¿Por qué hay un laberinto en O Couso?

 IMG_20170820_203822
El gran canto a la vida libre, retirada y salvaje también tiene su punto de magia y misterio, su grado de símbolo y arquetipo. En O Couso nos gusta jugar con el conocimiento que los antiguos nos legaron, y de vez en cuando es fácil encontrarse con elementos simbólicos que pretenden desvelar al que los contempla algún tipo de mensaje. Uno de ellos, tras pasar por un pequeño atrio precedido de un portal que nos lleva al bosque encantado, es un pequeño laberinto escrito y construido con las piedras que los visitantes nos traen de todas partes del mundo.
Entre el laberinto de Chartres y el laberinto de la catedral de Amiens hay un camino estrecho con parada inevitable en Notre Dame de París. Hace unos años atravesamos toda Francia para fotografiar los misterios de sus muchas catedrales. Cuando aquella mañana de marzo amanecíamos en Chartres y penetrábamos en su catedral sentíamos cierta nostalgia extraña. Había en cada piedra una historia, una vida, un misterio. Los alquimistas que levantaron los símbolos de ese lugar sabían que para llegar al misterio del Universo primero hay que pasar por el laberinto humano. Hay que atravesar con suma paciencia y pericia cada una de sus trampas y pruebas. Por eso el laberinto se encuentra al poco de entrar en la catedral, y también, antes de penetrar en nuestro pequeño bosque de O Couso. Los sabios saben que la única forma de salir de ese laberinto pasa inevitablemente por la toma de consciencia del hilo de Ariadna que nuestra alma teje para sacarnos de nuestro propio lío. En Chartres percibes cierta verdad respaldada por la fuerza del símbolo. Y nace la responsabilidad interior de compartir esos trazos de luz que han sido tejidos con toda la prudencia posible. Todo es contagioso, incluido el conocimiento oculto que se esconde en cada ocaso, en cada amanecer, en cada gesto, en cada instante. Aquí jugamos con la triada, con las esferas, con el círculo, con los números, con la música, con el Arte. Y lo hacemos de forma silenciosa, para que aquellos que tengan ojos y sepan descifrar el lenguaje misterioso de los “pájaros” puedan adivinar el juego del Aula de la Sabiduría.
Después de Chartres esperaba la ciudad eterna, la bella Paris, ese lugar plagado de palacios desplegados por todas sus calles. Nuestra Señora, Notre-Dame de Paris, nos recuerda que en toda Francia, y quizás en toda la cristiandad, la adoración a la Virgen está presente en todo su culto. La Virgen siempre es representada por una luna en cuarto creciente. Las fuerzas lunares que muestran la astralidad, la maya que nos protege de la luz del hijo. Notre Dame de Paris es como el vientre que protege con suma delicadeza ese símbolo. La madre María siempre presente como la madre Tierra, como esa Gaia que todo lo impregna y que nos protege. Tras el laberinto, ahí está el bosque representando todo ese mundo de magia, de duendes, de naturaleza en estado puro. La madre que nos espera para acogernos en su vientre.
Al entrar a la catedral te encuentras con un potente mensaje: “via viatores quaerit”, “Yo Soy el Camino que busca Viajeros”. Ese mensaje impacta porque a cual peregrinos nos hemos visto de frente con el mismo, con la inevitable llamada, con esa urgencia de seguir adelante. Vitruvio escribe en su De Architectura, que la arquitectura descansa en tres principios fundamentales: la Belleza (Venustas), la Firmeza (Firmitas) y la Utilidad (Utilitas). Pero cuando entras a una catedral te das cuenta de que hay algo más: el conocimiento. Cada piedra parece tener vida. Cada poema épico es descrito en esas estatuas, en esos mensajes que nacen de sus paredes. Toda catedral es un libro abierto para quien tiene ojos para ver. Lo pudimos ver también en la inmensa catedral de Amiens, una réplica casi exacta de Notre Dame de Paris. Todo arte gótico encierra un argot hermético, un lenguaje que permite descifrar las columnas de la enseñanza que conduce al Jardín de las Hespérides. Los argonautas viajan hacia ese conocimiento para compartirlo, porque no hay mayor bien, no hay mayor inteligencia y mayor entrega que la de vivir para dar. Quizás por eso disfrutamos construyendo y reconstruyendo los lugares de esta tierra que poco a poco se está sacralizando. Cada vez que nos toca terminar de pulir una pared algo hermoso nace en nosotros.
Y ese y no otro es nuestro propósito aquí. Y lo hacemos como un juego divertido donde podemos reír y cantar mientras penetramos en el misterio. Por eso hay un laberinto, para recordarnos la dificultad humana y el devenir que nos espera cuando consigamos salir del mismo. Por eso los símbolos nos ayudan a reflexionar sobre nuestra condición para hacerla cada día mejor.

Transformar la rabia en amor

a

No podemos evitar, a pesar de nuestro aparente estado de aislamiento en los bosques, conectar todos los días con el mundo para ver las noticias. Lo hacemos con frecuencia, ojeando varios diarios, comparando visiones, perspectivas, para así hacernos una idea global de cómo va el rumbo de nuestra querida humanidad, de sus intenciones y propósitos, de sus estados de guerra y de paz. Hoy nos visitaban dos alemanes y les preguntábamos de broma como iban las cosas por ahí en la Tierra. Estos días hemos estado en vilo por varios asuntos, especialmente por la escalada de tensión con Corea del Norte. Y estos días de nuevo la paz de este lugar es perturbada por la noticia de un atentado terrorista en nuestras querida Barcelona. Todo resulta atroz y paradójico. Atroz por todo lo que representa la muerte de esa docena de personas que andaban tranquilos en una tarde de verano, y paradójico que ocurra en un momento donde la turismofobia parece que hace su propio agosto.

Ayer, una persona que desea quedarse por tiempo indefinido aquí con nosotros decía que por un lado le encantaría y que por otro hay algo de él que le empuja a hacer algo más. Esa terrible sensación de culpabilidad y de intentar arreglar el mundo que a tantos nos ha invadido alguna vez. Y todo para luego descubrir, de forma humilde y arrodillada, de que es poco lo que podemos hacer, excepto cumplir con nuestro deber moral de ser buenas personas en nuestro entorno más inmediato, entre los nuestros, nuestra familia, amigos, vecindario, para hacer de este mundo bueno, un mundo mejor.

Nos preguntábamos hoy de dónde nace esa rabia que ha invadido a unos jóvenes enloquecidos con deseo de sangre y muerte. Nos preguntábamos qué clase de moral les perseguía, si es que eran capaces de saber esa primaria distinción ética entre el bien y el mal. Nos preguntábamos mientras construíamos cabañas para el nuevo mundo, qué ceguera habrá podido con ellos para llegar incluso a la extinción de sus propias vidas. Es algo que no podemos comprender, por más vueltas que le demos a todo. Esta mañana, algo abatidos por el atentado, intentábamos descubrir el origen de ese mal, de esa ignorancia, y nos dábamos cuenta por algunos comentarios de que la rabia se contagia, de que es algo que llevamos dentro, latente, esperando cualquier excusa para saltar por los aires. Y esas excusas están ahí todos los días, en las pequeñas cosas, en actos estúpidos que pueden desencadenar en una tragedia.

En el círculo de consciencia de hoy nos preguntábamos como podíamos transformar esa rabia en amor, ese dolor y ceguera en algo que pudiera servir para cambiar el mundo. Y la conclusión era clara, no dejándonos arrastrar ni contaminar por el odio, por la ira, por la cólera, por la violencia. Lo mejor que podemos hacer es contagiar amor en el otro, independientemente de quién sea el otro. Sólo podemos hacer eso.

Paz y descanso a los que se han ido. Paz y amor a los que quedamos.

Retos materiales y espirituales

IMG_9727IMG_9726

Tras el último círculo de sabiduría que trataba sobre comunidades y la vida en comunidad, llegó un frío intenso que dejó O Couso helado. Por suerte, nuestros corazones estaban llenos de alegría y podíamos disfrutar de las veladas junto a las velas y los cantos de Taizé en la ermita. Llegó el frío y la gente empezó a marcharse poco a poco. Incluso el grupo de componentes internacional, que ya llevaba un mes entre nosotros, decidió para nuestra pena seguir caminando. Por primera vez en mucho tiempo, hoy hubo un día de calma donde sólo quedábamos tres personas en un sábado tranquilo, sin mayores sobresaltos que las demandas de los gatitos por saber dónde estaba su comida y la llamada de algunos comensales que solicitaban poder venir los próximos días.

La previsión para la próxima semana, después de un mes de julio cargado de gente bonita y grupos de hasta treinta personas, es que seamos no más de una docena. Será otra semana tranquila que servirá para reponer fuerzas y empezar a trabajar interiormente para el invierno que se presenta. Estos días otoñales nos advertía de que quizás este año el tiempo sea irregular e inestable, y por si acaso, algunos valientes que desean quedarse todo el invierno han regresado a sus casas para equiparse mejor después de estos días helados en pleno agosto. Vivir en la naturaleza, rodeados de bosques y a más de ochocientos metros de altura tiene sus cosas.

Estamos satisfechos porque han sido muchos los avances desde que en enero decidimos poner en marcha una serie de trabajos para mejorar la casa. Ya disponemos de baños, lavabos y duchas, aunque dada la poca capacidad que las placas solares tienen para soportar el termo eléctrico, estamos buscando una fórmula eficaz para que en invierno podamos disponer de agua caliente. Estos días, incluso cuando hacía frío, nos hemos estado duchando en la ducha exterior, provocando que algunos de nosotros hayamos terminado con algún que otro catarro. Aún así, estas anécdotas de pura supervivencia en los bosques no minan nuestras fuerzas. Es tanto lo que aquí aprendemos todos los días que eso es motivación suficiente para seguir adelante.

Los retos para enfrentarnos con dignidad al invierno siguen siendo los mismos. Cerrar la casa grande, que ya no parece tan ruinosa, y seguir trabajando en la construcción de más cabañas para que los voluntarios que deseen quedarse largas temporadas tengan mayor privacidad y comodidad. Es importante cuidar a los cuidadores para que puedan tener fuerzas y puedan seguir con la tarea inspiradora. Tratar a la gente con una sonrisa, con alegría y simpatía a veces resulta todo un reto si por dentro existe algún tipo de desajuste. De ahí que en estos más de tres años de experiencia nos hayamos dado cuenta de que es muy importante, para la continuidad del proyecto, que los que están aquí puedan disfrutar de cierta comodidad y privacidad para recargar pilas y reponer fuerzas. La dificultad de crear un núcleo estable deriva precisamente de esa falta de privacidad y comodidad material mínima.

Así que las pocas semanas que quedan de agosto serán reflexivas, tranquilas y cargadas de trabajo antes de que llegue el frío. Habrá que priorizar algunas cosas sobre otras para que podamos cada día más tener un lugar estable, agradable, cálido, donde poder imaginar juntos la construcción del nuevo mundo. De momento hemos conseguido varios hitos: no pagamos hipoteca, no pagamos alquileres, no pagamos luz ni agua y estamos trabajando duramente para que en un tiempo no muy lejano podamos disponer de la mayor autosuficiencia alimentaria. Esas bases de libertad y emancipación material harán posible que nuestra predisposición a trabajar sobre nuestra psique colectiva y sobre el espíritu de los tiempos sea mayor. Cuando materialmente esté todo ordenado, nuestra labor será dedicar el mayor tiempo posible a la construcción de un modelo material y espiritual que pueda servir de inspiración a todos los que deseen conocer este lugar. Ese es nuestro reto y esa es nuestra mayor motivación. Esperamos que así sea.

 

Una semana tranquila

WhatsApp Image 2017-08-04 at 20.20.57

Una semana suave y tranquila, llena de gente bonita que colabora, que sonríe, que resulta agradable en el trato, que se les quiere sólo con verlos. Realmente muchas veces, cuando hay uno o dos que hacen ruido, juzgamos al grupo en general y somos un poco injustos. Ayer hacíamos repaso y realmente no han sido tantas las personas que han distorsionado el proyecto. Sólo unas pocas, pero descubrimos como ese poder residual puede hacer sombra y minar las fuerzas y los ánimos. Quizás en el mundo ocurra lo mismo, sólo son dos o tres los que hacen ruido y el mundo está lleno de gente buena, pero silenciosa, que trabaja en sus cosas y que en el fondo sólo desea paz, cariño y amor.
Ayer hicimos un círculo de sabiduría sobre masonería. Fue divertido ver como aquello que no conocemos siempre nos causa cierto temor. También es hermoso ver como desde el egregor se van disipando las dudas y se alienta la curiosidad por otras formas de entender y vivir la vida. Siempre hay un halo de misterio sobre todo aquello que ignoramos, pero siempre debemos fijar la atención en el mayor de los misterios, la propia vida, el universo que la acoge y nosotros, seres con autoconsciencia que se interrogan una y otra vez por todo. Este año los círculos de sabiduría están disfrutando de cierto éxito y el año que viene le dedicaremos más atención para que sigan siendo productivos y profundos.
Hoy han llegado personas desde Taiwán y Portugal que se unen a los que ya están o han pasado en estos días, esta vez de múltiples nacionalidades como Italia, Croacia, Bélgica, México, Alemania, Brasil, Holanda, Suecia y de múltiples lugares de la península que vienen y se van como gotas de agua que se unen a un océano de cariño y compartir y luego van a un cielo y a otra tierra diferente para seguir navegando por esos lugares de ensueño.
A veces dan ganas de acompañarlos a todos en sus periplos. Hay personas que vienen con sus dudas existenciales y se lanzan a los caminos sin saber muy bien donde terminarán. Esta semana ha venido un grupo que se conoció en un voluntariado en Taizé, la comunidad ecuménica conocida por sus canciones que se han extendido por todo el mundo desde la Francia meridional. Cuando agradecemos la comida estos días lo hacemos con sus cantos con forma de mantras que nos llegan al corazón e iluminan el alma peregrina. Hay tantas formas de compartir, desde una canción, un caminar juntos o una tertulia sobre cualquier cosa. Es hermoso poder unir nuestras manos y sabernos parte de una sola humanidad, de un solo sentir que se multiplica con el contagio de la mirada, con la sonrisa, con el humor, con la alegría por vivir una vida en comunidad.
Nos sentimos agradecidos por todas esas personas que nos acompañan todos los días. A veces más, a veces menos, pero que siguen el halo de convertir este lugar hermoso en un punto de encuentro, de armonía, de cariño. Sigamos construyendo ese nuevo mundo desde la sencillez, el contacto y el amor.

Amabilidad: la alegría del compartir

IMG_2170
Uno de los fundamentos del amor es la amabilidad. Lo decíamos el otro día en uno de los círculos de consciencia en los que intentábamos profundizar sobre el querer y el amor. Nos gustó especialmente esa definición que alguien trajo sobre el círculo. Ser amables, ser confiadamente amables, sinceramente amables con el otro como fundamento, como piedra angular de toda relación. No como un acto hipócrita o protocolario, sino como algo sincero, de corazón. Ser amables con tu pareja, ser amable con tu familia, con tus amigos, con tu entorno, con tus vecinos, incluso añadiríamos eso de ser amables con el mundo entero, con la naturaleza, con los animales, con las plantas. Nos dimos cuenta de la fortaleza de esa afirmación, de esa actitud ante la vida, y de lo sencillo que resulta poder ser amistosos, simples, afables, cordiales, cariñosos, agradables, afectuosos, benévolos, en definitiva, amables.
Lejos de toda aquella gente que se pasa el día viviendo en la queja, en esa manía tóxica de ver el mundo siempre negro y oscuro, hostil, degradado, triste, deberíamos dar una vuelta y empezar a observar desde lo inmediato lo fácil que resulta hacer de este mundo un lugar hermoso donde vivir. Quizás solo hace falta cambiar nuestra mirada, intentar estar presentes en el instante de regalo que representa la vida. Es cierto que muchas veces vamos a comprar a esa tienda o ese lugar donde nos tratan con amabilidad, con cariño. Y también es cierto que cuando llegamos a un sitio donde la bordería es la que domina el ambiente, tendemos a huir hacia otro lugar. La amabilidad siempre atrae, y cuando vemos a personas discutir, solemos salir corriendo hacia otra parte porque siempre es una situación incómoda, tóxica, cargada de ruido y malestar. ¿Para qué ingerir esas energías? Cuesta tanto darnos cuenta de lo fácil que sería todo si fuéramos en todo momento amables. Incluso con aquella gente que no opina o piensa como nosotros.
Otra persona decía que una de las fuerzas que movían el amor es el silencio. Amar en silencio también es una poderosa forma de dejar paso a la verdadera esencia de la vida. Si pudiéramos conjugar ambas palabras en una mirada, en una sonrisa, silencio y amabilidad, el mundo sería algo maravilloso. No habría broncas en los parlamentos, los políticos se entenderían de mejor forma, los contrarios se animarían unos a otros para competir sanamente, los diferentes dejarían de ser enemigos o extraños, los vecinos se convertirían en seres amables y divertidos con los que interactuar más a menudo. El mundo sería menos gris. Y la fórmula sería bien sencilla: amabilidad, silencio, sonrisa. Está en nuestras manos crear un mundo amoroso y hacer de la vida algo bello. Es fácil y sencillo. Seamos amables, vivamos en la alegría del compartir. 
Pd. Queremos dar las gracias a todas las personas amables que este verano vienen a echarnos una mano y lo hacen con la sonrisa, la alegría y el amor suficiente para aportar una hermosa vibración en el lugar. Cuando esto ocurre y todo resulta tan fácil y cariñoso, la convivencia y el día a día se transforma en un momento mágico que merece la pena ser vivido. Así que gracias de corazón a todos por vuestro amor incondicional.

Hacia la inevitable fraternidad humana

a

b

Aún estamos con el regusto de la visita de los dos grupos de scout que han venido desde Madrid y Barcelona para disfrutar de una semana hermosa y divertida, diferente, llena de anécdotas y retos compartidos. La visión de servicio de los scouts ha hecho que la casa sufriera muchos cambios y que el espíritu de grupo se hiciera aún más patente. Los aportes, el trabajo, el servicio para la pequeña comunidad y los gestos continuos han sido la nota clave de esta hermosa semana pasada. Ya los echamos de menos, como también a las familias hermosas y sus hijos que han pasado por aquí y a todos los que habéis compartido con vuestras risas y anécdotas experiencias únicas. Gracias de corazón por vuestra infinita generosidad y amor.

Hoy de nuevo han vuelto los reyes magos Begoña y Javier al Couso con nuevos presentes para ir completando la construcción de la casa grande. Esta vez venían con cuatro puertas para los lavabos nuevos, que hasta ahora, se accedía a su intimidad desde una tímida cortina improvisada. A partir de mañana, por fin podremos hacer nuestras cosas de forma cómoda y sosegada. Estos magos del oriente asturiano han venido ya doce veces y siempre con las arcas llenas de presentes. El saber que están ahí, como tantos otros de vosotros que nos apoyáis incondicionalmente de forma silenciosa y siempre con todo el cariño del mundo, es, sinceramente, un gran alivio interior. El marco de referencia, o al menos de nuestra referencia siempre fue precisamente ese: apostar por construir entre todos una casa que fuera, además, una casa de todos.

Hoy lo expresaba fielmente nuestro querido Antonio, que por fin ha vuelto de su periplo asiático: “volver aquí es como volver a casa”. La sensación de hogar compartido, de volver a un sitio donde siempre alguien te recibe con un abrazo o una sonrisa, es algo que te alivia por dentro. El que Antonio y viejos conocidos como la familia Mey o Luis el Polaco hayan pasado estos días por aquí nos ha llenado de esa sensación de familia extensa. Especialmente en un mundo tan cambiante como este, donde es tan fácil últimamente quedarte sin casa y sin hogar, sin familia y sin nada. Esa sensación de pérdida, al menos de pérdida material, siempre viene asociada a una pérdida de identidad, una pérdida psicológica que te marca para siempre. Sus efectos son demoledores para una mente débil. Por eso esa destrucción civil, material, nos sirve, si sobrevivimos a ella con cierta dignidad, volver a cambiar los parámetros de nuestra vida.

Esto puede ocurrir cuando perdemos algo material, o cuando perdemos la salud. Son cosas que nos obligan a replantearnos totalmente la existencia. Cuando careces de salud y de ánimo todo lo demás deja de tener sentido. De ahí la necesidad interior de hacer algo más en nuestra vida. Nos referimos a algo más que pensar en las vacaciones, en el trabajo y en los nuestros. Al haberlo perdido todo, nos sentimos con esa obligación moral de ayudar a los que también han pasado por ese trance o están pasando por el mismo para recuperar, al menos psicológicamente, la sensación de familia, de hogar.

Materialmente aún es poco lo que podemos dar más allá de un plato de comida o una cama, pero al crear el espacio y el tiempo desde una perspectiva diferente, podemos ofrecer que la gente se conozca, y lo más importante, se reconozca. Por eso es hermoso escuchar en los círculos de consciencia, cuando eres un recién llegado, eso de que se sienten desde el primer día como en casa. Ese es nuestro deseo, esa es nuestra meta. Crear los lazos de fraternidad humana que se han perdido en el camino hacia el progreso. Recrear de nuevo el sentido de humanidad entre iguales y diferentes, entre altos y bajos, ricos y pobres, para así, poco a poco, ir construyendo un mundo nuevo, más amoroso y fiel a lo que la vida quiso algún día de nosotros. Esperamos desde este pequeño espacio cumplir con nuestra parte en ese hermoso plan de la vida: la fraternidad humana, el amor incondicional, el respeto y el cariño hacia el diferente.

Final de la primera semana de experiencia

WhatsApp Image 2017-07-13 at 15.52.59IMG_20170709_102047b

Es difícil explicar con palabras todas las emociones vividas estos días. Todos los encuentros, toda la gente bonita que nos ha visitado, que ha hecho de esta casa la casa de muchos. Ha venido gente desde muy lejos, incluso estos días llegaban desde Italia o Alemania o Croacia para pasar unos días entrañables, en familia, acompañados por el espíritu humano de colaboración, de apoyo, de amor incondicional.

El egregor del espíritu grupal de esta semana ha sido bello, armónico, divertido. La familia de Cristina y Jorge, con sus dos bellos hijos han hecho del lugar todo un mundo de juego. Su ejemplo en la crianza de sus hijos nos ha maravillado, especialmente su paciencia, su amor, su sonrisa siempre amable y hermosa. Esta mañana éramos casi treinta personas en el círculo de consciencia. Estamos disfrutando de los scouts venidos desde Madrid y en unos días de un grupo de Barcelona. Todos se sienten como en casa desde las primeras horas, cuando empieza el tour con la acogida, explicando el proyecto, sus motivaciones, el porqué estamos haciendo esto así y no de otra manera.

Muchos empiezan a entender la profundidad de términos como apoyo mutuo y cooperación, como acompañamiento en los momentos difíciles, o palabras como permacultura, simplicidad voluntaria o vida tranquila. Es hermoso ver como durante toda esta semana, cargada de círculos de sabiduría, de compartir y de alegría hemos aprendido todos tanto y tanto. El compartir experiencias y conocimiento tan diversos nos enriquece a marchas forzadas. El compartir momentos únicos donde poder relacionarnos directamente con la naturaleza nos llena de vida y amor. El poder darnos las manos, abrazarnos o sonreírnos como seres humanos completos nos llenan de pasión.

El grupo de adolescentes que vino desde Madrid nos alegró las mañanas y las tardes con sus idas y venidas, con sus inquietudes, con sus preguntas, con sus conflictos propios de la edad. Llenaron de vida estos días tranquilos donde la única preocupación era saber qué íbamos a comer o qué cuestión interesante íbamos a abordar.

El entorno natural en el que nos encontramos es totalmente sanador. Unos días de paseos por la naturaleza y el verde termina penetrando en nosotros sanando nuestros males, tanto físicos como espirituales. “Esto es el paraíso”, decían esta mañana. Pero nosotros insistimos que sólo si el paraíso está dentro de nosotros podemos verlo fuera.

Gracias a los que han hecho posible desde la distancia estos días maravillosos donde la economía del don y el compartir se han hecho palpables, posibles y amigables. Gracias por ayudarnos a crear una nueva consciencia, un nuevo campo de reflexión, una nueva forma de mirar al mundo, más amable, más amorosa, más responsable. Gracias, gracias, gracias a todos los que habéis participado en esta hermosa semana de experiencia. Ahora vamos a por las siguientes. Con ilusión, con fuerzas, con más esperanza de poder insistir en que un mundo amoroso es posible.

Primera Semana de Experiencia verano 2017

IMG_20170710_141511
Primer día de la primera semana de experiencia de este especial verano. Un día agotador pero totalmente satisfactorio porque las experiencias y los momentos emotivos han sido muchos. Casi una veintena de almas bonitas compartiendo un espacio y un tiempo únicos y diferentes, con unas dinámicas sencillas pero que provocan en el ser la apertura de corazón y el abrazo hacia la vida sencilla y plácida, de cofraternidad, de cocreación, de amor a todo cuanto existe. En la meditación de la mañana había lleno total. Todos querían saber qué era eso de estar veinte minutos en silencio antes de empezar el día. Fue hermoso sentir la presencia de todas esas almas respirando y conspirando en el noble silencio. Se podía percibir en el aire la vida que corre en cada una de sus manifestaciones.
Tras el desayuno y el primer círculo de consciencia, nos fuimos todos a trabajar en los espacios abiertos para compartir e interactuar con el otro con la excusa de las labores diarias. Fue hermoso ver como en tan sólo una mañana ya hubieron avances importantes en algunas cosas. Mejoras en las cabañas de los voluntarios, abriendo nuevos caminos para llegar al centro del espacio que ocupará la escuela de dones y talentos, restaurando paredes que habían sido abandonadas durante años en la casa de acogida, y así durante algo menos de cuatro horas de compartir entusiasta.
La tarde fue tranquila hasta las ocho, donde ocupamos el espacio de la ermita para realizar un círculo de sabiduría que trataba, a petición de los integrantes de la experiencia, sobre la meditación. Encendimos una vela, guardamos un minuto de silencio y empezó la rueda de palabra compartida, donde todos pudimos expresar desde el ser aquello que teníamos por compartir. Fue realmente bello y emocionante escuchar tantas experiencias bonitas desde el silencio y la apuesta constructiva. Y ya han salido dos temas nuevos para tratar en los próximos días: un curso de milagros y los misterios del tao. Qué alegría que los círculos de sabiduría vuelvan de nuevo al proyecto en un verano que se espera emocionante.
Mañana más compartir, más amor en acción, más relaciones inesperadas entre personas totalmente diferentes pero unidas por el espíritu de la fraternidad. Da gusto sentir sus corazones, sus latidos, sus tambores interiores. Da gusto ver como otro mundo es posible con la mirada puesta en el otro. Gracias de corazón a los que desde lejos estáis apoyando esta iniciativa. Gracias de corazón por los donativos que estamos recibiendo para poder apoyar estos instantes. Gracias a esa otra gente bonita que nos ayuda en la labor de seguir inspirando el nuevo mundo. Gracias, gracias, gracias.

Entre cables

WhatsApp Image 2017-07-06 at 18.15.12

A las diez de la noche aún estábamos pelando cables y haciendo conectores para que la bomba del agua pudiera ser conectada cómodamente desde la cocina. Hasta ahora, y durante meses y meses y meses teníamos que montar un cirio cada vez que el agua del depósito se terminaba. Si hace sol y gracias a las placas solares, las cuales, por cierto, aún no están pagadas, tenemos que buscar en alguna parte de la finca la alargadera, enchufarla en la casa, destapar el depósito donde guardamos los conectores, extender los cincuenta metros, enchufar la bomba y luego correr para desconectar el agua cuando la cuba está llena. Lo mágico es que no pagamos agua ni luz eléctrica, pero hasta el día de hoy toda esa gratuidad de la naturaleza ha tenido un precio.

Cuando entra algo de dinero en la fundación tenemos que mirar con lupa en qué lo empleamos. Como últimamente no entra casi nada de dinero, nos esmeramos en poner de nuestra parte y ahorros para poder generar algo de recursos y poder mantener esta primera fase del proyecto a salvo de penurias. La mitad del dinero se va en comida y la otra mitad en reparaciones y mejoras para la casa. En estos primeros días de julio llegaron cien euros por un lado y otros cien que pusimos nosotros. No es mucho dinero, pero cada poco que gotea da para mucho. Los primeros los dedicamos a comprar algo de comida para los amigos que llegan en la próxima semana de experiencia, y los segundos cien los dedicamos al cableado para la instalación de la bomba, enchufes y algunos sacos de mortero para las juntas de las piedras centenarias, las cuales estamos embelleciendo para que la casa quede cada día más aislada. También compramos comida para los gatos y una botella de butano.

Hoy alguien, mientras miraba como pelábamos los cables y cables, preguntaba qué necesitábamos para que el proyecto estuviera culminado del todo. Le dijimos que aproximadamente unos veinte años más, pero luego, pensando fríamente, quizás fueran muchos más. Nos miró extrañado sin entender a qué nos referíamos. Creemos que este proyecto es como un ser que requiere, primero, crecer materialmente. Eso lleva un mínimo de siete años. Luego habrá que dotarlo de energía, de fuerza, para que crezca vivo y saludable. Otros siete. Y luego la parte emocional, la parte mental y por fin, ver como se manifiesta su alma y espíritu.

Lo hermoso de esta idea es que mientras estamos pelando cables a las diez de la noche somos sabedores de que todo lo que hacemos no es para nosotros, sino para una causa mayor. Esa causa, si es verdadera, si nace del alma, seguirá adelante. Si es un capricho pasajero de alguna personalidad desbordante, pronto se extinguirá. Vivir desapegados del resultado final nos hace disfrutar de las cosas doblemente. Es posible que nosotros no veamos nunca como termina esto. Si es así, nos habrá servido de entrenamiento y aprendizaje, nos habrá llenado de gozo la idea de pensar que hicimos lo que pudimos para que la gran obra continúe. Digamos que intuimos la necesidad espiritual de nuestro tiempo e hicimos lo posible por cumplir con nuestra parte, a sabiendas siempre de nuestras limitaciones.

Mañana seguiremos pelando cables o masajeando la piedra que otros disfrutarán. Será nuestro tributo como almas libres. Y quizás algún día seres de mayor consciencia hagan de este lugar un agradable jardín donde pasear en silencio y donde poder asombrarnos juntos de las maravillas de la vida. Quizás en la próxima semana de experiencia eso ya ocurra. Nosotros nos sentiremos satisfechos, pase lo que pase, y el tiempo, la oportunidad que se nos ha dado, nos entregaremos en todo lo que podamos, con nuestras limitaciones, pero también con nuestro anhelo y alegría.

(Foto:  a pesar del trabajo infinito que hay en el proyecto a todos los niveles, a veces también hay rato para el ocio. Aquí improvisando una partida de ping pong).

Trabajando por amor

a

Peter Caddy fue uno de los fundadores de la comunidad de Findhorn. De joven había leído los libros de Madame Blavatsky, Alice Bailey y Max Heindel. Se hizo rosacruz, teósofo y masón. “En el momento oportuno”, sus memorias, contaba que la clave para cualquier tipo de éxito y liderazgo no consistía tanto en tener una excelente inteligencia y eficiencia, sino en la habilidad para inspirar amor y lealtad. La importancia de demostrar y vivir mediante la experiencia es lo que nos dota de cierto sentido. Hablar, predicar y decir cosas bonitas con cierta inteligencia puede estar bien, pero lo verdadero nace de un amor sincero y una lealtad a prueba, capaz de ser próxima y cercana a todo aquello que dices, piensas, sientes y haces. Lo que haces por amor y lealtad a ti mismo y a los demás, en consecuencia, es lo que valdrá de faro y de luz al mundo.

Releíamos con cierta añoranza estas palabras que escribimos hace unos años desde la bahía de Findhorn, en el norte de Escocia, y nos dábamos cuenta de que aquella lectura nos caló en aquel momento y en los siguientes. Amor y lealtad a un sueño que está brotando desde lo más hondo, enfrentándonos una y otra vez a la parte más delicada de la vida humana y aprendiendo a conocer y reconocer nuestras sombras, nuestras debilidades, pero también nuestras fortalezas y momentos álgidos.

Nos fijamos en lo que nos rodea y nos sentimos afortunados. No queremos arrastrar la sensación de que nos hemos aislado del mundo para disfrutar de un retiro dorado en plena naturaleza. Interiormente sentimos que nunca como hasta ahora habíamos estado tan en contacto con el mundo, sobre todo con ese otro mundo que algunos llaman el mundo real, el mundo del espíritu, el universo del alma. Al estar perdidos en este bosque podemos conectar con más frecuencia y anhelo hacia esos lugares invisibles, podemos saborear con más delicadeza cada color, cada árbol, cada hoja que nace. Ahora mismo podemos mirar el sendero que viene de las montañas y nos parece un paraje increíble, único, especial. Aquí, de forma humilde, nace una buena plataforma para poder inspirar amor y lealtad.

Esta mañana empezábamos entre un puñado de buenas personas una tarea que llevaba tres años esperando. Rejuntar las paredes, o mejor dicho, rejuntar, piedra a piedra, todos los infinitos rincones de cada pared para que conseguir un mayor aislamiento en la casa de pizarra. Hay miles y miles de piedras unas sobre otras. La construcción es una obra de arte digna de análisis. Y durante estos próximos días vamos a trabajar en ellas, limpiándolas una a una, en silencio, pero juntos, primero en una habitación, luego otra y otra hasta poder alcanzar toda la casa. Quizás esta tarea nos lleve uno o dos años de trabajo, pero esto no nos desespera. No sentimos una sensación de ahogo o asfixia por la dilatación del tiempo. Realmente no importa mucho lo que aquí hagamos, si no más bien todo aquello que podamos inspirar mientras lo hacemos. Nuestro pequeño faro alumbrará más al mundo si somos capaces de sostener la llama, de alzarla con valentía y tesón hacia arriba para que otros puedan llevarse un trozo de calor. Es eso, y no otra cosa, lo que nos dotará de fuerza para seguir adelante. Las paredes esperan, las piedras siguen, después de siglos, sosteniendo el edificio. Nosotros tan sólo cumpliremos una pequeña parte en la restauración de un mundo mejor. Seremos partícipes vivos en la edificación del edificio humano.

Pd.- Gracias por ayudarnos en la construcción del edificio. Con un euro al mes hacemos milagros. https://www.teaming.net/proyectoocouso

 

 

Foto: Monasterio de Samos visto desde el Camino de Santiago.