PROYECTO O COUSO HA SIDO SELECCIONADO ENTRE LOS FINALISTAS DEL GERMINADOR SOCIAL 2018

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Mientras andamos trabajando duro en la reconstrucción del tejado de O Couso, nos enteramos que hemos sido seleccionados para el Germinador Social de Som Energía y Coop57.  Por eso os pedimos que votéis a favor del proyecto.

El Germinador Social es un concurso impulsado por Som Energia y Coop57 para estimular la creación de modelos sociales innovadores con el objetivo de promover nuevos agentes locales para la transición energética.

Ya sabéis que desde Proyecto O Couso tenemos ganas de desarrollar un proyecto dentro de la economía social y solidaria en el ámbito de las energías renovables y la eficiencia energética, que contribuya a la democratización de la energía y el empoderamiento de las personas usuarias. Y nuestro proyecto ha sido ya validado. Recordad que desde los inicios hemos apostado por las energías limpias y hasta ahora somos autosuficientes gracias a las placas solares (de momento cuatro) de las que disponemos, con ganas de poder seguir ampliando nuestra red energética con más placas y molinos de viento.

Estamos ahora en la fase de Votación Popular de los proyectos validados, del 15 de junio al 10 de julio. De estas votaciones populares se seleccionarán los cinco proyectos más votados como finalistas del Germinador Social. El Jurado del Germinador Social completará la lista de proyectos finalistas con la selección de los cuatro proyectos restantes para completar el total de nueve finalistas.

Som Energia entregará, a través de donativo voluntario, el importe total de 25.000€ a distribuir entre los proyectos premiados. Y la Fundación Coop57 bonificará una parte de los costes financieros de un posible préstamo a los proyectos seleccionados. Y nos vendría de maravilla para terminar de arreglar el tejado, ampliar nuestra red de placas solares e iniciar por fin la Escuela de Dones y Talentos, la verdadera piedra angular del proyecto.

Para votar es muy sencillo:

1.-Entras en el listado de Proyectos en:

https://www.germinadorsocial.com/proyectos-seleccionados/

2.-Pulsa en Proyecto o Couso
3.-A la derecha te pone ¡VOTA!
4.-Metes tu nombre y apellidos y una dirección de e-mail
5.-Te enviarán un correo con un enlace para que votes, y ya puedes votar a Proyecto O Couso y a otros dos proyectos de los finalistas, que te apetezcan.

¡GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS!

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El reto de acoger grupos

Hace unos días estuvo con nosotros un grupo de casi cincuenta personas que vinieron desde A Coruña de la mano de nuestro querido Vicente para pasar un día diferente entre nosotros. Normalmente en verano estamos acostumbrados a acoger a mucha gente, grupos de personas individuales que suelen oscilar entre los veinte y treinta personas. Pero este día íbamos a ser casi el doble, los casi cincuenta que venían más la docena que ya estábamos aquí. Casi sesenta personas en un día que además, amenazaba lluvia.

Debido a esa amenaza del tiempo tuvimos que buscar alternativas para poder buscar refugio, en caso de que lloviera, a todo el mundo. Gracias a la idea e iniciativa de Begoña y Javier, que vinieron desde Asturias para ayudarnos, construimos un avance en el antiguo salón de la casa. El temor a que el cemento y las maderas no fraguaran a tiempo planeaba sobre nosotros. Si llovía teníamos que comer todos en el salón.

El día anterior había caído un diluvio y la previsión para el gran día era de lluvia. Desde muy temprano, los voluntarios nos levantamos para preparar todo. El comedor ya estaba listo y confiábamos que resistiría el peso de todos nosotros. Buscamos mesas por todas partes, incluso alguna que tuvo que ser secuestrada de las cabañas para poder acomodar a todo el mundo. Hicimos una gran compra de comida para preparar todo y cocinamos durante casi dos días para que estuviera a punto.

El autobús llegó puntual con todos los comensales. Como éramos mucha gente, dividimos el grupo en tres. Hicimos una acogida amplia explicando todo el proyecto. Mientras un grupo enseñaba la casa del siglo XVI, explicando sus pormenores en esta valiente restauración, otro grupo enseñaba la huerta ecológica o la construcción de las cabañas que albergan a los voluntarios. Tras la acogida, hicimos un pequeño descanso y poco a poco, nos fuimos al ahora gran salón que nos esperaba ya con todo lo necesario para la comida. A pesar de que por la mañana no llovió, preferimos comer dentro por si el tiempo cambiara. Hicimos un gran círculo de consciencia y pudimos agradecer los alimentos todos cogidos de la mano, aumentando con ello el sentido humano de la fraternidad.

Tras la comida, nos fuimos al jardín para realizar un gran círculo de sabiduría, cuyo tema principal rondaría en como hacer un mundo bueno y mejor. Los comensales parecían felices y satisfechos. Explicamos el esfuerzo que hacíamos en la rehabilitación del edificio y dejaron un generoso donativo que nos ayudó a complementar la compra de maderas para el tejado. Los voluntarios, agradecimos, nos abrazamos de júbilo al ver que todo había salido bien y no hubo ningún incidente.

Para nosotros fue un reto importante, y también el inicio para poder invitar abiertamente, tras la experiencia, a la visita continua de grupos que deseen compartir un día diferente en un entorno privilegiado. Así que gracias querido Vicente por la iniciativa y el valor y la generosidad infinita demostrada con esta acción y quedamos a la espera de que muchos otros grupos vengan para llenarse de fraternidad e inspiración. Gracias a todos los partícipes y voluntarios por hacerlo posible y por mostrar infinita generosidad a la hora de compartir un día diferente en un entorno único y privilegiado. Gracias de corazón a todos y sigamos haciendo de un mundo bueno, un mundo mejor.

Gracias Fundación Ananta

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Desde hace algunos años venimos colaborando de formas diversas con la Fundación Ananta, y tanto la propia fundación como sus miembros siempre han apadrinado y apoyado de alguna forma nuestro proyecto. En el fondo, nos mueve la misma filosofía, que no es otra que tomar consciencia de que somos una sola humanidad, y de hacer un esfuerzo, desde la mayor toma de consciencia de este hecho fundamental, de la necesidad de hacer de un mundo bueno, un mundo mejor. Esto es un alto ideal que hay que perseguir constantemente no sólo desde grandes acciones grupales y hermosos ideales, sino también desde las pequeñas contribuciones individuales que cada uno de nosotros podamos hacer en el día a día.

Desde la fundación Dharana, nuestro empeño sigue siendo el de construir lugares donde podamos reunirnos y pensar juntos las mejores maneras de crear ese mundo nuevo, no sólo nuevo en las cuestiones materiales, haciendo especial hincapié en lo relacionado al cuidado de la madre naturaleza, sino también buscando fórmulas positivas para que la consciencia y la convivencia humana sean cada vez más equilibradas y armónicas. Por eso decimos que lo que promovemos son experimentos sociales donde se pueda profundizar en los valores que deberán marcar las próximas décadas, enfocando nuestra investigación práctica en la construcción real, y no sólo imaginada, de ese nuevo mundo. El proyecto O Couso pretende ser un primer ejemplo de todo ello, y ojalá tuviéramos fuerzas y recursos para que ese ejemplo se multiplicara en otros espacios y lugares.

En estos últimos cuatro años, no sin dificultad, hemos logrado hitos de convivencia, de valores y de nueva consciencia. Hemos reconstruido con esfuerzo y empeño un lugar que adolecía de abandono y deterioro. Con nuestras actuaciones estamos revitalizando una zona endémica, despoblada y con urgente necesidad de actividad y promoción. Nuestra humilde aportación local se extiende inevitablemente a internacionalizar un proyecto que ya es conocido en muchos confines de la geografía mundial. Las recetas que intentamos aplicar, siempre en continua revisión, pretenden formar nuestro potencial humano en realidades palpables bajo la atenta realización de la belleza, la armonía y el bienestar.

El Proyecto O Couso sigue siendo un reto importante. La casa de acogida intenta dar cobijo y comida a todo aquel que venga hasta el proyecto basados en la hospitalidad de los antiguos hospicios del camino de Santiago, cuyo lema era “deja lo que puedas y coge lo que necesites”. En tiempos modernos, lo que pretendemos con este mensaje es hacer énfasis en la economía del don como nuevo modelo experimental de compartir bienes y servicios y de la recuperación de los trabajos antiguos de hospitaleros del camino de Santiago, ampliando este concepto, el de Camino, hacia todos los caminos del espíritu que requieren llegar simbólicamente a alguna parte. En estos cuatro años hemos dado unos sesenta y cinco mil platos de comida (entre desayunos, comidas y cenas: 3 comidas por 365 días al año por una media de 15 personas al día por 4 años) y hemos alojado a unas cuatro mil personas, entre voluntarios y peregrinos. Todo esto sin que la casa esté terminada y sin que el proyecto esté oficialmente abierto. Toda una proeza.

Además de la casa de Acogida, tenemos dos proyectos en marcha: el de la comunidad (ya tenemos tres cabañas terminadas y estamos trabajando en otras tres), donde ya somos unas quince personas viviendo de forma estable; y el proyecto de una escuela de dones y talentos, corazón principal que da sentido a todo lo demás y cuyas bases materiales estamos ya planteando. Todo esto en un contexto y entorno hermoso a tres kilómetros del camino.

Por eso estamos enormemente agradecidos a la Fundación Ananta y su patronato por haber donado en estos días una aportación de 3.333 euros, los cuales ayudarán a poner en marcha la primera fase de la construcción del nuevo tejado de la casa de acogida. Gracias a su aportación podremos empezar con la primera fase, donde ya hemos podido conseguir algunos materiales y donde podremos proteger, si todo va bien, la casa del siglo XVI que espera ansiosa una profunda renovación. Ya tenemos los primeros troncos que hemos podido limpiar para en unos días poder colocar en el tejado. Luego tendremos que pasar a la fase de entablado y aislamiento y por último la compra de losas de pizarra para poder culminar esta parte del tejado. Es un reto, un gesto, una prueba más de que podemos seguir avanzando para ofrecer cada día más lo mejor de nosotros.

Dar y recibir es una constante universal, una fuerza que mueve el mundo y el universo, y que también contagia energías suficientes para movilizarnos como seres humanos. En el Proyecto O Couso nuestra constante es dar, dar y dar más. Por eso, cuando recibimos, nos sentimos profundamente agradecidos por obrar la obra y el milagro. Nuestro empeño continua. Fieles a nuestro mandato, seguiremos construyendo este nuevo mundo, materialmente, y también humana y consciencialmente.

Gracias Fundación Anananta por vuestra aportación, esperando poder ser útiles también a vuestra causa.

Pd. Si deseas ayudarnos a reconstruir y culminar las obras del tejado, puedes hacerlo de múltiples formas. Puedes venir de voluntario, formar parte del patronato de la fundación y apoyar con ello de forma más comprometida el proyecto. También puedes venir una temporada para vivir con nosotros y así contagiarte de la difícil tarea de convivencia y reto humano. Hacen faltan responsables para todos los departamentos. También puedes echarnos una mano desde donde estés, con un ingreso a la fundación Dharana, proyecto O Couso, número de cuenta o a nuestra cuenta de Paypal:

info@dharana.org

Cuenta Triodos Bank: ES54 1491 0001 2121 2237 2325

Gracias de corazón por cualquier granito que ayude a soportar esta hermosa obra.

21 días de experiencia

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Hoy era un buen momento para empezar los 21 días de experiencia. La noche no quiere aparecer. Amanece tan temprano que resulta incómodo no disfrutar de la vida a altas horas de la mañana. Las meditaciones, ante la ausencia de frío, se hacen más pausadas y serenas. A las ocho de la mañana y a las ocho de la tarde. Para empezar el día en silencio y terminarlo en silencio. Y esas dos personas, valientes y decididas, han empezado su proceso de silencio. 21 días que les llevará por los recovecos de este lugar y también por los aledaños de su interior. Tres semanas de silencio para empezar a explorar toda esa vida envolvente que muchas veces, ante nuestro ruido interior, no vemos. Tres semanas de introspección para poder reencontrarse de nuevo con lo importante, con lo esencial, con lo verdadero más allá del velo de la rutina y el tedio.

Comemos en la hierba bajo el sol. Sonreímos y gastamos bromas. Unos se enamoran de otros y empiezan a verse parejitas alegres entre los árboles, buscando flores mientras caminan y se dedican sonrisas y miradas. La complicidad se puede ver cuando los pajarillos no paran de gritar que están artos del invierno. La vida en la pequeña comunidad no es fácil. Tras el duro invierno apetece pasear, estar tranquilos, trabajar alegres bajo el sol pelando los troncos que servirán para sostener el nuevo tejado o buscando plantas comestibles en los campos para aderezar una improvisada ensalada de hojas y flores silvestres.

No, aquí la vida no es fácil, pero resulta que es única y verdadera. La naturaleza nos enseña. Cuida de nuestro cuerpo físico. Vitaliza nuestra ánima con energía y fuerza. Nuestras emociones se tiñen de la espectacular visión que nos rodea. Las montañas y los valles fijan en nuestra mente mensajes calmados y llenos de gracia. No es fácil pero nuestro deseo quiere que la dificultad sea afrontada con serenidad y alegría, a sabiendas de que todo lo que hacemos es por el bien común. Todo es un aprendizaje. Vivir aislados en nuestras madrigueras es relativamente sencillo. Pero cuando salimos al mundo y nos enfrentamos a los otros resulta que aprendemos, resulta que la vida nos llama a envejecer juntos para comprender en profundidad sus misterios.

La primavera tiene una magia especial. Hace unos días un ciervo entró a la comunidad. Nos cruzamos con él, junto a las cabañas y se asustó. Las cigüeñas nos rodean buscando algo que comer mientras cientos de pájaros de todos los colores nos despiertan con sonidos imposibles. Hoy ha sido el primer día de la experiencia y tocaba no hacer nada, bucear en la quietud mientras se disfruta del espectacular paisaje salvaje. Pasear, comer algo y contemplar. Esa era la rutina para las dos valientes que se enfrentan al reto. Silencio, silencio, silencio. Y entonces ocurren cosas, algo se mueve, algo se instala, algo se reordena. Las emociones cobran sentido, los pensamientos fluyen vigorosamente. La vida continua su ciclo maravilloso y oxigena todo lo que somos. 21 días de experiencia, en silencio, nos ayuda a recordar quienes somos, a qué hemos venido y hacia donde vamos. Y todo como un regalo que despierta en nosotros esa emoción de compartir, de contemplar, de embellecer la vida con más vida.

¿Derrota o victoria?

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El otro día hacíamos una memoria para ver en qué lugar nos encontrábamos, cuales iban a ser las necesidades futuras y cómo íbamos a alcanzar el punto de equilibrio en el proyecto. Nunca se nos ha dado muy bien eso de hacer números. Nos atenemos a ese principio oculto de no comercializar con las cosas del espíritu, y hacer lo posible por su difusión, pero admitimos que cierta sensación de derrota chocó frontalmente con la realidad.

En la memoria comprobamos que en estos últimos años hemos hecho una inversión de al menos trescientos mil euros, si contamos en esa cifra no sólo la compra de la finca y los costes de construcción realizados hasta el momento, sino también otros gastos como alimentación. Haciendo números, resultaba agotador pensar que aún nos quedan al menos unos doscientos mil euros, tirando a la baja, para completar el proyecto y que éste empiece a ser auto sostenible llegando al ansiado punto de equilibrio.

Las personas que nos rodean no paran de decirnos que no nos rindamos, que aguantemos, que saquemos fuerzas de donde sea con tal de seguir inspirando. Rendirse o no hacerlo tiene mucho que ver con la fortaleza interior. Seguramente, una composición frágil interior hace que tiremos la toalla a la primera de cambio cuando la presión de las circunstancias provoca una prudente retirada. La resistencia en las batallas de la vida tiene mucho que ver con la fuerza a la que uno se enfrenta. De alguna forma podemos entender a esas personas que son sometidas constantemente a pruebas humanas de cualquier tipo y soportan con valentía las mismas. Por eso nos empeñamos en meditar, meditar, meditar, como ejercicio práctico para dotarnos de fuerza interior como personas y como grupo. Los rituales también nos fortalecen, y las canciones, y la alegría ante la adversidad cotidiana.

A veces el ánimo te juega malas pasadas. Especialmente cuando todo se junta en una sólida circunstancia aparentemente difícil de derrumbar. Siempre está ahí esa sensación tan humana de estar remando contra corriente cuando las fuerzas empiezan a enviarte hasta el fondo, hasta la oscuridad, hasta la desesperación. Cuando estos días salían por fin los primeros rayos de sol nos felicitábamos unos a otros por haber resistido valientes las crudezas de este largo invierno. Algo habíamos logrado y una sonrisa cómplice se apoderó de nosotros. Había llegado por fin la primavera y seguíamos ahí, erguidos, dignos, alegres.

En este punto circunstancial podríamos ver el proyecto como una derrota, pero también como una victoria. Es evidente que es el tiempo el que juzgará todo lo que hacemos, especialmente el cómo lo hacemos.

Cuando decidimos no pedir ningún crédito a los bancos para no hipotecar el futuro del proyecto y con eso dejar libertad absoluta al principio de no comercializar con las cosas del espíritu, asumimos una apuesta arriesgada. La carga de esa apuesta la soportamos unos pocos, evidenciando la generosidad de unos y de otros para que a largo plazo pudiéramos seguir sirviendo sin una contraprestación dineraria. Es decir, queríamos que las personas pusieran el foco de atención en los valores y principios del proyecto, y no en si ha costado veinte o treinta euros al día el comer y dormir.

Esto es una paradoja en sí misma. Porque es cierto que hasta el día de hoy la experiencia podría hacernos pensar que se ha convertido en una derrota material, pero al mismo tiempo, interiormente, sentimos cierta victoria. Hemos vencido al tiempo, hemos vencido a las terribles circunstancias, hemos vencido al qué dirán, hemos vencido a la indigencia de no tener nada y a la miseria de vernos sin saber qué cocinar día sí y día no. Pero sobre todo hemos vencido al miedo de vernos como los pájaros del campo, sin saber qué nos deparará el día. Y nos acordamos de aquellos proverbios en los que se dice que las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, la vida las alimenta, o miramos con atención esos lirios del campo cómo crecen. Ellos no trabajan ni hilan pero ni aun Salomón, con toda su gloria, fue vestido como uno de ellos. Sí, hemos vencido ese miedo, y por eso seguimos adelante…

(Foto: Daniela esta mañana trabajando en la que será su mini-cabaña de seis metros cuadrados, una solución intermedia para seguir creando espacios privados que nos doten de calor y fuerza).

La visión etérica de las cosas

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Las fuerzas etéricas se representan de mil maneras. Aunque el sol aparecía tímido entre las nubes, hoy la luz presagiaba que la primavera está dentro del germen de la existencia. En las sutilezas de los sonidos del bosque y de los colores que la luz hacía brotar de forma cálida, se presagia la próxima explosión de vida. Algún día no muy lejano tendremos capacidad de poder “ver” esas fuerzas etéricas en sus diferentes planos. No sólo las fuerzas que se transmiten a través del sonido y los colores, sino también aquellas que son penetradas por la luz y la mente. Si poseemos un mínimo de esa visión, podemos ver como se tiñe el mundo en todas sus manifestaciones, y como el término “verdad” o “ley” se transforma poco a poco con cientos de matices diferentes.

Desde esa visión, uno puede ver un árbol y saber que es un árbol al mismo tiempo que penetra en su color, en su vibración, en su sonido, en su luz y en su pensamiento simiente y observar como la “verdad” sobre su naturaleza crece y se amplia. El árbol emite una nota clave, al igual que todos los seres que habitan el universo. Uno puede, si fijamos la atención en esta particular visión, pensar que es una u otra cosa.

Todos tenemos un pensamiento o una historia sobre nosotros, una particular visión sobre lo que creemos que somos, o sobre lo que creemos que es la “verdad” de las cosas. Pero esa visión es solamente una distorsión al no comprender la totalidad de lo que somos. Nos falta información sobre nosotros mismos. No sabemos cual es nuestra nota clave, nuestra vibración, nuestro color, nuestro sonido. No sabemos como se desarrollan nuestros pensamientos ni desde qué dimensión. No tenemos capacidad para discernirlos, y tampoco para saber si su naturaleza es abstracta o concreta, astral o mental. Tampoco sabemos mucho sobre nuestro hilo de vida o de consciencia, ni siquiera sobre ese abanico de emociones que nos gobiernan sin darnos cuenta. La ira, el miedo, la frustración, la pena, el odio, la tristeza, el celo, la vanidad, el orgullo… Hay cientos de variables que se nos escapan sobre nuestros acontecimientos personales, sobre lo que creemos que somos y sobre lo que creemos que es el mundo.

Hoy mirábamos desde la ventana que separa nuestro pequeño mundo del vasto universo que se abre tras el cristal. Hay un bosque salvaje que palpita mientras los pajarillos cubren los huecos entre la arboleda. Sus cantos crean un sonido en las copas, ese lugar donde aún no ha llegado la civilización y donde la vida se ve desde otra perspectiva. Fijan la mirada en el comedero esperando que se llene con alguna migaja de pan que comerán entre vuelo y vuelo.

Desde la visión etérica se puede ver ese baile y ese concierto de forma abrumadora. Uno se emociona aún más ante las maravillas de la naturaleza, y expande la visión del alma, alejado del ruido de la civilización, para gozo de la creación. La visión de este bosquecillo aún salvaje, sin que la mano humana haya puesto sus garras sobre las zarzamoras que crecen protegiendo los primeros tallos de la primavera, crean un entorno privilegiado para dotar a la vida de otro significado. Aquí las pequeñas verdades dejan de existir para dar paso a un conjunto mayor, a una escogida parcela de vida. A veces podemos subir en el vuelo de alguno de estos pajarillos que pululan de un lado para otro y subir a las copas de los árboles. Allí la visión es amplia y la civilización desaparece para dar paso a la más estrecha colaboración con la existencia. El privilegio es razonable y sólo las cárceles conceptuales sobre las cosas nos alejan una y otra vez de este paraíso natural. Somos afortunados por esta grandeza. Somos afortunados por poder apreciarla en amplitud.

Nuevo staff en el proyecto O Couso

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Como sabéis, en O Couso cohabitan tres proyectos que se integran en uno solo. Está el proyecto Simorg, de vida en comunidad desde una perspectiva integral y abierta. El proyecto de Escuela de Dones y Talentos, donde poder aprender y enseñar. Y el Proyecto O Couso, que engloba la parte de acogida, para nosotros, uno de los pilares más importantes. Parece que la primavera trae muchas ganas de hacer cosas nuevas y de organizar el mundo de O Couso para que todo se disponga de mejor manera. En los próximos meses queremos asumir varios retos y para ello hemos organizado el nuevo staff que asumirá el rol organizativo de todo lo que queremos emprender. Tras un año difícil, ya somos más de doce personas viviendo en la pequeña comunidad y con ganas de ofrecer lo mejor para que más gente bonita venga a experimentar la experiencia de vivir de forma diferente.

Los retos que se avecinan tienen que ver con la ampliación de la huerta y la siembra de nuevos árboles frutales (ya tenemos casi una veintena). Hemos empezado a darle importancia al jardín, sembrando plantas decorativas y plantas medicinales mientras buscamos que cada rincón empiece a sentirse la presencia mágica de la belleza y la armonía. También seguimos con la rehabilitación de la casa de acogida, con el reto de cubrir por fin todo el tejado restante este mismo año y de conquistar nuevas habitaciones. Deseamos encintar toda la casa para que el próximo invierno sea más cálido y acogedor. Al mismo tiempo queremos hacer nuevas cabañas para los nuevos habitantes y experimentar con algún nuevo modelo más asequible, tipo “pod”, para así ofrecer cada día más espacios de privacidad para los que lo necesiten.

En los dos últimos círculos de sabiduría que realizamos, el staff organizativo quedó de la siguiente manera:

SERVICIO (PROYECTO O COUSO). Ancianos, guardianes y voluntarios.

SECCIÓN DE SERVICIO

  • Departamento de acogida y cuidado: Loli
  • Departamento de limpieza y orden: Maritza
  • Departamento de alimento y salud: Natalie, Antonia
  • Departamento de mantenimiento y armonía: Joan
  • Departamento de construcción y equilibrio: Daniela, Xavi
  • Departamento jardinería y belleza: David, Nora
  • Departamento de huerta y animales: Bea, Rogelio, Memo

 

En próximos círculos organizaremos los siete departamentos de la sección de estudio (Proyecto de la Escuela) y los doce roles de la sección de interiorización (Proyecto Simorg) para así poder empezar a trabajar no sólo la parte material del proyecto, sino también la parte emocional, intelectual y espiritual del mismo desde una perspectiva más seria y organizada.

Si quieres participar de los mismos, estás invitado a formar parte de este hermoso equipo. Hay mucho por hacer y todos tenemos muchas ganas de seguir aprendiendo de las relaciones, de la magia grupal y de la naturaleza. ¡Os esperamos!

Compromiso y responsabilidad

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Están siendo unos días duros. Administrar los deseos de tanta gente mientras cae un diluvio universal o hay viento huracanado resulta difícil. Especialmente si la lluvia, el frío o el viento no te dejan dormir por la noche. Aquí en el bosque parece como si todos los elementos se conjuraran para hacer las cosas más difíciles. Y es asombrosa la lucha humana por intentar dominarlos y vencer su furia o tempestad.

Esta mañana nos hemos pasado todo el día achicando el agua que entraba como ríos desbordados dentro de la casa. Terminamos abatidos y mojados, tiritando de frío mientras intentábamos que el agua no terminara por arruinar todo el conjunto. Para más dificultad, las placas solares dejaron de funcionar por algún tipo de avería que no sabemos detectar y sin ellas la vida se detiene y dificulta.

Por suerte, en la comida, nos tomamos toda esta aventura con humor, hablando de cosas absurdas que nos hacían reír y observando como el ánimo, antes minado y por los suelos, se revolvía para intentar observar la vida con más filosofía. Tuvimos la oportunidad de hablar y alzar la mirada para recordar porqué estábamos aquí y porqué esta necesidad tan humana de explorar la naturaleza en su máxima dureza.

Enseguida surgieron las palabras “compromiso” y “responsabilidad”, acordándonos de lo que pasa en el mundo, recordando el estadio primitivo en el que el ser humano aún se encuentra y animándonos en el trabajo interior y exterior para seguir colaborando con el progreso humano. De alguna forma, sentimos ese compromiso, el cual hemos canalizado con lo que hacemos intentándolo realizar de forma responsable aunque a veces las diez mil responsabilidades nos hagan desfallecer.

Nos acordamos de las guerras, de los conflictos y las injusticias y vemos como la lucha por intentar crear un mundo mejor es compleja y dificultosa. Es evidente que podríamos estar en algún lugar más confortable, mirando hacia otro lado mientras intentamos llevar una vida cómoda y apartada. Pero el sentido de responsabilidad y compromiso con nosotros mismos y con el mundo nos alejan de esa peregrina idea. Estamos aprendiendo a cuidarnos, a ser mejor cada día para ofrecer lo mejor, pero luego recordamos todo lo que hay por hacer y nos falta tiempo para ordenar nuestra vida con la vida.

A veces pensamos eso tan humano de que nos gustaría tener más fuerzas o inteligencia para llevar a cabo sueños como este. Pero hoy, cuando achicábamos agua para evitar males mayores nos repetíamos a nosotros mismos, calados hasta los huesos, ese mantra que tenemos últimamente como señera: hacemos lo que podemos. Con compromiso, con responsabilidad, y sobre todo con dignidad. Esa dignidad que nos hace elegir un tipo de vida u otra, que nos hace administrar nuestros recursos, tiempo y energía en unas decisiones a veces en exceso sacrificadas y frágiles. Esa fragilidad nos conmueve todos los días, pero también la fortaleza que irradia cada dificultad añadida. Como si estuviéramos en una auténtica universidad donde estamos aprendiendo a ser completamente humildes ante la grandeza de todo cuanto nos rodea.

Ahora es tarde. No hemos cenado y tenemos hambre. Llueve y la cocina de la casa está, en este espacio-tiempo, como a eones de distancia. Así que cerraremos los ojos con el deseo encarnado de poder, tras dos noches en vela, dormir algo. Y también con la satisfacción interior de poder dedicar parte de nuestra vida y tiempo a algo que ayuda a los demás, que sirve para los demás, que inspira a los demás. Esa es nuestra voluntad, nuestro compromiso y responsabilidad. Cueste lo que cueste. Pase lo que pase. Nuestra fragilidad es también nuestra fortaleza.

Felicidades O Couso

Un doce de marzo de hace ahora cuatro años, desde la oscuridad entendíamos la noche. Los sueños fluían mientras una estrella brillaba fuertemente. Después de haber visto oscurecer el día, entró la noche en un lugar para soñar. ¡Mirad! ¡La estrella de las estrellas! La canción de la estrella encanta nuestro corazón. La llama del fuego del corazón brilla, se eleva, perdura. 
Así rezaba nuestra banda sonora mientras un gran arcoíris iluminaba el camino que nos conducía hacia la tierra prometida. Llegamos, y aún centelleando gotas de lluvia, se abría un claro sobre nosotros, dejando pasar la luz. Llorábamos por la emoción que brotaba desde nuestros adentros. Había una señal inequívoca, un resplandor interior que iluminaba con fuerza ese momento, ese lugar, ese reencuentro de almas. El propósito se unía con una fuerza inequívoca. Las señales se multiplicaban ante nosotros para que viéramos con claridad que habíamos encontrado el nexo, el fractal necesario para este tiempo, la encomienda que había que reconstruir para dar posada al peregrino. 
Hace cuatro años, un día como hoy, próxima la primavera, sentimos la llamada, el deseo. Sonaba Aniron, fuera y dentro de nosotros. Como si esa música quisiera revelarnos algo. Al bajar la última cuesta las lágrimas resbalaban como ríos mientras el verdor nos recibía, como si viniéramos de un largo viaje y todo concluyera en ese momento único, en esa estrella en la noche oscura. 
Han pasado cuatro años de ese momento y aún lo recordamos con emoción extrema. Especialmente por todo lo que ha ocurrido, por todo lo caminado, por todas las almas que han enlazado sus vidas unas junto a otras provocando más vida, más lazos, más fraternidad, más humanidad, más amor. Cientos y cientos de peregrinos han compartido espacios y tiempos que ahora resuenan como tambores que se unen a un concierto mayor. Todos los esfuerzos, todos los abrazos, todo el sufrimiento y el dolor, todo el trabajo y toda una vida ha podido quedar para siempre en nuestras almas.
O Couso cumple hoy cuatro años y sentimos cierta alegría interior. No sabemos qué cosas buenas y menos buenas habremos obrado en los otros, pero sí sabemos con suma certeza como el secreto de ese lugar ha crecido en nosotros. Como el misterio se ha ceñido al guion y a la promesa que un día fue pactado allá en los estrechos valles del alma. 
Estamos felices por el camino hecho, por la satisfacción de que, a pesar de todas las dificultades, seguimos aquí, empuñando el testigo del nuevo tiempo, sin miedo al futuro y honrando siempre el esfuerzo y el sacrificio de los que nos precedieron y ya no están entre nosotros. 
Un especial recuerdo a los tres soñadores y a los cuatro constructores que sirvieron de guía, fuerza y ejemplo de los primeros momentos. Su luz, su llama y su fuerza aún hacen posible este trabajo mágico del alma. Su trabajo como tejedores de luz sigue iluminando los campos, bosques y montañas de este santo y hermoso lugar. Su valía y sacrificio sirvió de mucho para muchos. Y su lema, “todo para ellos”, sirve de esperanza futura. 
Un especial recuerdo también a las fuerzas invisibles que nos guiaron ciegamente hacia la oportunidad de servir en silencio, con absoluto desapego, sin buscar más recompensa que la alegría en el rostro del otro. 
Cuatro años no es nada, pero aquí seguimos, con fe y esperanza, con humilde vocación de servicio, con ganas de que el amor en acción sea manifestado en cada rincón de este lugar hermoso. Seguimos haciendo de un mundo bueno, un mundo mejor en esta red etérica invisible. Seguimos dando la nota en este concierto universal.
Felicidades querido O Couso.
Gracias por todo lo que nos has dado. 

 

Un nuevo tejado para celebrar nuestro cuarto aniversario

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El próximo día doce de marzo celebramos cuatro años desde que una fuerte impresión y unas señales esculpidas en elementos vivos nos empujó a abrazar esta tierra y este lugar. La emoción que provocó en nosotros esa visión nos transportó extasiados hacia antiguas reminiscencias, hacia nobles deseos de entender que este sitio debía acoger algo hermoso. La que sería casa común, en aquel año tan sólo un enorme despojo de piedras amontonadas pero valerosamente atrapadas en el abrazo del tiempo, fue esculpiendo con el sudor de cientos de peregrinos una hermosura que encerraba y que aún está por salir. Aún somos incapaces, a pesar del esfuerzo realizado en todo este tiempo, de sustraernos a la atracción de la espléndida magia que encierra cada una de esas piedras centenarias. Observarlas una a una hipnotiza y eclipsa cualquier razón, a sabiendas del esfuerzo milenario que la naturaleza ha esculpido en ellas. Lo inmenso del tiempo que trabaja junto a las proezas de la inteligencia que elevó a esas alturas la piedra esculpida nos hace pensar en esa obra como algo más divino que humano.

En cuatro años nuestra visión no se ha transformado y la impresión del primer día se refuerza con cada nuevo paso. El sol, la nieve, el viento, la lluvia y todos los elementos que cada día esa casa soporta para intentar albergar en su interior algo de tímida vida requieren una ayuda constante para que la piedra se convierta en hogar y la vida fluya caliente por entre sus paredes. Admitimos con el paso del tiempo que fuimos osados y valientes, y que no nos faltó fuerza para seguir adelante. Pero también fuimos en exceso ilusos y ambiciosos al ver, con el paso del tiempo, la grandeza de la obra.

Para de alguna forma expresar nuestra admiración y testimoniar nuestro reconocimiento, la gratitud que rebosa en nuestro corazón y por todo lo que nos ha enseñado y descubierto desde sus piedras mudas, este año queremos volver a volcar un nuevo esfuerzo para terminar de construir la parte del tejado que aún queda por hacer. Sólo en la compra de los materiales vamos a necesitar muchos recursos, pero queremos elevar nuestra voz y canto para que otro paso más sea posible en esta loable empresa de reconstruir los nuevos valores del milenio que llega. No tenemos prisa, seguimos contemplando bajo el suave manto del tiempo la brillante y esperanzadora reconstrucción de este lugar candoroso.

Ese nuevo tejado revivirá y acogerá a nueva gente, nuevas esperanzas y una nueva buena. Seguiremos creando belleza y profunda hermosura en todo lo que podamos, y seremos, a su vez, protectores de esas piedras que durante siglos han esperado nuestra llegada. Como otras veces, agradeceremos cualquier ayuda, sea moral, anímica o material. Gracias a estas piedras vivas que ayudáis a construir esta morada hermosa.