¿Cómo montar una instalación de energía libre?

 

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Alguien nos preguntaba estos días como habíamos sobrevivido con nuestra pobreza energética en medio de los bosques. La verdad es que el secreto ha sido una gran renuncia, una perfecta austeridad y un abuso constante de ciertas alternativas como la carga de las baterías de nuestros coches o el ir a lavar la ropa y ducharnos especialmente en invierno a un apartamento que tenemos de soporte.

Una de las cosas que no quieren que pensemos, hasta el punto de que puede estar penalizado, es que la energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma. Estamos hablando de la ley de la conservación de la energía, la cual afirma que la cantidad total de energía en cualquier sistema físico aislado permanece invariable con el tiempo, aunque dicha energía puede transformarse en otra forma de energía. En resumen, la ley de la conservación de la energía afirma que la energía no puede crearse ni destruirse, sólo se puede cambiar de una forma a otra. Ya sabemos que el universo entero, el tangible y el intangible, parten de energías y un concepto que aún no se ha investigado del todo en conexión plena con la misma: la fuerza. Fuerza y energía son dos elementos que están ahí para provocar algo tan insólito como las galaxias, como la vida, la inteligencia o la plena consciencia.

La energía siempre ha sido un asunto importante en la evolución humana. La energía nos da fuerzas para vivir mediante la ingesta de alimentos. La energía nos mueve y conmueve y nos da calor para soportar la propia subsistencia.

En los tiempos en los que vivimos, el asunto energético es apasionante pues cada día estamos siendo más conscientes de la posibilidad de generar energía libre y limpia. Esto significa un diálogo directo entre la energía y nosotros, sin que existan intermediarios. Uno de los avances más impresionantes de nuestro tiempo ha sido la conexión directa con el sol, el viento y el agua mediante las energías renovables. Algo inaccesible hasta hace muy poco, ahora resulta que puede estar al alcance de cualquiera que quiera invertir un poco en libertad y autonomía.

Nuestra experiencia ha sido bastante positiva aquí en los bosques. Empezamos con una instalación muy sencilla para encender alguna bombilla, cargar los móviles y poder trabajar con el ordenador. La instalación estaba compuesta por lo siguiente:

1 placa solar de unos 5W a 12V con un importe de 30 €

1 inversor de 180W a 12V con un importe de 120 €

1 batería de 8Ah a 12V con un importe de 20 €

1 regulador de carga de 4Ah con un importe de 10€

Es decir, por menos de doscientos euros habíamos conseguido una cierta, aunque pequeña y anecdótica, solución a nuestros problemas más inmediatos. La pequeña batería de 8Ah la cambiamos por una vieja y reciclada batería de coche que aún funciona y el regulador pudimos comprar uno que incluye unas salidas de USB, evitando así tener que conectar el inversor, conectado bombillas led y móviles directamente desde el regulador. Eso quiere decir que para una bombilla led y recargar el móvil con una pequeña placa, una batería reciclada y un pequeño y barato regulador con USB es suficiente. Esta es la instalación que ahora tenemos en una de las cabañas.

El segundo año, dado el número de gente que venía todos los veranos a visitarnos, decidimos ampliar la pequeña instalación con lo siguiente:

1 placa solar de 165W a 12V con un importe de 200€

1 batería de 60Ah a 12V con un importe de 170€

Esta segunda instalación nos ha permitido durante este último año atender la demanda de carga de móviles de todos nuestros visitantes, algún ordenador en verano y dos bombillas en la gran casa de piedra. A pesar de las mejoras, aún estamos muy lejos de un producto ideal para cada unidad familiar que además pueda funcionar en invierno al menos para cargar un ordenador y tener algo de luz eléctrica. Así que para alcanzar nuestro próximo objetivo, la suficiencia energética para cada unidad familiar, hemos calculado que debería constar al menos de los siguientes elementos:

3 placas solares de 300W a 24V con un importe de 230€ unidad.

1 inversor de 3000W a 24V a MPPT de onda pura con un importe de 690€.

2 baterías de 240Ah a 12V con un importe de 290€ cada una.

Es decir, por un importe cercano a los 1500 € podemos decir que podremos disponer de energía suficiente para ser más o menos libres sin muchas exigencias. A partir de aquí es simplemente ir sumando posibilidades como más placas, más baterías, más inversores o incluso un aerogenerador. Hay inversores de onda modificada por menos de 200€ y también placas y baterías más baratas.

De momento son tres pequeñas instalaciones las que deseamos realizar hasta que en un futuro podamos realizar una instalación global, la cual hemos calculado en unos diez mil euros. Si os animáis a participar en la adquisición de estos materiales para apoyar nuestra pobreza energética no dudéis en hacerlo en la cuenta de la fundación con el concepto “instalación fotovoltaica”.

Fundación Dharana. Triodos Bank: ES54 1491 0001 2121 2237 2325

 

 

 

 

 

 

Cena Solidaria para apoyar el Proyecto O Couso

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Queridos amigos,

Estáis todos invitados a la cena de Navidad que se está organizando en Madrid para apoyar el Proyecto O Couso y su Escuela de Dones y Talentos. 

Será un momento único para reencontrarnos todos los que de alguna forma hemos apoyado el proyecto y hemos participado en su construcción.

Nos pondremos al día de todas las iniciativas que hay hasta ahora, de los avances y de los resultados.

También será una oportunidad para abrazarnos, especialmente aquellos que habéis estado en O Couso pero nunca habéis coincidido.

Por favor, no olvidéis abonar la cena en la cuenta de la fundación y apuntaros en el mail del proyecto: info@dharana.org   ya que hay plazas limitadas.

Un abrazo sentido y nos vemos todos allí…

O Couso sale de la incubadora (I)

Durante cinco apasionantes días en el Ashram Ananda Gaorii cerca del pueblo de Vig en Dinamarca, el proyecto O Couso ha estado participando en el taller piloto de CLIPS (Communities Learning Incubator Programme for Sustainability ). CLIPS es un proyecto organizado por miembros de ecoaldeas de toda Europa subvencionado por el programa Erasmus para ayudar y potenciar a nuevas iniciativas comunitarias a salir del cascarón. O Couso ha compartido este espacio con miembros de otros proyectos desde Italia hasta Estonia, Pasando por Alemania, Holanda, Inglaterra y otros países.

¿Y qué ha hecho O Couso en una incubadora? Analizar el estado del proyecto y aprender nuevas herramientas para que éste pueda volar fuerte durante muchos años.

El curso está estructurado en círculos concéntricos que fuimos abarcando desde dentro hacia fuera. En un primer nivel está la relación entre el Yo y el Nosotros o la comunidad. En un segundo nivel está la intención / visión del proyecto, seguidamente está la estructura y finalmente la práctica.

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El Yo y el Nosotros

El primer bloque, la relación entre el yo y el nosotros se presentó a través de una divertida dinámica en la que un nuevo integrante de una ficticia comunidad proponía al grupo de cocina que dejase de cocinar y todos se alimentasen de Prana. Sin lugar a dudas una de los grandes retos de cualquier comunidad es integrar las necesidades personales, experiencias, creencias… de todos los miembros que la compongan, a la vez que acoges sus actitudes y destrezas y se mantiene la identidad del grupo. La clave según los facilitadores del curso está en la empatía y la cultura de comunicación que exista en el grupo. Si no se reconocen las diferentes personalidades y cualidades del yo en el nosotros, más pronto que tarde dará paso al equívocamente temido conflicto.

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Los conflictos

Desde nuestro punto de vista no existe el equilibrio como algo estático a alcanzar y luego preservar. En O Couso nos gusta pensar en el equilibrio como un balancín. Cuando uno sube, otro baja. El equilibrio en verdad es esa fluctuación de situaciones. Por ello el conflicto es positivo. Éste siempre va a existir. Los conflictos son una fuerza evolutiva. Son un regalo.

Nuestra querida facilitadora Jenni nos dio estrategias para transformar cómo percibimos y cómo vivimos con el conflicto.

En primer lugar se ha de escuchar todas las voces, pero no solo la de todas las personas implicadas, sino también nuestra voz interior y exterior. Los conflictos suelen surgir por necesidades del yo no satisfechas. La clave está en escuchar sin juzgar lo que tiene que decir la otra parte. Así mismo resulta imprescindible tratar los conflictos en un lugar donde todos se sientan seguros.

En segundo lugar se ha de trabajar en nosotros mismos y nuestros temores o traumas. Ser sinceros y reconocer cuanto hay del conflicto de alguna situación no resuelta como individuo. Además hay que tener en cuenta que otra parte del conflicto puede estar canalizando otros conflictos de la sociedad fuera de nuestro grupo a escalas mayores.

Los conflictos hacen visibles cosas que nuestra comunidad carece o está tratando de cubrir. Éstos ponen de relieve situaciones de desequilibrio de poder. Si tú eres demasiado poderoso, ten por seguro que alguien se va a rebelar. Están estrechamente ligados al quien soy, y donde está mi poder y privilegios. Los privilegios son otorgados gracias al rango. El rango es algo de lo que no nos podemos desvincular. Ya sea tu edad, color de piel, estatus económico, rango psicológico, educación, género… todas estas cosas te otorgan privilegios de los que puedes ser consciente o inconsciente. Hay que tener en cuenta que el rango es algo permutable dependiente del contexto. La clave está en que aquellas personas que puedan tener más rango sean conscientes de sus privilegios y los utilicen para incluir y hacer partícipe a todas las voces. Por último decir que los conflictos no han de tratar de resolverse, sino de transformarlos.

Una dinámica para gestionar los conflictos que compartieron fue la de dibujar en un papel como se sentía el yo respecto a un conflicto concreto y en otro papel dibujar cómo se puede sentir la otra persona del grupo. Seguidamente te levantas y te posicionas enfrente de cada papel moviéndote de forma libre y escuchas la primera palabra que te venga a la cabeza. Después con la otra hoja haces lo mismo. Ahora tienes una estrategia de como manejar el conflicto.

Gestión de las emociones

El segundo bloque del día experimentamos con una dinámica para gestionar y compartir las emociones en grupos. Se llama El mandala de la verdad. En el desván de una bonita casa, en un grupo pequeño e íntimo, con el sol entrando por las ventanas, nos preguntamos en círculo cual era el parte metereológico (emocional) de cada uno en ese momento. Para unos había un sol radiante, para otros era un día nublado… El acto de compartir las emociones es como limpiar el cielo. Esta dinámica tiene sus raíces en la corriente de la ecología profunda. Todo debe de transcurrir en un lugar seguro y confidencial. Se dibujo con un cordón un gran círculo en el suelo divido en cuatro cuadrantes donde cada uno representa una emoción básica junto a un objeto.

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Voluntariamente cada persona de una en una se adentra en el círculo e interactuando con los objetos/emociones que siente en ese momento o respecto a una situación anterior. Puedes hablar o hacerlo en silencio. Saltar de un cuadrante a otro. Los demás solo observan y cuando terminas pronuncias las palabras “nosotros te vemos”.

Empatía

Por último, en el bloque final del día pusimos en práctica la herramienta de la polarización de roles con el estudio de caso de una nueva comunidad en Alemania integrada por cerca de treinta personas. La situación que presentó el representate de la comunidad es que si ella trabaja en la cocina no podía trabajar fuera para obtener ingresos y pedía a la comunidad que le diese cuatrocientos euros por el trabajo que realizaba. Seguidamente se escenifico la situación con tres roles polarizados: el miembro de la comunidad que hemos descrito, la visión de la comunidad de la economía del don (o como en O Couso estamos acostumbrados a llamarlo “deja lo que puedas, coge lo que necesites”) pero que no tiene suficiente dinero para satisfacer la necesidades de ese miembro y por último los miembros que sí trabajan fuera y aportan un dinero a la comunidad y se defendían diciendo que ellos no están disfrutando de la comunidad durante el día y tienes que hacer el esfuerzo de seguir inmersos en dinámicas hostiles del mundo laboral corriente. Todos los que estábamos allí podíamos sumarnos al círculo adoptando un rol e ir moviéndonos de uno a otro según lo fuésemos sintiendo. Fue muy conmovedor ver como el miembro presente de la comunidad pasaba por todos los roles. Cómo así somos capaces de comprender la postura del otro. Empatizar con la necesidades del compañero y desde hay abrir el corazón para posteriormente encontrar un camino. Resultó muy interesante como algunos roles se iban quedando sin apoyos de los integrantes del círculo que estábamos y luego de repente se volvían a sumar voces defendiendo esas posturas.

Después de este primer apasionante día intercalado por sesiones de yoga, meditación y canto con los monjes del ashram se dio por concluido el bloque del yo y el nosotros.

En siguientes entradas seguiremos compartiendo con todos vosotros las experiencias vividas.

¡Un fuerte abrazo!

Tres veranos en comunidad

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El tiempo pasa excesivamente rápido cuando te empeñas en vivir la vida hasta el fondo, estrujando la madeja invisible de todo cuanto ocurre. Hemos empeñado parte de nuestra vida en este loco proyecto comunitario, hipotecando quizás unos años futuros con tal de que merezca la pena el realizar un sueño colectivo. O Couso se ha convertido en una pequeña luciérnaga que ilumina en una eterna noche oscura. Atrae hasta sus mieles pequeñas luminarias que se decantan por unos días de descanso, de retiro o simplemente de compartir. Cuando ves todo lo que aquí se genera de forma humilde e invisible dan ganas de compartirlo de alguna manera.

Es evidente que esto no es ninguna panacea, ni la utopías completa ni un mundo maravilloso, pero también es evidente que nos resultaría muy difícil vivir en otro tipo de lugar. La apuesta, la entrega, el relato de una vida que se experimenta segundo tras segundo es algo que no tiene precio. Contemplarla como un observador silencioso, dejando que las cosas fluyan a su ritmo, aprendiendo de la fortaleza de los robles y buceando en la flexibilidad del agua que recorre toda la tierra húmeda es algo que ennoblece el alma y ocupa la atención del espíritu que todo lo mueve.

Son tres los veranos que hemos pasado aquí. Hemos aprendido mucho, hemos acelerado nuestros procesos cognitivos y estamos aprendiendo a inclinar con humildad todo nuestro bagaje pasado. Aquí nos damos cuenta de la minúscula atención que el universo entero muestra sobre nuestras pequeñas vidas. Nos ilumina la inmensidad a cada instante, por lo tanto, tomamos consciencia de nuestra pequeña trascendencia. Aún así, nos sentimos afortunados por ser partícipes vivos de este hermoso elemento, de esta hermosa tierra que nos acoge y dulcifica con su belleza nuestras penurias y desalientos.

Hemos aprendido a soportar los ciclos y hemos sabido adaptar al milímetro nuestras vidas a los elementos. Nos hemos llenado de coraje y valor y hemos comprendido la importancia de estar aquí, de ser guardianes de ese pequeño destello que debe sumarse a la estrellada noche del alma. Nuestro papel es bien fácil. Debemos alimentar al peregrino. Primero con un poco de cobijo y comida y luego, alentar con nuestra presencia y nuestros silencios la curiosidad del alma. Una vez abierta la brecha interna, la luz avivada, nuestro papel se limita a dar de beber al sediento con un trozo de pergamino antiguo, con un poco de esa perenne esencia.

Nos alegra poder servir para eso. Hacer unas alubias por la mañana y ofrecer un poco de aliento por la tarde. Y como mínimo, sembrar siempre esa semilla de amor y esperanza para que en un futuro, quien sabe si en esta o en otras vidas, esa semilla crezca y prevalezca como propósito vital. La luz del alma solo puede alimentarse desde el alma. Por eso, aunque aparentemente no ocurra nada ahí fuera, realmente se está librando una gran batalla aquí dentro. En los planos invisibles, un ejército de luminarias nos asisten. Por fuera, seguirá siendo todo igual de sencillo, enigmático, amable, amoroso. Por dentro nos enriquecemos a cada instante, a cada segundo. Somos privilegiados testigos de cada una de esas experiencias.

 

Fukuoka: de la agricultura ecológica a la agricultura natural

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Entre los jóvenes que llegan a las cabañas de estas montañas están los que, pobres de espíritu y cuerpo han abandonado toda esperanza. Sólo soy un viejo agricultor que siente no poder darles ni siquiera un par de sandalias… aunque todavía hay algo que sí puedo darles. Una brizna de paja. Recogí un manojo de paja de enfrente de una de las cabañas y dije: “Con sólo esta paja puede empezar una revolución”. (Fukuoka, “La revolución de una brizna de paja”).

En estos tiempos de cambio se ha puesto de moda todo lo que tenga que ver con lo ecológico. De alguna forma, se está comercializando con la etiqueta “eco” y se intenta mercantilizar algo tan serio como la consciencia dentro de los alimentos. A modo de crítica, o quizás con ansias de espiritualizar algo tan importante como la agricultura y los alimentos, el japonés Fukuoka ideó un método inspirado en el wu wei, la filosofía oriental del no hacer o de la no intervención, que llamó agricultura natural. Este fin de semana hemos tenido la oportunidad de leer dos de sus libros y de entender como el ser humano se ha alejado del sentido natural de la colaboración con la tierra. Hemos tiranizado nuestra relación con la naturaleza, convirtiéndonos en explotadores de algo que debería ser cuidado con sumo amor y cariño.

El método de Fukuoka consiste no tan solo en trabajar la tierra desde otra perspectiva más conectada con la propia naturaleza, también nos habla de una agricultura que reconecta y reconcilia la naturaleza humana. Es decir, un sistema donde el ser humano no se vea a sí mismo como parte ajena de la naturaleza, sino como algo dentro de la misma.

En O Couso estamos intentando aplicar su sabiduría y sus métodos de la mejor manera posible. Estamos intentando seguir los cuatro principios de la agricultura natural que consisten en:

  1. No arar la tierra: de esta forma se mantiene la estructura y composición del suelo con sus características óptimas de humedad y micronutrientes
  2. No usar abonos ni fertilizantes químicos: mediante la interacción de los diferentes elementos botánicos, animales y minerales del suelo, la fertilidad del terreno de cultivo se regenera como en cualquier ecosistema no domesticado.
  3. No eliminar malas hierbas ni usar herbicidas químicos: éstos destruyen los nutrientes y microorganismos del suelo y sólo se justifican en monocultivos.
  4. No usar pesticidas: también matan la riqueza natural del suelo. La presencia de insectos puede equilibrarse en el propio cultivo.

Es algo muy nuevo e innovador y estamos empezando a experimentar para ver los resultados. De momento, es un placer poder comer fresas y todo tipo de productos de la tierra totalmente naturales, que han nacido libres de pesticidas y de químicos. Nos encanta poder trabajar así la tierra, pero sobre todo, nos emociona la idea de poder aplicar los principios de espiritualidad y de consciencia a los elementos propios de la naturaleza. Agua, tierra, sol y viento mezclados con una forma diferente de hacer las cosas, con esos momentos de silencio cuando regamos por las tardes o de consciencia cuando por las mañanas trabajamos con nuestras manos la tierra. De alguna forma respetuosa, nos sentimos agradecidos por esta reconciliación necesaria entre lo humano y su parte más esencial.

(Foto: el huerto-mandala de O Couso cubierto por una capa de paja, siguiendo el método de Fukuoka).

 

¡Me voy a los bosques!

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Cuando decidimos marcharnos al mundo rural nunca fuimos conscientes del cambio radical que iba a suponer para nuestras vidas. Nuestra intención era bucear en una utopía comunitaria apartados del ruido de la fábrica y el anexo que nació a su alrededor: la ciudad. La historia humana es rocambolesca. Nuestros antepasados abandonaron el mundo agrario y autosuficiente del campo para entrar en la esclavitud de los sueldos, las fábricas y el pago de grandes cantidades de dinero para poder usar un trozo de madriguera llamada piso, apartamento o garaje. Para nuestros antepasados la esclavitud y la pobreza estaban en el campo, cohibidos por los ciclos vitales de la naturaleza y a expensas de la generosidad del tiempo y la tierra. Veían en la ciudad y el trabajo en la fábrica una salida aparentemente buena para intentar al menos beber de las fuentes de la prosperidad y la riqueza. Por desgracia, no todos tuvieron esa suerte.

Paradojas de la vida, las nuevas generaciones desean emanciparse de la esclavitud de la fábrica y retornar a los apacibles atardeceres del campo. Tras casi tres años de vida rural nos hemos dado cuenta de que vivir en el campo no es nada fácil. Aún estamos lejos de la autosuficiencia de nuestros abuelos pero aspiramos, gracias a las nuevas tecnologías y las nuevas formas de vida, poder disfrutar de lo bueno del mundo rural junto a la riqueza que llega, ahora lejos de la fábrica, del mundo tecnológico.

En nuestro pequeño espacio utópico a veces recibimos la agradable visita de personas inspiradoras que desean dar un salto cualitativo en sus vidas. No es que ahora en la ciudad se viva mal, pero todas las posibilidades y retos que ofrece un bosque o una montaña no se encuentra entre las calles de la city. Contemplar los espacios sagrados y sublimes que se entrevén por valles y montañas mientras saboreas los ciclos profundos de la naturaleza es algo que no tiene precio.

En un mes nos visitarán los amigos de Pandora Hub para ofrecer y buscar inspiración. Según anuncian en su web, Pandora Hub es un movimiento de reactivación y repoblación de pueblos y zonas rurales. Una reivindicación de la buena vida y retorno a los orígenes. Una fórmula actual de devolver la vida y la actividad económica al medio rural mediante la emprendeduría, el workation, el co-working, el co-living, la permacultura, el crowdfunding y la vida sana.

La nostalgia de la vida del campo, teñida siempre por la poesía bucólica del romanticismo y los altos ideales de filósofos de todo cuño están inspirando a muchos jóvenes que desean abrazar el reto de una vida diferente e inquietante, llena de aventuras cotidianas y encuentros apasionantes entre nuestros sueños y la vida real que se impone a cada instante. Con esta visita de nuestros amigos de Pandora Hub queremos inaugurar el encuentro con grupos que se atrevan a investigar o vivir la inquietante atmósfera de una vida totalmente en contacto con lo real. Lejos de la ficción y la ilusión de mensajes que nos alejan de nuestra esencia, en los bosques encontraremos sentido único a todo cuanto somos.

Estáis invitados. Bienvenidos a los bosques.

Primera semana de experiencia 2016

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El tiempo pasa volando. Ya casi estamos terminando la segunda semana de experiencia y no habíamos tenido tiempo de hablar de la primera. Casi no tenemos tiempo para nada en este hermoso verano y son muchos los aprendizajes y los hermosos encuentros vividos y compartidos. Nos sentimos como siempre desbordados de tanto cariño y nunca sabemos si estamos a la altura a la hora de devolver tanto amor.

Gracias a todas las personas que nos han acompañado en esta Semana de Experiencia hemos podido continuar con la construcción del nuevo gallinero, colocando los cimientos de lo que será la futura casita de nuestras hermosas gallinas. Lo curioso de todo es que la obra que empezamos en Semana Santa para que nuestras amigas vivieran en ella nos ha gustado tanto que hemos decidido utilizar ese espacio para otra cosa, y hacer algo más modesto para nuestras amigas. Todo pasa tan deprisa que ya estamos a mitad del verano y aún no tenemos el nuevo hogar para ellas. Pero al menos el trabajo ya ha empezado y seguro que quedará pronto terminado. 

También ha sido muy especial la colaboración en el huerto quitando hierbas, acumulando restos para el futuro compost de la temporada próxima, y la colocación de la paja en los bancales; un trabajo durillo bajo el sol pero muy divertido y enriquecedor. Nos damos cuenta de todo lo que nuestros antepasados lucharon para poder arrancar de la tierra un poco de vida que alimentara a nuestros cuerpos. Los que venimos de la ciudad nunca apreciamos sinceramente el trabajo hortelano, y ahora que lo vivimos en nuestras propias carnes, honramos aún más los agradecimientos a la hora de comer. El estar en contacto con la tierra nos hace comprender la dificultad, al mismo tiempo que el logro, de todo lo que hemos recibido en esa herencia milenaria. Ahora nos toca consagrar ese trabajo y compartirlo con todos los que nos visitan para que entre todos honremos esa maravillosa labor que con el tiempo nos hizo más humanos y menos animales. 

En esta semana también hemos dedicado tiempo a la limpieza de hierbas altas en el perímetro de la casa y alrededores. Luije con su nueva desbrozadora nos ha vuelto a abrir los caminos que con la hierba se habían cerrado. Esto es algo que hacían muy bien nuestras amigas las cabras y Rocío, nuestra querida yegua. Por desgracia, y es algo de lo que aún no nos hemos recuperado, tuvimos que entregar a nuestras amigas a familias que pudieran hacerse cargo de ellas. Para nosotros fue una gran pérdida dado el cariño que teníamos a estos animales y las aventuras que sufrimos con ellas, pero nos era materialmente imposible poder atender a todas sus necesidades. Ha sido una gran lección para nosotros y a partir de ahora intentaremos asumir cosas que podamos cuidar con dedicación. 

En O Couso seguimos siendo poquitos, por eso estamos planteando fomentar el voluntariado mediante “wwoofers” o similares y así poder atender a todas las necesidades que una casa de campo tan grande requiere. Esto nos permitirá al mismo tiempo profundizar en las relaciones y expandir la acogida con más detalle y decoro. 

Gracias a tod@s por vuestra bonita compañía y esfuerzos para seguir creando de un mundo bueno, un mundo mejor.

Os esperamos de nuevo en O Couso, vuestra casa.

Gracias, gracias, gracias!!