No dejar nunca de intentar

O Couso no es una comunidad al uso, pero quizás sea uno de los lugares donde con mayor intensidad se viva la experiencia de vida comunitaria. La casa de acogida, gracias a su propia estructura y esencia, ejerce de poderosa práctica para todos aquellos que deseen vivir una experiencia única e irrepetible. La metodología empleada, la praxis diaria, el contacto con seres humanos de carne y hueso que se equivocan, que se emocionan, que aprenden de sus errores, que buscan un sentido profundo a sus vidas, hace que el día a día sea intenso e inolvidable.

Decimos que no es una comunidad porque aún no ha alcanzado materialmente la privacidad necesaria para que esto ocurra. Esta es una tarea compleja porque lo material y lo emocional se supeditan a una exigencia, a un ideal excesivamente alto para los tiempos que corren. Pero podemos decir que, a nivel anímico y espiritual, se ha creado una gran comunidad de personas que, aún no estando físicamente en el lugar, se sienten de alguna manera conectados y unidos en una especie de invisible lazo místico.

Algunas de las personas que vienen a visitarnos lo hacen buscando un poco de naturaleza, de contacto humano, de sentido de permanencia. Huyen de alguna parte afirmando que estamos ante una sociedad particularmente decadente en lo material, psicológico y espiritual. La búsqueda de alternativas o la necesidad de abrazar algún tipo de esperanza nos mueven a buscar lugares con algún discurso diferente, una narrativa alternativa, con algún tipo de práctica y vivencia que rompa algún molde.

Nosotros no nos cansamos de decir que no queremos cambiar el mundo. No es nuestro afán ser protagonistas o modelos de nada. Solo queremos aportar un verso, una nota, una experiencia que cale en los corazones de los que nos acompañan. No tenemos mayor aspiración que compartir ese alto ideal, a sabiendas que está destinado al fracaso. Por eso siempre hablamos de este sitio como una utopía inconclusa, algo que nadie podrá terminar por su elevada aspiración y por nuestra propia fragilidad humana.

Así que, navegando continuamente en el error y el fracaso, nos abrimos una y otra vez para conectar vidas, para abrazar juntos a la naturaleza, para expresar con alguien que acabamos de conocer nuestros más íntimos secretos. No tenemos duda de que lo estamos intentando. Y ese es nuestro único y mayor logro. No dejar de intentar.

Intuimos que este será un verano tranquilo, de transición a no sabemos dónde. Estamos en el octavo año del ciclo de veintiún años que nos habíamos dado como proyecto de vida. Vamos despacio, vamos tranquilos, pero aquí seguimos, esperanzados, atentos, observantes, abiertos.

Situación Refugiados Ucrania Proyecto O Couso

Estimados amigos,

Os saludamos desde O Couso, deseando que os encontréis bien.

Hace unas semanas compartíamos con vosotros cuánto nos había entristecido la invasión de Ucrania y cómo nos había llamado al silencio, la entrega y la solidaridad. Os anunciábamos que trabajaríamos duro para poder ponernos a la altura de las circunstancias y poder ofrecer lo mejor de nosotros mismos. Os pedimos ayuda y vosotros respondisteis. Gracias de todo corazón. Gracias infinitas.

Vuestra generosidad ha hecho posible que nos preparáramos para la acogida de huéspedes ucranianos mejorando la habitabilidad de la casa (con mejor aislamiento térmico, más puntos de calor, más ropa de cama, más alimentos, etc.). En varias ocasiones, nos hemos preparado para recibir a mujeres, niños y jóvenes, pero a medida que hacían su largo viaje de Ucrania a España sus circunstancias iban cambiando y su destino final fue otro. Qué alegría saber que habían sido acogidos, aunque no fuera por nosotros. En cada momento nos hemos ido adaptando a las cambiantes circunstancias originadas por la invasión y la guerra.

Hace unas semanas por fin recibimos al primer grupo de refugiados, seis personas de entre 55 y 75 años, que solo pasaron un tiempo breve con nosotros porque al llegar aquí nos comunicaron que no deseaban una vida rural, sino que querían volver a zonas urbanas. Con todo nuestro amor, los dejamos en manos de la Cruz Roja en Lugo, tal y como nos pidieron, para que la organización internacional pudiera encontrar un alojamiento más adecuado a sus necesidades en una ciudad grande.

En la última semana, hemos estado en contacto directo con las redes de comunidades y ecoaldeas de Ucrania y de Europa, para poder llegar a grupos más afines a nosotros, con la esperanza de que aquellas personas que desean vida comunitaria en un entorno rural puedan encontrarnos si ese es su deseo.

Viendo todo lo ocurrido, queremos haceros un detalle del dinero que hemos gastado hasta el día de hoy. Es un dinero que ha repercutido positivamente en la mejora de la casa de acogida, la cual, más allá de la crisis de refugiados, sigue acogiendo de igual manera a todo tipo de personas con circunstancias diversas. Viendo la situación presente, si algún donante desea que le retornemos el dinero que se había entregado para la causa específica “refugiados”, estaremos dispuesto a hacerlo. Aquellos que consideren que el dinero ha sido bien empleado para las demás causas y no requieran su retorno, estaremos agradecidos por la generosidad.

Os damos de nuevo gracias infinitas por vuestra generosidad y vuestra solidaridad, y por la oportunidad que nos dais de manifestar uno de los pilares de nuestro proyecto: el servicio.

Gracias y abrazos de corazón,

El Patronato de la Fundación Dharana

RELACIÓN DE GASTOS:

COMIDA: 497€

MENAJE, SÁBANAS, ALMOHADAS, COLCHONES, LITERAS: 1584€

CALEFACCIÓN, ESTUFAS DE PELLETS: 2649€

TOTAL GASTOS: 4730€

Preparando la acogida de refugiados…

Las guerras son el resultado del fracaso humano. Es un fracaso colectivo, un fracaso que se fragua desde que nacemos hasta que morimos. La violencia congénita no ha sido doblegada aún. Desde el plato de comida hasta el tono con el que hablamos al otro. Somos violentos, a pesar de los esfuerzos realizados socialmente para doblegar nuestros impulsos más efusivos. Nuestros sublimes ideales como humanidad se desmoronan en cuanto estalla un conflicto, sea de la naturaleza que sea. Nuestros códigos de rectas conductas, universales en cuanto a la necesidad de fraternidad y compartir, se desmoronan uno a uno ante la desgracia de una guerra. Una guerra es el resultado de todos nuestros actos individuales, de todos nuestros egoísmos particulares que se fraguan hasta que escapan y estallan. Son fuerzas que buscan manifestarse y revertir en nosotros para que tomemos consciencia colectiva de nuestro fracaso personal.

Nuestra inteligencia colectiva, nuestras virtudes compartidas, nuestros códigos éticos y morales y de recta conducta se vienen abajo ante la desdicha. Ya no basta con soñar mundos de justicia y equidad, sociedades acogedoras y fraternales. Ya no basta con la creación de utopías humanas que nos indiquen y señalen con valentía y contundencia el camino a seguir. La guerra y toda la tragedia que conlleva es la constatación del fracaso humano. La armonía interior ante el caos exterior ya no es suficiente. La fraternidad verdadera ante la derrota moral ya no sirve. El arte de conservar la calma y el equilibrio, el arte de la perseverancia en momentos complejos es insuficiente. La maestría sobre nosotros mismos y sobre nuestras naciones se desploma como un fracaso total. La desesperación no es admisible. La esperanza no nos sirve. El deber de luchar por la paz ya no es suficiente.

Toca vivir momentos de tensión, instantes delicados para el colectivo humano. Toca amansar las fieras del anochecer decadente. Toca mirar al prójimo con dulzura y amor, tratarlo con dignidad. Toca fraguar el amor, hacer el amor, a cada instante. Toca irreductiblemente dejar todo tipo de violencia y voltear nuestras ansias más sinceras hacia el camino de la inofensividad. Con el medio ambiente, con los animales, con el vecino, con nuestra pareja, con nuestros hijos, con nuestra familia. Toca poner en práctica los valores, y dejar de hablar de ellos. Toca exprimir el jugo de la Vida, alimentando en sus braseros el deseo de vivir en paz. Toca llenar el mundo de gestos, de actos de amor, irreductibles. Toca que ese amor se expanda hacia todos los rincones del mundo, como un tsunami que destruya al mal. Toca que cada uno de nosotros, amemos incondicionalmente la vida y todo lo que eso representa.

Dolor, dolor, dolor. Mucho dolor por la guerra. Mucho amor, amor, amor para que termine pronto. Para que se cierren las puertas donde se halla el mal. Que el poder, la fuerza, el amor y la sabiduría nos guíen en esta noche oscura. Que el amor prevalezca y la consciencia nos guíe a todos. Que la Belleza vuelva a la Vida humana.

Para poder ser útiles en este momento difícil, nos hemos ofrecido en el GEN (Global Ecovillage Network) para acoger a refugiados ucranianos en nuestra Casa de Acogida… es lo menos que podemos hacer ante esta tremenda circunstancia… El mundo reclama acción contundente ante esta nueva tragedia. Estaremos preparados para ello.

Una comunidad no es un grupo de personas, sino un estado de consciencia

El proyecto social o cultural de O Couso es más comprensible que el proyecto espiritual. Socialmente, durante estos últimos años, hemos ayudado a mucha gente, tanto material como psicológicamente hablando para salir de situaciones complejas. Hemos contribuido a crear un hogar a aquellos que no tenían, y hemos ayudado en situaciones de exclusión social a personas que necesitaban una ayuda urgente o puntual. Por aquí ha pasado mucha gente que de alguna manera se ha sentido aliviada, sanada o dignificada. Sentirse útil, el poder ayudar a los demás, nos dignifica como personas y nos hace reencontrarnos con cierto sentido a la vida.

Espiritualmente nos gusta hablar de “síntesis”. De síntesis de todas las creencias y religiones, de todas las ideologías y pensamientos, intentando poner el foco en aquello que nos une y no en aquello que nos separa. Lo que nos une es simplemente el Silencio en las meditaciones y en los pequeños rituales de la vida cotidiana, espacios donde todo el mundo, sea creyente o no, tiene cabida. Ese silencio y esa síntesis espiritual la trasladamos a la vida cotidiana con sonrisa, alegría, fe y esperanza, otorgando a cada momento su propia experiencia extraordinaria. Nos esforzamos en que cada instante, más allá de creencias y dogmas, sea milagroso.

Es un modelo sencillo donde todos nos sentimos incluidos y donde todos podemos participar según nuestro ánimo. Intentamos entender que más allá de ser un grupo de personas, cada una con sus sesgos, con su herencia, con su cultura y con su propia y afinada personalidad, somos un estado de consciencia. Un estado unificado de consciencia donde de forma holística podemos respirar una atmósfera de familiaridad, de contacto con la esencia humana, de contacto con el Ser Esencial que somos.

Aquí lo humano participa de lo humano, pero también participa de lo natural, de lo sobrenatural, de lo trascendental. La naturaleza es una entidad viva en la que derramamos todas nuestras más profundas esperanzas, anhelos y certezas. Vivir rodeados de bosque y naturaleza nos hace partícipes de los ciclos, y nos hace interrogarnos por aquellas cosas que nos trascienden: la vida, la muerte, el amor. La naturaleza es para nosotros una madre que acompaña con generosidad nuestras vidas. Al igual que el Sol, la madre naturaleza soporta nuestras vidas y nos revitaliza cada día.

Nos gusta llamar a esta filosofía de vida “ética viviente”. La futura comunidad, el proyecto Simorg, será una “comunidad de ética viviente”, porque de alguna forma, la filosofía espiritual se basa en poner en práctica en la vida cotidiana, mediante el ejemplo, el amor y la buena voluntad, todo lo mejor de nosotros, todos nuestros mejores valores como especie humana. No aislados como antiguamente, sino abiertos al mundo, a las personas, al visitante, al peregrino. Una hermandad del espíritu libre, porque todos somos libres, emancipados e iguales, y con reunimos desde esa libertad en la fraternidad humana.

Una comunidad abierta para entre todos conseguir una práctica de ética viva abierta, universal, incluyente. Esta quizás sea una de las tareas más profundas que se nos demanda como especie humana. Volver de nuevo al trabajo grupal, desde la emancipación individual, pero bajo los valores del compartir y la generosidad. Una comunidad que mantenga en sí misma un alto grado de exigencia, pero también un acercamiento humilde hacia nuestros errores, sesgos y distorsiones. Una comunidad que crea, protegida por el trabajo de servicio, en la experiencia de los estados de consciencia grupales.

En resumidas cuentas, la espiritualidad de O Couso es una espiritualidad de ética viviente, de silencio, de acogida, de compartir y de generosidad extrema basada en la libertad individual practicada en la fraternidad grupal. Poco más añadiríamos. Esperamos que en el proceso de construcción del proyecto (21 años), lo vayamos consiguiendo siempre desde la humildad, la sencillez y el silencio, y sirva de referencia en inspiración en un futuro para próximas generaciones. Alma grupal, servicio grupal, trabajo y actividad grupal en esta nueva era que poco a poco irá naciendo desde la emancipación individual con personas libres, con una personalidad integrada, sana, equilibrada y fraterna.

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Webinar Apoyo Mutuo y Economía del Don

Esta tarde a las 18:30 estáis invitados a participar en el coloquio, charla, compartir, sobre la economía del don y el apoyo mutuo, pilares principales de nuestro proyecto de manos de Javier León, uno de los fundadores de este lugar.  Será un compartir distendido y amable, donde podremos participar de forma proactiva. Nos vemos todos allí…

La reunión y charla será esta tarde a partir de las 18:30 en Zoom
https://us02web.zoom.us/j/
ID de reunión: 883 7860 2963
Código de acceso: 112631

 

En nuestro interior habita una primavera invencible

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Estos días trabajando en los suelos del pequeño domo, futuro santuario para poder allí cantar y compartir… 

«En las profundidades del invierno finalmente aprendí que en mi interior habita un verano invencible». Camus

El verdor y el frescor de los campos abiertos a las cinco y media de la mañana nos llenan de nostalgia. A esas horas, las extensas praderas están aún oscuras, pero se imaginan a cada lado, entre bosques y montañas. La primavera rejuvenece el espíritu y alegra los corazones. Nos levantamos tan de madrugada que aún no sabemos identificar si quien conduce nuestro vehículo es el pequeño “yo” o el verdadero Ser.

Tocamos a la puerta de la cabaña contigua. Ella ya está preparada. Despacio caminamos hacia la vieja ermita. Todas las mañanas y todas las tardes nos convertimos en auténticos ermitaños, habitantes del desierto espiritual, pobladores del misterio, como aquellos primeros anacoretas del desierto, como aquellos Padres de la Tebaida. No pudimos elegir un lugar más perfecto para crear una comunidad espiritual. Rodeados por dos imponentes castros celtas, bajo los pies del monte sagrado de Oribio. Un lugar donde ya hubiera un eremitorio, posiblemente consagrado en continuadas incursiones pasadas.

A las seis en punto suenan los tres golpes de mallete ritual en el cuenco que compramos en la India, en aquellos viajes donde la meditación cobraba un sentido diferente. Antes hemos encendido la vela, símbolo de la luz, representante de la vida que nos atraviesa, profundo arquetipo de todo aquello que representamos. La vela desvela e ilumina los secretos, alude inevitablemente a las estrellas de la bóveda celeste y nos recuerda cuando abandonamos la luminosidad del «paraíso» descandilados por los artificios e ilusión del fuego. Aquella mordida, aquella curiosidad por el conocimiento fugaz, nos arrebató la clara luz del saber. La vela está ahí para recordarnos la verdadera luz a la que debemos regresar, invocando todos los días la necesaria comunión con los mundos sutiles, con la vida superior del alma.

Desde las seis hasta las ocho y media permanecemos en profundo silencio, en profundo encuentro con nosotros mismos. El entrenamiento forma parte de la experiencia de los 21 días. En el quinto día, hay una meditación mañanera que pretende, por un instante, incitarnos al reencuentro con las profundas fuentes que habitan en nosotros y donde reside la fuerza común que mueve a todas las cosas vivientes.

La experiencia nos conduce hacia una profunda paz. Terminamos el ritual con tres golpes en el cuenco indio, siguiendo así los antiguos rituales, apagando la luz de la vela y estrechando nuestros cuerpos con un sentido y cálido abrazo. El alma se apodera de nosotros, y esa experiencia compartida se convierte en una consciente y pocas veces expresada unidad con el Ser. En nuestro interior ya se ha sembrado la semilla que engendra en los corazones ese hermoso sentimiento de paz y nos confiere una profunda cualidad de bondad hacia toda la creación. Suspiramos profundamente agradecidos. Inspiramos y conspiramos a partir de ahora en la comunión, en la unidad, en la complicidad de sabernos uno.

Todos los días, antes de las actividades diarias, intentamos fomentar la siembra de la buena voluntad, de la paz interior, del encuentro con la unidad unificando nuestras mentes en un solo sonido, en una sola intención: la quietud, el silencio. Provoca en nosotros, o debería provocar, una alineación de todos nuestros “yoes”, esos que se acomodan en lo meramente físico, o en lo anímico, o en lo emocional, o en lo puramente intelectual. La meditación diaria nos provoca una reflexión: de todos esos yoes, esos que a veces se identifican con cosas, con lugares, con familias, con estatus o con naciones, ¿cuál de todos ellos somos nosotros?

De alguna forma nos damos cuenta en las meditaciones de la mañana y de la tarde que el Ser podría estar compuesto por diferentes yoes. Esto no es algo nuevo, Jung ya lo analizó. Incluso Gurdjeff o Krisnamurti lo llamaron la consciencia fragmentada. La ausencia de unidad en nosotros tiene que ver con la ausencia de unidad con el resto de la humanidad. No somos, en nuestro devenir diario, un “yo” unificado. Tenemos un cuerpo físico producto de la evolución humana acaecida durante millones de años, con todo el bagaje y herencia de todos nuestros ancestros. Pero además, tenemos estados de ánimo, emociones, pensamientos, inquietudes. Todos nuestro yoes están en conflicto permanente, excepto cuando en ellos reina el silencio forzado por la meditación, por la quietud. Entonces comprendemos el profundo significado del oasis que provoca la calma e integramos todas nuestras voces en una sola: la voz del silencio, tan poderosa, tan efervescente, tan misteriosa.

El sol calienta esta hermosa tierra en estos primeros días de abril. Las ramas de los castaños, robles y abedules empiezan a brotar. Los bosques de nuevo se tiñen de verde. Nacen las primeras florecillas. Las copas parecen albergar cientos de pajarillos que no hacen más que cantar que están ya hartos del invierno. Alegres, decoran las copas, pero también nuestras almas con su algarabía matutita. Este año parecen más contentos, quizás porque el aire, dada nuestra ausencia de actividad, es más puro y limpio. Miramos los pajarillos y nos preguntamos dónde están aquellos que deberán compartir todas estas experiencias con nosotros, ese alma del Simorg que deberá adumbrar algún día un ejemplar lugar para el nuevo mundo. Ojalá vengan pronto para compartir la unidad, para experimentar la quietud en este pequeño paraíso.

Las horas pasan tranquilas. Comemos en la hierba y cuidamos las simientes. Decoramos nuestras vidas, cada uno de nuestros minutos con un silencioso agradecimiento constante. Somos afortunados. Es el lujo de no tener patria y de vivir alejados de todo ruido. Es el lujo de sentirnos amantes de la tierra entera, del paraíso que reina en nuestro interior, de la unidad que experimentamos cada uno de los días con todos los seres sintientes. La unidad no es más que el producto de reconocer en nosotros lo que realmente somos. En estos días especiales de cuaresma impuesta, de silencio, de retiro colectivo, el Ser se expresa aún con mayor fuerza, la unidad de todo lo que somos fraterniza y se solidariza con toda la orbe existencial. En estos días, el Silencio se apodera de nuestras almas y nos incita a perseguir constantes el verdadero paraíso de la unidad.

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La vida en el campo. De la organización a la autarquía

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“Las aves hacen grandes círculos en el cielo de su libertad. ¿Cómo lo aprenden? Ellas caen, y cayendo, se les dan alas ‘. Rumi, poeta y filósofo

El sueño de todos los filósofos de la antigüedad, especialmente los de las escuelas griegas como los cínicos, los estoicos, los epicúreos o los pitagóricos era la de obtener algún tipo de autosostenibilidad o independencia, que junto a la autonomía o libertad y la ataraxia o imperturbabilidad configuran el ideal de la persona completa y madura. Llamaban autarquía a la forma en la que el sabio se relaciona con su medio y con su propia supervivencia. Practicando la autarquía y el ejercicio de la virtud el sabio era capaz de ser feliz.

Hacer las cosas por nosotros mismos es un nuevo sueño que nuestros antepasados resolvían magistralmente en la vida en el campo. Antes de que todo se complicara gracias a las mejoras técnicas y a la especialización del trabajo, nuestros abuelos o quizás nuestros bisabuelos, eran capaces de llevar una vida simple y sostenible. Podemos hacer las cosas por nosotros mismos o pagar a otros para que las hagan. Esa es la mayor diferencia entre nosotros y nuestros antepasados. Podemos decir que si somos nosotros los que hacemos las cosas estamos dentro de un modelo autárquico, mientras que, si pagamos a terceros, estamos dentro de una organización o sistema.

En O Couso, al igual que los antiguos sabios griegos, aspiramos a las tres características mencionadas al principio. De momento hemos conseguido cierta autonomía, lo que equivale a cierta libertad. Autonomía en cuanto al valor de la tierra y su posesión. Al no existir la propiedad privada entre nosotros, hemos conseguido al mismo tiempo no depender de hipotecas o alquileres. Tampoco dependemos de compañías de luz o de agua, ya que la electricidad la obtenemos directamente del sol y el agua de la tierra.

Gracias a nuestro particular estilo de vida y especialmente a muchas caídas que nos han hecho aprender, también hemos obtenido cierta ataraxia. Tranquilidad, serenidad e imperturbabilidad en relación con el alma, la razón y los sentimientos que nos albergan y nos llevan, como proyecto, a cierta paz y sosiego, a cierta felicidad interior que nos ayuda, desde la fortaleza de la experiencia y el compartir, a explorar nuevos caminos y posibilidades.

El siguiente reto es la autarquía. Sabemos que no existe la autosostenibilidad pura, que siempre vamos a depender de terceros, pero a partir del séptimo año, nuestro objetivo será centrar todas nuestras fuerzas en perseguir el ideal de autarquía. Hemos aprendido casi todos los oficios que hacen falta para sobrevivir en el campo. Sabemos algo de agricultura, sabemos algo de fontanería, de electricidad, de albañilería, de carpintería, de acogida y relaciones humanas, de rituales, de visiones, de sueños… Hemos aprendido a hacer casi de todo en tan solo cinco años de entrenamiento. Hemos construido nuestras propias pequeñas viviendas, estamos desarrollando modelos de hogar autosuficientes que liberen al individuo de las cargas que la organización social impone. Al no estar sometidos al yugo de esas cargas, nuestro tiempo lo dedicamos a la acogida, a mantener una despierta exigencia en cuanto a disponer de un alto grado de integridad personal y buscar en la experiencia el mejorarnos todos los días.

El entorno es paradisíaco y no podemos pedir mucho más, excepto fuerzas y apoyos para seguir ayudando a todos los que vienen, para seguir haciendo pedagogía de que otro mundo es posible, para poder seguir inspirando a unos y a otros y hacer de este lugar una auténtica escuela de aprendizaje humano y espiritual. Estamos creando un diseño revolucionario de la convivencia grupal para poder exportarlo a otros proyectos. La interiorización grupal e individual, el estudio, el servicio, el apoyo mutuo y cooperación, la simplicidad voluntaria, el decrecimiento, la economía del don, la no propiedad privada y sí la privacidad, la emancipación, la autarquía como autosuficiencia, la ataraxia como búsqueda de tranquilidad, serenidad e imperturbabilidad, la autonomía y libertad, la felicidad, la cooperación con la naturaleza, la ecología, la sostenibilidad y el ahimsa como concepto de paz integral donde insistimos en la necesidad de no agresión a los seres sintientes, a nosotros mismos o al entorno, son solo algunos de los valores que intentamos compartir. En definitiva, como dicen en la comunidad de Findhorn, si no es divertido, no es sostenible, y todo lo que sea viajar hacia ese delicado equilibrio, debe hacernos felices y divertidos.

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Cuando la utopía de un mundo mejor es posible

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¿Buscas fundamento y propósito para tu vida? ¿Anhelas sabiduría y compañeros para compartir tu viaje experimental? ¿Estás dispuesto a ser sacudido y cambiado desde tus propios fundamentos? Estas son preguntas difíciles de contestar y resulta difícil poder dar respuesta desde nuestra vida ordinaria. De ahí la necesidad, a veces, de investir nuestra experiencia vital dentro de contextos que sean capaces de hacernos contemplar desde otra visión la oportunidad que se nos presenta. Esos contextos, tanto en la ciudad como en el campo, cada vez son más generalizados. Son lugares de poder, de fuerza, que nos ayudan a despertar a una nueva consciencia y forma de ver la vida.

En O Couso estamos haciendo un gran esfuerzo para dotar a este lugar de fuerza suficiente para que pueda sacudir nuestras vidas interiores y con ello, crear la transformación radical que el mundo necesita con urgencia. Los problemas mundiales, especialmente los referentes a la ecología, las guerras y las migraciones debido a la extrema pobreza y la escasez, requieren cada vez mayores respuestas, pero sobre todo, la visión de un nuevo mundo posible, sostenible y de futuro para las próximas generaciones. ¿Cómo estamos llevando a cabo, desde nuestro proyecto, esa aportación necesaria para esa nueva visión?

En la parte material hemos conseguido varios hitos que deberán servir de inspiración para una humanidad futura. Estos hitos son los siguientes:

  1. Hemos conseguido ser autosuficientes energéticamente. Nuestra instalación de energías renovables nos ha dado suficiente energía durante los cinco años que llevamos experimentando con el sol y el viento. Aspiramos a la misma autosuficiencia con respecto a la movilidad mediante vehículos ecológicos.
  2. Tenemos, gracias a un profundo manantial, autosuficiencia de agua pura y cristalina todos los días del año.
  3. Hemos conseguido reducir la jornada de trabajo de ocho a tres o cuatro horas al día, transformando el trabajo en una actividad comunitaria, lúdica y compartida. Esto nos permite dedicar el resto del día a la práctica y persecución de nuestros dones y talentos personales.
  4. Hemos conseguido relacionarnos bajo la economía del don, sin mercantilizar el proyecto ni las actividades que aquí realizamos, bajo el lema “deja lo que puedas y coge lo que necesites”. Con ello estamos consiguiendo romper con uno de los mayores problemas de nuestra humanidad: la avaricia y el egoísmo.
  5. Hemos conseguido mantener un lugar alejado del maltrato animal gracias a nuestra dieta vegetariana y gracias a la ausencia de drogas, alcohol y tabaco. Con ello conseguimos tener cuerpos sanos y fuertes capaces de sintonizar con el entorno natural sin agredirlo ni dañarlo.
  6. Estamos consiguiendo tener una vivienda digna bajos los auspicios de la simplicidad voluntaria y la austeridad de las cosas donde se prima la privacidad del individuo en espacios suficientes, útiles, acogedores y pragmáticos.
  7. Hemos conseguido abolir la propiedad privada, alejando de nuestras vidas la necesidad de especular sobre la tierra y tener que trabajar duramente para sostenerla. Con ello hemos conseguido no hipotecar nuestras vidas para siempre y disponer con ello de mayor libertad. Esto nos permite elegir libremente si deseamos estar o no en este lugar, sin ataduras.
  8. Estamos trabajando para conseguir en un futuro la autosuficiencia alimentaria gracias al cultivo de una huerta ecológica no basada en la producción sino en la consciencia de los alimentos desde una metodología holística y un nuevo paradigma.
  9. Hemos conseguido que los miembros que habitan el proyecto no tengan que pagar ningún tipo de alquiler o cuota de permanencia. Gracias a ello, podemos hacer una mejor gestión de los recursos individuales bajo la tutela de nuestra consciencia y generosidad individual y colectiva.
  10. Hemos conseguido disponer de más tiempo libre, el cual podemos compartir de forma individual o grupal según nuestras necesidades. La vida tranquila, viviendo despacio, siguiendo la filosofía «slow», es posible.
  11. Hemos conseguido vivir en un entorno natural, rodeados de ríos, bosques y montañas, con el propósito de respetar y proteger la belleza que nos rodea, potenciando su conservación y cuidado.
  12. Hemos conseguido tener nuestras puertas abiertas para compartir este lugar inspirador con todos aquellos que deseen experimentar este hermoso proyecto. Disponemos de una casa de acogida abierta y gratuita donde poder recibir y atender a todo el que nos visite sin esperar nada a cambio y sin que el dinero sea un obstáculo para ello.

Todo esto está siendo conseguido gracias a los valores del apoyo mutuo, la cooperación, la simplicidad voluntaria, la consciencia sobre el decrecimiento y la voluntad de crear un espacio armónico con la naturaleza desde los principios de una nueva ética y una nueva consciencia. Nos sentimos orgullosos de saber que todo este nuevo paradigma podrá servir de referente a las futuras generaciones que deseen experimentar un nuevo sentido de vida grupal, libre y fraterna. Gracias de todo corazón a aquellos que lo hacen posible.

 

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Reconstruyendo las relaciones humanas

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De nuevo una semana de experiencia cargada de emoción, de alegría, de compartir, de fraternidad, de belleza, de color, de primavera. Llegó gente nueva pero también amigos que nos apoyan desde siempre. De lugares tan lejanos como Chile o Francia y desde toda la piel de toro de nuestro país. Más de veinte personas compartiendo a pesar del frío y de la lluvia. A pesar de las dificultades, a pesar de los retos diarios, hemos sido capaces de bucear en los principios del proyecto, en restablecer correctas relaciones humanas, en elevar la mirada y el pensamiento para reflexionar sobre la vida profunda.

Empezamos la semana de experiencia con un círculo de sabiduría hablando sobre el egoísmo y la tolerancia. Un grupo de jóvenes amigos llegados de Madrid sentían curiosidad por saber cómo era posible que este lugar estuviera siempre abierto a todo tipo de personas, todas diferentes, todas de origen distinto, todas tan complejas en sus grados y condiciones. Lo cierto es que la tolerancia, junto a la libertad individual, la fraternidad y sororidad, y la siempre trabajosa igualdad hacen que en este lugar se conjugue la magia y el milagro de lo humano, de lo más profundamente humano. Con sus cosas buenas, con sus proyectos errantes, con sus visiones y esperanzas. La raza humana unida por una visión de cooperación, de solidaridad. Cueste lo que cueste.

Antes de que llegara al frío y la lluvia tuvimos tiempo de hacer bonitas excursiones por el privilegiado entorno que nos rodea. La sierra del Courel donde estamos insertados es una impresionante atalaya desde la cual divisar el mundo natural en toda su maravillosa majestuosidad. Aquí, en las montañas, junto a bosques y ríos completamente teñidos de verde, la naturaleza se expresa de forma radiante y extensa. Somos afortunados por poder disfrutarla, protegerla y cuidarla.

Estrenamos, gracias al esfuerzo de cientos de voluntarios que con sus aportaciones contribuyen al proyecto, el hasta ahora llamado “patio”. Improvisamos una comida bajo el nuevo tejado y la verdad es que la sensación no pudo ser mejor. Nos dimos cuenta de todo lo que hemos avanzado gracias a la solidaridad y entrega de muchos, y también, al mismo tiempo, nos dábamos cuenta de todo lo que nos quedaba por hacer. Pero irradiamos optimismo, fortuna, gratitud.

Por la noche hubo música, por el día calor, cuidado, alegría. Nos cuesta mucho olvidar todo lo que se teje en cada relación humana, en cada abrazo, en cada gesto. De eso trata este experimento. No es reconstruir una casa, es reconstruir las relaciones humanas, las correctas relaciones humanas. No es tener prisa, nunca más, con prisa. Es simplemente gozar de la ternura de una mirada, de esa sopa caliente que llega a tiempo, de esa luz que de repente ilumina una nueva estancia, de ese aprendizaje continuo entre todos. Es la felicidad, aquí y ahora, cuando los corazones se unen aunque tan sólo sea por un instante. Es la risa, la esperanza, la fe. También es el clamor y el deseo por sentirnos amados. Y esa siempre postura firme ante los avatares, ante los retos, ante la incomprensión.

No podemos estar más agradecidos por este sempiterno regalo que es el calor humano. Nos arrodillamos humildemente ante la grandeza humana, ante el esfuerzo por retomar el pulso a los tiempos que corren. Nuestro mayor agradecimiento a la naturaleza que nos acoge, a la huerta que nos alimenta, al bosque que nos protege, a cada piedra que sostiene este trabajo de servicio y amor. Seguiremos reconstruyendo afanosamente los valores y principios que nunca debieron abandonarnos. Seguiremos recordando una y otra vez la urgencia de actuar en fraterna amistad.

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