Convivencia en Navidad

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Hemos consagrado un nuevo espacio de calor y cariño. La segunda cabaña fue inaugurada con una solemne cena y comida al calor de la chimenea. Era la primera vez que comíamos en O Couso en un espacio caluroso en plena oleada de frío. La verdad es que sentimos una emoción especial al ver como poco a poco vamos conquistando espacios de unión y fraternidad, de calor y bienestar. Muchos hemos participado en la construcción de esta segunda cabaña que ahora se abre para que todos los que lo deseen puedan disfrutarla. El amigo Koldo la pone a disposición para quien la necesite en sus ausencias y viajes y así poder ser un lugar de compartir y de fraternidad. También está disponible, hasta que habilitemos un comedor de invierno caluroso, para pasar allí las horas de la comida y la cena de forma caliente y alegre.

Hemos pasado tanto frío estos cuatro largos inviernos que ya no éramos conscientes de lo que suponía habilitar un espacio calentito donde disfrutar de cierta comodidad. Esto nos ha abierto la esperanza de poder conquistar en la casa grande algún espacio que pueda ser calentado y así poder disponer de lugares de bienestar y confort también en invierno. A pesar de las mejoras, queda mucho por hacer en la casa, pero sabemos que la fuerza del grupo, la cooperación y la buena voluntad enfocada al bien común pueden obrar milagros. Nuestro próximo reto quizás debería ser el poder conseguir un sistema de calefacción apropiado para una casa tan grande. O al menos poder habilitar ciertas estancias donde el calor no se esfume por sus paredes centenarias.

Dado que mucha gente nos está pidiendo venir a pasar con nosotros estas Navidades, os invitamos a todos los que queráis pasar unas fiestas diferentes, en compañía, en sobriedad, sin los excesos propios de esos días, a que vengáis con nosotros a O Couso. No podremos ofrecer mucho, pero al menos sí un espacio de calor para las comidas. Pasaremos algo de frío, pero nada que ver con los inviernos pasados. Ahora ya hay puertas y ventanas en la casa y estamos trabajando duro en las paredes y los suelos para que cada día la casa sea más confortable.

Así que estáis todos invitados a una cena de Navidad austera. Las últimas cuatro cenas fueran a base de plátano, a modo de reivindicar un modo diferente de entender ese tiempo sagrado para la cultura cristina. Tendremos momentos de alegría y si os animáis podremos acompañarlos con cantos de Taizé, recital de mantras y meditaciones. Daremos, si el tiempo lo permite, paseos por la sierra de Édramo y compartiremos el mensaje de amor y fraternidad en unos espacios sagrados y únicos.

Entre todos buscaremos fórmulas para financiar la futura calefacción de la casa e imaginaremos, con el poder de la visualización, un próximo invierno mucho más caluroso y fraterno. El tiempo ha demostrado que ha merecido la pena la fuerza y el coraje inicial para que ahora todos podáis disfrutar de un entorno natural privilegiado y único.

También aprovecharemos para consagrar la tercera cabaña, la cual será habitada por Memo y su pareja. Les daremos la bienvenida a ambos con una fiesta que esperemos no olviden en mucho tiempo. Mientras todo eso ocurre, los que allí estemos, seguiremos aprendiendo sobre valores, sobre una nueva visión en la convivencia humana y sobre todo lo que tenga que ver con el amor fraterno. Unas fiestas sin alcohol, con una dieta vegetariana que respete la vida animal y sin tabaco ni drogas para respetar nuestra propia vida. Una fiesta diferente para un tiempo diferente. Estáis invitados.

Posible calendario:

21 de diciembre: celebración del solsticio de invierno.

24 de diciembre: cena austera de Navidad a base de plátano.

25 de diciembre: comida vegetariana de Navidad compartida.

26 de diciembre: excursión por la Sierra de Édramo.

31 de diciembre: cantos de Taizé en la ermita para despedir el año.

1 de enero: fiesta de bienvenida de año nuevo.

2 de enero: ritual de consagración y fiesta de bienvenida para la tercera cabaña.

5 de enero: consagración de regalos grupales.

Además de los rituales de agradecimiento de los alimentos, las meditaciones del día y los círculos de consciencia, se abrirán turnos por las tardes para los círculos de sabiduría, donde trataremos los temas que queráis según vuestras inquietudes.

 

(Foto: inaugurando la segunda cabaña con una comida fraternal).

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Tiempo

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No somos totalmente conscientes de la importancia de ese bien preciado. Siempre pensamos que la riqueza proviene de tener tierras o dinero o propiedades o cosas, pero nadie se para a pensar que el verdadero tesoro, aquello que no se puede ni comprar ni vender por mucho o poco que nos paguen por ello es el tiempo. Es cierto que nuestra cultura nos dice que podemos vender nuestro tiempo por cinco o seis euros la hora. Los más afortunados por diez o veinte y los privilegiados por más de mil euros la hora. Pero realmente, ni unos ni otros se paran a pensar en el verdadero valor de cada segundo de nuestras vidas. Decir alegremente que tenemos una esperanza de vida de unos ochenta años y pensar que eso es un tiempo infinito es perderse en la ingenuidad de la vida. Cada segundo de tristeza o alegría que pasa es un paso más hacia la extinción inevitable.
Es cierto que embargamos nuestra psicología en creencias para sofocar las dudas existenciales. Los existencialistas sobreviven a base de ingenio o a base de depresiones. Los vitalistas siempre han creído en la vida eterna más allá de la vida. Para ambos la existencia se delega a algo futuro, sin pararnos a pensar que lo único verdadero e importante es el presente, el ahora, el instante. Y cada instante nos aporta algo diferente, un trozo de ese misterio sin resolver al que debemos hacer frente con estoica valentía. Pero no siempre lo hacemos de forma despierta y atenta. Casa siempre dejamos que la vida pase sin percatarnos de lo que ocurre a nuestro alrededor, por fuera y por dentro. La vida se nos va de las manos sin tan siquiera poder apreciarlo.
Esta mañana discutíamos sobre la importancia del tener o no tener nada, y sobre las riquezas. Hablábamos que para sobrevivir en la ciudad teníamos que hipotecar nuestro tiempo para así poder pagar la hipoteca, los gastos, la comida para al final del mes no tener dinero ni felicidad ni satisfacción. Alguien decía que aquí en los bosques no pagábamos hipoteca ni luz ni agua ni cientos de cosas que hacen falta en la ciudad. Los más privilegiados vivimos en humildes cabañas de no más de veinte metros cuadrados y es cierto que, como los habitantes de la ciudad, a final de mes no tenemos dinero. Pero sí hay algo de lo que disponemos: tiempo.
La gestión del tiempo aquí en la montaña, en los bosques, es de una riqueza a la que aún no nos hemos acostumbrado. Es cierto que somos pobres en cuanto a cosas materiales, pero somos totalmente ricos en cuanto a poder disfrutar del tiempo como queramos, haciendo lo que realmente nos guste aunque no nos reporte dinero ni tengamos que vendernos para conseguirlo. Es cierto que tenemos una rutina, que nos levantamos temprano para meditar, para desayunar juntos, para realizar círculos de consciencia y para estar tres o cuatro horas trabajando en aquello que en ese momento nos apetezca, ya sea levantar una pared, una cabaña o un suelo, estar en la huerta o buscando leña. Dependiendo de nuestro estado de ánimo podemos hacer una u otra cosa o simplemente no hacer nada. Quedarnos todo un día sentados bajo el sol, filosofando sobre todas las cuestiones que nos vengan en gana. Somos dueños de nuestro tiempo y cada cual lo dedica al don o al talento que desee.
Sí, somos pobres materialmente, pero ricos espiritualmente porque estamos labrando un trozo de vida que nos pertenece. Nuestro propósito final sigue siendo el mismo. Cuando todos los que aquí estamos seamos capaces de inspirar ese valor, esa revolucionaria visión sobre el tiempo, habremos cometido uno de nuestros grandes objetivos. Disponer de tiempo suficiente para inspirar a otros a que se liberen del mismo, entrar en esa cuarta dimensión, en el kairos de los antiguos donde lo único que importa es compartir diseñando ese mundo de amor y paz. Nuestro esfuerzo, también nuestro sacrificio, versa sobre esa esperanza. Nuestro tiempo le pertenece a la vida y nosotros a ella. Quizás trabajemos más que nadie, pero lo hacemos por amor, para el amor y para la conquista del bien común. No tenemos nada, pero al perderlo todo, ganamos todo.

El otoño como lugar de aprendizaje

El otoño siempre es un lugar tranquilo, habitado por duendes que se esconden entre setas y castañas, por hadas que se asoman entre los setos multicolores y las hojas caídas. Si uno presta atención, puede ver y observar todo cuanto rodea la inmensa extensión que el misterio encierra en la naturaleza. Luego estamos nosotros, con nuestras cosas, nuestras alegrías y tristezas, nuestras miserias y grandezas. Somos como notas discordantes, diferentes en el contexto natural, alterados por nuestras emociones o sencillamente seres capaces de lo más hermoso y maravilloso mientras los senderos se entreabren a nuestras espaldas.

El frío ya está llegando con fuerza. La leña nos sirve de combustible para encender la chimenea y calentar un rato, si estás junto a ella, los cuerpos dolientes. Se fue el verano y ya se está marchando el otoño y con ellos el calor y la gente. Es algo que nunca falla. Es como si el frío no fuera compatible con todo lo demás. Nos pone a prueba, el humor se perfila como nuestro casual enemigo. Mantener firme la templanza no resulta fácil. Siempre hay algo que nos puede traicionar. En estos momentos es cuando ponemos a flor del piel nuestro sexto principio al que llamamos Reflejo: reconozco que cualquier cosa que yo vea fuera de mí mismo (críticas, irritaciones o juicios) puede también ser reflejo de lo que está dentro de mí. Me comprometo a analizarlos en mí mismo antes de reflejarlos a los demás.

Esto es complejo. Nunca somos capaces de ver exactamente qué ocurre en nosotros, dentro de nosotros, para que algo o alguien nos quiebre la paz, nos perturbe, nos inhabilite como personas sintientes. Lo fácil es recurrir a la culpa de todo aquello que está fuera de nosotros: el frío, aquel con el que no simpatizo, aquello que alguien dijo o esa mirada que me perturba. Siempre tendemos a ver fuera lo que se cuece dentro. Es una ley que desconocemos, pero que merece la pena indagar.

Cuando elegimos este lugar pensamos que sería perfecto para precisamente observarnos en los momentos difíciles, aprender de nuestras debilidades, de nuestros miedos y crecer a marchas forzadas como seres humanos. Estar en el norte de España, en la montaña, en un lugar frío y húmedo, aún por rehabilitar, es perfecto para ponernos a prueba. Quizás en la paz de los valles todo sea más fluido, pero también es cierto que al ser todo más fácil, el carácter tarda en domeñarse. Aquí tienes que aprender rápido, adaptarte rápido y sortear la convivencia como una auténtica escuela de vida. El otro, alienígena para nosotros, siempre será distinto y lejano. Tan distinto que resulta difícil reconciliar nuestra parte oscura con la suya, tan próxima cuando las condiciones y circunstancias se vuelven duras. La observancia, la disciplina, la fortaleza interior, serán nuestras herramientas para sobrevivir psicológicamente antes de hundirnos y abandonar. Estamos ante un curso de milagros puesto que aquí te transformas o pereces.

El amigo Carlos ha estado una semana con nosotros experimentando todo esto y ha tenido la gentileza de hacer este video que acompañamos. Ahora que somos pocos y casi se puede empezar a percibir las pruebas que tendremos que pasar este invierno, el video refleja fielmente la soledad de estos momentos y la difícil hazaña de seguir adelante. El otoño ha sido fielmente reflejado en un video hermoso y profundo. La dureza también tiene su parte bella, y en nosotros está el abrazar esta oportunidad que nos da la vida para seguir graduándonos en humanidad y servicio.

El sueño sigue adelante

Estimado amigo, estimada amiga,

Son muchas las cosas que hemos logrado juntos en estos años. Lo que parecía un sueño imposible, poco a poco, gracias al esfuerzo conjunto, al apoyo mutuo de todos, a la colaboración de unos y otros, estamos haciendo posible lo imposible. Como todos los años por estas fechas, os escribimos para daros las gracias a todos los que habéis hecho posible que el proyecto O Couso siga adelante. Los que llevamos trabajando aquí desde hace ya más de tres años hemos visto todos los cambios, algunos inimaginables hace poco tiempo, y hemos visto como este proyecto inspirador ha sido, a su vez, inspirado entre todos. Queríamos compartir algunos avances para seguir contagiándonos de esperanza y alegría.

La casa de acogida, posiblemente bautizada muy pronto como Nosso Lar (Nuestro Hogar), ya dispone de luz eléctrica alimentada por unas humildes placas solares y de agua corriente. También, gracias a la generosidad de un hermoso grupo de personas, hemos conseguido tener una cocina completa y unos lavabos con ducha y agua caliente. Esto ha sido milagroso dado el esfuerzo de años para llegar a este punto, y dado todo lo que hemos tenido que realizar antes de que algo tan básico pudiera llegar a realizarse. La casa ya está prácticamente sellada con puertas y ventanas, a falta aún de unas pocas, y estamos empezando a sellar las paredes, una por una, piedra por piedra, para que el calor que algún día instalaremos no se marche como hasta ahora ocurre. La casa en invierno no es todavía un lugar placentero, pero estamos haciendo un gran esfuerzo por hacerlo posible. Nuestro siguiente reto será poder terminar los tejados que aún están caídos en la mitad de la casa.

Las cabañas de los voluntarios también ha sido un reto que va tomando forma poco a poco. Ya tenemos tres cabañas en marcha, de las cuales dos están prácticamente habitables y la otra esperemos que lo esté en breve. En estos años de cambios nos hemos dado cuenta de la importancia de que los cuidadores y voluntarios sean también cuidados y mimados, aunque sea con una mínima expresión de comodidad, y estamos haciendo grandes esfuerzos para que así sea. Nuestro sueño a medio plazo es que exista un mínimo de doce voluntarios fijos que sean la semilla o el núcleo para la futura comunidad. En este momento somos un grupo reducido que en invierno oscila entre cuatro y siete personas y que esperamos, a medida que vayamos creando cabañas y la casa sea más confortable, aumente.

La escuela de dones y talentos sigue latente como objetivo final de todo el proyecto. Este verano, gracias a la generosidad de muchos voluntarios pudimos despejar el área donde estará ubicada en un futuro. La intención, mientras encontramos un arquitecto que nos pueda hacer los planos para pedir los permisos pertinentes, es ir construyéndola muy poco a poco, sin prisas pero sin pausas. Mientras eso ocurre, nosotros seguimos buceando en nuestros dones y seguimos buscando la manera de que otros lo hagan.

Nuestra intención última, hacer de un mundo bueno, un mundo mejor, aportando lo que humildemente podamos desde nuestra labor, late fuerte y con esperanza dentro de nosotros. Por eso un año más os damos las gracias por vuestra generosidad y por vuestro apoyo incondicional y un año más os animamos a que sigáis apostando por este sueño colectivo.

Para que podáis apreciar algunos avances os adjuntamos el video que nuestro amigo Guillermo hizo este verano. Espero que podáis disfrutar de sus cuatro minutos de cariño y compartir.

Gracias de corazón por estar ahí.

Pd.- Os recordamos algunas formas de poder seguir apostando por el proyecto:

  1. Con un euro al mes desde la plataforma de Teaming:

https://www.teaming.net/proyectoocouso

  1. Con una aportación directa en la cuenta de la fundación Dharana:

TRIODOS BANK (BANCA ÉTICA): ES54 1491 0001 2121 2237 2325

 

 

El frío llega a O Couso

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«Les llamaban en su lengua, Magos, porque glorificaban a Dios en el silencio y en voz baja». (Libro de Set)

Acabamos de encender por primera vez la estufa en este prometedor otoño. Con estas extrañas temperaturas pensábamos por un momento que llegaría el invierno y no el frío. Pero hoy parece que llegó. Cuando hoy ha caído la noche, apetecía un poco de calor, de fuego. Ha sido hermosa la sensación de llegar a la cabaña acompañados de Geo, encender la luz, ponernos el pijama de franela y encender la estufa para calentar el recinto. Hace por estas fechas un año que el primer morador vive en la cabaña después de casi tres años viviendo en las caravanas. Llevamos casi cuatro años en los bosques, intentando comprender ciertas cosas sobre el misterio de la vida, alejados, aparentemente, del ruido de la ciudad y de todo ese mundo que ya quedó lejos y al que no deseamos volver.

Aquí en los bosques se está bien, trabajando en silencio y en voz baja, sin hacer un exceso de ruido, buceando en la magia vital que nos envuelve. La naturaleza es generosa y nos acoge, si sabes respetar sus ritmos, con la dulzura de una madre. Sentimos que en este pequeño habitáculo poseemos todo lo que una persona pudiera tener para ser feliz, aludiendo a la inevitable reflexión que nace de que la felicidad nunca dependerá de las cosas que uno posea, si no de la actitud con la que uno se enfrenta a esas cosas. La sencillez y la humildad de tener poco ayuda a la sana facultad de no tener que preocuparnos por las diez mil cosas de las que habla el Tao. Pero sobre todo nos hace profundizar en que la vida no tiene sentido si no es compartiéndola con los demás, para los demás, hacia los demás. La unidad que representamos no puede entenderse sin el conjunto que representa junto a los otros. El “yo”, minúsculo e insignificante, no tiene sentido sin el “tú”. Por eso O Couso sólo tiene sentido gracias a las personas, así, en conjunto, en plural.

En estos últimos meses cierta ambición nacida de cierta necesidad se apoderó inevitablemente de nosotros. La misma surgió cuando ante una enfermedad extraña uno de los miembros se vio imposibilitado para caminar. Fue uno de esos resfriados de verano mal curados capaces de tumbar a cualquiera sin poder moverse. Nos dimos cuenta ante los hechos de la importancia de poseer buena salud aquí en las montañas, pero sobre todo, de la importancia de tener un lavabo cerca cuando estás enfermo. Así que nuestra siguiente ambición fue la de crear un pequeño anexo a una de las cabañas piloto para colocar una ducha, un lavabo y una pequeña cocinita donde calentar algo en las frías noches de invierno.

En agosto empezamos con la construcción del anexo, el cual ha sufrido varios retrasos por la necesidad de ayudar en la construcción de la segunda y la tercera cabaña. Esta semana, como llovía ahí fuera y era poco lo que se podía avanzar en las cabañas fuimos a comprar algo de barniz especial para maderas y dedicamos algún tiempo a dar color al anexo. Ya sólo queda terminar la conducción de aguas residuales y colocar la cocina y algún armario. Será hermoso cuando esté terminado y podamos hacer aquí las necesidades sin tener que correr, como todas las mañanas, hasta la casa para poder realizar esas cosas escatológicas, pero tan necesarias para el normal funcionamiento.

La cabaña de Koldo ya está prácticamente terminada, a falta de algunos acabados, y la cabaña de Memo va al ritmo de nuestros ingresos. Cuando entra algo de dinero, compramos maderas y avanzamos un poco. Esta semana pudimos avanzar en el tejado y compramos todo lo necesario para terminarlo. Ahora habrá que esperar alguna entrada para poder seguir construyendo con maderas las paredes y el suelo. Las previsiones eran que Memo pudiera habitar la tercera cabaña en noviembre, antes de que llegara el frío, pero vemos como todo se está retrasando. El frío y la construcción, como si todo fuera parejo. Esperemos que nuestro querido Memo no sufra en exceso en su pequeño recinto improvisado, en esa caravana azul que tanto nos ha dado en estos años. Seguro que pronto tendremos su cabaña terminada y con ella, un nuevo hogar aquí en los bosques.

Lo cierto es que este lugar se está volviendo poco a poco cada día más confortable y hermoso. Esta próxima primavera, mientras seguimos con la reconstrucción de la casa vieja y construyendo cabañas para que cada día más voluntarios puedan vivir con nosotros de forma cómoda, empezaremos la hermosa labor de crear un jardín de las hespérides, con su huerta fortalecida y su floresta pertinente. Tenemos ganas de empezar ya con el segundo eslabón de esta cadena: la armonía, la belleza. Si en estos años ha prevalecido la fuerza y la constancia, la voluntad para aguantar las condiciones tan duras en las que hemos vivido, en la próxima etapa queremos dedicar mucho más tiempo y recursos a embellecer este lugar. Después de todo lo que hemos pasado, ahora sólo nos queda poder disfrutar amablemente del lugar y hacer que aquellos que vengan puedan hacer lo mismo. Hace un par de días se marcharon cuatro personas llorando de emoción, agradecidos por todo lo que aquí se está haciendo. Sentimos una satisfacción enorme y sobre todo, muchas ganas de seguir adelante, acompañando con deseo ardiente esta necesidad nuestra de compartir este mundo bueno y hermoso.

(Foto: una de las cabañas entrando en calor esta misma noche).

¿Somos una ecoaldea vegetariana?

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Muchas comunidades se definen de muchas formas para intentar crear su propia identidad personal, su propia visión o intención grupal. Esto es muy importante a la hora de unir fuerzas y grupos humanos que trabajen para una visión y objetivos comunes. Este verano han llegado mucha gente pensando que nosotros somos una ecoaldea vegetariana. Es cierto que nuestro proyecto está basado en ideas propias de las ecoaldeas y de la vida sana, pero no somos estrictamente una ecoaldea y no somos estrictamente un modelo que centre sus esfuerzos en la alimentación.

Para empezar, nuestro objetivo final no es el de convertirnos en una ecoaldea. Seguramente eso será inevitable, es decir, lo ideal sería poder aspirar a ser una pequeña aldea lo más ecológica posible. De momento cierto enfoque va hacia esa dirección y estamos haciendo grandes esfuerzos para que así sea, pero no es nuestra visión. Tampoco tenemos como objetivo el dedicar toda la atención del mundo a la alimentación ni a predicar o imponer un tipo de visión alimentaria al resto. Simplemente elegimos una forma de alimentación ovo-lactea-vegetariana por nuestro profundo sentido del respeto a la vida animal y del mensaje de paz que intentamos transmitir al mundo. ¿Cómo hablar de paz si empezamos el día cometiendo actos de violencia dentro de la cocina? Es cierto que esto choca frontalmente con las tradiciones y la cultura más arraigada de nuestro inconsciente colectivo, pero también es cierto, y esto sí forma parte de nuestra visión y misión, que deseamos inspirar de forma pacífica a todas aquellas personas que pasen por el proyecto.

Si centramos toda nuestra atención en los medios de producción, en la alimentación, en las formas de hacer o no construcciones ecológicas sostenibles y basamos nuestro mensaje en lo que para nosotros sería la parte más material de la existencia, de alguna forma estamos basando nuestras vidas en aquello que ya hacíamos antes de venir a los bosques: la preocupación incesante por la subsistencia y sus diferentes formas de manifestación (el trabajo, la comida, el hogar). Eso sí, ahora más decorada con buenos propósitos y exóticas miradas hacia el futuro. Es inevitable que adoptemos nuestras prácticas diarias a un nuevo sentir, profundo y verdadero, pero siempre poniendo la atención en que eso no nuble todo el entramado profundo de lo que el ser humano representa como unidad holística. Es decir, la parte material está muy bien y hay que cuidarla y protegerla, pero sentimos que también debemos cuidar y proteger las otras partes sensibles del ser humano, y no por ello menos importantes como puedan ser la energía que nos mueve, las emociones que nos impulsan, los pensamientos que nos guían, la sabiduría que nos elevan a visiones más amplias, la voluntad que nos empuja a caminos más anchos y el amor que se nos revela como fórmula para encontrar la armonía y la verdadera paz.

De ahí que nos guste llamarnos, por decir algo, comunidad integral, o proyecto integral, porque para ser comunidad hace falta gente y de momento somos pocos, al menos pocos compartiendo la tierra que nos abraza, conscientes de que aunque en la primera línea de fuego somos poquitos, ahí fuera el sentido de comunidad se estremece y amplía. Ojalá tuviéramos la convicción y la seducción necesaria para animar a más gente a vivir esta experiencia compartida, este experimento colectivo que pretende hacer de un mundo bueno, un mundo mejor. Ojalá pronto seamos más los que han dado el paso firme y valiente de bucear en la difícil experiencia humana para elevar de alguna forma la visión conjunta de un mundo más justo y libre. Hacen falta transicioneros hacia esa nueva experiencia, y nuestra misión es poner fácil ese paso, inevitablemente material y emocional, para que los que vengan puedan dedicar sus fuerzas a inspirar un mundo mejor.

Vivir para los demás es la Regla de la Naturaleza

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“Nada en la Naturaleza vive para sí mismo. Los ríos no beben su propia agua. Los árboles no comen su propia fruta. El Sol no brilla para sí mismo. La fragancia de una flor no se esparce para sí misma. Vivir para los demás es la Regla de la Naturaleza”.

 

Hoy en la meditación lo decíamos tímidamente. Debemos descubrir la apertura hacia el otro, el trabajo grupal, la acción conjunta. Estábamos acostumbrados a reunirnos por obligación, a veces social, a veces económica. Pero reunirte por un valor diferente requiere de mucha fortaleza.

Siempre habíamos teorizado sobre la espiritualidad. Incluso hemos sofisticado las creencias añadiendo complejas jerarquías, poderosos argumentos a favor de la magia blanca, increíbles técnicas de meditación para lograr el punto de quietud y con ello la puerta a otras dimensiones. Pero en esa compleja intelectualidad habíamos olvidado la poderosa llama del acercamiento al otro, el poderoso flujo del abrazo sentido, la experiencia de levantarte, compartir una breve meditación grupal y empezar a trabajar para los demás y no para uno mismo de la forma más humilde y sincera. Amar al semejante es mirar de frente a Dios, como dice la canción de los Miserables.

Realmente habíamos olvidado que nada en la naturaleza vive para sí mismo, y que nosotros debíamos respetar esa gran regla. Por eso cuando abrazamos al otro, cuando trabajamos para el otro, cuando despejamos las dudas sobre la verdadera espiritualidad en ese sincero silencio que ofrece el compartir y la generosidad, comprendemos de repente la gran obra. Cuando suspiramos en la llama del hogar común obviando que lo importante no es qué comeremos mañana o qué vestiremos sino de qué forma podré alegrar el corazón ajeno, entonces ocurre el milagro.

Meditar y estudiar son necesarios, pero de nada sirve si no somos capaces de abrir los pétalos celestes de nuestro corazón para compartir con el otro la experiencia vital. Estamos comprendiendo que si no creemos firmemente en que nada nos pertenece, sino que todo es para ellos y en su gloria, como decía una y otra vez la caballería espiritual, todo ese recorrido es estéril. Por eso debemos apartarnos a las orillas de la humildad, agacharnos y arrodillarnos como el último entre los últimos y limpiar y aliviar los pies del otro. Por eso debemos convertirnos en servidores de la vida una apagando nuestro interés para dar vida a la promesa del otro. Dejar de ser capitanes y líderes de nuestros egoísmos para convertirnos en obreros, en sencillos y silenciosos constructores del nuevo mundo.

El sol irradia, la flor comparte su perfume, el árbol da fruto, los ríos no beben su propia agua y ninguno de ellos pide reconocimiento o gloria. Ahí están ofreciendo lo mejor de sí mismos para enriquecer la vida común. Vivir para los demás debería ser nuestra meta, nuestro camino, nuestro sendero. Vivir para los demás debería ser nuestro mayor tesoro labrado en la roca de la enseñanza más profunda. Sólo abrazando al otro, sólo atesorando riquezas en lo sutil podremos comprender la esencia que nos hace inmortales. Sólo arrodillándonos ante la evidencia de aquellos que ya lo hacen podremos imitar sus pasos. La flor, el río, el sol, el árbol.

Abrazar la unidad y empezar a practicar los caminos del amor en acción es sin duda el mayor milagro que la naturaleza ha puesto ante nosotros. Ser conscientes de ello y ponerlo en práctica es la mayor revolución que jamás la raza humana haya podido hacer. Comprenderlo y practicarlo debería ser nuestra mayor revelación espiritual, y por lo tanto, la mayor grandeza de nuestras vidas.

(Foto: realizada por Hadar Bashari. Las bellas Zion y Natalie compartiendo un momento único en la cocina de O Couso).

El juicio al extraño

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“Lo que más nos ayuda a ser verdaderos contemplativos es el relacionarnos con otras personas y aprender a perdernos en la comprensión de sus debilidades y deficiencias, siendo este el mejor medio para librarnos de nuestro egoísmo, que es el único obstáculo para la luz y la acción del Espíritu. A través de la paciencia y la humildad en el amor a otras personas, comprendiendo con benevolencia sus necesidades y exigencias menos razonables, es como se realiza la obra de purificación en nosotros. Las personas perfectas cada vez son menos conscientes de sí mismas y dejan de percatarse de que hacen cosas; poco a poco Dios empieza a hacer en ellas y por ellas”. (Thomas Merton en su obra “Semillas de Contemplación”)

Esta es una prueba diaria aquí en el Couso. El tener las puertas abiertas, y nunca mejor dicho, nos pone a prueba con personas de todo tipo y clase. Nos gustaría ser completamente amorosos, pero es cierto que a veces ese amor incondicional resulta complejo. Siempre hay alguien que por uno u otro motivo nos puede poner a prueba. De ahí que este lugar sea una universidad constante y plena, de aprendizaje, de templanza, un espacio donde moldear en nosotros un carácter diferente, más humano y compasivo. Hoy lo hablábamos en la cocina. Poníamos el ejemplo de unos visitantes que llegaron hace unos días y juzgaron con su mirada una situación concreta. Nos damos cuenta de que el juicio está ahí, esperando su momento, esperando su oportunidad para diferenciar, para dividir, para hacernos sentir más poderosos, más grandes, diferentes ante el débil. No nos damos cuenta pero el juicio y la crítica nos asaltan a cada momento cuando esperamos del otro comportamientos que luego no se ajustan a nuestros deseos, sin saber exactamente la batalla que cada uno está librando en su interior. Siempre esa paja en el ojo ajeno. Siempre ese reflejo en el otro de nuestros puntos más débiles y oscuros.

Cada mañana deseamos que todo el mundo sea puntual en las meditaciones, en los desayunos, en los círculos de consciencia. Y luego esperamos además que todo el mundo sea trabajador, tenga consciencia de lo que hace y sepa aportar cosas al proyecto de forma solidaria y cooperativa. De vez en cuando eso no es así, y cuando algo no se adapta a lo que creemos que debería ser correcto, nace el juicio y la desconfianza. Quizás sólo sea una persona la que distorsiona el buen ritmo de lo que el grupo en general cree como correcto, pero esa sola persona es capaz de distorsionar a todo el mundo. Y no es la persona en sí, sino la mirada crítica, egoísta y enjuiciosa que tenemos hacia el otro, lo que hace que el grupo se desestabilice.

Esto ocurre a todos los niveles. Da espanto ver como estos días unos desarmados rompían la paz social asesinando a pobres inocentes en Barcelona y de cómo de repente se encendía el juicio a todo un colectivo. En su tiempo ocurrió lo mismo en la Alemania nazi, donde todos los judíos fueron arrastrados al holocausto. Hoy esos judíos son los musulmanes, condenados todos a un juicio sumarísimo donde el racismo y la xenofobia empieza a brotar a sus aires. Y ocurre no sólo en España estos días, sino que, como una plaga infecciosa, ese sentir se extiende por todas partes. Una nueva caja de Pandora se está abriendo.
Quizás algún día aprendamos a relacionarnos con las personas sin ese juicio, sin ese estigma asociado al otro. Ojalá algún día entendamos que todos somos uno y que en esa unidad nos movemos, vivimos y tenemos nuestro ser. Estamos convencidos de que algún día aprenderemos a perdernos en la comprensión de las debilidades y deficiencias del otro, siendo este el mejor medio para librarnos de nuestro egoísmo. Estamos convencidos de que la humanidad, algún día, encontrará su camino de unión, de paz y amor.
(Foto: Uno de los fundadores del proyecto en la sabana africana).

¿Por qué hay un laberinto en O Couso?

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El gran canto a la vida libre, retirada y salvaje también tiene su punto de magia y misterio, su grado de símbolo y arquetipo. En O Couso nos gusta jugar con el conocimiento que los antiguos nos legaron, y de vez en cuando es fácil encontrarse con elementos simbólicos que pretenden desvelar al que los contempla algún tipo de mensaje. Uno de ellos, tras pasar por un pequeño atrio precedido de un portal que nos lleva al bosque encantado, es un pequeño laberinto escrito y construido con las piedras que los visitantes nos traen de todas partes del mundo.
Entre el laberinto de Chartres y el laberinto de la catedral de Amiens hay un camino estrecho con parada inevitable en Notre Dame de París. Hace unos años atravesamos toda Francia para fotografiar los misterios de sus muchas catedrales. Cuando aquella mañana de marzo amanecíamos en Chartres y penetrábamos en su catedral sentíamos cierta nostalgia extraña. Había en cada piedra una historia, una vida, un misterio. Los alquimistas que levantaron los símbolos de ese lugar sabían que para llegar al misterio del Universo primero hay que pasar por el laberinto humano. Hay que atravesar con suma paciencia y pericia cada una de sus trampas y pruebas. Por eso el laberinto se encuentra al poco de entrar en la catedral, y también, antes de penetrar en nuestro pequeño bosque de O Couso. Los sabios saben que la única forma de salir de ese laberinto pasa inevitablemente por la toma de consciencia del hilo de Ariadna que nuestra alma teje para sacarnos de nuestro propio lío. En Chartres percibes cierta verdad respaldada por la fuerza del símbolo. Y nace la responsabilidad interior de compartir esos trazos de luz que han sido tejidos con toda la prudencia posible. Todo es contagioso, incluido el conocimiento oculto que se esconde en cada ocaso, en cada amanecer, en cada gesto, en cada instante. Aquí jugamos con la triada, con las esferas, con el círculo, con los números, con la música, con el Arte. Y lo hacemos de forma silenciosa, para que aquellos que tengan ojos y sepan descifrar el lenguaje misterioso de los “pájaros” puedan adivinar el juego del Aula de la Sabiduría.
Después de Chartres esperaba la ciudad eterna, la bella Paris, ese lugar plagado de palacios desplegados por todas sus calles. Nuestra Señora, Notre-Dame de Paris, nos recuerda que en toda Francia, y quizás en toda la cristiandad, la adoración a la Virgen está presente en todo su culto. La Virgen siempre es representada por una luna en cuarto creciente. Las fuerzas lunares que muestran la astralidad, la maya que nos protege de la luz del hijo. Notre Dame de Paris es como el vientre que protege con suma delicadeza ese símbolo. La madre María siempre presente como la madre Tierra, como esa Gaia que todo lo impregna y que nos protege. Tras el laberinto, ahí está el bosque representando todo ese mundo de magia, de duendes, de naturaleza en estado puro. La madre que nos espera para acogernos en su vientre.
Al entrar a la catedral te encuentras con un potente mensaje: “via viatores quaerit”, “Yo Soy el Camino que busca Viajeros”. Ese mensaje impacta porque a cual peregrinos nos hemos visto de frente con el mismo, con la inevitable llamada, con esa urgencia de seguir adelante. Vitruvio escribe en su De Architectura, que la arquitectura descansa en tres principios fundamentales: la Belleza (Venustas), la Firmeza (Firmitas) y la Utilidad (Utilitas). Pero cuando entras a una catedral te das cuenta de que hay algo más: el conocimiento. Cada piedra parece tener vida. Cada poema épico es descrito en esas estatuas, en esos mensajes que nacen de sus paredes. Toda catedral es un libro abierto para quien tiene ojos para ver. Lo pudimos ver también en la inmensa catedral de Amiens, una réplica casi exacta de Notre Dame de Paris. Todo arte gótico encierra un argot hermético, un lenguaje que permite descifrar las columnas de la enseñanza que conduce al Jardín de las Hespérides. Los argonautas viajan hacia ese conocimiento para compartirlo, porque no hay mayor bien, no hay mayor inteligencia y mayor entrega que la de vivir para dar. Quizás por eso disfrutamos construyendo y reconstruyendo los lugares de esta tierra que poco a poco se está sacralizando. Cada vez que nos toca terminar de pulir una pared algo hermoso nace en nosotros.
Y ese y no otro es nuestro propósito aquí. Y lo hacemos como un juego divertido donde podemos reír y cantar mientras penetramos en el misterio. Por eso hay un laberinto, para recordarnos la dificultad humana y el devenir que nos espera cuando consigamos salir del mismo. Por eso los símbolos nos ayudan a reflexionar sobre nuestra condición para hacerla cada día mejor.

Transformar la rabia en amor

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No podemos evitar, a pesar de nuestro aparente estado de aislamiento en los bosques, conectar todos los días con el mundo para ver las noticias. Lo hacemos con frecuencia, ojeando varios diarios, comparando visiones, perspectivas, para así hacernos una idea global de cómo va el rumbo de nuestra querida humanidad, de sus intenciones y propósitos, de sus estados de guerra y de paz. Hoy nos visitaban dos alemanes y les preguntábamos de broma como iban las cosas por ahí en la Tierra. Estos días hemos estado en vilo por varios asuntos, especialmente por la escalada de tensión con Corea del Norte. Y estos días de nuevo la paz de este lugar es perturbada por la noticia de un atentado terrorista en nuestras querida Barcelona. Todo resulta atroz y paradójico. Atroz por todo lo que representa la muerte de esa docena de personas que andaban tranquilos en una tarde de verano, y paradójico que ocurra en un momento donde la turismofobia parece que hace su propio agosto.

Ayer, una persona que desea quedarse por tiempo indefinido aquí con nosotros decía que por un lado le encantaría y que por otro hay algo de él que le empuja a hacer algo más. Esa terrible sensación de culpabilidad y de intentar arreglar el mundo que a tantos nos ha invadido alguna vez. Y todo para luego descubrir, de forma humilde y arrodillada, de que es poco lo que podemos hacer, excepto cumplir con nuestro deber moral de ser buenas personas en nuestro entorno más inmediato, entre los nuestros, nuestra familia, amigos, vecindario, para hacer de este mundo bueno, un mundo mejor.

Nos preguntábamos hoy de dónde nace esa rabia que ha invadido a unos jóvenes enloquecidos con deseo de sangre y muerte. Nos preguntábamos qué clase de moral les perseguía, si es que eran capaces de saber esa primaria distinción ética entre el bien y el mal. Nos preguntábamos mientras construíamos cabañas para el nuevo mundo, qué ceguera habrá podido con ellos para llegar incluso a la extinción de sus propias vidas. Es algo que no podemos comprender, por más vueltas que le demos a todo. Esta mañana, algo abatidos por el atentado, intentábamos descubrir el origen de ese mal, de esa ignorancia, y nos dábamos cuenta por algunos comentarios de que la rabia se contagia, de que es algo que llevamos dentro, latente, esperando cualquier excusa para saltar por los aires. Y esas excusas están ahí todos los días, en las pequeñas cosas, en actos estúpidos que pueden desencadenar en una tragedia.

En el círculo de consciencia de hoy nos preguntábamos como podíamos transformar esa rabia en amor, ese dolor y ceguera en algo que pudiera servir para cambiar el mundo. Y la conclusión era clara, no dejándonos arrastrar ni contaminar por el odio, por la ira, por la cólera, por la violencia. Lo mejor que podemos hacer es contagiar amor en el otro, independientemente de quién sea el otro. Sólo podemos hacer eso.

Paz y descanso a los que se han ido. Paz y amor a los que quedamos.