En nuestro interior habita una primavera invencible

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Estos días trabajando en los suelos del pequeño domo, futuro santuario para poder allí cantar y compartir… 

“En las profundidades del invierno finalmente aprendí que en mi interior habita un verano invencible”. Camus

El verdor y el frescor de los campos abiertos a las cinco y media de la mañana nos llenan de nostalgia. A esas horas, las extensas praderas están aún oscuras, pero se imaginan a cada lado, entre bosques y montañas. La primavera rejuvenece el espíritu y alegra los corazones. Nos levantamos tan de madrugada que aún no sabemos identificar si quien conduce nuestro vehículo es el pequeño “yo” o el verdadero Ser.

Tocamos a la puerta de la cabaña contigua. Ella ya está preparada. Despacio caminamos hacia la vieja ermita. Todas las mañanas y todas las tardes nos convertimos en auténticos ermitaños, habitantes del desierto espiritual, pobladores del misterio, como aquellos primeros anacoretas del desierto, como aquellos Padres de la Tebaida. No pudimos elegir un lugar más perfecto para crear una comunidad espiritual. Rodeados por dos imponentes castros celtas, bajo los pies del monte sagrado de Oribio. Un lugar donde ya hubiera un eremitorio, posiblemente consagrado en continuadas incursiones pasadas.

A las seis en punto suenan los tres golpes de mallete ritual en el cuenco que compramos en la India, en aquellos viajes donde la meditación cobraba un sentido diferente. Antes hemos encendido la vela, símbolo de la luz, representante de la vida que nos atraviesa, profundo arquetipo de todo aquello que representamos. La vela desvela e ilumina los secretos, alude inevitablemente a las estrellas de la bóveda celeste y nos recuerda cuando abandonamos la luminosidad del “paraíso” descandilados por los artificios e ilusión del fuego. Aquella mordida, aquella curiosidad por el conocimiento fugaz, nos arrebató la clara luz del saber. La vela está ahí para recordarnos la verdadera luz a la que debemos regresar, invocando todos los días la necesaria comunión con los mundos sutiles, con la vida superior del alma.

Desde las seis hasta las ocho y media permanecemos en profundo silencio, en profundo encuentro con nosotros mismos. El entrenamiento forma parte de la experiencia de los 21 días. En el quinto día, hay una meditación mañanera que pretende, por un instante, incitarnos al reencuentro con las profundas fuentes que habitan en nosotros y donde reside la fuerza común que mueve a todas las cosas vivientes.

La experiencia nos conduce hacia una profunda paz. Terminamos el ritual con tres golpes en el cuenco indio, siguiendo así los antiguos rituales, apagando la luz de la vela y estrechando nuestros cuerpos con un sentido y cálido abrazo. El alma se apodera de nosotros, y esa experiencia compartida se convierte en una consciente y pocas veces expresada unidad con el Ser. En nuestro interior ya se ha sembrado la semilla que engendra en los corazones ese hermoso sentimiento de paz y nos confiere una profunda cualidad de bondad hacia toda la creación. Suspiramos profundamente agradecidos. Inspiramos y conspiramos a partir de ahora en la comunión, en la unidad, en la complicidad de sabernos uno.

Todos los días, antes de las actividades diarias, intentamos fomentar la siembra de la buena voluntad, de la paz interior, del encuentro con la unidad unificando nuestras mentes en un solo sonido, en una sola intención: la quietud, el silencio. Provoca en nosotros, o debería provocar, una alineación de todos nuestros “yoes”, esos que se acomodan en lo meramente físico, o en lo anímico, o en lo emocional, o en lo puramente intelectual. La meditación diaria nos provoca una reflexión: de todos esos yoes, esos que a veces se identifican con cosas, con lugares, con familias, con estatus o con naciones, ¿cuál de todos ellos somos nosotros?

De alguna forma nos damos cuenta en las meditaciones de la mañana y de la tarde que el Ser podría estar compuesto por diferentes yoes. Esto no es algo nuevo, Jung ya lo analizó. Incluso Gurdjeff o Krisnamurti lo llamaron la consciencia fragmentada. La ausencia de unidad en nosotros tiene que ver con la ausencia de unidad con el resto de la humanidad. No somos, en nuestro devenir diario, un “yo” unificado. Tenemos un cuerpo físico producto de la evolución humana acaecida durante millones de años, con todo el bagaje y herencia de todos nuestros ancestros. Pero además, tenemos estados de ánimo, emociones, pensamientos, inquietudes. Todos nuestro yoes están en conflicto permanente, excepto cuando en ellos reina el silencio forzado por la meditación, por la quietud. Entonces comprendemos el profundo significado del oasis que provoca la calma e integramos todas nuestras voces en una sola: la voz del silencio, tan poderosa, tan efervescente, tan misteriosa.

El sol calienta esta hermosa tierra en estos primeros días de abril. Las ramas de los castaños, robles y abedules empiezan a brotar. Los bosques de nuevo se tiñen de verde. Nacen las primeras florecillas. Las copas parecen albergar cientos de pajarillos que no hacen más que cantar que están ya hartos del invierno. Alegres, decoran las copas, pero también nuestras almas con su algarabía matutita. Este año parecen más contentos, quizás porque el aire, dada nuestra ausencia de actividad, es más puro y limpio. Miramos los pajarillos y nos preguntamos dónde están aquellos que deberán compartir todas estas experiencias con nosotros, ese alma del Simorg que deberá adumbrar algún día un ejemplar lugar para el nuevo mundo. Ojalá vengan pronto para compartir la unidad, para experimentar la quietud en este pequeño paraíso.

Las horas pasan tranquilas. Comemos en la hierba y cuidamos las simientes. Decoramos nuestras vidas, cada uno de nuestros minutos con un silencioso agradecimiento constante. Somos afortunados. Es el lujo de no tener patria y de vivir alejados de todo ruido. Es el lujo de sentirnos amantes de la tierra entera, del paraíso que reina en nuestro interior, de la unidad que experimentamos cada uno de los días con todos los seres sintientes. La unidad no es más que el producto de reconocer en nosotros lo que realmente somos. En estos días especiales de cuaresma impuesta, de silencio, de retiro colectivo, el Ser se expresa aún con mayor fuerza, la unidad de todo lo que somos fraterniza y se solidariza con toda la orbe existencial. En estos días, el Silencio se apodera de nuestras almas y nos incita a perseguir constantes el verdadero paraíso de la unidad.

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Miembros de una comunidad llamada humanidad

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Bea, Javier, Helena y Joan como guardianes del proyecto en este momento especial

Una de las cosas que nos está enseñando esta crisis es que cada uno de nosotros formamos parte de un cuerpo mayor que llamamos humanidad. A diferencia de guerras pasadas, la batalla que estamos viviendo no distingue de fronteras, de banderas, de naciones, de credos o ideologías. Es una crisis, quizás por primera vez en nuestra historia, totalmente global, donde el otro, no importa dónde esté, forma parte del nosotros.

Aquí en nuestra pequeña comunidad hemos quedado de alguna forma aislados. La circunstancias pasadas y presentes ha permitido que seamos apenas cuatro personas viviendo a nuestra manera esta crisis. Aquí poco ha cambiado, excepto que hace unos días cumplimos nuestros primeros seis años de edad. Seguimos haciendo las mismas rutinas, seguimos trabajando día a día para mejorar el lugar, ahora sin visitantes, sin propuestas en firme de intentar apoyar el proyecto a largo plazo. La crisis llegó cuando estábamos saliendo del invierno, y por lo tanto, en la época en la que voluntarios suelen venir para pasar largas temporadas. Resulta una sensación extraña el sabernos en esta situación, reflexionando sobre la fragilidad humana, sobre la distopía que estamos viviendo en este tiempo y sobre el sentido de las cosas.

Nos damos cuenta de que nuestra apuesta por vivir en el campo, en las montañas, en los bosques, rodeados de pura naturaleza, ha sido una buena elección. Pero también sentimos cierta impotencia por no saber qué hacer para ayudar en esta crisis, excepto la búsqueda efectiva de mantener viva la llama de este lugar para seguir inspirando confianza en el ser humano, alivio, esperanza, fe y sustento futuro.

Nos damos cuenta de la urgencia que tenemos en este tiempo para seguir buceando en la utopía necesaria de un nuevo modelo, de un nuevo mundo, de una nueva edad dorada para toda la humanidad. Están bien todos los logros conseguidos hasta ahora, pero debemos empezar a disfrutarlos de forma colectiva, mirando al otro, apostando por nuevos valores que tengan en cuenta la existencia de nuestros congéneres, pero también la buena existencia del planeta que soporta nuestras vidas.

Este enclaustramiento global debe servir para la reflexión. Para hacernos entender la importancia y la urgencia de cambiar patrones de comportamiento, hábitos sociales, elecciones individuales que marcan una a una el progreso de toda una civilización. Debemos enfrentarnos sin miedo a la cuestión irrefutable de que algo debe cambiar en nuestras consciencias, y por lo tanto, en nuestras vidas. Aquí hemos comprendido que la simplicidad voluntaria forma parte de una manera de enriquecernos interiormente. Estamos poniendo en práctica fórmulas que, de ser exportadas globalmente, podrían dar soluciones cabales a una humanidad ahora enferma. Pequeños gestos, grandes transformaciones.

Estamos bien. A nivel interior, felices por disfrutar de la naturaleza, del renacer salvaje de la primavera. Nuestro aislamiento es más psicológico que físico. Nuestra función será nuestra habilidad para buscar soluciones a largo plazo que enfrente, especialmente, el tema alimenticio y de autosostenibilidad. La soberanía y emancipación a varios niveles formarán parte del eje de estudio de los próximos meses. También estamos felices por ver cómo la casa de acogida está prácticamente terminada, a falta de retoques decorativos y armónicos, de un poco de ánima y belleza. Con ganas de emprender la obra de la escuela y demás cosas que faltan para que el proyecto, en unos años, quizás aún lejanos, sea una realidad tangible, no tan solo filosófica o imaginativa. También tenemos ganas de profundizar en las bases de lo que será la futura comunidad, con deseos de que más valientes encuentren aquí una posibilidad de vida futura. Es algo complejo cuando el mundo, basado en ideales individualistas y tendientes al aislamiento social, gira en torno a lo contrario que aquí se pretende. Muchos frentes abiertos en este perdido lugar que desea llenar de esperanza al mundo en estos tiempos complejos.
Os mandamos mucho ánimo a todos con deseos de volver a veros pronto.

 

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Una y otra vez, vine a tu puerta levantando mis manos

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Esta misma tarde limpiando el espacio de la futura escuela

“Una y otra vez, vine a tu puerta levantando mis manos, para pedir más, y más todavía. Y me dabas y me volvías a dar, unas veces de forma comedida otras, repentinamente, de forma desmesurada. Con lo que me dabas tomé algunas cosas, y otras cosas las dejé caer; unas son cargas pesadas en mis manos; otras las convertí en juguetes y las rompí cuando me cansé de ellas. Hasta que los restos y los montones acumulados de tus regalos se volvieron inmensos, hasta taparte; y las incesantes expectativas y demandas agotaron mi corazón. “Toma, oh toma”, ahora se ha convertido en mi grito. “Haz trizas este cuenco de mendigo; apaga la lámpara del espectador inoportuno. Agárrame de las manos, levántame de entre este montón de regalos acumulados, y llévame a la desnuda infinitud de tu Presencia vacía.” Tagore.

Hoy es miércoles de ceniza, que para la tradición cristiana es símbolo del comienzo de la cuaresma, un tiempo de penitencia, de ayuno y de consciencia de que todo es impermanente, de que, en nuestra condición humana, todo es caduco. En esta pequeña comunidad no necesitamos concentrar el ayuno en cuarenta días. Todos los días del año es cuaresma para nosotros. No ingerimos alcohol, ni drogas, ni carne. Nos convertimos en ceniza todos los días con el fruto de nuestro esfuerzo desinteresado y aunque somos polvo y ceniza, como decía Abraham, nos atrevemos a levantar la voz al mundo para clamar paz y amor. No solo fuera, sino también dentro de nosotros, que a fin de cuentas, es la parte más compleja.

La vida en comunidad requiere de una gran fortaleza interior, de un gran sentido de la responsabilidad y el deber hacia los otros. Como decía la escritora Margaret Wheatley, no hay poder más grande que el de una comunidad que descubre lo que le importa. Eso te permite ser valiente para iniciar una conversación significativa y profunda con el mundo. Te permite abrirte a considerar las diferencias, dejándote sorprender , valorando la curiosidad más que la certeza. Te permite incluir en tu vida auténtica a todo aquel que se preocupa por trabajar en lo que es posible. Nos permite confiar una y otra vez en la bondad humana, poniendo a prueba nuestra propia capacidad de ser bondadosos. En definitiva, nos permite profundizar en la unidad, no como un mero objeto de estudio o especulación, sino como un sujeto activo de ética viviente.

La vida siempre escucha las voces que claman en el desierto, también soporta el peso de nuestros cuerpos cuando atravesamos las aguas y abraza nuestro ardor cuando fusionamos nuestra mente en el fuego intenso de la comunidad. Cuando ocurren esas tres cosas, entonces, llegado el justo momento, algo hermoso espera junto al pequeño portal, protegido por un imponente ángel cuya espada ardiente y flamígera nos pondrá de nuevo a prueba. ¿Qué somos cuando no somos?

A ese pequeño portal hay que llegar desnudo clamando una y otra vez ese “toma, oh toma” de Tagore. La vida en comunidad requiere dar, y dar, y dar. Hay que llegar sin nada, sin maleta u equipaje, siendo nosotros un pequeño reflejo de nuestra levedad y un perfecto ejemplo de la generosidad desmedida. No podemos llegar agotados con tanta carga, sino livianos, alegres, felices por ver como todas las pruebas fueron logradas, por ver como todo el sufrimiento y dolor acumulado ya en el recuerdo, en lo caduco, quedó atrás. Por eso nos gusta en esta pequeña comunidad vivir la simplicidad voluntaria, en pequeñas cabañas, en calma, sin exceso de cosas. Solos ante la inmensidad de la naturaleza, atreviéndonos a digerir todos los días la compleja tarea de convivir.

Hoy vino a nuestra pequeña comunidad un gran tractor para despejar por fin el espacio de la futura escuela. Cuando terminó el trabajo, nos quedamos en silencio, meditativos, expectantes, agradecidos, observando. Que hoy miércoles de ceniza se haya completado la limpieza del lugar es muy significativo. Era la prueba simbólica de que hemos cumplido con una pequeña porción del pacto, del trato alcanzado en los mundos arquetípicos. Algo se ha precipitado. Algo ha caído como fina lluvia desde los mundos etéricos. El propósito ha quedado al descubierto, y la primera piedra aguarda impaciente en alguna parte. ¿Qué somos cuando nos atrevemos a vivir en comunidad, explorando en nuestras carnes el sentido de unidad, de ceniza?

Somos uno, queramos verlo o no. Uno en la unidad del espíritu, como dicen los creyentes. Uno como especie, como raza, como familia, que dirían los ilustrados que abogan por la unidad psíquica de la humanidad. En el fondo, eso será lo que se impartirá en esa escuela: el principio pedagógico de que somos uno desde una ética viva, desde un ejemplo claro y sin tapujos. Esa verdad es la que nos lleva inevitablemente a la desnuda infinitud de su Presencia vacía.

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Manos a la obra

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Pocos lugares existen en la Tierra donde se pueda llegar de forma libre y voluntaria, formar parte de una familia desde el primer minuto y poder compartir con personas venidas de todo el mundo un espacio de seguridad y alegría, de fraternidad y tolerancia, de amor y cariño. Cuando pensamos en una idea revolucionaria de comunidad, nos dimos cuenta de que en los tiempos líquidos en los que ahora vivimos, la comunidad también sería líquida, libre, abierta. Y por lo tanto, necesitaríamos un espacio grande y acogedor, hecho entre todos, donde dar cabida a un hogar de todos y para todos siempre desde la revolucionaria concepción de la economía del don, del apoyo mutuo y la cooperación. La Casa de Acogida de O Couso es un pilar importante para todos los que desde el principio la hemos visto crecer. Nos habíamos dado siete años para culminar la obra y estamos rozando el éxito de esta primera promesa. En la casa de acogida no solo nos sentimos útiles, también en familia, en esa familia del lazo místico que se abraza en lo tangible y lo intangible.

El primer encuentro utópico ha sido la excusa perfecta para poner la casa patas arriba y terminar por fin las obras de profundo calado. Tras terminar con éxito la culminación del tejado en este pasado otoño, nos pusimos con los suelos. Hablar de los suelos de una casa del siglo XVI de más de setecientos metros con sus peculiaridades constructivas, no es cosa fácil. Le hemos echado mucho valor, mucho coraje y un exceso de optimismo para emprender el reto de terminar la casa de acogida antes de julio. Al menos, terminarla en sus partes más débiles. Esto supondrá que estaremos cumpliendo con el calendario que teníamos establecido, y si todo va bien, habremos culminado la rehabilitación de lo que hasta hace poco era una ruina en el plazo indicado: siete años. El año que nos resta hasta marzo del 2021 lo dedicaremos a su decoración, a poner bonita y cómoda la casa para que todos podamos disfrutarla.

En otoño fue el tejado y la nueva cocina que ya casi tenemos lista. En invierno hemos empezado por las habitaciones de la cara norte, de las cuales ya hemos terminado tres. También hemos terminado por fin el gran patio, a falta de ponerle las vidrieras. Esta ha sido una gran obra que ha cambiado para siempre la cara de la casa. Por dentro ya solo quedan tres habitaciones más. En esta semana, por fuera, estamos aislando todo el perímetro de la casa para que no vuelva a entrar agua en ella. También estamos arreglando la entrada de la finca y construyendo un parking con capacidad para unos veinte vehículos. En verano siempre se nos queda pequeño el espacio adecuado para ello y a partir de ahora los vehículos quedarán escondidos y ordenados lejos de la entrada. Otra cosa que hemos hecho es desbrozar casi toda la finca, dejando libre de matojos los espacios que están reservados para el futuro lugar del invernadero y el futuro lugar de acampada. Está quedando todo precioso.

Esto está suponiendo un coste tremendo que estamos, de momento, salvando semana tras semana. Gracias al grupo de Teaming logramos salvar una semana de trabajo y el resto gracias a voluntarios y amigos que están colaborando de forma desinteresada para que esta gran obra termine. Tras un mes de obras, estamos ahora viviendo un momento complejo y delicado, ya que se terminan los recursos y cada semana es un reto. Si estáis motivados a echarnos una mano, será siempre bienvenida en este momento tan especial.

Recordad que podéis ayudarnos como amigos del grupo de Teaming con tan solo un euro al mes.

https://www.teaming.net/proyectoocouso

O apoyando económicamente para seguir con las obras de construcción con un donativo en la cuenta de la fundación Dharana.

ES54 1491 0001 2121 2237 2325

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1ER ENCUENTRO UTÓPICO: LA UTOPÍA TEOSÓFICA

1ER ENCUENTRO UTOPICO O COUSO 2
PRESENTACIÓN

En un entorno privilegiado de bosques y montañas, en el lugar de O Couso, en la bella localidad lucense de Samos, a los pies del Camino de Santiago, existen tres proyectos que se están tejiendo poco a poco en paralelo en una sola visión y propósito: crear una comunidad integral donde se proyecte al interior y al exterior los principios y valores de la Nueva Cultura Ética.
En el primero, el Proyecto O Couso, estamos rehabilitando una casa tradicional gallega del siglo XVI para convertirla en una casa de acogida para peregrinos del Camino de Santiago y amigos y visitantes que deseen vivir una experiencia diferente.
El segundo, el proyecto de Escuela de Dones y Talentos y Futura Escuela de Meditación, consiste en crear una escuela de experiencia sobre los valores de la Nueva Cultura Ética, de silencio e interiorización. Una escuela internacional de Dones y Talentos donde se puedan poner en práctica dichos valores y sirva de inspiración para el mundo y una Escuela de Meditación donde practicar el silencio, la escucha activa y la interiorización.
El tercero, el Proyecto Simorg, es crear una comunidad integral y abierta, donde las personas que se sientan inspiradas por estos valores puedan vivir una vida plena y completa en un lugar y entorno privilegiado.
Dentro de este contexto, estas primeras jornadas o encuentros utópicos desean de alguna manera inaugurar el proyecto de Escuela, con el acto simbólico de colocar la primera piedra y así dar comienzo al segundo sueño cuando ya casi está terminadas la Casa de Acogida.

Gracias de corazón a todos por hacerlo posible.

SINOPSIS

La Utopía es una representación imaginativa de una sociedad futura de características favorecedoras del bien humano. Y la Teosofía enlaza íntimamente con ella, pues recogiendo, estudiando y divulgando la Sabiduría Divina, Primordial y Perenne que nos acompaña desde siempre, indaga y profundiza en el desarrollo de la consciencia individual y colectiva y en su evolución por medio de la sucesión de humanidades o razas-raíz, mostrando como el ser humano, a la conclusión de los ciclos, plasmará plenamente todos sus poderes y cualidades, ahora latentes, y vivirá en coherencia y consistencia con su naturaleza divina.
Con este telón de fondo, este Encuentro aborda una amplia temática que incluye tanto los fundamentos y características de la indicada evolución y su desenvolvimiento cíclico como lo aspectos teóricos y prácticos que ello tiene en el momento presente personal y social, con especial atención al papel de la Espiritualidad, la Consciencia y la Fraternidad en la conformación de una nueva humanidad.

PONENTES

+ Koldo Aldai. Escritor. Impulsor del Foro Espiritual de Estella.

+ Emilio Carrillo. Doctor en Economía, Profesor de Espiritualidad y Director del Proyecto “Consciencia y Sociedad Distópica”.

+ Ángel Guesalaga. Fundador y Presidente de la Rama El Loto Blanco de Vigo (STE) y Profesor de Yoga y Meditación de la Escuela Sanatana Dharma.

+ Mª Antonia Massanet. Responsable de la Escuela Arcana, Buena Voluntad Mundial y Triángulos de la Sección Española en Ginebra.

+ Joaquín Tamames. Empresario y patrono de la Fundación Ananta.

+ Nilda Venegas. Teósofa y psiquiatra.

PROGRAMA

VIERNES 1O
16:00 Inscripciones y bienvenida
18:00 Acogida y explicación del Proyecto O Couso
19:00 Ritual colocación primera piedra de la futura Escuela de Dones y Talentos
20:00 Meditación
20:30 Cena

SÁBADO 11
08:00 Meditación
08:30 Desayuno
10:00 Presentación del Encuentro
Javier León

1ª Sesión: “Utopía y Distopía a la luz de la Teosofía”
10:30 “Utopía y Distopía: dos líneas o trayectorias temporales que coexisten en la humanidad actual”
Emilio Carrillo
11:30 “Consciencia de grupo, ¿una utopía? En un mundo lleno de individualismos, una semilla de consciencia grupal emerge”
Mª Antonia Massanet
12:30 Descanso
13:00 Coloquio con Mª Antonia Massanet y Emilio Carrillo
14:00 Comida
15:00 Descanso

2ª Sesión: “Utopía, Consciencia y Espiritualidad”
17:00 “Espiritualidad cotidiana”
Ángel Guesalaga Alcorta
18:00 “Transformación humana y evolución de la consciencia”
Nilda Venegas
19:00 Descanso
19:30 Coloquio con Ángel Guesalaga y Nilda Venegas
20:30 Meditación
21:00 Cena

DOMINGO 12

3º Sesión: “Utopía, Fraternidad y Paz”
08:00 Meditación
08:30 Desayuno
10:00 “El ideal de la fraternidad humana a lo largo de la historia”
Koldo Aldai
11:00 “La vida del alma. Paz, consciencia y fraternidad”
Joaquín Tamames
12:00 Descanso
12:30 Coloquio con Koldo Aldai y Joaquín Tamames
13:30 Clausura del Encuentro
Javier León
14:00 Comida
16:00 Ritual de despedida

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INSCRIPCIONES: info@dharana.org

APORTACIÓN: Economía del Don. “Deja lo que puedas, coge lo que necesites”. Donativo consciente

TRIODOS BANK (BANCA ÉTICA):
FUNDACIÓN DHARANA
CONCEPTO: ENCUENTRO UTÓPICO
ES54 1491 0001 2121 2237 2325

 

Feliz año nuevo. Seis meses para terminar la obra en la casa de acogida…

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“Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa: Tu puedes aportar una estrofa. No dejes nunca de soñar, porque en sueños es libre el hombre. No caigas en el peor de los errores: el silencio”. Walt Whitman

En Navidad tan solo éramos seis personas pero lo pasamos bien, en paz y en familia. En nochevieja éramos casi veinte personas en la pequeña ermita tras las visitas de última hora. Por un momento pensamos que no vendría nadie a celebrar el fin de año ya que habíamos avisado, en plenas borrascas, que la casa no estaba en condiciones. Pero muchos valientes decidieron venir con la sorpresa de que tras la tempestad vino la calma y pudimos disfrutar de un tiempo excepcional. Desayunar y comer en el prado en pleno invierno es algo que nunca habíamos hecho aquí. Así que hemos disfrutado de un tiempo hermoso, de sol y calor, con unos amigos hermosos que han querido compartir con nosotros este tiempo extraordinario.

Trabajamos por la mañana y por la tarde la dedicamos a compartir y preparar un poco el fin de año. No hubo una fiesta al uso. Sin alcohol, sin drogas, sin ruidos, sin televisión. Alguien nos había preparado una sorpresa hermosa. Uno a uno fuimos entrando en la pequeña ermita llena de velas encendidas y decenas de instrumentos puestos en un improvisado y pequeño escenario. Hubo un concierto que podríamos denominar de celeste o cósmico. Algo especial para despedir el año, con regalos incluidos, con abrazos y calor humano. Como no había uvas, hicimos el tradicional ritual de cambio de tiempo con los frutos de una granada que encontramos entre la fruta. Cantamos un OM y luego tomamos doce frutos.

Tras el pequeño ritual, los abrazos fueron muy divertidos. Terminamos todos en el suelo entrelazados, riendo de alegría, haciendo la croqueta unos encima de otros. Fue francamente un comienzo de año de los más divertidos. Tras las campanadas improvisadas nos fuimos a dormir pronto. El primer día del año lo queríamos empezar trabajando de forma animosa en la nueva cocina. Pasamos un día hermoso de compartir, de alegría, de cooperación por algo mayor a nosotros. Nos parecía surrealista estar pasando este tiempo tan especial encintando una habitación en una casa helada en vez de estar en un espacio cómodo. Sin embargo, estábamos felices. Nos pasamos todas las fiestas trabajando gracias al impulso del equipo de amigos que vinieron desde Barcelona que no nos dieron tregua. Acabamos agotados pero satisfechos. A pesar de las dificultades, el tejado quedó terminado en diciembre y la cocina nueva totalmente encintada y parte del mobiliario nuevo puesto.

Los próximos meses se presentan retantes. El evento de Emilio Carrillo el próximo verano, a tan solo seis meses, requiere cierto riesgo. Un primer presupuesto de trece mil euros para aislar la casa por fuera y recuperar algunos suelos y a la espera de un segundo presupuesto para terminar todo lo restante, dos habitaciones, dos estancias más, algún pasillo y ventanas. Aún no sabemos como lograremos ese dinero. Pero ahí queda el reto, arriesgado, pero necesario. Deseamos terminar este año la casa tras por fin terminar el tejado y la cocina nueva y queremos que para este verano los trabajos se centren en el aspecto armonía, el jardín, la huerta y las cabañas para acoger a más valientes que quieran expandir aquí su estancia y residencia. Ahora ya lo sabemos: con el tiempo se ordena todo.

Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa. El patio está quedando impresionante. Es la parte que mayor presupuesto se lleva de toda la obra junto al aislamiento de todo el perímetro de la casa. Estamos emocionados por ver como avanza todo a buen ritmo, algo inaudito ante lo difícil que es encontrar y comprometer a una cuadrilla de obreros que se pongan manos a la obra. Tres personas están contratadas para la tarea con la esperanza de que todo vaya sobre ruedas y podamos recuperar lo que resta de la casa. Cada día de trabajo, cada semana, es un reto.

Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa. Realmente es emocionante porque después de casi seis años de grandes esfuerzos, de mucho sacrificio personal y colectivo, con un poco de suerte la casa estará por fin terminada en menos de seis meses. Es un reto importante que nos dejará margen para respirar y para dedicar a partir de ahora todos nuestros recursos a mejorar la acogida, la alimentación y el bienestar general de todos. El hecho de tener el tejado terminado, una cocina nueva, tres habitaciones totalmente finalizadas y equipadas y próximamente todos los suelos de la casa y el resto de habitaciones, es algo que nos ilusiona especialmente.

Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa. Este año será por lo tanto, en nuestro sexto aniversario, el final de la gran obra, el final de la gran casa de acogida abierta para todos y disfrute de todos, una casa realizada y construida por todos los amigos de O Couso y de ahí su profundo valor y significado. Una muestra palpable, pedagógica y real de que entre todos podemos hacer muchas cosas, de que gracias al apoyo mutuo y la cooperación se puede restaurar una ruina medio derrumbada. Nos sentimos orgullosos por haber hecho posible este gran reto y nos sentimos felices de que todos podamos disfrutar de esta casa. Una casa abierta las veinticuatro horas del día los trescientos sesenta y cinco días del año que acoge a todo peregrino del Camino o del Alma sin pedir nada a cambio, sin esperar nada a cambio.

Estamos especialmente agradecidos a todos los que lo hacen posible y estamos especialmente agradecidos a todos los que nos ayudarán a dar este último empujón. Gracias de corazón, gracias por aportar una estrofa. Seguimos demostrando que otro mundo es posible con hechos. Seguimos trabajando para que la Gran Obra continúe, aunque el viento sople en contra.

Feliz año nuevo a todos. Que la paz y el amor, la salud y el coraje, la abundancia y el bienestar sean siempre en vosotros.

Si queréis apoyar este último eslabón de la casa de acogida, aquí os comparto la cuenta de la Fundación Dharana:

ES54 1491 0001 2121 2237 2325

 

Tejado terminado…

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La terquedad es uno de los principios fundamentales para que cualquier cosa termine construyéndose. Más bien por terquedad y cabezonería, cinco años después, hemos logrado completar el tejado de la casa de acogida. Un tejado enorme, gigante, inabarcable, infinito, con más de cinco siglos de antigüedad que hoy por fin hemos terminado. Ha sido tan pesada la carga y el trabajo y los recursos necesarios para completarlo que lo hemos tenido que hacer en cuatro fases durante cinco años. La última ha sido la más pesada de todas, la más arriesgada y peligrosa porque nos decidimos a hacerlo nosotros mismos, y en unas condiciones prácticamente inhumanas, de frío extremo, a veces lluvia, nieve, viento en esa lucha constante contra todos los elementos. Tres meses muy duros que ha minado más de un ánimo.

Pero la constancia ha merecido la pena. Levantar de la nada una ruina de más de setecientos metros de piedra, prácticamente sin recursos y construida entre todos gracias al principio del apoyo mutuo y la cooperación, de la fe y la esperanza, ha sido todo un hito. El tejado no ha quedado perfecto, se nota que se ha ido haciendo poco a poco, en fases. Como la propia historia de la casa, que empezó a construirse en el siglo XVI y fue ampliándose a medida que iban pasando las centurias. Esos procesos se ven en sus paredes y se nota en toda la construcción irregular. Debe ser la idiosincrasia del propio edificio, una casa grande, gigantesca en muchos sentidos, que crece de forma orgánica a lo largo de los tiempos, las generaciones, las necesidades…

Ahora por dentro nos sentimos satisfechos porque podremos dedicar los recursos que vayan llegando a embellecer el lugar, a llenarlo de armonía, belleza y calor. Ahora por fin podremos encender el fuego sin que se escape nada. Ahora por fin podremos seguir adelante con la seguridad de que el tejado no se nos caerá encima. Antes para nosotros esa idea era angustiosa, y creemos que no pasó nada de puro milagro. Ahora nos sentimos totalmente liberados, felices, observando la vida con mayor paz.

También con muchas ganas, a pesar del extremo cansancio de estos últimos días, de ponernos con los siguientes retos. Falta mucho, y nos hemos dado cuenta estos días, para que la casa sea realmente un lugar acogedor, pero estamos convencidos de que poco a poco lo vamos a conseguir. Es cuestión de que la terquedad se vuelva sabia y prosiga con la batuta de la generosidad apostando por un mundo mejor. Entre todos se puede construir el nuevo mundo. Eso ya es un hecho y una realidad, y esta casa es un ejemplo de piedra viva, un portal viviente de la nueva buena.

Estamos felices y satisfechos pensando en los próximos retos. Las fiestas de Navidad están ya próximas y aún queda mucho por hacer… La cocina, el salón, arreglar las habitaciones que han estado inundadas durante estos tres largos meses de intensas lluvias… Poco a poco… El calor del hogar está cada vez más cerca…

Solo nos quedan palabras de infinito agradecimiento para todos los que han contribuido, ya fuera con recursos, tiempo, esfuerzo o trabajo, en que este milagro se produjera… Gracias, gracias, gracias infinitas a todos…

GRACIAS POR TU APOYO. GRACIAS POR HACERLO POSIBLE…

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Tejedores en la luz. Celebración solsticial de Navidad y Año Nuevo en O Couso

CELEBRACION SOLSTICIO 2019 COUSO

Debemos advertir que la casa de acogida está en pleno caos hasta que podamos reorganizarla de nuevo. Eso no impide que este año queramos contar con tu presencia y podamos, entre el frío y la humedad que aún permanece entre nosotros, celebrar estas fechas señaladas juntos. Hay amigos que ya nos han pedido que guardemos algún lugar caliente para pasar estas fechas señaladas entre nosotros. Nos sentimos halagados y haremos todo lo posible para que estos días sean especiales y emotivos.

Todos somos conscientes de que vivimos una relación de interdependencia no solo con la Naturaleza, sino también con las fuerzas cósmicas que provienen del infinito que nos rodea. Los solsticios y equinoccios nos ponen en contacto, a modo de recordatorio, con nuestra inevitable vinculación con lo invisible, y nos ayuda a colocar en nuestras vidas unos arquetipos que nos orienten en el caminar existencial.

En estas fechas especiales, queremos dar gracias a la simbología que la luz representa en nuestras vidas, y de como en el solsticio de invierno, esta magia simbólica puede marcar nuestro recorrido. Para ello, haremos pequeños rituales que nos aproximen, mediante la intuición grupal y el compartir, al entendimiento de estos procesos naturales y cósmicos, los cuales pretenderán aumenta la luz -simbólica y real- por encima de la oscuridad. Nos convertiremos grupalmente en tejedores de luz, en tejedores en la luz.

El solsticio de invierno representa la muerte y el renacimiento del sol, el Sol Invictus, como símbolo de la luz que vence a la oscuridad y se vuelve eterna. A esta festividad el cristianismo la llamó Natividad o Navidad, siendo el Cristo, símbolo del Sol, naciendo en la oscuridad de un portal o cueva en Belén, el principal redentor y representante de la inmortalidad de la luz y la vida. El inicio del invierno y la caída de la fuerza vital en toda la naturaleza tiene un mensaje de renacimiento del Sol, ya que, si el día solsticial es el más oscuro del año, a partir de ese momento, en las siguientes jornadas, el día empezará a ganar luz para llevar a la naturaleza al deleite de su fuerza y vigor. ¡Luz, más luz! ¡Hágase la luz!

La luz es la representante de la vida, ese mundo etérico que anima nuestra existencia y permite que nuestras emociones y pensamientos, nuestra consciencia y nuestra alma puedan acumular experiencia. De ahí que tener consciencia de ello, y celebrarlo, tiene su propio y profundo significado.

Si estás cansado de lo epidérmico de estas fechas y deseas compartir en un lugar mágico y especial la experiencia del renacimiento de la luz, te invitamos a que te conviertas en estos días en un tejedor de luz. Compartiremos momentos especiales, invocaremos a las fuerzas de la naturaleza e invitaremos a que la luz renazca en las cuevas de nuestros corazones. Quizás pasemos algo de frío, pero el calor humano será suficiente para iluminar unos momentos inolvidables.

Eres bienvenido tejedor, el hilo de Ariadna nos espera.

Si deseas venir, por favor, escríbenos a info@dharana.org para que podamos organizar bien la acogida. Recuerda nuestro lema y principio: “deja lo que puedas y coge lo que necesites”.

 

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Creando comunidades espirituales

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Miembros de la comunidad subjetiva de O Couso

Ayudar a dar a luz lo espiritual en la materia es una tarea compleja. Ni siquiera tenemos constancia del significado profundo de eso que damos por llamar mundo espiritual. Los filósofos y místicos de todos los tiempos se aproximaban bastante cuando hablaban del mundo de las ideas y los arquetipos. Aún no somos del todo conscientes, pero existe una comunidad de ideas y arquetipos que esperan manifestarse en la tierra, desean el parto para que se produzca el milagro que ocurre entre las nubes cuando las aguas se condensan en la atmósfera y se precipitan hacia el suelo fundando con ello fuentes, ríos y mares. Así funciona, de igual manera, el mundo intangible. Mediante la acción de ciertas fuerzas, las ideas se precipitan.

Cuando intuimos la idea del proyecto O Couso, sabíamos que de alguna manera teníamos que propiciar la caída desde el cielo de ese arquetipo. Ideamos un sistema sencillo. Primero creamos una triada. Tres personas son manifiestamente poderosas para crear y condensar arquetipos. Como es arriba es abajo. Luego buscamos un grupo de meditadores que se reunían todos los martes para crear el egregor, el espíritu grupal necesario para manifestar con ello “fuerzas” y “energías”. Eso hacíamos, elevar la mirada y estar más allá de nuestras pasiones humanas, de nuestros deseos y pensamientos. Mirábamos al cielo con ojos desapegados y brillantes, iluminados por la luz de la vida, con intuición y certeza de que estábamos trabajando para un bien superior. Las meditaciones grupales crearon un pequeño grupo de comunidad subjetivo que fue creciendo con en el tiempo hasta que la idea se precipitó. Lo demás vino por añadidura.

En 1905, Rudolf Steiner, teósofo y fundador de las Escuelas Waldorf, dio en Berlín una conferencia llamada “La Hermandad y la Lucha por Sobrevivir”. En esta conferencia habló de la necesidad de construir comunidades, y describió cómo los seres espirituales actúan a través de las comunidades y las personas que juntas trabajan hacia un mismo ideal. En esa conferencia dijo lo siguiente:

“La unión, la comunidad, trae a un ser superior que se manifiesta gracias a los miembros unidos. Es un principio universal de la vida; cinco personas que están juntas, que piensan y sienten juntos en armonía, son más que uno más uno más uno más… Entre estos cinco ahora hay un nuevo ser superior, también entre dos o tres: “Cuando dos o más se reúnan en mi nombre, estaré entre ellos”. No es el primero, ni el segundo, ni el tercero, pero algo totalmente nuevo que surge de la unión, y sin embargo sólo surge si el individuo vive en el otro, si el individuo obtiene su poder no sólo de él mismo, sino de los demás. Únicamente ocurre al vivir altruistamente en el otro. Por lo tanto, las comunidades humanas son lugares de misterio donde los seres espirituales elevados descienden para actuar a través de los seres humanos. Así como el alma se expresa en los miembros del cuerpo, uno no puede ver a estos espíritus que viven en las comunidades pero ahí están. Están ahí gracias al amor fraternal de las personas que en esa comunidad trabajan. Así como el cuerpo tiene un alma, una comunidad también tiene un alma. Lo repito y no lo digo como una alegoría o una metáfora, lo digo como una realidad”.

El parto de la luz requiere comunidades dónde seres intangibles puedan manifestarse y ayudar en la labor de crear un mundo nuevo. La unión de almas por un propósito común es posible si se hace desde la más absoluta consciencia, desde la intuición abierta y desde la fuerza de la voluntad al bien. Enfocar nuestras vidas, nuestros recursos, nuestras habilidades, dones y talentos a esta misión merece la pena. Steiner lo manifiesta de forma clara:

“Aquellos que trabajan juntos para ayudarse mutuamente son magos por que atraen a seres superiores. Si uno trabaja en una comunidad en verdadero ánimo fraternal no necesita usar técnicas del espiritismo. Los seres superiores ahí se manifiestan, y si nos rendimos a esta ayuda mutua, a este dar a la comunidad, nuestros órganos se fortalecen de manera muy poderosa. Al hablar o actuar como un miembro de esa comunidad, en nosotros habla y actúa no un alma individual, pero sí el espíritu entero de la comunidad. Este es el secreto del Progreso para el futuro de la humanidad: el trabajo en comunidades”.

Gracias de corazón por apoyar este proyecto de luz y amor…

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