La resistencia no es solo aguantar, sino construir algo nuevo

«Sé suave. No dejes que el mundo te endurezca. No dejes que el dolor te haga odiar. No dejes que la amargura te robe la dulzura. Aunque el resto del mundo pueda estar en desacuerdo, sostén con orgullo tu creencia de que la tierra es un lugar hermoso». ~Iain S. Thomas

Este receso está sirviendo. Es útil. Estamos descansando, estamos renovando energías, propósitos, cambiando cosas de sitio, creencias de sitio, modos inútiles de sitio. Hemos aguantado estoicamente estos años como si de una pequeña resistencia se tratara, en la montaña madre, en la naturaleza salvaje y dura, en las alturas inhóspitas y áridas para el que no tuviera un poco de fortaleza interior. Hemos resistido porque deseábamos construir algo nuevo, un nuevo paradigma. Pero ese algo nuevo se volvió viejo, inútil, inservible, y toca renovarse, cambiar el modelo, el paradigma, como diría Thomas Kuhn en su reconocido libro La estructura de las revoluciones científicas.

Cambiar el paradigma de lo que ya fue revolucionario en su día va a ser complejo. No queremos bajar el listón, sino aumentarlo, profundizar en él para que las estructuras internas sigan modificándose. Construir algo nuevo de lo nuevo, provocando que el sueño del despertar siga adelante, cueste lo que cueste. Los viejos patrones cristalizados de un pensamiento caduco y añejo ya no sirven. Tampoco sirve lo excesivamente revolucionario para los tiempos que corren. Los altos ideales deben encontrar un remedio casero para poder plasmarse con cierta coherencia en el mundo en el que vivimos.

Un nuevo paradigma puede provocar que la revolución o lo revolucionario se vuelva invisible o incluso inservible. De alguna manera, eso nos ha pasado. Lo novedoso, lo milagroso, lo increíble del proyecto al que dedicamos tanto tiempo y recursos, se volvió invisible. Lo importante ya no era lo milagroso ni lo novedosos ni lo increíble de todo lo que hicimos, sino que al final, la conclusión final, es que no había aguacates en el desayuno o arroz integral en la comida. A eso se redujo la constante revolucionaria, el sacrificio, la inmolación que algunos sufrimos por querer participar de en ese cambio de paradigma.

Thomas Kuhn pensaba que la ciencia no puede evolucionar gradualmente hacia la verdad, sino que, de manera a veces dramática, se ve obligada cada cierto tiempo a cambiar cuando un modelo dominante se vuelve incompatible con los nuevos fenómenos. De alguna manera a nosotros nos ha pasado lo mismo. Ya no podemos avanzar porque de alguna manera el pensamiento simiente se ha cristalizado y se ha perdido, en la vorágine de la normalidad diaria, el sentido profundo del mismo. No hay aguacates en el desayuno es el síntoma inequívoco de que la idea ha muerto, y que, por lo tanto, se tiene que hacer algo para resucitarla, para revivirla en ese instante dramático y liminal que toda muerte y resurrección requieren.

El milagro, lo inédito del proyecto, se ha vuelto disfuncional. Requiere una profunda revisión para que siga siendo útil. Requiere una muerte, un receso inevitablemente que provoque una renovación, una profundización en su esencia, un renovado enfoque pragmático y efectivo. La idea romántica creó su ciclo mágico. Ahora toca profundizar en la fortaleza de toda supervivencia. Cada aspecto del maravilloso diseño que inspiró a tanta gente debe ser profundamente revisado, ampliado y mejorado.

Como decía Arthur Miller, Einstein demostró que no hay un tiempo verdadero. El tiempo es un valor relativo que depende de los movimientos relativos del observador. En esa tesitura, se abre un nuevo tiempo, un nuevo y marcado propósito donde los observadores deberán diseñar una nueva realidad. Por eso entendemos que la resistencia no es solo aguantar, sino construir algo nuevo. Crisis – tensión – surgimiento. Es el proceso alquímico de transmutación, transformación y transfiguración. En esas andamos.

O Couso cierra sus puertas hasta el verano

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Estimados amigos,

Durante estos casi nueve años hemos hecho lo imposible por mantener a flote el proyecto O Couso y ha sido todo un milagro haberlo conseguido y haber restaurado de la nada la gran ruina con la que nos encontramos al inicio del proyecto. Cientos de personas en estos años han pasado por el proyecto, beneficiándose de sus inspiradoras enseñanzas, principios y experiencias. Han sido unos años apasionantes y llenos de riqueza interior y exterior. Muchas personas, según sus testimonios, han vivido momentos transformadores que han cambiado para siempre sus vidas.

Nos sentimos enormemente agradecidos y satisfechos por el logro conseguido, habiendo podido crear un referente inspirador donde los valores y principios de buena voluntad y nueva cultura ética han servido de instrumento transformador. Una ética viviente que hemos intentado plasmar en cada una de las experiencias que el proyecto ha ofrecido a todos los visitantes, desde la Semana de Experiencia, pasando por los 21 días de Experiencia, los Tres meses de Experiencia, los Seis meses de Experiencia y los Dos años de Experiencia. Toda una Escuela transformadora que deseaba crear un cambio positivo en todos nosotros. Una Escuela donde los dones y talentos se han podido manifestar de forma libre y desapegada, donde la meditación, el estudio y el servicio han servido como pilares suficientes para sostener esta utopía necesaria en nuestros días.

En estos momentos nos vemos en una situación donde deseamos reajustar y definir todos estos años de aventura. En primer lugar, deseamos anular la deuda contraída con terceros para ponernos al día con las cuentas. De forma directa, tenemos una deuda de algo más de 65 mil euros que la fundación ha asumido para poder comprar y restaurar la casa de acogida. De forma indirecta, los residentes asumieron una deuda personal de algo más de 40 mil euros, que sumado al coste de compra de la finca (125 mil euros) y al coste de restauración y mantenimiento del proyecto en estos casi nueve años (unos 400 mil euros), han supuesto un gran esfuerzo para todos.

Es por ello por lo que en este tiempo de otoño e invierno que se presenta, vamos a cerrar la casa de Acogida hasta el verano, reabriendo sus puertas el 21 de junio. La intención es no seguir entrando en gastos y poder así asumir la deuda pendiente, amortizando poco a poco todo lo que queda antes de entrar en nuevos gastos.

La economía del don y la consciencia que en ella hemos depositado todos los participantes del proyecto no ha sido del todo suficiente para poder mantener y conservar el proyecto con toda la dignidad que hubiéramos deseado. Es por ello por lo que preferimos mantener las puertas cerradas durante un tiempo hasta que podamos ponernos al día con todo. Dicho todo esto, en el año 2023, O Couso solo estará abierto los meses de verano, volviendo a cerrar de nuevo en el próximo otoño. Cerramos por lo tanto del 1 de noviembre de 2022 hasta el 21 de junio de 2023.

Agradecemos profundamente la comprensión y esperamos poder vernos pronto.

CALIDAD DE LA COMIDA EN O COUSO SEGÚN NUESTRO GRADO DE CONSCIENCIA ECONÓMICA

Estimados amigos,

este marco estival ha sido un tiempo de mucho agradecimiento y alegría compartida en O Couso con cientos de personas que nos han acompañado para compartir ideales y vivencias. Como sabéis, y con nuestro afán de ir mejorando poco a poco, siempre recogemos las sugerencias de las personas que nos acompañan y siempre hacemos lo posible por mejorar. Este año, dos de las grandes sugerencias tenían que ver con la «radiación» del wifi en la casa de acogida y sobre todo, con la calidad de la alimentación (falta de aguacates en el desayuno, falta de frutas en las comidas, falta de arroz integral, falta de comida ecológica o bio, y un largo etc del que íbamos tomando nota).

En cuanto al wifi, optamos por unanimidad darlo de baja dadas las quejas constantes, por lo que ya no hay sistemas domóticos en la casa que nos facilitaban la vida (control de entrada y salida de energía solar, control automatizado de bomba de agua y termo eléctrico, etc) y tampoco hay para el que nos visita posibilidad de conectarse a internet de forma gratuita como hasta ahora, todo en pro de la salud, o al menos de la salud de aquellos más sensibles a este tipo de radiaciones.

Respecto a la comida, hemos creado un mapa que indica lo que sería ideal para todos nosotros (una alimentación vegana, ecológica, orgánica y basada en la agroecología y el autoconsumo) y la realidad a la que nos vemos abocados debido a la consciencia actual de la economía del don. La tabla, resumiendo, explica que llegar al alto ideal es costoso, al menos de unos treinta euros al día por persona, y que los donativos que recibimos ronda un euro por persona y día. La economía del don no inducida tiene estos riesgos, pero nosotros queremos seguir apostando por la misma hasta que podamos o hasta que nuestro nivel de consciencia se expanda y sea más generoso. Aquí os compartimos el documento para que lo veáis con más detalle y podamos tomar consciencia de la realidad actual en cuanto a esta constante queja.

Las personas que nos visitan al proyecto reciben un cuaderno donde se explica con detalle que uno de nuestros altos ideales es la simplicidad voluntaria. Nuestra alimentación pretende sugerir esa misma simplicidad, e intentamos siempre mejorar para que nunca falte ningún nutriente en nuestra comida vegetariana. Todo aquello que se aleje de la simplicidad voluntaria y del decrecimiento, de alguna manera se aleja de los principios y bases del proyecto, por lo que no podemos atender las sugerencias que vayan en contra de estos principios. Debemos también recordar que la Casa de Acogida es un lugar de paso que atienden voluntarios que tienen otro trabajo y otras fuentes de ingresos independientes del proyecto. Ningún voluntario o residente vive del proyecto, y por lo tanto, todos hacemos lo que podemos según nuestras posibilidades.

Otro dato importante es que nosotros no ofrecemos trabajo a cambio de comida y techo. Este es un grave error que es importante dilucidar. Las actividades diseñadas para cada experiencia están desarrolladas, incluidas las tareas diarias en la finca y su mantenimiento, para crear lo que nosotros llamamos “experiencias”. Este tipo de experiencias tienen un coste muy elevado en otro tipo de proyectos y nosotros las ofrecemos bajo el manto de la economía del don. Las experiencias están basadas en nuestros principios y acuerdos, y en los valores e ideales que empujan al mismo. Nuestra fuente de motivación es que estas potentes experiencias sirvan para inspirar al otro a crear en su vida y en su entorno un mundo bueno y mejor. Cada experiencia está diseñada para ofrecer e inculcar valores profundos y universales: inofensividad, servicio, estudio, meditación, apoyo mutuo, cooperación, simplicidad voluntaria, decrecimiento, respeto, libertad, bondad, justicia, igualdad, amor, responsabilidad, honradez, solidaridad, verdad, valentía, amistad, honor, paz… Esto es lo que nos mueve y nos conmueve, y esto no tiene precio.

Aunque en O Couso siempre reside la sensación de abundancia de todo tipo, debemos comprender el alto grado de compromiso de los voluntarios y responsables que lo hacen posible según sus propias consciencias. El día que ese grado de compromiso y responsabilidad se extienda hacia todos los que nos visitan en un grado mayor, estamos convencidos de que nuestro ideal de comida sana y verdadera crecerá. Hasta entonces, gracias por la comprensión y gracias por vuestras aportaciones, sin las cuales, este proyecto no existiría.

COSTE COMIDA O COUSO (PDF)

Permaprendices, testimonios de Marta y Andreu

Hace unos días volvimos de O Couso, una ecoaldea en el interior de Lugo, Galicia.

O Couso es una ecoaldea diferente. Para empezar, no es una aldea porque solo hay un edificio, donde todos vivimos en comunidad y en habitaciones compartidas. Al contrario que en muchas ecoaldeas, la comunidad en O Couso es transitoria: como nosotros, la gente va y viene, quedándose unos días, semanas o meses, aunque hay algunas figuras más habituales por allí, que velan porque se mantenga la armonía y el espíritu del proyecto, y otras que repiten año tras año, porque O Couso siempre tiene algo nuevo que ofrecer.

El patio de la casa de huéspedes, ¡hasta hace poco no había techo!

Esa transitoriedad tiene un sentido profundo. La casa de huéspedes de O Couso es un lugar para realizar procesos internos de transformación y de cambio. Hay algo allí que lo hace posible y que lo alienta. Nadie va a O Couso con la idea de pasar unos días de relax y desconectar (aunque también hay espacio para eso), sino para crecer personal y espiritualmente, gracias a las propuestas que hace el lugar y al encuentro con los otros.

La primera propuesta es la vida en comunidad. Cada día empieza con una serie de rutinas que realizamos todos juntos o en equipos. A primera hora, nos reunimos en la ermita para meditar en silencio, cada cual con su propia práctica, de la vertiente o credo que sea. Después vienen los cantos, de diversas tradiciones (nativa americana, cristiana, hinduista, budista…), que cualquier persona puede iniciar y el resto seguimos con voz e instrumentos. Luego hacemos algo de ejercicio: yoga, chi kung, estiramientos… Una persona se presenta voluntaria y dirige la actividad. Para terminar nos deseamos buenos días con unos buenos abrazos. Puedes no darlos e irte directamente a desayunar, pero se sienten tremendamente sanadores.

Después viene el desayuno. Pero antes de caer sobre la comida como lobos (después de hora y media despiertos hay pocos estómagos que no rugen), unimos las manos y agradecemos los alimentos. Ese pequeño y sencillo gesto, que forma parte de todas las tradiciones ancestrales y que las prisas han hecho que perdamos, nos conecta con el enorme regalo que es tener comida cada día en nuestra mesa.

Al acabar el desayuno hacemos el primer círculo de consciencia. En él cada persona comparte lo que quiere: cómo fue el día de ayer o la noche, cómo se siente, si está lidiando con algún proceso interno difícil, si tiene algo que agradecer… En círculo la escuchamos sin interrumpir y cuando acaba agradecemos su aportación sin hacer ningún otro comentario. Es un instante de entrega total a la escucha del otro, sin juicios y sin etiquetas, y que nos muestra una vez más lo mucho que nos parecemos todos en esencia.

Tras todo esto, se hace el reparto de tareas. Cada uno escoge voluntariamente dónde quiere contribuir, según lo que le apetezca, lo que se le dé bien o lo que quiera aprender. No se encasilla al que tiene buena mano para las plantas a cuidar siempre del huerto, sino que se incentiva que todos aprendamos todo y que lo hagamos con amor y consciencia, en soledad o en compañía, porque lo importante no es el resultado sino el efecto que el trabajo tiene en nosotros.

Otra cosa que nos pareció preciosa fue que entre las tareas siempre había alguna dedicada a la “belleza y armonía”, como embellecer la entrada de la finca, que es lo primero que ven los recién llegados. En muchos otros lugares (y en nuestra vida misma), la belleza está en los márgenes, solo nos entregamos a ella en los ratos libres (si los hay) y no la consideramos al mismo nivel que las tareas “productivas”.

En realidad, a mí (Marta) me gusta pensar que si tuviéramos todo resuelto, si no hubiera labores domésticas ni un mundo ahí fuera en crisis del que “ocuparse”, la humanidad nos dedicaríamos íntegramente a la belleza y el arte, recreándonos en nuestras invenciones. Así que, ¿por qué no hacerlo ahora, aunque sea apenas un rato al día? La belleza y la armonía están en nuestra esencia, nos alimentan profundamente, y se merecen la misma consideración que arreglar una puerta que no cierra bien o que fregar los platos.

Una poza muy escondida donde íbamos a meditar

Desde las diez hasta la hora de comer, trabajamos (o no, también uno puede cogerse el día libre si lo necesita), y después tenemos toda la tarde libre. Tardes que se llenan de actividades, paseos y conversaciones, o de tiempo para estar solo, pensar e interiorizar.

Estas rutinas y los círculos de consciencia tienen el efecto de abrir el corazón. Vivir en la ciudad, en un clima de competitividad y productividad máxima, consumismo desaforado e hiperestimulación hace que nos insensibilicemos, tratando de protegernos, y que lancemos fuera las culpas de todo. Nos desconectamos incluso de nosotros mismos.

Aquí, en cambio, podemos ser vulnerables porque el que vino antes de nosotros se atrevió a ser vulnerable. Podemos cantar porque nos sostienen las voces de los otros. Podemos atrevernos a ofrecer nuestros dones porque los demás también se atreven a dar y pedir libremente (igual que rechazar, si lo sienten así).

Porque uno de los pilares de O Couso es la economía del don. La economía del don es una manera de organizarnos en la que cada cual da libremente, sin esperar nada a cambio y sin expectativa de ningún resultado en concreto. Uno ofrece lo que quiere, lo que se le da bien, lo que hace con gusto, y los otros reciben, si así lo desean, el regalo o don.

«Deja lo que puedas, coge lo que necesites» es el lema que hay detrás de esto. Además de que cada cual ofrece y recibe libremente, tampoco se pide dinero por la estancia.

“El día en que la estancia en O Couso cueste 1€, O Couso dejará de ser O Couso”. El proyecto no funciona con un precio fijo: cada cual es libre de aportar lo que considere, en función de sus posibilidades y de su nivel de consciencia, o incluso de no aportar nada. La donación es anónima y nadie juzga a nadie por su contribución.

De hecho, algo que nos impactó mucho fue que hicieran tanto énfasis en el nivel de consciencia. Una persona que tiene 100,000€ en el banco y da 10€ está dando todo lo que su nivel de consciencia le permite dar y eso debe ser comprendido y respetado, no juzgado. Todos estamos en el mismo barco.

En el círculo de sabiduría de aquella semana hablamos precisamente de la economía del don.

El círculo de sabiduría es un espacio en el que cada persona ofrece al grupo sus conocimientos y también sus preguntas, deseos, inquietudes. No habla solo el que más sabe, sino cada persona, con lo que sea que tenga que aportar. Y si no tiene nada que aportar o ninguna pregunta, puede pasar el turno.

A menudo las conversaciones en grupos grandes tienden a ser acaparadas por dos o tres voces. En el círculo de sabiduría, todos teníamos la oportunidad de participar, en igualdad con los demás, y lo que surgía era un perfecto destilado de la sabiduría grupal. Fue una actividad muy enriquecedora para todos.

Para mí (Marta), fue un ejercicio de escucha profunda, porque sobre este tema he leído mucho y estoy en estos momentos realizando el curso online de Charles Eisenstein «Living in the Gift«, así que me venían decenas de ideas a la cabeza y tenía que seleccionar, resumir y soltar los pensamientos para prestar toda mi atención a la persona que estaba hablando en ese momento. Porque si solo presto atención a lo que ya sé y lo digo en voz alta, no aprendo nada nuevo, mientras que si escucho al otro mi perspectiva se amplía.

A mí (Andreu), me ayudó a practicar la escucha activa, dar tiempo y escuchar a la otra persona sin importar lo que diga. La escucha activa permite que la conversación llegue a niveles mucho más profundos que una conversación habitual. El problema que tuve (de novato) es que al no llevar una libreta para apuntar, se me olvidaban las cosas que hubiera contestado, pero eso también me ayudó a darme cuenta de que la mayoría de cosas que queremos decir o bien redirigen el tema o bien no aportan tanto a lo que está diciendo la persona.

Uno de los puntos que se comentaron en el círculo fue que la economía del don requería de todos nosotros responsabilidad y consciencia. Para que funcione necesitamos reducir nuestras necesidades falsas (deseos, dinero, lujos…) que nos inculca la sociedad consumista, y reconocer nuestras necesidades reales (conexión, intimidad, trabajo con sentido…). Si se intenta una economía del don sin tener consciencia y desde el egoísmo, acabamos con el famoso experimento del siglo pasado en el comunismo. El comunismo no funcionó porque se intentó por la fuerza lo que tiene que lograrse con responsabilidad, consciencia y corazón.

En O Couso procuran un espacio para poder experimentar en la economía del don, en la simplicidad voluntaria y en el servicio a los demás. Quizá lo que más diferencie a O Couso de otras ecoaldeas es que allí no simplemente vives, por el tiempo que sea, sino que formas parte de un «alma grupal» que persigue un único objetivo: ampliar nuestra consciencia.

Quizá sea lo más importante que podemos hacer en estos momentos. Vivir según nuestros propios valores, aunque choquen con los del sistema (especialmente si es así), porque si seguimos aceptando la historia que el capitalismo nos cuenta, estamos abocados al desastre. Es hora de crear la historia del mundo en el que querríamos vivir, o como el título del libro de Charles Eisenstein: «el mundo más bello que nuestro corazón sabe que es posible».

No es fácil, porque implica muchos cambios a nivel interno y externo, pero, como dijo Maite en el círculo de sabiduría: «Si no somos nosotros, ¿quién?, si no es ahora, ¿cuándo?» O Couso es el laboratorio donde experimentar cómo sería vivir según estos principios. Pero la experiencia no se puede quedar en el laboratorio, hay que testearla en el mundo «ahí fuera». Por eso la comunidad es tan transitoria: llegas, aprendes algo y te vas, para intentar integrarlo en tu vida diaria y en la sociedad.

Ayudando en el incendio de Vilamor do Courel con Bea

Nos llamó la atención que muchos de los que hablaban en los círculos de consciencia de que estaban atravesando procesos difíciles, haciendo cambios internos, enfrentándose a sus demonios… Parece como si el espacio que se crea cuando todos habitamos allí bajo la premisa de crecer personal y espiritualmente sacara de dentro de cada uno cosas largo tiempo enterradas, para poder llevarlas a la luz y sanarlas.

En nuestro caso, cada uno lo vivió de una manera diferente.

En mi caso (Marta), me sentí profundamente conmovida por los cantos, los abrazos y los compartires, como si fueran algo que, sin saberlo, hubiera estado echando en falta mucho tiempo. También se despertó en mí el deseo de iniciar algún canto, al mismo tiempo que brotaba de nuevo el demonio del miedo a ser mirada y juzgada. Lo iba posponiendo, día tras día, con una u otra excusa, hasta que llegó el viernes y, después de acabadas las meditaciones diarias, me di cuenta de que el sábado no iba a tener otra oportunidad. El fin de semana se interrumpían las rutinas, eran días libres y cada cual hacía lo que quería. Aquello fue para mí una gran lección en aprovechar el momento y no dejar pasar las oportunidades. No era algo grande, objetivamente. No había dejado pasar la oportunidad de un gran viaje, una hermosa amistad o un nuevo trabajo, pero me recordaba que si dejaba algo para más adelante, paralizada por el miedo, quizá ese más adelante nunca llegase.

Para mí (Andreu) fue un lugar para detenerme y para empezar a escuchar esa vocecita que nunca me doy tiempo para escuchar. Las tardes libres sin nada que hacer eran un tiempo que te forzaba a escucharte y a estar contigo mismo, pero por otro lado, los visitantes como nosotros entraban y salían cada día y en solo una semana más de la mitad del grupo era diferente, lo que daba una sensación de que cada momento era único. Me viene la imagen de un río, que siempre está en el mismo sitio pero el agua siempre es diferente.

Querríamos despedir esta newsletter hablando de despedidas. En O Couso, cada vez que se va alguien, nos reunimos todos para cantar una canción. Así dicho suena muy cursi, pero lo que sucede es algo tan increíble que nadie quiere perderse las despedidas.

No debe de haber mucha gente a la que le gusten las despedidas. Muchos intentamos evitarlas, diciendo cosas que sabemos falsas («Ya nos veremos», y demás). Eso es porque no sabemos sostener la incertidumbre y la tristeza de ver a alguien partir, nos cuesta soltar.

La despedida al estilo O Couso nos hace sostener esa tristeza y alegrarnos de haber conocido al que se va, una persona con quien habremos pasado unos días o unas semanas y que ya sentimos tan cerca como un amigo de toda la vida. Quizá nos volvamos a ver o quizá no, eso no es lo importante. Celebramos el momento cantando «Mira la felicidad, está aquí y ahora. Nada que hacer ni a donde ir. Nunca más con prisas». Y cuando su coche se pierde de vista detrás de la ladera, retomamos la canción, más fuerte, con más palmas, y bailamos cogiéndonos de los brazos.

Así volvemos a nuestras tareas del día. Tristes y contentos, recordando vivir el presente intensamente.

Gracias por leernos,

Marta y Andreu

https://permaprendices.substack.com/p/o-couso

La utopía de encarnar el gozo, la belleza y la alegría en nosotros

Si bien el mes de junio y julio fueron meses de afluencia tranquila y sosegada, el mes de agosto está siendo un mes de mucha concurrencia, llegando a casi cuarenta personas por semana. Esto nos llena de gozo pero también nos mantiene alertas ante el reto de que todas las personas se encuentren bien en un lugar aún por hacer. Aún así, nos alegra saber que la búsqueda del alto ideal, a pesar de nuestras imperfecciones personales y grupales, sigue viva, y que la puesta en práctica cada día, a cada instante, sigue siendo nuestra mayor aspiración y compromiso.

Uno nunca sabe qué o cuánto está dispuesto a hacer para apoyar o empujar cualquier idea o proyecto que pueda mejorar a la humanidad, inspirarla o empujarla hacia altos ideales. DK, un maestro tibetano, decía que a medida que el ser humano ha ido progresando, los ideales han abarcado cada vez más pensamientos de naturaleza utópica, y a medida que surgían a la superficie, eran recordados y registrados y, comenzando a controlar en tal forma el cerebro humano, que el énfasis puesto en la alegría y el goce, llegó oportunamente a convertirse en la descripción de la generalidad de los sueños. Nuestro sueño final tiene ese marcado objetivo, gozar en la alegría del compartir.

Aquí tenemos el origen de las utopías, nos recuerda DK, las fantasías y las presentaciones idealistas de la belleza y la alegría futuras, que caracterizan la vida mental del ser humano evolucionado, las cuales han sido expresión de las esperanzas (aún no cumplidas) expuestas en libros como La República de Platón, en El Paraíso Recuperado de Milton y en las mejores producciones utópicas, idealistas y creadoras de nuestros poetas y escritores occidentales. Estos días, en algún círculo de sabiduría, apuntábamos que esa era nuestra naturaleza, nuestra aspiración. Y que algunos de nosotros, nos hemos comprometido en cuerpo y alma para poder plasmarlo lo mejor posible.

Hay muchas personas que desean y anhelan esa utopía, ese cambio posible en nuestra mente, en nuestra condición humana. Uno puede aspirar a ese ideal, pero pocos se comprometen realmente con el mismo. Y aquellos que lo hacen, no resisten todas las fuerzas y agravios que se desarrollan en tan arriesgada empresa. La aventura de inspirar a otros, de proteger valores profundos con honor y un marcado afán de servicio, es algo altamente complejo y arriesgado.

Es una carrera de fondo donde solo los más resilientes y resistentes irán superando las pruebas que la vida nos pone a cada instante. Los que sueñan mundos posibles tienen la responsabilidad de intentar encarnarlos. Esa responsabilidad siempre ha sido y resultado una tarea hercúlea. ¿Quién en verdad está capacitado para sostener un sueño, una fantasía, una visión que pueda hacer crecer nuestra condición humana? ¿Y cómo hacerlo sin resultar dañado, arruinado, crucificado, despreciado o mancillado?

El ser humano evolucionado se caracteriza por tener una vida llena de belleza y alegría. Alcanzar esa plenitud, esa felicidad constante es complejo, pero no imposible. Sostener cualquier pilar de nuestras vidas por esos valores amables y aparentemente sencillos debería ser nuestro ideal a alcanzar. Belleza y alegría, alegría y belleza. Si nuestras relaciones, nuestros trabajos, nuestros hábitos diarios estuvieran llenos de belleza y alegría, el mundo sería un lugar habitable, sencillo y profundo.

Viviríamos en una sonrisa constante, en una comunión hermosa con la vida y su misterio. Seríamos amables, incluso con aquellos que perturban nuestros sueños. Seríamos sensatamente capaces de soportar cualquier tensión, promoviendo siempre una actitud limpia y desenfadada. Ojalá algún día nos convirtiéramos en seres bellos y alegres, y pudiéramos empujar con ello el mundo que nos rodea. Esa es, tan sencilla como compleja, la verdadera utopía. Ser bellos y alegres, ser amables y entusiastas con la vida y con todo aquello que nos muestra en sus retos diarios. Y ese es el mantra que intentamos comulgar todos los días en este modesto proyecto utópico. Embellecer el entorno, embellecer de alegría cada cosa que hacemos, desde transportar pesada carga en la carretilla hasta hacer la comida o limpiar los espacios. Toda una excusa para que la belleza y la alegría nos llene de gozo a todos. Gracias por hacerlo posible.

No dejar nunca de intentar

O Couso no es una comunidad al uso, pero quizás sea uno de los lugares donde con mayor intensidad se viva la experiencia de vida comunitaria. La casa de acogida, gracias a su propia estructura y esencia, ejerce de poderosa práctica para todos aquellos que deseen vivir una experiencia única e irrepetible. La metodología empleada, la praxis diaria, el contacto con seres humanos de carne y hueso que se equivocan, que se emocionan, que aprenden de sus errores, que buscan un sentido profundo a sus vidas, hace que el día a día sea intenso e inolvidable.

Decimos que no es una comunidad porque aún no ha alcanzado materialmente la privacidad necesaria para que esto ocurra. Esta es una tarea compleja porque lo material y lo emocional se supeditan a una exigencia, a un ideal excesivamente alto para los tiempos que corren. Pero podemos decir que, a nivel anímico y espiritual, se ha creado una gran comunidad de personas que, aún no estando físicamente en el lugar, se sienten de alguna manera conectados y unidos en una especie de invisible lazo místico.

Algunas de las personas que vienen a visitarnos lo hacen buscando un poco de naturaleza, de contacto humano, de sentido de permanencia. Huyen de alguna parte afirmando que estamos ante una sociedad particularmente decadente en lo material, psicológico y espiritual. La búsqueda de alternativas o la necesidad de abrazar algún tipo de esperanza nos mueven a buscar lugares con algún discurso diferente, una narrativa alternativa, con algún tipo de práctica y vivencia que rompa algún molde.

Nosotros no nos cansamos de decir que no queremos cambiar el mundo. No es nuestro afán ser protagonistas o modelos de nada. Solo queremos aportar un verso, una nota, una experiencia que cale en los corazones de los que nos acompañan. No tenemos mayor aspiración que compartir ese alto ideal, a sabiendas que está destinado al fracaso. Por eso siempre hablamos de este sitio como una utopía inconclusa, algo que nadie podrá terminar por su elevada aspiración y por nuestra propia fragilidad humana.

Así que, navegando continuamente en el error y el fracaso, nos abrimos una y otra vez para conectar vidas, para abrazar juntos a la naturaleza, para expresar con alguien que acabamos de conocer nuestros más íntimos secretos. No tenemos duda de que lo estamos intentando. Y ese es nuestro único y mayor logro. No dejar de intentar.

Intuimos que este será un verano tranquilo, de transición a no sabemos dónde. Estamos en el octavo año del ciclo de veintiún años que nos habíamos dado como proyecto de vida. Vamos despacio, vamos tranquilos, pero aquí seguimos, esperanzados, atentos, observantes, abiertos.

Situación Refugiados Ucrania Proyecto O Couso

Estimados amigos,

Os saludamos desde O Couso, deseando que os encontréis bien.

Hace unas semanas compartíamos con vosotros cuánto nos había entristecido la invasión de Ucrania y cómo nos había llamado al silencio, la entrega y la solidaridad. Os anunciábamos que trabajaríamos duro para poder ponernos a la altura de las circunstancias y poder ofrecer lo mejor de nosotros mismos. Os pedimos ayuda y vosotros respondisteis. Gracias de todo corazón. Gracias infinitas.

Vuestra generosidad ha hecho posible que nos preparáramos para la acogida de huéspedes ucranianos mejorando la habitabilidad de la casa (con mejor aislamiento térmico, más puntos de calor, más ropa de cama, más alimentos, etc.). En varias ocasiones, nos hemos preparado para recibir a mujeres, niños y jóvenes, pero a medida que hacían su largo viaje de Ucrania a España sus circunstancias iban cambiando y su destino final fue otro. Qué alegría saber que habían sido acogidos, aunque no fuera por nosotros. En cada momento nos hemos ido adaptando a las cambiantes circunstancias originadas por la invasión y la guerra.

Hace unas semanas por fin recibimos al primer grupo de refugiados, seis personas de entre 55 y 75 años, que solo pasaron un tiempo breve con nosotros porque al llegar aquí nos comunicaron que no deseaban una vida rural, sino que querían volver a zonas urbanas. Con todo nuestro amor, los dejamos en manos de la Cruz Roja en Lugo, tal y como nos pidieron, para que la organización internacional pudiera encontrar un alojamiento más adecuado a sus necesidades en una ciudad grande.

En la última semana, hemos estado en contacto directo con las redes de comunidades y ecoaldeas de Ucrania y de Europa, para poder llegar a grupos más afines a nosotros, con la esperanza de que aquellas personas que desean vida comunitaria en un entorno rural puedan encontrarnos si ese es su deseo.

Viendo todo lo ocurrido, queremos haceros un detalle del dinero que hemos gastado hasta el día de hoy. Es un dinero que ha repercutido positivamente en la mejora de la casa de acogida, la cual, más allá de la crisis de refugiados, sigue acogiendo de igual manera a todo tipo de personas con circunstancias diversas. Viendo la situación presente, si algún donante desea que le retornemos el dinero que se había entregado para la causa específica “refugiados”, estaremos dispuesto a hacerlo. Aquellos que consideren que el dinero ha sido bien empleado para las demás causas y no requieran su retorno, estaremos agradecidos por la generosidad.

Os damos de nuevo gracias infinitas por vuestra generosidad y vuestra solidaridad, y por la oportunidad que nos dais de manifestar uno de los pilares de nuestro proyecto: el servicio.

Gracias y abrazos de corazón,

El Patronato de la Fundación Dharana

RELACIÓN DE GASTOS:

COMIDA: 497€

MENAJE, SÁBANAS, ALMOHADAS, COLCHONES, LITERAS: 1584€

CALEFACCIÓN, ESTUFAS DE PELLETS: 2649€

TOTAL GASTOS: 4730€

Octavo Aniversario

Encuentro de la Red Ibérica de Ecoaldeas en O Couso

Estimados amigos…

hoy 12 de marzo cumplimos ocho años desde que adquirimos este hermoso lugar y casi nueve desde que el sueño comenzó. Volcamos una visión que no nos pertenece pero que de alguna forma flota en el mundo arquetípico del nuevo mundo que ya se está creando, y nosotros quisimos asumir nuestra parte a la hora de darle forma y realidad.

Es nuestro pequeño aniversario y esta vez, a diferencia de otros años, lo estamos celebrando en silencio por respeto a los trágicos acontecimientos que estamos viviendo en la vieja Europa. Un silencio abrumador que nos pone en alerta de nuestra fragilidad humana.

Con esa tristeza añadida tras la sufrida pandemia, si pudiéramos hacer un pequeño resumen de este tiempo, este ha sido un año de muchos retos. Terminar el ciclo del primer septenio y finalizar la reconstrucción de la Casa de Acogida. Campear la crisis del Covid y sus últimos coletazos. Ser perseverantes con todos los retos que hemos sufrido y, sobre todo, empezar un nuevo tiempo con la construcción pedagógica y material de la futura Escuela. Han sido ocho años agotadores, de total entrega y rendición al nuevo paradigma, a la utopía. Han sido ocho años llenos de retos y crecimiento, donde perdimos mucho de vida personal a cambio de intentar construir el sueño grupal. Pudimos trabajar duro en la planificación de la Escuela, en los planos y la búsqueda de los permisos. Ahora estamos a la espera de que todo eso siga adelante y podamos crear un lugar acogedor para potenciar la pedagogía de esta nueva era que ya está naciendo.

Somos un proyecto que nace bajo los pilares de la inofensividad, desde la comida hasta el trato con el otro. Inofensividad, paz, concordia, conciliación, tolerancia y fraternidad. Nuestro mensaje de paz está alineado con nuestro lema fundacional: hacer de un mundo bueno, un mundo mejor. Es un alto ideal que nos pone a prueba todos los días, especialmente con la recepción en la Casa de Acogida de todo ser humano que pueda necesitar de sus valores y principios. Una acogida incondicional, todos los días del año, que pone a prueba toda nuestra perseverancia y empeño.

Por eso la guerra en Ucrania nos ha entristecido profundamente y nos ha llamado al silencio y la entrega y solidaridad en todo lo que podamos. Un silencio no vacío, sino lleno de trabajo y esfuerzo. No dejaremos de meditar, de estudiar ni de servir, que son los tres pilares de nuestro proyecto. Pero tampoco dejaremos que los discursos vacíos y cargados de buena voluntad se apoderen de nosotros. Trabajaremos duro y lo haremos como mejor sabemos: acogiendo al otro con todas nuestras limitaciones y con todo nuestro valor.

La semana que viene empiezan a llegar los primeros refugiados ucranianos a la Casa de Acogida. Familias huérfanas, algunos niños sin padres, y algunas madres con sus hijos que tuvieron que huir dejando a sus parejas en el frente de batalla. Se presenta para todos nosotros un reto muy importante, y un antes y un después en la Casa de Acogida. Estamos trabajando mucho a todos los niveles para ofrecer lo mejor de nosotros. Así que esperamos que todo salga bien y salgamos fortalecidos de esta nueva experiencia y reto. Hoy mismo hemos ido a comprar literas y estufas de pellets para intentar que las habitaciones sean lo más cómodas y calientes posibles. Actualmente tenemos muchas deficiencias en la Casa de Acogida y ojalá este reto nos ayude a mejorarlas.

Empezamos nuestro octavo aniversario con fuerza y con energías tras haber acogido la semana pasada el Encuentro de Invierno de la Red Ibérica de Ecoaldeas. Un encuentro que nos ha puesto a prueba y nos ha señalado nuestras distorsiones y deficiencias. Esperamos que ese campo de pruebas, después de ocho años acogiendo a todo tipo de personas con todo tipo de complejidades, nos ayude a ser mejores.

Cualquier ayuda que penséis que pueda ser útil para este nuevo reto, estaremos eternamente agradecidos. Cualquier ayuda material o psicológica que podáis aportar, será bienvenida.

un sentido abrazo… gracias por hacerlo posible

Preparando la acogida de refugiados…

Las guerras son el resultado del fracaso humano. Es un fracaso colectivo, un fracaso que se fragua desde que nacemos hasta que morimos. La violencia congénita no ha sido doblegada aún. Desde el plato de comida hasta el tono con el que hablamos al otro. Somos violentos, a pesar de los esfuerzos realizados socialmente para doblegar nuestros impulsos más efusivos. Nuestros sublimes ideales como humanidad se desmoronan en cuanto estalla un conflicto, sea de la naturaleza que sea. Nuestros códigos de rectas conductas, universales en cuanto a la necesidad de fraternidad y compartir, se desmoronan uno a uno ante la desgracia de una guerra. Una guerra es el resultado de todos nuestros actos individuales, de todos nuestros egoísmos particulares que se fraguan hasta que escapan y estallan. Son fuerzas que buscan manifestarse y revertir en nosotros para que tomemos consciencia colectiva de nuestro fracaso personal.

Nuestra inteligencia colectiva, nuestras virtudes compartidas, nuestros códigos éticos y morales y de recta conducta se vienen abajo ante la desdicha. Ya no basta con soñar mundos de justicia y equidad, sociedades acogedoras y fraternales. Ya no basta con la creación de utopías humanas que nos indiquen y señalen con valentía y contundencia el camino a seguir. La guerra y toda la tragedia que conlleva es la constatación del fracaso humano. La armonía interior ante el caos exterior ya no es suficiente. La fraternidad verdadera ante la derrota moral ya no sirve. El arte de conservar la calma y el equilibrio, el arte de la perseverancia en momentos complejos es insuficiente. La maestría sobre nosotros mismos y sobre nuestras naciones se desploma como un fracaso total. La desesperación no es admisible. La esperanza no nos sirve. El deber de luchar por la paz ya no es suficiente.

Toca vivir momentos de tensión, instantes delicados para el colectivo humano. Toca amansar las fieras del anochecer decadente. Toca mirar al prójimo con dulzura y amor, tratarlo con dignidad. Toca fraguar el amor, hacer el amor, a cada instante. Toca irreductiblemente dejar todo tipo de violencia y voltear nuestras ansias más sinceras hacia el camino de la inofensividad. Con el medio ambiente, con los animales, con el vecino, con nuestra pareja, con nuestros hijos, con nuestra familia. Toca poner en práctica los valores, y dejar de hablar de ellos. Toca exprimir el jugo de la Vida, alimentando en sus braseros el deseo de vivir en paz. Toca llenar el mundo de gestos, de actos de amor, irreductibles. Toca que ese amor se expanda hacia todos los rincones del mundo, como un tsunami que destruya al mal. Toca que cada uno de nosotros, amemos incondicionalmente la vida y todo lo que eso representa.

Dolor, dolor, dolor. Mucho dolor por la guerra. Mucho amor, amor, amor para que termine pronto. Para que se cierren las puertas donde se halla el mal. Que el poder, la fuerza, el amor y la sabiduría nos guíen en esta noche oscura. Que el amor prevalezca y la consciencia nos guíe a todos. Que la Belleza vuelva a la Vida humana.

Para poder ser útiles en este momento difícil, nos hemos ofrecido en el GEN (Global Ecovillage Network) para acoger a refugiados ucranianos en nuestra Casa de Acogida… es lo menos que podemos hacer ante esta tremenda circunstancia… El mundo reclama acción contundente ante esta nueva tragedia. Estaremos preparados para ello.

Comunidad de vida consciente

El secreto de toda buena comunidad está en conseguir que la cotidianeidad sea alegre y feliz. Thich Nhat Hanh

Uno de los retos más complejos de la sociedad es enfrentarnos a nuestro presente y futuro de forma esperanzadora. Los desafíos que vienen nos enfrentan a un mundo cada vez más cambiante, ajeno a nuestra esencia y aparentemente, más inhumano. Inhumano en cuanto a la necesidad cada vez mayor de aislarnos en frente de una pantalla (en el ocio y en el trabajo) y pronto, en frente de una inteligencia artificial que convertirá nuestras vidas solitarias, viciadas y aisladas en algo insulso y sin fundamento basadas en metaversos ficticios. La inteligencia artificial no tiene porqué ser algo bueno o malo, pero sí es cierto que el ser humano, al menos la tendencia de la mayoría de la población actual, está caminando hacia un aislamiento “inhumano”, hacia algo que nos aleja de la naturaleza y de nuestra propia esencia.

Si antes la vida estaba enmarcada en un contexto familiar y natural, donde la familia era algo extenso y múltiple, enriquecedor y experiencial, ahora cada vez nos estamos volviendo seres más individuales y aislados. Las personas se creen emancipadas y carecen de la necesidad de procrear o tener descendencia. Y aquellos que se atreven, no tienen más que un hijo, el cual termina creciendo en un entorno de padres separados, aislados entre telepantallas y “entretenimientos” virtuales. Esto es de una complejidad cada vez más preocupante, porque no sabemos a qué nos llevará en un futuro inmediato.

Una de las alternativas que en el futuro se gestará con mayor fuerza será la creación de comunidades de vida consciente. Uno puede preguntarse qué entendemos por comunidad y qué entendemos por vida consciente. Los conceptos pueden albergar múltiples significados. La vida en comunidad, en comunidad consciente, es algo complejo, porque requiere algo más que vivir juntos y buscar medios de subsistencia que permitan una vida material, emocional e intelectual lo más cómoda y sencilla posible. Más allá de esa triple dimensión del ser, debe existir una intención mayor, digamos, consciente, para vivir juntos. No se trata solo de compartir espacios y tiempos, subsistencia y desarrollo personal. Se trata de actuar activamente para generar un cambio positivo en nosotros y en nuestro entorno, más allá de nuestro aislamiento y ombligo. Es vivir conscientemente una vida plena, realizada, enfocada a ser útiles primero hacia nosotros mismos, luego hacia nuestra comunidad y también, con la mirada y la esperanza de ser útiles a todo el planeta.

La utilidad viene marcada por nuestro grado de consciencia en todo lo que hacemos grupalmente. En nuestros hábitos alimenticios, en nuestra dieta, en la construcción de nuestras viviendas, en nuestras relaciones interpersonales, en el trato al otro. Ser alegres y felices es fundamental para que la vida en comunidad sea posible. No podemos arriesgarnos a vivir cansados, malhumorados o en un enfado constante. El ser humano es frágil y delicado, y con esa fragilidad debemos tratar de hacer su vida más plena.

Vivir en comunidad no es la panacea perfecta, pero es un reto importante para salir de nuestro aislamiento, vivir una vida plena y sentir que somos partícipes de un movimiento global que busca y desea un cambio consciente para nuestras vidas y nuestro planeta. Los valores de la inofensividad, del cuidado de la tierra desde una forma respetuosa, de construcciones ecológicas basadas en la simplicidad voluntaria, de valores de cooperación y apoyo mutuo donde la tierra sea liberada y pertenezca a la generosidad del conjunto y no al egoísmo individual, son retos cada vez más posibles. La emancipación individual y grupal es posible en comunidades de vida consciente. Una vida que aspira a elevar la mirada y la visión más allá de nosotros mismos y crear el entorno posible para poder inspirar a más gente. Ese es el reto en el que nos hemos involucrado. Esta es la visión de la que deseamos aprender, crecer y compartir.

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