Una semana tranquila

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Una semana suave y tranquila, llena de gente bonita que colabora, que sonríe, que resulta agradable en el trato, que se les quiere sólo con verlos. Realmente muchas veces, cuando hay uno o dos que hacen ruido, juzgamos al grupo en general y somos un poco injustos. Ayer hacíamos repaso y realmente no han sido tantas las personas que han distorsionado el proyecto. Sólo unas pocas, pero descubrimos como ese poder residual puede hacer sombra y minar las fuerzas y los ánimos. Quizás en el mundo ocurra lo mismo, sólo son dos o tres los que hacen ruido y el mundo está lleno de gente buena, pero silenciosa, que trabaja en sus cosas y que en el fondo sólo desea paz, cariño y amor.
Ayer hicimos un círculo de sabiduría sobre masonería. Fue divertido ver como aquello que no conocemos siempre nos causa cierto temor. También es hermoso ver como desde el egregor se van disipando las dudas y se alienta la curiosidad por otras formas de entender y vivir la vida. Siempre hay un halo de misterio sobre todo aquello que ignoramos, pero siempre debemos fijar la atención en el mayor de los misterios, la propia vida, el universo que la acoge y nosotros, seres con autoconsciencia que se interrogan una y otra vez por todo. Este año los círculos de sabiduría están disfrutando de cierto éxito y el año que viene le dedicaremos más atención para que sigan siendo productivos y profundos.
Hoy han llegado personas desde Taiwán y Portugal que se unen a los que ya están o han pasado en estos días, esta vez de múltiples nacionalidades como Italia, Croacia, Bélgica, México, Alemania, Brasil, Holanda, Suecia y de múltiples lugares de la península que vienen y se van como gotas de agua que se unen a un océano de cariño y compartir y luego van a un cielo y a otra tierra diferente para seguir navegando por esos lugares de ensueño.
A veces dan ganas de acompañarlos a todos en sus periplos. Hay personas que vienen con sus dudas existenciales y se lanzan a los caminos sin saber muy bien donde terminarán. Esta semana ha venido un grupo que se conoció en un voluntariado en Taizé, la comunidad ecuménica conocida por sus canciones que se han extendido por todo el mundo desde la Francia meridional. Cuando agradecemos la comida estos días lo hacemos con sus cantos con forma de mantras que nos llegan al corazón e iluminan el alma peregrina. Hay tantas formas de compartir, desde una canción, un caminar juntos o una tertulia sobre cualquier cosa. Es hermoso poder unir nuestras manos y sabernos parte de una sola humanidad, de un solo sentir que se multiplica con el contagio de la mirada, con la sonrisa, con el humor, con la alegría por vivir una vida en comunidad.
Nos sentimos agradecidos por todas esas personas que nos acompañan todos los días. A veces más, a veces menos, pero que siguen el halo de convertir este lugar hermoso en un punto de encuentro, de armonía, de cariño. Sigamos construyendo ese nuevo mundo desde la sencillez, el contacto y el amor.
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Amabilidad: la alegría del compartir

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Uno de los fundamentos del amor es la amabilidad. Lo decíamos el otro día en uno de los círculos de consciencia en los que intentábamos profundizar sobre el querer y el amor. Nos gustó especialmente esa definición que alguien trajo sobre el círculo. Ser amables, ser confiadamente amables, sinceramente amables con el otro como fundamento, como piedra angular de toda relación. No como un acto hipócrita o protocolario, sino como algo sincero, de corazón. Ser amables con tu pareja, ser amable con tu familia, con tus amigos, con tu entorno, con tus vecinos, incluso añadiríamos eso de ser amables con el mundo entero, con la naturaleza, con los animales, con las plantas. Nos dimos cuenta de la fortaleza de esa afirmación, de esa actitud ante la vida, y de lo sencillo que resulta poder ser amistosos, simples, afables, cordiales, cariñosos, agradables, afectuosos, benévolos, en definitiva, amables.
Lejos de toda aquella gente que se pasa el día viviendo en la queja, en esa manía tóxica de ver el mundo siempre negro y oscuro, hostil, degradado, triste, deberíamos dar una vuelta y empezar a observar desde lo inmediato lo fácil que resulta hacer de este mundo un lugar hermoso donde vivir. Quizás solo hace falta cambiar nuestra mirada, intentar estar presentes en el instante de regalo que representa la vida. Es cierto que muchas veces vamos a comprar a esa tienda o ese lugar donde nos tratan con amabilidad, con cariño. Y también es cierto que cuando llegamos a un sitio donde la bordería es la que domina el ambiente, tendemos a huir hacia otro lugar. La amabilidad siempre atrae, y cuando vemos a personas discutir, solemos salir corriendo hacia otra parte porque siempre es una situación incómoda, tóxica, cargada de ruido y malestar. ¿Para qué ingerir esas energías? Cuesta tanto darnos cuenta de lo fácil que sería todo si fuéramos en todo momento amables. Incluso con aquella gente que no opina o piensa como nosotros.
Otra persona decía que una de las fuerzas que movían el amor es el silencio. Amar en silencio también es una poderosa forma de dejar paso a la verdadera esencia de la vida. Si pudiéramos conjugar ambas palabras en una mirada, en una sonrisa, silencio y amabilidad, el mundo sería algo maravilloso. No habría broncas en los parlamentos, los políticos se entenderían de mejor forma, los contrarios se animarían unos a otros para competir sanamente, los diferentes dejarían de ser enemigos o extraños, los vecinos se convertirían en seres amables y divertidos con los que interactuar más a menudo. El mundo sería menos gris. Y la fórmula sería bien sencilla: amabilidad, silencio, sonrisa. Está en nuestras manos crear un mundo amoroso y hacer de la vida algo bello. Es fácil y sencillo. Seamos amables, vivamos en la alegría del compartir. 
Pd. Queremos dar las gracias a todas las personas amables que este verano vienen a echarnos una mano y lo hacen con la sonrisa, la alegría y el amor suficiente para aportar una hermosa vibración en el lugar. Cuando esto ocurre y todo resulta tan fácil y cariñoso, la convivencia y el día a día se transforma en un momento mágico que merece la pena ser vivido. Así que gracias de corazón a todos por vuestro amor incondicional.

Hacia la inevitable fraternidad humana

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Aún estamos con el regusto de la visita de los dos grupos de scout que han venido desde Madrid y Barcelona para disfrutar de una semana hermosa y divertida, diferente, llena de anécdotas y retos compartidos. La visión de servicio de los scouts ha hecho que la casa sufriera muchos cambios y que el espíritu de grupo se hiciera aún más patente. Los aportes, el trabajo, el servicio para la pequeña comunidad y los gestos continuos han sido la nota clave de esta hermosa semana pasada. Ya los echamos de menos, como también a las familias hermosas y sus hijos que han pasado por aquí y a todos los que habéis compartido con vuestras risas y anécdotas experiencias únicas. Gracias de corazón por vuestra infinita generosidad y amor.

Hoy de nuevo han vuelto los reyes magos Begoña y Javier al Couso con nuevos presentes para ir completando la construcción de la casa grande. Esta vez venían con cuatro puertas para los lavabos nuevos, que hasta ahora, se accedía a su intimidad desde una tímida cortina improvisada. A partir de mañana, por fin podremos hacer nuestras cosas de forma cómoda y sosegada. Estos magos del oriente asturiano han venido ya doce veces y siempre con las arcas llenas de presentes. El saber que están ahí, como tantos otros de vosotros que nos apoyáis incondicionalmente de forma silenciosa y siempre con todo el cariño del mundo, es, sinceramente, un gran alivio interior. El marco de referencia, o al menos de nuestra referencia siempre fue precisamente ese: apostar por construir entre todos una casa que fuera, además, una casa de todos.

Hoy lo expresaba fielmente nuestro querido Antonio, que por fin ha vuelto de su periplo asiático: “volver aquí es como volver a casa”. La sensación de hogar compartido, de volver a un sitio donde siempre alguien te recibe con un abrazo o una sonrisa, es algo que te alivia por dentro. El que Antonio y viejos conocidos como la familia Mey o Luis el Polaco hayan pasado estos días por aquí nos ha llenado de esa sensación de familia extensa. Especialmente en un mundo tan cambiante como este, donde es tan fácil últimamente quedarte sin casa y sin hogar, sin familia y sin nada. Esa sensación de pérdida, al menos de pérdida material, siempre viene asociada a una pérdida de identidad, una pérdida psicológica que te marca para siempre. Sus efectos son demoledores para una mente débil. Por eso esa destrucción civil, material, nos sirve, si sobrevivimos a ella con cierta dignidad, volver a cambiar los parámetros de nuestra vida.

Esto puede ocurrir cuando perdemos algo material, o cuando perdemos la salud. Son cosas que nos obligan a replantearnos totalmente la existencia. Cuando careces de salud y de ánimo todo lo demás deja de tener sentido. De ahí la necesidad interior de hacer algo más en nuestra vida. Nos referimos a algo más que pensar en las vacaciones, en el trabajo y en los nuestros. Al haberlo perdido todo, nos sentimos con esa obligación moral de ayudar a los que también han pasado por ese trance o están pasando por el mismo para recuperar, al menos psicológicamente, la sensación de familia, de hogar.

Materialmente aún es poco lo que podemos dar más allá de un plato de comida o una cama, pero al crear el espacio y el tiempo desde una perspectiva diferente, podemos ofrecer que la gente se conozca, y lo más importante, se reconozca. Por eso es hermoso escuchar en los círculos de consciencia, cuando eres un recién llegado, eso de que se sienten desde el primer día como en casa. Ese es nuestro deseo, esa es nuestra meta. Crear los lazos de fraternidad humana que se han perdido en el camino hacia el progreso. Recrear de nuevo el sentido de humanidad entre iguales y diferentes, entre altos y bajos, ricos y pobres, para así, poco a poco, ir construyendo un mundo nuevo, más amoroso y fiel a lo que la vida quiso algún día de nosotros. Esperamos desde este pequeño espacio cumplir con nuestra parte en ese hermoso plan de la vida: la fraternidad humana, el amor incondicional, el respeto y el cariño hacia el diferente.

Final de la primera semana de experiencia

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Es difícil explicar con palabras todas las emociones vividas estos días. Todos los encuentros, toda la gente bonita que nos ha visitado, que ha hecho de esta casa la casa de muchos. Ha venido gente desde muy lejos, incluso estos días llegaban desde Italia o Alemania o Croacia para pasar unos días entrañables, en familia, acompañados por el espíritu humano de colaboración, de apoyo, de amor incondicional.

El egregor del espíritu grupal de esta semana ha sido bello, armónico, divertido. La familia de Cristina y Jorge, con sus dos bellos hijos han hecho del lugar todo un mundo de juego. Su ejemplo en la crianza de sus hijos nos ha maravillado, especialmente su paciencia, su amor, su sonrisa siempre amable y hermosa. Esta mañana éramos casi treinta personas en el círculo de consciencia. Estamos disfrutando de los scouts venidos desde Madrid y en unos días de un grupo de Barcelona. Todos se sienten como en casa desde las primeras horas, cuando empieza el tour con la acogida, explicando el proyecto, sus motivaciones, el porqué estamos haciendo esto así y no de otra manera.

Muchos empiezan a entender la profundidad de términos como apoyo mutuo y cooperación, como acompañamiento en los momentos difíciles, o palabras como permacultura, simplicidad voluntaria o vida tranquila. Es hermoso ver como durante toda esta semana, cargada de círculos de sabiduría, de compartir y de alegría hemos aprendido todos tanto y tanto. El compartir experiencias y conocimiento tan diversos nos enriquece a marchas forzadas. El compartir momentos únicos donde poder relacionarnos directamente con la naturaleza nos llena de vida y amor. El poder darnos las manos, abrazarnos o sonreírnos como seres humanos completos nos llenan de pasión.

El grupo de adolescentes que vino desde Madrid nos alegró las mañanas y las tardes con sus idas y venidas, con sus inquietudes, con sus preguntas, con sus conflictos propios de la edad. Llenaron de vida estos días tranquilos donde la única preocupación era saber qué íbamos a comer o qué cuestión interesante íbamos a abordar.

El entorno natural en el que nos encontramos es totalmente sanador. Unos días de paseos por la naturaleza y el verde termina penetrando en nosotros sanando nuestros males, tanto físicos como espirituales. “Esto es el paraíso”, decían esta mañana. Pero nosotros insistimos que sólo si el paraíso está dentro de nosotros podemos verlo fuera.

Gracias a los que han hecho posible desde la distancia estos días maravillosos donde la economía del don y el compartir se han hecho palpables, posibles y amigables. Gracias por ayudarnos a crear una nueva consciencia, un nuevo campo de reflexión, una nueva forma de mirar al mundo, más amable, más amorosa, más responsable. Gracias, gracias, gracias a todos los que habéis participado en esta hermosa semana de experiencia. Ahora vamos a por las siguientes. Con ilusión, con fuerzas, con más esperanza de poder insistir en que un mundo amoroso es posible.

Primera Semana de Experiencia verano 2017

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Primer día de la primera semana de experiencia de este especial verano. Un día agotador pero totalmente satisfactorio porque las experiencias y los momentos emotivos han sido muchos. Casi una veintena de almas bonitas compartiendo un espacio y un tiempo únicos y diferentes, con unas dinámicas sencillas pero que provocan en el ser la apertura de corazón y el abrazo hacia la vida sencilla y plácida, de cofraternidad, de cocreación, de amor a todo cuanto existe. En la meditación de la mañana había lleno total. Todos querían saber qué era eso de estar veinte minutos en silencio antes de empezar el día. Fue hermoso sentir la presencia de todas esas almas respirando y conspirando en el noble silencio. Se podía percibir en el aire la vida que corre en cada una de sus manifestaciones.
Tras el desayuno y el primer círculo de consciencia, nos fuimos todos a trabajar en los espacios abiertos para compartir e interactuar con el otro con la excusa de las labores diarias. Fue hermoso ver como en tan sólo una mañana ya hubieron avances importantes en algunas cosas. Mejoras en las cabañas de los voluntarios, abriendo nuevos caminos para llegar al centro del espacio que ocupará la escuela de dones y talentos, restaurando paredes que habían sido abandonadas durante años en la casa de acogida, y así durante algo menos de cuatro horas de compartir entusiasta.
La tarde fue tranquila hasta las ocho, donde ocupamos el espacio de la ermita para realizar un círculo de sabiduría que trataba, a petición de los integrantes de la experiencia, sobre la meditación. Encendimos una vela, guardamos un minuto de silencio y empezó la rueda de palabra compartida, donde todos pudimos expresar desde el ser aquello que teníamos por compartir. Fue realmente bello y emocionante escuchar tantas experiencias bonitas desde el silencio y la apuesta constructiva. Y ya han salido dos temas nuevos para tratar en los próximos días: un curso de milagros y los misterios del tao. Qué alegría que los círculos de sabiduría vuelvan de nuevo al proyecto en un verano que se espera emocionante.
Mañana más compartir, más amor en acción, más relaciones inesperadas entre personas totalmente diferentes pero unidas por el espíritu de la fraternidad. Da gusto sentir sus corazones, sus latidos, sus tambores interiores. Da gusto ver como otro mundo es posible con la mirada puesta en el otro. Gracias de corazón a los que desde lejos estáis apoyando esta iniciativa. Gracias de corazón por los donativos que estamos recibiendo para poder apoyar estos instantes. Gracias a esa otra gente bonita que nos ayuda en la labor de seguir inspirando el nuevo mundo. Gracias, gracias, gracias.

Entre cables

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A las diez de la noche aún estábamos pelando cables y haciendo conectores para que la bomba del agua pudiera ser conectada cómodamente desde la cocina. Hasta ahora, y durante meses y meses y meses teníamos que montar un cirio cada vez que el agua del depósito se terminaba. Si hace sol y gracias a las placas solares, las cuales, por cierto, aún no están pagadas, tenemos que buscar en alguna parte de la finca la alargadera, enchufarla en la casa, destapar el depósito donde guardamos los conectores, extender los cincuenta metros, enchufar la bomba y luego correr para desconectar el agua cuando la cuba está llena. Lo mágico es que no pagamos agua ni luz eléctrica, pero hasta el día de hoy toda esa gratuidad de la naturaleza ha tenido un precio.

Cuando entra algo de dinero en la fundación tenemos que mirar con lupa en qué lo empleamos. Como últimamente no entra casi nada de dinero, nos esmeramos en poner de nuestra parte y ahorros para poder generar algo de recursos y poder mantener esta primera fase del proyecto a salvo de penurias. La mitad del dinero se va en comida y la otra mitad en reparaciones y mejoras para la casa. En estos primeros días de julio llegaron cien euros por un lado y otros cien que pusimos nosotros. No es mucho dinero, pero cada poco que gotea da para mucho. Los primeros los dedicamos a comprar algo de comida para los amigos que llegan en la próxima semana de experiencia, y los segundos cien los dedicamos al cableado para la instalación de la bomba, enchufes y algunos sacos de mortero para las juntas de las piedras centenarias, las cuales estamos embelleciendo para que la casa quede cada día más aislada. También compramos comida para los gatos y una botella de butano.

Hoy alguien, mientras miraba como pelábamos los cables y cables, preguntaba qué necesitábamos para que el proyecto estuviera culminado del todo. Le dijimos que aproximadamente unos veinte años más, pero luego, pensando fríamente, quizás fueran muchos más. Nos miró extrañado sin entender a qué nos referíamos. Creemos que este proyecto es como un ser que requiere, primero, crecer materialmente. Eso lleva un mínimo de siete años. Luego habrá que dotarlo de energía, de fuerza, para que crezca vivo y saludable. Otros siete. Y luego la parte emocional, la parte mental y por fin, ver como se manifiesta su alma y espíritu.

Lo hermoso de esta idea es que mientras estamos pelando cables a las diez de la noche somos sabedores de que todo lo que hacemos no es para nosotros, sino para una causa mayor. Esa causa, si es verdadera, si nace del alma, seguirá adelante. Si es un capricho pasajero de alguna personalidad desbordante, pronto se extinguirá. Vivir desapegados del resultado final nos hace disfrutar de las cosas doblemente. Es posible que nosotros no veamos nunca como termina esto. Si es así, nos habrá servido de entrenamiento y aprendizaje, nos habrá llenado de gozo la idea de pensar que hicimos lo que pudimos para que la gran obra continúe. Digamos que intuimos la necesidad espiritual de nuestro tiempo e hicimos lo posible por cumplir con nuestra parte, a sabiendas siempre de nuestras limitaciones.

Mañana seguiremos pelando cables o masajeando la piedra que otros disfrutarán. Será nuestro tributo como almas libres. Y quizás algún día seres de mayor consciencia hagan de este lugar un agradable jardín donde pasear en silencio y donde poder asombrarnos juntos de las maravillas de la vida. Quizás en la próxima semana de experiencia eso ya ocurra. Nosotros nos sentiremos satisfechos, pase lo que pase, y el tiempo, la oportunidad que se nos ha dado, nos entregaremos en todo lo que podamos, con nuestras limitaciones, pero también con nuestro anhelo y alegría.

(Foto:  a pesar del trabajo infinito que hay en el proyecto a todos los niveles, a veces también hay rato para el ocio. Aquí improvisando una partida de ping pong).

Trabajando por amor

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Peter Caddy fue uno de los fundadores de la comunidad de Findhorn. De joven había leído los libros de Madame Blavatsky, Alice Bailey y Max Heindel. Se hizo rosacruz, teósofo y masón. “En el momento oportuno”, sus memorias, contaba que la clave para cualquier tipo de éxito y liderazgo no consistía tanto en tener una excelente inteligencia y eficiencia, sino en la habilidad para inspirar amor y lealtad. La importancia de demostrar y vivir mediante la experiencia es lo que nos dota de cierto sentido. Hablar, predicar y decir cosas bonitas con cierta inteligencia puede estar bien, pero lo verdadero nace de un amor sincero y una lealtad a prueba, capaz de ser próxima y cercana a todo aquello que dices, piensas, sientes y haces. Lo que haces por amor y lealtad a ti mismo y a los demás, en consecuencia, es lo que valdrá de faro y de luz al mundo.

Releíamos con cierta añoranza estas palabras que escribimos hace unos años desde la bahía de Findhorn, en el norte de Escocia, y nos dábamos cuenta de que aquella lectura nos caló en aquel momento y en los siguientes. Amor y lealtad a un sueño que está brotando desde lo más hondo, enfrentándonos una y otra vez a la parte más delicada de la vida humana y aprendiendo a conocer y reconocer nuestras sombras, nuestras debilidades, pero también nuestras fortalezas y momentos álgidos.

Nos fijamos en lo que nos rodea y nos sentimos afortunados. No queremos arrastrar la sensación de que nos hemos aislado del mundo para disfrutar de un retiro dorado en plena naturaleza. Interiormente sentimos que nunca como hasta ahora habíamos estado tan en contacto con el mundo, sobre todo con ese otro mundo que algunos llaman el mundo real, el mundo del espíritu, el universo del alma. Al estar perdidos en este bosque podemos conectar con más frecuencia y anhelo hacia esos lugares invisibles, podemos saborear con más delicadeza cada color, cada árbol, cada hoja que nace. Ahora mismo podemos mirar el sendero que viene de las montañas y nos parece un paraje increíble, único, especial. Aquí, de forma humilde, nace una buena plataforma para poder inspirar amor y lealtad.

Esta mañana empezábamos entre un puñado de buenas personas una tarea que llevaba tres años esperando. Rejuntar las paredes, o mejor dicho, rejuntar, piedra a piedra, todos los infinitos rincones de cada pared para que conseguir un mayor aislamiento en la casa de pizarra. Hay miles y miles de piedras unas sobre otras. La construcción es una obra de arte digna de análisis. Y durante estos próximos días vamos a trabajar en ellas, limpiándolas una a una, en silencio, pero juntos, primero en una habitación, luego otra y otra hasta poder alcanzar toda la casa. Quizás esta tarea nos lleve uno o dos años de trabajo, pero esto no nos desespera. No sentimos una sensación de ahogo o asfixia por la dilatación del tiempo. Realmente no importa mucho lo que aquí hagamos, si no más bien todo aquello que podamos inspirar mientras lo hacemos. Nuestro pequeño faro alumbrará más al mundo si somos capaces de sostener la llama, de alzarla con valentía y tesón hacia arriba para que otros puedan llevarse un trozo de calor. Es eso, y no otra cosa, lo que nos dotará de fuerza para seguir adelante. Las paredes esperan, las piedras siguen, después de siglos, sosteniendo el edificio. Nosotros tan sólo cumpliremos una pequeña parte en la restauración de un mundo mejor. Seremos partícipes vivos en la edificación del edificio humano.

Pd.- Gracias por ayudarnos en la construcción del edificio. Con un euro al mes hacemos milagros. https://www.teaming.net/proyectoocouso

 

 

Foto: Monasterio de Samos visto desde el Camino de Santiago.

 

Segundo boletín

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Queridos todos, amados todos en todas vuestras dificultades, anhelos y condiciones.

Tenemos la gran suerte de contar ya, gracias a la inestimable entrega de nuestro querido Rafa, el boletín número dos, donde explicamos como estamos, hacia donde vamos, como nos encontramos.

Podéis verlo aquí:

http://mailchi.mp/d842a251b4a9/ocouseros-por-el-mundo-186539

Estamos viviendo un momento de consolidación material, donde las mejoras son cada día más visibles. Estamos convencidos de que la magia de la vida nos conducirá con tesón y perseverancia hacia el propósito que nos ha guiado hasta aquí y que juntos podremos crear un hogar de todos y para todos, donde la libertad individual pueda abrazar al alto ideal de fraternidad humana, de alegría y de paz.

Seguimos construyendo una segunda cabaña para que los voluntarios tengan un lugar cómodo y tranquilo donde reposar. La atención continuada a todos los peregrinos que nos visitan requieren de momentos de reposo, y estamos viendo que las cabañas, retiradas en el bosquecillo, sirven para este necesario propósito. La idea es hacer tres cabañas este año para intentar que siempre existan al menos tres voluntarios permanentes en el lugar. Tras la marcha de Luije, Laura e Iván ha sido muy difícil consolidar un proyecto humano que mantenga el lugar de forma continuada. Sin embargo, estamos haciendo lo imposible para que ese pequeño núcleo humano sirva de sostén a todo el proyecto. La fuerza que recibimos de todos los amigos que están lejos pero tan cerca de nosotros nos ayudan a seguir adelante.

También seguimos avanzando en la reconstrucción de la casa de acogida, la cual cada día, a pesar de su estado ruinoso, es más cómoda y agradable. Ojalá llegaran recursos para poder terminarla pronto. No olvides echarnos una mano si tienes posibilidades y sientes de corazón que merece la pena compartir esta experiencia.

Y por supuesto, con muchas ganas y deseos de poder empezar la construcción de la escuela de dones y talentos. Ya tenemos un amigo arquitecto que nos está ayudando con los planos. Seguiremos constantes en esta idea, porque sin pedagogía, sin un aula de aprendizaje continuo, jamás podremos abanderar un mundo más sabio y más justo. Es poco lo que podemos ofrecer al mundo, pero nuestra obligación es trabajar para aportar nuestro granito, es importante que hagamos ese poco.

Sin más, disfrutar del verano y veniros unos días para seguir avanzando juntos. Gracias por estar ahí, gracias por acompañarnos.

Pd.- Si aún no estás suscrito en Teaming, ayúdanos desde un euro al mes. Es muy fácil y para nosotros es una ayuda que repercute positivamente en todo el proyecto. Ya somos casi cien personas apoyando desde esta plataforma. Este es el enlace:

https://www.teaming.net/proyectoocouso

De sueños anhelados

Toda la atención, el equilibrio, la fuerza… pero sobre todo mucho compañerismo, pensar en todo momento en la seguridad del compañero. Por supuesto muchas dosis de utopía, la utopía de una vida más sencilla, en la que comenzamos a apuntalar nuestros tejados, tejer nuestra ropa, labrar nuestro grano, sembrar en definitiva nuestros más anhelados sueños…

Algo de la felicidad estaba ahí, en los grandes troncos al hombro, en el equilibrio con todo el peso en la cima de escalera, en la tarea felizmente culminada en grupo cuando el sol se acuesta en las colinas… Algo de la felicidad estaba ahí, en el gozo de la vida compartida, en el día a día sin lujos, en la comunión con el hermano que se da entero, con todos los pájaros que nos cantan en el corazón del bosque, con todos los castaños que lucen su más brillante verde, en comunión con toda la Madre Naturaleza que pulsa soberbia en nuestro rededor…

Resulta que eso era el techo recíproco, la magia incomprensible de unos troncos que se apoyan unos a otros y no se caen. Enseñanza sin par la del trabajo en grupo con arrojo de fuerza, con esmero de habilidad, con multiplicación de atención…; enseñanza la que nos regalan eso troncos pesados que se sujetan entre sí y ya nada consigue derribarlos. A la postre parece que algo de la felicidad estaba ahí, en ese caer derrotado en el catre de la caravana, en ese cerrar los ojos y pensar con satisfacción que estamos construyendo un mundo nuevo en el que habrá bosques y cabañas de madera para todos…

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Seguimos con la construcción de la segunda cabaña de madera. Si quieres echarnos una mano, eres bienvenido/a. Estaremos, entre el 12 y el 24 de junio, pero O Couso está todo el año abierto a los soñadores de todos los linajes y estirpes. Dirige la obra de la cabaña el gran maestre arquitecto y cabeza visible de la Logia, Pepe Gotera León, peón de pobre cualificación, Otilio Aldai.

Más info sobre el proyecto O Couso: https://proyectocouso.org
Más info de la convivencia: koldo@portaldorado.com
Telfs.: 982157684 ó 606695452
* En la imagen, la finca de O Couso y la nueva cabaña. Texto de Koldo Aldai.

¿Colapso o esperanza?

 

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Todos los sistemas tienen un inevitable ciclo de vida y muerte, un recorrido de crecimiento y decrecimiento donde el final se simplifica con una desintegración total de lo existido hasta ese momento. Según algunos expertos, nuestra civilización se encuentra en este instante en una situación de colapso. De alguna forma, el ser humano se ha ido preparando mediante mitos y creencias, de forma interior y psicológica, para este final.

Las pruebas científicas parecen contundentes. Los científicos y filósofos de nuestro tiempo se interrogan sobre el momento de la historia en el que estamos. Según algunos, nos encontramos en este presente donde las líneas de desarrollo se quiebran. El crecimiento infinito en el que se basa nuestra civilización está chocando frontalmente ante las riquezas finitas del planeta. Hasta este momento, habían crecido exponencialmente y lo seguirán haciendo hasta un punto que los teóricos de sistemas y ecologistas llaman “saturación y colapso”. Esta teoría del colapso viene apoyada por bases científicas como la teoría del pico de Hubbert, donde se dice que el pico de producción máximo del petróleo será la señal de que el colapso de nuestra civilización está próximo. En los movimientos ecologistas se ha puesto de moda esta idea, reforzada con documentos y documentales como el de Colapso, de Michael Ruppert.

Los movimientos milenaristas y apocalípticos siempre han existido. El miedo al final de la civilización siempre ha golpeado nuestros corazones sensibles. A diferencia de otras épocas, los datos y estadísticas nos muestran un futuro alarmante y pesimista. Quizás estamos siendo testigos de un colapso real que afectará a todo el panorama existencial de nuestra civilización.

Nosotros no trabajamos bajo la presión de ese futuro inmediato, oscuro y tenebroso donde todo se derrumbará y provocará la pérdida de sentido y el inmediato vacío interior. Nuestros esfuerzos no se centran en predecir lo negativo de ese momento posible, sino que nos vemos obligados a partir de la base experimental que nace de una visión esperanzadora y útil al momento actual. Es decir, no nos centramos en descubrir los entresijos por los que la sociedad quebrará inevitablemente, sino que buscamos soluciones prácticas para crear un mundo mejor, más limpio, más profundamente verdadero, más cargado de soluciones prácticas que nos lleven a una vida rica, compartida y solidaria.

Creemos que la búsqueda de una solidaridad local, la siembra de todo aquel alimento nacido libre de derivados del petróleo, la liberación de una tierra que no debe ser hipotecada, la construcción dócil y sostenible, la autonomía energética y alimentaria así como la obtención de nuestra propia agua, cuidando sensiblemente todo recurso natural, la cocreación con la naturaleza bajo el prisma de sabernos parte de ella y unas relaciones basadas en el amor y el respeto y no en la imposición o el dogma son parte sustentable de nuestra visión.

No se trata de advertir sobre el inminente colapso. Nuestro esfuerzo arranca sobre la manera de provocar una vida amable ocurra lo que ocurra en el futuro, esforzándonos para adecuar el sentido humano de la vida al sentido espiritual de la misma. No tratamos de huir hacia adelante y protegernos. Tratamos de abrir nuestros corazones a los nuevos paradigmas, a las nuevas enseñanzas, a la nueva tierra que entre todos deberemos construir tarde o temprano. Sembrar esa visión de esperanza y amor es nuestro cometido. Esperamos que lo demás se contagie y venga por añadidura. Incluso el cambio interior en toda la humanidad, ese que de alguna forma evitará el colapso o lo transformará en algo positivo para la concordia universal entre todos los seres humanos y el ecosistema global que habita.