Encuentro de almas pioneras

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La semana que viene vamos a realizar un pequeño encuentro de aquellas personas que iniciaron el proyecto con alegría e ilusión cuando todo parecía casi imposible. Visto desde la distancia, parece casi un milagro todo lo que en O Couso ha ocurrido, tanto a nivel material como a nivel humano. Una gran familia se ha extendido por todo el territorio y hemos descubierto que realmente existe una auténtica comunidad, que aunque no viva estrechamente unida en el propio proyecto, si vive estrechamente unida en un lazo místico, de hermandad y fraternidad que se extiende más allá del tiempo.

Un grupo de amigos que llegaron como almas pioneras para poner las primeras piedras del proyecto ha decidido reunirse para recordar viejos tiempos, para ver in situ las mejoras y para hablar sobre el futuro, especialmente ante la gran noticia de que hemos conseguido que una buena amiga desee colaborar con la financiación completa de la futura escuela de dones y talentos. Estamos felices por esta gran noticia y este encuentro servirá para celebrar que la fase de construcción material está ya finalizando (2014-2021) y que en los próximos años empezaremos a construir la escuela, el jardín y la huerta, dando paso a la segunda fase del proyecto, la que irá desde el 2021 al 2028. La tercera fase, la fase Simorg (2028-2035), la fase de la comunidad, ya se está gestando en nuestros corazones.

Estáis todos invitados a venir y a participar de este bonito encuentro, esperando que sirva como base y excusa para futuros proyectos juntos. Gracias de corazón a todos los que estáis haciendo posible esta hermosa utopía. Gracias por la constancia, por la ilusión, por la entrega incluso en los peores momentos. Gracias, gracias, gracias.

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La vida en el campo. De la organización a la autarquía

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“Las aves hacen grandes círculos en el cielo de su libertad. ¿Cómo lo aprenden? Ellas caen, y cayendo, se les dan alas ‘. Rumi, poeta y filósofo

El sueño de todos los filósofos de la antigüedad, especialmente los de las escuelas griegas como los cínicos, los estoicos, los epicúreos o los pitagóricos era la de obtener algún tipo de autosostenibilidad o independencia, que junto a la autonomía o libertad y la ataraxia o imperturbabilidad configuran el ideal de la persona completa y madura. Llamaban autarquía a la forma en la que el sabio se relaciona con su medio y con su propia supervivencia. Practicando la autarquía y el ejercicio de la virtud el sabio era capaz de ser feliz.

Hacer las cosas por nosotros mismos es un nuevo sueño que nuestros antepasados resolvían magistralmente en la vida en el campo. Antes de que todo se complicara gracias a las mejoras técnicas y a la especialización del trabajo, nuestros abuelos o quizás nuestros bisabuelos, eran capaces de llevar una vida simple y sostenible. Podemos hacer las cosas por nosotros mismos o pagar a otros para que las hagan. Esa es la mayor diferencia entre nosotros y nuestros antepasados. Podemos decir que si somos nosotros los que hacemos las cosas estamos dentro de un modelo autárquico, mientras que, si pagamos a terceros, estamos dentro de una organización o sistema.

En O Couso, al igual que los antiguos sabios griegos, aspiramos a las tres características mencionadas al principio. De momento hemos conseguido cierta autonomía, lo que equivale a cierta libertad. Autonomía en cuanto al valor de la tierra y su posesión. Al no existir la propiedad privada entre nosotros, hemos conseguido al mismo tiempo no depender de hipotecas o alquileres. Tampoco dependemos de compañías de luz o de agua, ya que la electricidad la obtenemos directamente del sol y el agua de la tierra.

Gracias a nuestro particular estilo de vida y especialmente a muchas caídas que nos han hecho aprender, también hemos obtenido cierta ataraxia. Tranquilidad, serenidad e imperturbabilidad en relación con el alma, la razón y los sentimientos que nos albergan y nos llevan, como proyecto, a cierta paz y sosiego, a cierta felicidad interior que nos ayuda, desde la fortaleza de la experiencia y el compartir, a explorar nuevos caminos y posibilidades.

El siguiente reto es la autarquía. Sabemos que no existe la autosostenibilidad pura, que siempre vamos a depender de terceros, pero a partir del séptimo año, nuestro objetivo será centrar todas nuestras fuerzas en perseguir el ideal de autarquía. Hemos aprendido casi todos los oficios que hacen falta para sobrevivir en el campo. Sabemos algo de agricultura, sabemos algo de fontanería, de electricidad, de albañilería, de carpintería, de acogida y relaciones humanas, de rituales, de visiones, de sueños… Hemos aprendido a hacer casi de todo en tan solo cinco años de entrenamiento. Hemos construido nuestras propias pequeñas viviendas, estamos desarrollando modelos de hogar autosuficientes que liberen al individuo de las cargas que la organización social impone. Al no estar sometidos al yugo de esas cargas, nuestro tiempo lo dedicamos a la acogida, a mantener una despierta exigencia en cuanto a disponer de un alto grado de integridad personal y buscar en la experiencia el mejorarnos todos los días.

El entorno es paradisíaco y no podemos pedir mucho más, excepto fuerzas y apoyos para seguir ayudando a todos los que vienen, para seguir haciendo pedagogía de que otro mundo es posible, para poder seguir inspirando a unos y a otros y hacer de este lugar una auténtica escuela de aprendizaje humano y espiritual. Estamos creando un diseño revolucionario de la convivencia grupal para poder exportarlo a otros proyectos. La interiorización grupal e individual, el estudio, el servicio, el apoyo mutuo y cooperación, la simplicidad voluntaria, el decrecimiento, la economía del don, la no propiedad privada y sí la privacidad, la emancipación, la autarquía como autosuficiencia, la ataraxia como búsqueda de tranquilidad, serenidad e imperturbabilidad, la autonomía y libertad, la felicidad, la cooperación con la naturaleza, la ecología, la sostenibilidad y el ahimsa como concepto de paz integral donde insistimos en la necesidad de no agresión a los seres sintientes, a nosotros mismos o al entorno, son solo algunos de los valores que intentamos compartir. En definitiva, como dicen en la comunidad de Findhorn, si no es divertido, no es sostenible, y todo lo que sea viajar hacia ese delicado equilibrio, debe hacernos felices y divertidos.

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No somos un lugar de vacaciones, venimos a despertar

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El verano es un tiempo complejo, de atender a muchas personas y de facilitar todo lo que podemos los procesos individuales y grupales. Nos juntamos grupos numerosos donde puede ocurrir por error o confusión que se creen tendencias opuestas a la visión del propio proyecto. A veces tenemos que intervenir con algunas dinámicas para intentar hacer comprender que O Couso no es un lugar de vacaciones low cost, ni un lugar donde hacer turismo a bajo precio o quedar con los amigos para estar unos días de fiesta colectiva. El proyecto está basado en valores y principios profundos que intentamos gobiernen nuestras vidas, al mismo tiempo que, con gran esfuerzo, intentamos que sirvan de referencia e inspiración a todos los que nos visitan. No somos un lugar de vacaciones espirituales donde pagar una gran cantidad de dinero por unos cursos o talleres, ni un campo de trabajo donde intercambiar comida y alojamiento a cambio de algunas actividades a la comunidad, ni tampoco somos un negocio donde unos pocos se lucran a costa del resto ni un lugar donde vivir gratis a cambio de unas horas de intercambio.

O Couso es un lugar sin ánimo de lucro atendido por voluntarios, un sitio de experiencia humana integral, donde sutilmente se tocan temas de gran importancia como la gestión de los recursos y la ecología, una alimentación no violenta basada en valores de paz y bienestar, de cuidado de nuestros cuerpos y del cuerpo sagrado de la naturaleza, una economía nacida desde la más absoluta generosidad y bajo los principios de la economía del don, una intención de espiritualizar nuestras vidas de forma grupal, entendiendo para ello la necesidad de estar en silencio interior, en alegría y en salud, todo ello sin dogmas, sin creencias, sin nada que pueda entorpecer nuestro contacto directo con la naturaleza y su misterio, con la libertad individual bajo el marco del despertar colectivo hacia una nueva visión de las cosas y un proyecto de emancipación de los antiguos valores que gobiernan nuestras vidas. Es un lugar de liberación y sanación gracias a los bosques, al contacto humano en los círculos de consciencia, a la naturaleza en su más puro estado. Pero sobre todo es una escuela de responsabilidad donde todos venimos a aprender a convivir desde una consciencia diferente, a respetar desde la tolerancia fraternal y a comprometernos realmente por un mundo mejor.

Y todo esto que ofrecemos, ¿a cambio de qué lo ofrecemos? Sólo a cambio de respeto, compromiso y responsabilidad. Respeto a los acuerdos, respeto a los principios básicos de convivencia, respeto al lugar y especial respeto a los que integran el proyecto. Tener una experiencia parecida en cualquier otra ecoaldea o comunidad puede tener un coste de unos dos mil euros mensuales. Nosotros no cobramos ningún tipo de contraprestación económica, pero sí pedimos un alto grado de compromiso y responsabilidad. Por eso nos gusta que los que participan en el proyecto vengan concienciados en participar en las propuestas que surgen del mismo. Nos encanta empezar el día en silencio para atraer paz a nuestros pensamientos, continuarlo compartiendo unas canciones para que la alegría nos embriague y seguir con un poco de yoga para estimular y despertar nuestros cuerpos tras los almabrazos a la salida de la ermita. Nos encanta la puntualidad, que todos seamos limpios y ordenados, participativos en las tareas, que todos tengamos cura de los recursos limitados y hagamos todo lo que esté en nuestras manos para cuidar de los mismos o para colaborar en su multiplicación. Las aportaciones económicas, siempre voluntarias y desde la consciencia de cada cual, sirven para que el proyecto se sostenga y otros puedan disfrutar del mismo y sus mejoras en un futuro. Somos felices cuando los que vienen nos ayudan a aligerar la carga que representa sostener este trabajo de servicio, de estudio y meditación, de amor, sabiduría y voluntad al bien.

Somos servidores, no serviciales. Es decir, nos gusta sentirnos útiles, no sumisos a las tendencias de otros. Estamos aquí para ayudar en los procesos personales y grupales, pero necesitamos respeto, compromiso y ayuda mutua. Los círculos de consciencia son una herramienta eficaz y útil que nos ayudan a sanar personal y colectivamente. Los círculos de sabiduría nos enriquecen, nos hace más sabios y nos sirven como referencia y guía en nuestras dudas. El respeto a los recursos, los horarios y las actividades hace que toda la experiencia ejerza una poderosa influencia en nuestro interior y nos de un soporte anímico para explorar, más allá del proyecto, nuestras vidas desde una perspectiva diferente, valiente y revolucionaria. Por ello, os agradecemos de todo corazón que vuestro tiempo sea útil y provechoso, para que el nuestro también lo sea y podamos todos aprender juntos, libres, en equilibrio, armonía, amor, igualdad, tolerancia y fraternidad.

En amoroso servicio… el Grupo de Voluntarios.

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Salto de fe, de la ciudad a la comunidad

 

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Siempre hay un momento de angustia entre lo viejo y lo nuevo. Digamos que uno cierra los ojos, se lanza al vacío y siente como si de repente entrara en un estado donde no hay ni tiempo ni espacio, donde todo es calma entremezclada con un sentimiento de incertidumbre. Algo ocurre en ese estado liminal donde naces a una nueva vida, al menos, hacia una nueva percepción interior, una nueva consciencia, una nueva aventura vital. Eso debió pensar el voluntario que, tras catorce meses de vida comunitaria, ha decidido subir el grado de compromiso y responsabilidad con la vida utópica. Uno puede pensar que todos los compromisos tienden a atarnos a alguna cosa. Esas ataduras casi siempre son invisibles, pero están ahí. Elegir entre una cosa u otra siempre nos ata a una experiencia u otra.

Vivir en comunidad es dar un salto de fe. Digamos que renuncias a algunos aspectos importantes del individuo en sociedad. Para empezar, renuncias a vivir hacinado en un pequeño apartamento o habitación en esa colmena ruidosa y contaminada que llamamos ciudad para así poder abrazar la vida salvaje en plena naturaleza. Por más que nos cueste admitirlo, también renunciamos a la esclavitud, a cierta esclavitud, de vivir apresados a un trabajo, a un salario, a un horario, a unos jefes, a unas empresas con sus doctrinas, con sus exigencias, con sus normas, a cambio de vivir en un tiempo kairos, donde las cosas se miden por las experiencias, y no por los ritmos impuestos de la ciudad. A cambio, es cierto, en la ciudad recibimos algo de dinero que debemos repartir entre el Estado, el cual con ello garantiza algunos de nuestros derechos esenciales (educación y sanidad, por ejemplo) y nuestros gastos más elementales para sustentar nuestro cobijo, vestir, alimentación y placer. El placer es mínimo, pero está plagado de estímulos, tangibles e intangibles, y sobre todo de cosas, muchas cosas.

Una de nuestras mayores renuncias cuando elegimos vivir en comunidad es renunciar a cierto individualismo, a cierto egoísmo endémico que crece en nuestras vidas sociales. La comunidad exige un alto grado de compromiso con la vida en común, estrecha. Esto es una experiencia única que sólo los más fuertes o hábiles pueden soportar. La vida en comunidad es muy exigente y no todo el mundo está dispuesto a renunciar a las cosas buenas del mundo de la sociedad, por mucho que sea el grado de vasallaje que la misma nos exija. Cuando das el salto de fe hacia una vida diferente tienes que tener muy presente y hacer muy consciente qué es aquello a lo que renuncias y qué es aquello que ganas. La vida en comunidad, aparentemente, te ofrece más tiempo, más desapego hacia las cosas y una riqueza diaria de experiencias únicas e irrepetibles. Pero también un alto compromiso por el ideal, por la visión y el sentido que este tipo de vida requiere para ser soportada. ¿Merece la pena vivirla? Dependerá mucho de nuestros condicionantes, de nuestras aspiraciones interiores, de nuestra visión del mundo, de nuestro compromiso y responsabilidad a la hora de hacer de un mundo bueno, un mundo mejor.

Los experimentos utópicos que pretenden guiarnos hacia una visión más respetuosa para el planeta, hacia un mundo más virtuoso y agradable, tiene sus propios riesgos. Por eso hay que dar un salto de fe hacia este experimento vivo donde todos los días aprendemos algo nuevo que nos hace mejores. Por eso hay que creer, en cierta manera, en la necesidad urgente de actuar. Sólo desde la acción individual y comprometida lograremos que el mundo reviva hacia su propia salvación. Y esto no es un pensamiento mesiánico. Es una evidencia cada día más tangible. De ahí la urgencia de actuar. De ahí la necesidad de lanzarnos al vacío a golpe de fe y esperanza. Fe en seguir construyendo un mundo bueno y mejor todos los días y esperanza para que el futuro sea hermoso, sabio y llevadero.

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Coherencia

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Ritualizando la vida cotidiana. Aquí consagrando con respeto a la naturaleza la construcción de una nueva cabaña para el voluntariado.

Desde hace cinco años hemos sido flexibles en muchos aspectos. Comprobamos que esa flexibilidad a veces es difícil gestionar, especialmente cuando nuestra intención nunca ha sido entrar en rigideces de ningún tipo. Ahora estamos en una nueva etapa donde lo importante está en la posibilidad de ir entrando poco a poco en la coherencia que el proyecto exige. Estamos haciendo cambios positivos a pesar de las resistencias que todo cambio supone. Realmente estos cambios nacen de la intención de volver a la esencia del proyecto, de retomar aquellas cosas buenas que hacíamos al principio y que con el tiempo se han descuidado. Queremos volver a la coherencia, pero, sobre todo, a la esencia de este hermoso lugar. Estamos volviendo a los hábitos saludables, a darle importancia a los rituales y ceremonias y especialmente a la intención y principios que nos gobiernan.

Para todos aquellos que conocisteis el proyecto desde sus inicios, comprenderéis fácilmente que estos movimientos que estamos realizando son positivos a largo plazo y protegen de alguna forma la esencia inicial, las fórmulas que elegimos para que O Couso sea un proyecto de vida alternativa diferente, con ideales asumibles que requieren fortaleza interna y todo ello bajo un programa a largo plazo para ir paso a paso consiguiendo mejorar cada aspecto de la vida cotidiana.

Lo primero que estamos haciendo es profundizar en la alimentación. Como ya sabéis, hasta ahora en O Couso nos hemos alimentado con comida vegetariana pero de batalla. A pesar de que la abundancia alimenticia siempre ha sido una de las premisas en estos años, el hecho de buscar siempre una alimentación lo más sana posible ha creado discordancia en muchos sentidos. Poco a poco hemos ido reduciendo a la mínima expresión la comida procesada, así como toda la bollería industrial, tan abundante en tiempos pasados. A partir de ahora, solo beberemos leches de origen vegetal y huevos de nuestras gallinas felices. Como no tenemos vacas felices que podamos tratar con amor, la leche pasa a ser cien por cien vegetal. Y los huevos serán de nuestras gallinas, dejando a un lado la explotación a la que estos animales se ven sometidos.

También vamos a eliminar de nuestra dieta el azúcar blanco, el café y los tés, sustituyéndolos por cereales solubles o infusiones. La idea que tenemos es ir poco a poco profundizando en la huerta y en la autosuficiencia alimentaria para disponer de frutas y verduras frescas totalmente ecológicas. El ideal de transición será pasar poco a poco de una dieta ovo-láctea-vegetariana a una dieta totalmente vegana en los próximos años. Para ello ya estamos profundizando en los principios de la permacultura, habilitando nuevos espacios para los futuros invernaderos. El bosque-terapia y el bosque comestible también será otra de nuestras próximas prioridades.

También estamos haciendo cambios en la forma de trabajar y centrar nuestra atención en lo que hacemos y en el cómo lo hacemos. Seguimos meditando veinte minutos por la mañana y por la tarde, pero ahora hemos recuperado algunas buenas costumbres como la de cantar tras la meditación y hacer algo de ejercicio y yoga tras los cantos. Esto ocupa la primera hora de la jornada, cosa que permite empezar el día con alegría y fuerza. Al mismo tiempo, los miércoles hacemos un parón en las actividades comunitarias y dedicamos toda la mañana a profundizar en temas que puedan inspirarnos en nuestros hermosos círculos de sabiduría. Todo esto en su conjunto ha provocado que hayamos pasado de trabajar en las actividades comunitarias de veinte horas semanales a unas doce o quince, alcanzando con ello el ideal de disponer de más tiempo libre para nuestro enriquecimiento personal y compartido.

Queremos aprovechar para dar la bienvenida a Victoria, una hermosa alma recién incorporada al equipo de voluntarios y que desea profundizar con nosotros en los principios y valores que nos mueven, ayudando así con ello a hacer de un mundo bueno, un mundo mejor. Su experiencia profesional en entornos internacionales y su largo currículum en gestión de proyectos y comunicación seguro que nos ayuda a mejorar día a día. Con ella ya somos siete los voluntarios comprometidos a tiempo completo en un proyecto que va creciendo hacia dentro bajo los principios de la austeridad voluntaria y el decrecimiento paulatino de nuestras necesidades y hábitos. Gracias querida Victoria por aterrizar en un lugar maravilloso y único en un momento especial.

 

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Cuando la utopía de un mundo mejor es posible

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¿Buscas fundamento y propósito para tu vida? ¿Anhelas sabiduría y compañeros para compartir tu viaje experimental? ¿Estás dispuesto a ser sacudido y cambiado desde tus propios fundamentos? Estas son preguntas difíciles de contestar y resulta difícil poder dar respuesta desde nuestra vida ordinaria. De ahí la necesidad, a veces, de investir nuestra experiencia vital dentro de contextos que sean capaces de hacernos contemplar desde otra visión la oportunidad que se nos presenta. Esos contextos, tanto en la ciudad como en el campo, cada vez son más generalizados. Son lugares de poder, de fuerza, que nos ayudan a despertar a una nueva consciencia y forma de ver la vida.

En O Couso estamos haciendo un gran esfuerzo para dotar a este lugar de fuerza suficiente para que pueda sacudir nuestras vidas interiores y con ello, crear la transformación radical que el mundo necesita con urgencia. Los problemas mundiales, especialmente los referentes a la ecología, las guerras y las migraciones debido a la extrema pobreza y la escasez, requieren cada vez mayores respuestas, pero sobre todo, la visión de un nuevo mundo posible, sostenible y de futuro para las próximas generaciones. ¿Cómo estamos llevando a cabo, desde nuestro proyecto, esa aportación necesaria para esa nueva visión?

En la parte material hemos conseguido varios hitos que deberán servir de inspiración para una humanidad futura. Estos hitos son los siguientes:

  1. Hemos conseguido ser autosuficientes energéticamente. Nuestra instalación de energías renovables nos ha dado suficiente energía durante los cinco años que llevamos experimentando con el sol y el viento. Aspiramos a la misma autosuficiencia con respecto a la movilidad mediante vehículos ecológicos.
  2. Tenemos, gracias a un profundo manantial, autosuficiencia de agua pura y cristalina todos los días del año.
  3. Hemos conseguido reducir la jornada de trabajo de ocho a tres o cuatro horas al día, transformando el trabajo en una actividad comunitaria, lúdica y compartida. Esto nos permite dedicar el resto del día a la práctica y persecución de nuestros dones y talentos personales.
  4. Hemos conseguido relacionarnos bajo la economía del don, sin mercantilizar el proyecto ni las actividades que aquí realizamos, bajo el lema “deja lo que puedas y coge lo que necesites”. Con ello estamos consiguiendo romper con uno de los mayores problemas de nuestra humanidad: la avaricia y el egoísmo.
  5. Hemos conseguido mantener un lugar alejado del maltrato animal gracias a nuestra dieta vegetariana y gracias a la ausencia de drogas, alcohol y tabaco. Con ello conseguimos tener cuerpos sanos y fuertes capaces de sintonizar con el entorno natural sin agredirlo ni dañarlo.
  6. Estamos consiguiendo tener una vivienda digna bajos los auspicios de la simplicidad voluntaria y la austeridad de las cosas donde se prima la privacidad del individuo en espacios suficientes, útiles, acogedores y pragmáticos.
  7. Hemos conseguido abolir la propiedad privada, alejando de nuestras vidas la necesidad de especular sobre la tierra y tener que trabajar duramente para sostenerla. Con ello hemos conseguido no hipotecar nuestras vidas para siempre y disponer con ello de mayor libertad. Esto nos permite elegir libremente si deseamos estar o no en este lugar, sin ataduras.
  8. Estamos trabajando para conseguir en un futuro la autosuficiencia alimentaria gracias al cultivo de una huerta ecológica no basada en la producción sino en la consciencia de los alimentos desde una metodología holística y un nuevo paradigma.
  9. Hemos conseguido que los miembros que habitan el proyecto no tengan que pagar ningún tipo de alquiler o cuota de permanencia. Gracias a ello, podemos hacer una mejor gestión de los recursos individuales bajo la tutela de nuestra consciencia y generosidad individual y colectiva.
  10. Hemos conseguido disponer de más tiempo libre, el cual podemos compartir de forma individual o grupal según nuestras necesidades. La vida tranquila, viviendo despacio, siguiendo la filosofía “slow”, es posible.
  11. Hemos conseguido vivir en un entorno natural, rodeados de ríos, bosques y montañas, con el propósito de respetar y proteger la belleza que nos rodea, potenciando su conservación y cuidado.
  12. Hemos conseguido tener nuestras puertas abiertas para compartir este lugar inspirador con todos aquellos que deseen experimentar este hermoso proyecto. Disponemos de una casa de acogida abierta y gratuita donde poder recibir y atender a todo el que nos visite sin esperar nada a cambio y sin que el dinero sea un obstáculo para ello.

Todo esto está siendo conseguido gracias a los valores del apoyo mutuo, la cooperación, la simplicidad voluntaria, la consciencia sobre el decrecimiento y la voluntad de crear un espacio armónico con la naturaleza desde los principios de una nueva ética y una nueva consciencia. Nos sentimos orgullosos de saber que todo este nuevo paradigma podrá servir de referente a las futuras generaciones que deseen experimentar un nuevo sentido de vida grupal, libre y fraterna. Gracias de todo corazón a aquellos que lo hacen posible.

 

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Reconstruyendo las relaciones humanas

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De nuevo una semana de experiencia cargada de emoción, de alegría, de compartir, de fraternidad, de belleza, de color, de primavera. Llegó gente nueva pero también amigos que nos apoyan desde siempre. De lugares tan lejanos como Chile o Francia y desde toda la piel de toro de nuestro país. Más de veinte personas compartiendo a pesar del frío y de la lluvia. A pesar de las dificultades, a pesar de los retos diarios, hemos sido capaces de bucear en los principios del proyecto, en restablecer correctas relaciones humanas, en elevar la mirada y el pensamiento para reflexionar sobre la vida profunda.

Empezamos la semana de experiencia con un círculo de sabiduría hablando sobre el egoísmo y la tolerancia. Un grupo de jóvenes amigos llegados de Madrid sentían curiosidad por saber cómo era posible que este lugar estuviera siempre abierto a todo tipo de personas, todas diferentes, todas de origen distinto, todas tan complejas en sus grados y condiciones. Lo cierto es que la tolerancia, junto a la libertad individual, la fraternidad y sororidad, y la siempre trabajosa igualdad hacen que en este lugar se conjugue la magia y el milagro de lo humano, de lo más profundamente humano. Con sus cosas buenas, con sus proyectos errantes, con sus visiones y esperanzas. La raza humana unida por una visión de cooperación, de solidaridad. Cueste lo que cueste.

Antes de que llegara al frío y la lluvia tuvimos tiempo de hacer bonitas excursiones por el privilegiado entorno que nos rodea. La sierra del Courel donde estamos insertados es una impresionante atalaya desde la cual divisar el mundo natural en toda su maravillosa majestuosidad. Aquí, en las montañas, junto a bosques y ríos completamente teñidos de verde, la naturaleza se expresa de forma radiante y extensa. Somos afortunados por poder disfrutarla, protegerla y cuidarla.

Estrenamos, gracias al esfuerzo de cientos de voluntarios que con sus aportaciones contribuyen al proyecto, el hasta ahora llamado “patio”. Improvisamos una comida bajo el nuevo tejado y la verdad es que la sensación no pudo ser mejor. Nos dimos cuenta de todo lo que hemos avanzado gracias a la solidaridad y entrega de muchos, y también, al mismo tiempo, nos dábamos cuenta de todo lo que nos quedaba por hacer. Pero irradiamos optimismo, fortuna, gratitud.

Por la noche hubo música, por el día calor, cuidado, alegría. Nos cuesta mucho olvidar todo lo que se teje en cada relación humana, en cada abrazo, en cada gesto. De eso trata este experimento. No es reconstruir una casa, es reconstruir las relaciones humanas, las correctas relaciones humanas. No es tener prisa, nunca más, con prisa. Es simplemente gozar de la ternura de una mirada, de esa sopa caliente que llega a tiempo, de esa luz que de repente ilumina una nueva estancia, de ese aprendizaje continuo entre todos. Es la felicidad, aquí y ahora, cuando los corazones se unen aunque tan sólo sea por un instante. Es la risa, la esperanza, la fe. También es el clamor y el deseo por sentirnos amados. Y esa siempre postura firme ante los avatares, ante los retos, ante la incomprensión.

No podemos estar más agradecidos por este sempiterno regalo que es el calor humano. Nos arrodillamos humildemente ante la grandeza humana, ante el esfuerzo por retomar el pulso a los tiempos que corren. Nuestro mayor agradecimiento a la naturaleza que nos acoge, a la huerta que nos alimenta, al bosque que nos protege, a cada piedra que sostiene este trabajo de servicio y amor. Seguiremos reconstruyendo afanosamente los valores y principios que nunca debieron abandonarnos. Seguiremos recordando una y otra vez la urgencia de actuar en fraterna amistad.

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Experiencia de Semana Santa en O Couso

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Como todos los años, la Semana Santa es una excusa perfecta para empezar nuestra andadura anual de compartir y emprender aventuras juntos. Este año se presenta hermoso y diferente. Acabamos de cumplir cinco años y la parte material del proyecto, en su primera fase de reconstrucción de la casa de acogida, está muy avanzada. Pensamos que en dos años más esta primera fase estará totalmente terminada y podremos dedicar más tiempo a la futura Escuela de Dones y Talentos y al Jardín, proyectos que pretenden potenciar la natural belleza del lugar en un ambiente de especial delicadeza armónica. Queremos inspirar y la belleza, el orden y el cuidado de unos y otros es muy inspirador.

Como siempre, las mañanas las dedicaremos al cultivo del compartir grupal mediante el trabajo colectivo y consciente. Se organizarán grupos de trabajo donde tomar consciencia en lo que se hace desde una visión colectiva, la cual será la prioridad de la experiencia. Las tardes serán para compartir nuestros dones y talentos, para realizar excursiones por entornos privilegiados y para ritualizar todo aquello que la vida ordinaria nos ofrece para potenciar la vida extraordinaria de la actividad grupal.

Como siempre, O Couso permitirá compartir la inspiración grupal, añadir a nuestros dones conocimientos, experiencias y vivencias únicas e irrepetibles. Cada grupo forma un egregor diferente, un conocimiento y aprendizaje distinto. Cada semana de experiencia es única e irrepetible porque la suma de personas que la componen crean un espíritu heterogéneo y holístico que da vida y color al momento.

Este año disponemos de un nuevo espacio: el patio. Gracias al esfuerzo grupal del año pasado, hemos conseguido poner un gran tejado en todo aquello que antes llamábamos patio y que ahora se ha integrado completamente en la casa. Tenemos toda la semana para decorarlo, ponerlo bonito y prepararlo para futuras actuaciones. Haremos yoga, podremos hacer pequeños e improvisados conciertos de música y seguro que surgirán actividades según vayamos compartiendo nuestros dones y talentos. La meditación, el silencio y la introspección en todo lo que hagamos nos guiará por dentro, creando un ciclo de energías que nos ayudarán a volver a nuestros lugares renovados y con fuerza.

Si quieres vivir un tiempo único en comunidad, con una dieta diferente, un compartir diferente y unos ideales cargados de valores no dudes en venir un año más. ¿Qué nos deparará esta experiencia?

Si tienes ganas de acompañarnos este año, por favor, envíanos un mail a info@dharana.org

Si no puedes venir pero quieres seguir apoyando nuestro trabajo inspirador puedes hacerlo aquí:

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Quinto aniversario. Persistimos…

 

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Primer grupo de voluntarios hace cinco años…

“El mundo se ha vuelto demasiado peligroso para cualquier cosa que no sea una utopía”.  John R. Piatt

In Memorian Antonio el “Alquimista”, guía y mentor…

El día doce de marzo hará cinco años que unos jóvenes ingenuos y decididos emprendieron la aventura de intentar recrear en la tierra un trozo de cielo. Desde ese primer día en el que pudimos desembarcar en las tierras de O Couso, apenas cuatro hectáreas de terreno en un paraje inhóspito rodeado de bosques y montañas, muchos amigos se unieron con ilusión a un proyecto que pretendía, de forma modesta, crear un nuevo paradigma utópico, alternativo y de convivencia armónica. Desde esos primeros días en los que teníamos que dormir en modestas caravanas cedidas por amigos hasta el día de hoy han pasado muchas cosas.

Los primeros años fueron muy duros. Nos enfrentamos casi sin recursos ni medios a un entorno hostil, desconocido. Teníamos ante nosotros una ruina que pretendíamos reconstruir piedra a piedra con nuestras manos. La idea era repetir la hazaña del humilde Francisco de Asís: reconstruir el espíritu de los tiempos con el ejemplo de la humildad, el trabajo grupal y el cariño compartido. Por eso empezamos la reconstrucción en la pequeña ermita, aún cuando no teníamos ni luz ni agua ni conocimientos sobre nada. El poder tener al menos un lugar de retiro, de recogimiento, de interiorización donde imaginar el resto de la gran obra nos seducía y nos atrajo. Allí hicimos nuestras primeras meditaciones, nuestros primeros acuerdos y desde allí buscamos la magia que debería ayudarnos a seguir adelante. Aún guardamos vivos los recuerdos del frío helado en los inviernos que nos acecharían con crudeza extrema. Aún recordamos el momento en el que pasamos nuestras primeras Navidades rodeados de amigos que se congelaban al ritmo de la celebración improvisada en la gran ruina.

Pero poco a poco, a pesar de las calamidades y los esfuerzos, a pesar de las crisis personales y grupales, persistimos. Nuestra guía era la fe y la esperanza que empujaban nuestros corazones a seguir adelante. Así hasta que conseguimos nuestra primera habitación, nuestra primera ventana, nuestro primer tejado, nuestra primera puerta, nuestro primer reguero de agua, nuestra primera estufa, nuestras primeras sillas y mesas y luego sillones, nuestra primera chimenea y el primer grifo y la primera ducha y el primer lavabo y la luz… por fin la luz…

Cinco años es casi toda una vida en un esfuerzo titánico como es el trabajo en comunidad. Podemos decir que la persistencia concienzuda del trabajo colectivo ha provocado que el proyecto perviva, siga vivo y siga palpitando en nuestros corazones. Podemos decir que O Couso ha sobrevivido a todo tipo de avatares y sus gentes, presentes o no en el lugar, han logrado desde el lazo místico llevar el calor de los corazones hasta lo más alto. Se ha creado una llama inmortal, un punto de luz en un planeta que merece ser cuidado desde la atención y la vigilia, desde nuevos paradigmas que profundicen en la cocreación con la naturaleza, en el apoyo mutuo, en la cooperación entre iguales, entre personas libres y fraternas. Este mundo bueno merece potenciar la belleza entre lo posible y lo imposible como lazos que unen puentes indestructibles. Este mundo bueno merece ser mejor cada día con el esfuerzo continuado de todos… Por eso persistimos…

Mañana cumplimos cinco años y lo celebraremos con una humilde comida, congregados ante el fuego y la llama de nuestros corazones. Estás invitado a unirte, en lo tangible o desde lo intangible, a esta nueva fiesta. Celebraremos la unión, la persistencia, el coraje, la valentía, la posibilidad de equivocarnos, de levantarnos una y otra vez, nuestras contradicciones y paradojas, nuestros errores y aciertos… Persistimos un año más ante el reto de experimentar la vida de forma intensa y única, agradecidos de corazón a todos los que habéis hecho posible este sueño que ya es vuestro, y de todos. Gracias sinceras almas bellas por seguir uniendo vuestros latidos al conspirar universal del amor. Gracias por hacer posible que la vida se manifieste en el plano humano de forma amable y sencilla.

Queremos mostrar un especial mensaje de agradecimiento a Antonio el Alquimista, el cual nos ha dejado recientemente. Sin su guía e intuición seguramente el proyecto nunca hubiera existido. Nos puso, desde su portal en el Camino, tras la pista de lo que ahora existe. Gracias por todo tu amor y cariño y gracias por iluminarnos ahora desde el otro lado. 

 

Gracias de corazón

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La casa de Acogida estos días de invierno con el tejado nuevo cofinanciado por todos…

Ayer terminó la campaña de cofinanciamiento del proyecto, y queríamos, además de dar las gracias a los más de setenta personas que nos habéis apoyado, recordar porqué estamos aquí y qué estamos haciendo. Como las palabras de agradecimiento siempre quedarán cortas, vamos a recordar qué somos y cuál es nuestra esencia y propósito…

Como muchos ya sabéis, el experimento que estamos llevando a cabo en O Couso quizás quiera ser una fórmula de futuro. Nuestro empeño en llamar a este incipiente experimento “comunidad integral” tiene que ver con algo que hemos observado en los últimos años. No queremos decantarnos hacia ningún tipo de ideología o creencia, sino más bien, queremos integrar todos los aspectos del ser humano de forma inclusiva, desde cualquier tipo de ideología, creencia o visión sobre la vida y el mundo. Es decir, no nos consideramos una comunidad espiritual, pero apostamos por integrar este aspecto de la vida humana en nuestra vida diaria mediante pequeños rituales y un trabajo interior personal y compartido. No somos una ecoaldea al uso, pero deseamos tener actitudes enfocadas en el respeto a la naturaleza y el medio donde nos encontramos, incluyendo los aspectos etnográficos del mismo. No tenemos ninguna ideología o creencia, pero sí creemos en la necesidad de prestar auxilio, esperanza y acción en un mundo que requiere de cierta urgencia. No somos una comunidad pasiva y encerrada en nosotros mismos, por eso también hablamos de comunidad abierta, dando protagonismo al visitante sin querer vampirizarlo o asaltarlo ofreciendo a cualquier precio soluciones a sus problemas. Simplemente nos limitamos a abrir nuestras puertas intentando hacer de la acogida uno de nuestros principales propósitos.

En cierta forma, queremos integrar a todo y a todos, de ahí que, más allá de una intención concreta, que es lo que el modelo actual ofrece, aspiramos a abrirnos al mundo integrando todas sus partes, todos sus matices, todas sus particularidades.

Estamos convencidos de que este modelo, de que esta nueva apuesta de comunidad integral, tiene sus propios riesgos, especialmente ante la filosofía de no cobrar por nuestras actividades o por nuestra acogida. Ante nosotros se abre el reto de que nuestro propio sistema pueda gestionarse y regularse a sí mismo. De momento lo estamos consiguiendo revolucionando el concepto de no-propiedad y de no comercialización con todo lo que allí ocurre. Un tiempo nuevo, un modelo nuevo, una estructura nueva para hacer frente a un mundo más tolerante, más integrado, en definitiva, más humano, más consciente e inspirador.

Así que gracias de corazón a todos los que han participado en la campaña de cofinanciación y gracias de corazón a todos los que habéis puesto fe y esperanza en esta visión compartida. Nunca tendremos palabras suficientes por todo aquello que recibimos muchas veces de forma anónima y desinteresada. Esperamos que nosotros podamos de igual forma corresponder en esta vuestra casa.

Gracias, gracias, gracias…