y el tiempo desde una perspectiva diferente, podemos ofrecer que la gente se conozca, y lo más importante, se reconozca. Por eso es hermoso escuchar en los círculos de consciencia, cuando eres un recién llegado, eso de que se sienten desde el primer día como en casa. Ese es nuestro deseo, esa es nuestra meta. Crear los lazos de fraternidad humana que se han perdido en el camino hacia el progreso. Recrear de nuevo el sentido de humanidad entre iguales y diferentes, entre altos y bajos, ricos y pobres, para así, poco a poco, ir construyendo un mundo nuevo, más amoroso y fiel a lo que la vida quiso algún día de nosotros. Esperamos desde este pequeño espacio cumplir con nuestra parte en ese hermoso plan de la vida: la fraternidad humana, el amor incondicional, el respeto y el cariño hacia el diferente.

Final de la primera semana de experiencia

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Es difícil explicar con palabras todas las emociones vividas estos días. Todos los encuentros, toda la gente bonita que nos ha visitado, que ha hecho de esta casa la casa de muchos. Ha venido gente desde muy lejos, incluso estos días llegaban desde Italia o Alemania o Croacia para pasar unos días entrañables, en familia, acompañados por el espíritu humano de colaboración, de apoyo, de amor incondicional.

El egregor del espíritu grupal de esta semana ha sido bello, armónico, divertido. La familia de Cristina y Jorge, con sus dos bellos hijos han hecho del lugar todo un mundo de juego. Su ejemplo en la crianza de sus hijos nos ha maravillado, especialmente su paciencia, su amor, su sonrisa siempre amable y hermosa. Esta mañana éramos casi treinta personas en el círculo de consciencia. Estamos disfrutando de los scouts venidos desde Madrid y en unos días de un grupo de Barcelona. Todos se sienten como en casa desde las primeras horas, cuando empieza el tour con la acogida, explicando el proyecto, sus motivaciones, el porqué estamos haciendo esto así y no de otra manera.

Muchos empiezan a entender la profundidad de términos como apoyo mutuo y cooperación, como acompañamiento en los momentos difíciles, o palabras como permacultura, simplicidad voluntaria o vida tranquila. Es hermoso ver como durante toda esta semana, cargada de círculos de sabiduría, de compartir y de alegría hemos aprendido todos tanto y tanto. El compartir experiencias y conocimiento tan diversos nos enriquece a marchas forzadas. El compartir momentos únicos donde poder relacionarnos directamente con la naturaleza nos llena de vida y amor. El poder darnos las manos, abrazarnos o sonreírnos como seres humanos completos nos llenan de pasión.

El grupo de adolescentes que vino desde Madrid nos alegró las mañanas y las tardes con sus idas y venidas, con sus inquietudes, con sus preguntas, con sus conflictos propios de la edad. Llenaron de vida estos días tranquilos donde la única preocupación era saber qué íbamos a comer o qué cuestión interesante íbamos a abordar.

El entorno natural en el que nos encontramos es totalmente sanador. Unos días de paseos por la naturaleza y el verde termina penetrando en nosotros sanando nuestros males, tanto físicos como espirituales. “Esto es el paraíso”, decían esta mañana. Pero nosotros insistimos que sólo si el paraíso está dentro de nosotros podemos verlo fuera.

Gracias a los que han hecho posible desde la distancia estos días maravillosos donde la economía del don y el compartir se han hecho palpables, posibles y amigables. Gracias por ayudarnos a crear una nueva consciencia, un nuevo campo de reflexión, una nueva forma de mirar al mundo, más amable, más amorosa, más responsable. Gracias, gracias, gracias a todos los que habéis participado en esta hermosa semana de experiencia. Ahora vamos a por las siguientes. Con ilusión, con fuerzas, con más esperanza de poder insistir en que un mundo amoroso es posible.