Otoñar…

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Lo revolucionario del silencio es todo lo que es capaz de transmitir sin decir nada. El otoño es como un preludio, un prólogo o una introducción a ese silencio que pronto llegará en las frías noches de invierno. En ese prefacio podemos caminar por los bosques y escuchar aún el crujir de las hojas que van cayendo poco a poco sobre el manto verde del suelo. Los caminos empiezan a embarrarse y las pisadas de los animales que nos rodean empiezan a impregnar las esencias dóciles del barro.

Los voluntarios dejan de llegar y toca recogernos, arrimarnos a los primeros fuegos y buscar en la entraña de nosotros mismos las enseñanzas y experiencias que nos hicieron más humanos. La leña ya está preparada, las manos se frotan por las mañanas para intentar atraer con la fricción la promesa del calor matutino. Los últimos frutos de la huerta gozan aún de salud y las herramientas empiezan a ser ordenadas en el taller esperando una nueva primavera.

Todo lo que nos rodea es susurro y recuerdo. Un verano intenso, muy intenso, a veces alegre, a veces doloroso, pero siempre compartido. Compartimos sueños de un mundo mejor, utopías que se desvanecen ante la imposibilidad de poder abarcarlo todo, o ante la necesidad de considerar que todo esto vale la pena por el esfuerzo y la tenacidad. Estamos aprendiendo a manejar los tiempos y a conjugar la bondad de compartir con la necesidad de subsistir ampliamente en todas las facetas humanas. Pero romper moldes nos cuesta. Buscar en nuevos paradigmas respuestas apropiadas a los ciclos y los tiempos requiere silencio, reflexión, arquitectura emocional e inteligencia activa al servicio de la causa.

Otoñar es todo eso. Es ver caer las hojas mientras nos interrogamos sobre lo que estamos haciendo, sobre las equivocaciones, sobre los pocos aciertos. Los lugares son hermosos, vivir en los bosques, en plena naturaleza es todo un privilegio. Hacerlo de forma compartida es un regalo. Pero el sacrificio constante de ambas dádivas requiere de una fortaleza especial, de una visión poderosa que nos dote de la fuerza suficiente para seguir adelante.

Vivir una vida alternativa con unos valores alternativos en un lugar revelador solo puede servir como fuente de inspiración. No para que todo el mundo haga lo mismo y dedique su vida a buscar un lugar en el mundo. Realmente no cambia mucho el estar aquí o allá. No son los espacios los que provocan la magia. Es lo milagroso de la proeza del compartir lo que hace que un espacio sea mágico. Nosotros hemos experimentado ese milagro dentro y fuera de todo lo que aquí pasa a diario. Pero hay que estar atentos, observantes. Hay que ser amables, generosos y flexibles para poder entender esa grandeza. El otoño nos permite, con sus suaves susurros, comprender el milagro de la vida, su esencia, su verdadero poder. Seguiremos transitando sus vías amables y alegres, agradecer a la aurora de cada día el regalo de estar vivos.

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El gran tejado avanza

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Cuando tomamos la decisión de afrontar con valentía y fuerza la construcción del tejado que nos faltaba fue sin duda algo totalmente osado. Pero nos dábamos cuenta que desde el inmovilismo y la queja nunca íbamos a terminar nada, así que decidimos buscar soluciones imaginativas al gran reto que nos suponía esta obra.

El presupuesto total del que hablábamos era de unos veinte mil euros incluyendo la pizarra, el aislante, los rastreles, la madera, los grandes palos y la mano de obra que necesitáramos para las cosas más complejas. Cuando tomamos la decisión no teníamos presupuesto ni dinero en caja, pero intentamos acordar con los proveedores el pagar poco a poco todo lo que fuéramos haciendo. El resultado ha sido casi milagroso. La mano de obra inicial, el aislamiento y parte de los materiales ya están casi pagados. De todo el presupuesto, solo debemos tres mil euros de pizarras y otros tres mil de maderas de un presupuesto total de veinte mil. Lo cual para nosotros ha supuesto un gran reto además de un gran agradecimiento a todos los que nos habéis ayudado a conseguirlo. También muy agradecidos a los proveedores, vecinos de confianza que nos han ayudado en todo hasta el último suspiro.

El verano llega a su fin y estamos buscando fórmulas imaginativas para seguir adelante, terminar el tejado y abonar lo que nos queda por asumir. Esta seguramente es la última gran obra que hagamos en la casa de acogida a falta de terminar el último tejado antiguo que ya deberemos afrontar, debido al mal tiempo y la falta de recursos, en la próxima primavera.

De nuevo un año complejo, como siempre difícil y como siempre lleno de retos y aprendizajes. Mucha gente nos ha visitado este verano y sopesamos tener un invierno tranquilo para poder descansar y recuperarnos de la gran labor que supone seguir firmes al frente de este ambicioso proyecto hecho entre todos y para todos.

Gracias de corazón a todos los que nos habéis apoyado y a todos los que veis en este lugar un punto de luz y esperanza. Gracias a todos los voluntarios que han estado al frente dándolo todo y gracias a todos aquellos que desde la lejanía habéis dado todo lo que está en vuestras manos para apoyarnos. Gracias a los amigos del grupo de Teaming que con un euro al mes hacen posible muchas cosas y gracias a aquellos anónimos que nos habéis echado un cable. Gracias, gracias, gracias y feliz entrada al equinoccio de otoño…

 

 

 

Mapa de Permacultura en O Couso

Queremos compartir con vosotros estos mapas de permacultura que los amigos Irene, Nuria, Rubén e Iván hicieron hace un tiempo sobre nuestro proyecto dentro del programa de Gaia Education realizado en la UOC. Como podéis ver, aún queda mucho por hacer en el proyecto, pero estamos avanzando poco a poco gracias al esfuerzo y la perseverancia de todos vosotros. Así que gracias, gracias, gracias…

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La familia invisible

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Han llegado para participar en la tercera semana de experiencia de este verano un grupo de jóvenes provenientes de Holanda y México. Están buscando inspiración para crear en alguna parte del mundo una comunidad. También una familia de Murcia y personas que vienen y van buscando algún tipo de alto ideal. Nos sentimos siempre agradecidos y honrados por este tipo de visitas. Especialmente cuando nuestra misión pedagógica es la de servir de cierto humilde ejemplo e inspiración a otros para que entiendan que se puede vivir con unos valores diferentes, nacidos de la buena voluntad y un sentido profundo de ayudar al otro.
O Couso es un lugar bello e inspirador. Cada vez resulta más enigmática su propia evolución. Vemos como la casa se transforma, como los espacios verdes se llenan de belleza natural y como las personas siguen siendo atraídas una y otra vez para compartir con esta gran familia que se está creando. Cuando vienen de forma repetitiva podemos identificarlos como parte de esa familia, como si fueran miembros de una unidad mayor de almas que se reúnen para conspirar juntas sobre la fórmula de crear algo diferente y especial. Aún lo hacemos torpemente porque no hemos alcanzado plenamente esa visión. No somos capaces aún de ver esos hilos que nos conducen y nos enlazan. Aún no tenemos la suficiente confianza para admitir que no estamos aquí por azar, sino que algo ocurre en otras esferas.
Pero la fuente de atracción ya es un significado de tensión, de intención, que nos quiere advertir sobre algo que no entendemos. Hay un abrazo magnético que nos une, no desde un punto de vista temporal o espacial aislado, sino como un lazo místico que se conjuga en los tiempos y en los espacios. El venir aquí es sólo una parada en el camino, como cuando vas los domingos a celebrar con tu familia sanguínea algún tipo de fiesta o comida común. Aquí la fiesta es vernos, compartir unos días, celebrar el que de alguna forma nos reconozcamos, aunque no sepamos del todo de donde nacen estos vínculos de unión.
Pero cuando nos miramos con humilde percepción podemos ver claramente como todos somos parte de una misma cosa, de un mismo “círculo-no-se-pasa”, de una misma fuente asrhámica donde cada uno aporta su granito de arena dependiendo de lo cerca o lo comprometido que esté con la implicación grupal. Hay un punto focal que deriva de un rayo, de una fuente. Hay una energía que nos tiñe a todos y a la que reaccionamos, dependiendo del poder que le hayamos dado a nuestra alma o por el contrario, a nuestra personalidad, de una forma u otra. Los que se compadecen en amoroso servicio gracias a su amplia visión y entrega a los designios del alma, pueden ver en silencio el juego de roles y personajes de cada uno de nosotros. Los más aferrados a la personalidad obedecen a un carácter fuerte, deseoso de imponer sus propios criterios y condiciones al resto.
Aún así, el vínculo permanece, la energía traspasa toda frontera, cada uno cumple con su parte dependiendo del grado de observación y atención hacia el mundo intangible y sobre todo, cada uno hace lo que puede desde sus propias limitaciones. Al final de la jornada, nunca sabemos si hemos obrado de la mejor forma posible, pero siempre nos queda la satisfacción de haber hecho lo que estaba en nuestras manos.

Gracias Rangers

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Nos levantamos estos días con la noticia de que al final no habíamos ganado el premio del Germinador Social. Eso dificulta aún más la construcción del nuevo tejado, pero no cesaremos en el empeño de seguir trabajando juntos para que la realidad de una casa cada vez más habitable para todos llegue algún día a buen puerto. Ahora toca imaginar soluciones contables para poder terminar el tejado. Gracias a la ayuda de los vecinos y proveedores, que nos están dando facilidades de pago, estamos acometiendo poco a poco la obra. Ya está toda la estructura de madera en el tejado y ahora solo resta conseguir el aislante y la teja de pizarra. Poco a poco seguiremos adelante. A veces la economía del don y nuestro “deja lo que puedas” tiene sus dificultades, pero nada nos detiene en la aplicación de este nuevo paradigma y de estos imprescindibles nuevos valores.

Mientras tanto, el verano sigue su intenso ritmo. O Couso se llena de belleza, de esa naturaleza exuberante que se pliega con un verdor intenso donde las flores resucitan en pleno verano y los animales disfrutan de la extrema hermosura de los paisajes. Atardeceres llenos de misterio y música, amaneceres entre nieblas que intentan ocultar todo aquello que pronto resurgirá como algo nuevo. O Couso vive su eterna primavera: todo verde y con temperaturas agradables.

Este último mes ha sido muy intenso. La semana pasada éramos algo más de cuarenta personas compartiendo experiencia y amistad. La amistad es un relato de amor que se teje entre nosotros cada día, a cada instante. Personas que no se conocen de nada y de repente encuentran lazos indestructibles que duran para siempre. Es cuestión de unas horas, o unos días, y todo se gesta como si siempre hubiera existido.

Tuvimos la visita de un grupo admirable, de veinte scouts venidos de Barcelona que recogieron el testigo de la primera experiencia que tuvimos el año pasado. Los scouts tienen algo que los hace especiales, quizás por su afán de servicio, de compromiso y responsabilidad con su filosofía de vida. Jóvenes dispuestos a darlo todo, a permitir mejorar la vida de los demás sin esperar nada a cambio, a aprender enseñando con su ejemplo. Con ganas de aventura, de experiencias, de amistad, de acción y amor por todo lo que les rodea. Vinieron y dejaron su nota clave, su apoyo y cooperación, su esfuerzo. O Couso revivió de nuevo con su juventud y especial cuidado. Nos sentimos orgullosos y parte ya de la familia scouts, unidos por ese hilo invisible que se teje entre los que aspiran a ser guías y exploradores del nuevo mundo.

Nos sentimos muy agradecidos por su aportación, pero sobre todo, por su alegría contagiosa, por sus canciones, por todo aquello que inspiran con su juventud y ganas de vivir. Nos gustaría nombrar a cada uno de ellos, agradecerles ahora desde la distancia todo lo que inspiraron sin ellos saberlo. Nos queda en todo caso su recuerdo, su memoria, y las ganas de que algún día vuelvan con más almas libres.

Tolerancia fue la nota clave de la semana pasada. Todos iguales entre tanta diversidad. Todos hermanos en una fraternidad humana que se expande con nuevos valores y promesas. Esperamos que O Couso también les haya servido de inspiración, especialmente en ese clamor unido de que otro mundo es posible.

Gracias, gracias, gracias…

PROYECTO O COUSO HA SIDO SELECCIONADO ENTRE LOS FINALISTAS DEL GERMINADOR SOCIAL 2018

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Mientras andamos trabajando duro en la reconstrucción del tejado de O Couso, nos enteramos que hemos sido seleccionados para el Germinador Social de Som Energía y Coop57.  Por eso os pedimos que votéis a favor del proyecto.

El Germinador Social es un concurso impulsado por Som Energia y Coop57 para estimular la creación de modelos sociales innovadores con el objetivo de promover nuevos agentes locales para la transición energética.

Ya sabéis que desde Proyecto O Couso tenemos ganas de desarrollar un proyecto dentro de la economía social y solidaria en el ámbito de las energías renovables y la eficiencia energética, que contribuya a la democratización de la energía y el empoderamiento de las personas usuarias. Y nuestro proyecto ha sido ya validado. Recordad que desde los inicios hemos apostado por las energías limpias y hasta ahora somos autosuficientes gracias a las placas solares (de momento cuatro) de las que disponemos, con ganas de poder seguir ampliando nuestra red energética con más placas y molinos de viento.

Estamos ahora en la fase de Votación Popular de los proyectos validados, del 15 de junio al 10 de julio. De estas votaciones populares se seleccionarán los cinco proyectos más votados como finalistas del Germinador Social. El Jurado del Germinador Social completará la lista de proyectos finalistas con la selección de los cuatro proyectos restantes para completar el total de nueve finalistas.

Som Energia entregará, a través de donativo voluntario, el importe total de 25.000€ a distribuir entre los proyectos premiados. Y la Fundación Coop57 bonificará una parte de los costes financieros de un posible préstamo a los proyectos seleccionados. Y nos vendría de maravilla para terminar de arreglar el tejado, ampliar nuestra red de placas solares e iniciar por fin la Escuela de Dones y Talentos, la verdadera piedra angular del proyecto.

Para votar es muy sencillo:

1.-Entras en el listado de Proyectos en:

https://www.germinadorsocial.com/proyectos-seleccionados/

2.-Pulsa en Proyecto o Couso
3.-A la derecha te pone ¡VOTA!
4.-Metes tu nombre y apellidos y una dirección de e-mail
5.-Te enviarán un correo con un enlace para que votes, y ya puedes votar a Proyecto O Couso y a otros dos proyectos de los finalistas, que te apetezcan.

¡GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS!

El reto de acoger grupos

Hace unos días estuvo con nosotros un grupo de casi cincuenta personas que vinieron desde A Coruña de la mano de nuestro querido Vicente para pasar un día diferente entre nosotros. Normalmente en verano estamos acostumbrados a acoger a mucha gente, grupos de personas individuales que suelen oscilar entre los veinte y treinta personas. Pero este día íbamos a ser casi el doble, los casi cincuenta que venían más la docena que ya estábamos aquí. Casi sesenta personas en un día que además, amenazaba lluvia.

Debido a esa amenaza del tiempo tuvimos que buscar alternativas para poder buscar refugio, en caso de que lloviera, a todo el mundo. Gracias a la idea e iniciativa de Begoña y Javier, que vinieron desde Asturias para ayudarnos, construimos un avance en el antiguo salón de la casa. El temor a que el cemento y las maderas no fraguaran a tiempo planeaba sobre nosotros. Si llovía teníamos que comer todos en el salón.

El día anterior había caído un diluvio y la previsión para el gran día era de lluvia. Desde muy temprano, los voluntarios nos levantamos para preparar todo. El comedor ya estaba listo y confiábamos que resistiría el peso de todos nosotros. Buscamos mesas por todas partes, incluso alguna que tuvo que ser secuestrada de las cabañas para poder acomodar a todo el mundo. Hicimos una gran compra de comida para preparar todo y cocinamos durante casi dos días para que estuviera a punto.

El autobús llegó puntual con todos los comensales. Como éramos mucha gente, dividimos el grupo en tres. Hicimos una acogida amplia explicando todo el proyecto. Mientras un grupo enseñaba la casa del siglo XVI, explicando sus pormenores en esta valiente restauración, otro grupo enseñaba la huerta ecológica o la construcción de las cabañas que albergan a los voluntarios. Tras la acogida, hicimos un pequeño descanso y poco a poco, nos fuimos al ahora gran salón que nos esperaba ya con todo lo necesario para la comida. A pesar de que por la mañana no llovió, preferimos comer dentro por si el tiempo cambiara. Hicimos un gran círculo de consciencia y pudimos agradecer los alimentos todos cogidos de la mano, aumentando con ello el sentido humano de la fraternidad.

Tras la comida, nos fuimos al jardín para realizar un gran círculo de sabiduría, cuyo tema principal rondaría en como hacer un mundo bueno y mejor. Los comensales parecían felices y satisfechos. Explicamos el esfuerzo que hacíamos en la rehabilitación del edificio y dejaron un generoso donativo que nos ayudó a complementar la compra de maderas para el tejado. Los voluntarios, agradecimos, nos abrazamos de júbilo al ver que todo había salido bien y no hubo ningún incidente.

Para nosotros fue un reto importante, y también el inicio para poder invitar abiertamente, tras la experiencia, a la visita continua de grupos que deseen compartir un día diferente en un entorno privilegiado. Así que gracias querido Vicente por la iniciativa y el valor y la generosidad infinita demostrada con esta acción y quedamos a la espera de que muchos otros grupos vengan para llenarse de fraternidad e inspiración. Gracias a todos los partícipes y voluntarios por hacerlo posible y por mostrar infinita generosidad a la hora de compartir un día diferente en un entorno único y privilegiado. Gracias de corazón a todos y sigamos haciendo de un mundo bueno, un mundo mejor.

Gracias Fundación Ananta

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Desde hace algunos años venimos colaborando de formas diversas con la Fundación Ananta, y tanto la propia fundación como sus miembros siempre han apadrinado y apoyado de alguna forma nuestro proyecto. En el fondo, nos mueve la misma filosofía, que no es otra que tomar consciencia de que somos una sola humanidad, y de hacer un esfuerzo, desde la mayor toma de consciencia de este hecho fundamental, de la necesidad de hacer de un mundo bueno, un mundo mejor. Esto es un alto ideal que hay que perseguir constantemente no sólo desde grandes acciones grupales y hermosos ideales, sino también desde las pequeñas contribuciones individuales que cada uno de nosotros podamos hacer en el día a día.

Desde la fundación Dharana, nuestro empeño sigue siendo el de construir lugares donde podamos reunirnos y pensar juntos las mejores maneras de crear ese mundo nuevo, no sólo nuevo en las cuestiones materiales, haciendo especial hincapié en lo relacionado al cuidado de la madre naturaleza, sino también buscando fórmulas positivas para que la consciencia y la convivencia humana sean cada vez más equilibradas y armónicas. Por eso decimos que lo que promovemos son experimentos sociales donde se pueda profundizar en los valores que deberán marcar las próximas décadas, enfocando nuestra investigación práctica en la construcción real, y no sólo imaginada, de ese nuevo mundo. El proyecto O Couso pretende ser un primer ejemplo de todo ello, y ojalá tuviéramos fuerzas y recursos para que ese ejemplo se multiplicara en otros espacios y lugares.

En estos últimos cuatro años, no sin dificultad, hemos logrado hitos de convivencia, de valores y de nueva consciencia. Hemos reconstruido con esfuerzo y empeño un lugar que adolecía de abandono y deterioro. Con nuestras actuaciones estamos revitalizando una zona endémica, despoblada y con urgente necesidad de actividad y promoción. Nuestra humilde aportación local se extiende inevitablemente a internacionalizar un proyecto que ya es conocido en muchos confines de la geografía mundial. Las recetas que intentamos aplicar, siempre en continua revisión, pretenden formar nuestro potencial humano en realidades palpables bajo la atenta realización de la belleza, la armonía y el bienestar.

El Proyecto O Couso sigue siendo un reto importante. La casa de acogida intenta dar cobijo y comida a todo aquel que venga hasta el proyecto basados en la hospitalidad de los antiguos hospicios del camino de Santiago, cuyo lema era “deja lo que puedas y coge lo que necesites”. En tiempos modernos, lo que pretendemos con este mensaje es hacer énfasis en la economía del don como nuevo modelo experimental de compartir bienes y servicios y de la recuperación de los trabajos antiguos de hospitaleros del camino de Santiago, ampliando este concepto, el de Camino, hacia todos los caminos del espíritu que requieren llegar simbólicamente a alguna parte. En estos cuatro años hemos dado unos sesenta y cinco mil platos de comida (entre desayunos, comidas y cenas: 3 comidas por 365 días al año por una media de 15 personas al día por 4 años) y hemos alojado a unas cuatro mil personas, entre voluntarios y peregrinos. Todo esto sin que la casa esté terminada y sin que el proyecto esté oficialmente abierto. Toda una proeza.

Además de la casa de Acogida, tenemos dos proyectos en marcha: el de la comunidad (ya tenemos tres cabañas terminadas y estamos trabajando en otras tres), donde ya somos unas quince personas viviendo de forma estable; y el proyecto de una escuela de dones y talentos, corazón principal que da sentido a todo lo demás y cuyas bases materiales estamos ya planteando. Todo esto en un contexto y entorno hermoso a tres kilómetros del camino.

Por eso estamos enormemente agradecidos a la Fundación Ananta y su patronato por haber donado en estos días una aportación de 3.333 euros, los cuales ayudarán a poner en marcha la primera fase de la construcción del nuevo tejado de la casa de acogida. Gracias a su aportación podremos empezar con la primera fase, donde ya hemos podido conseguir algunos materiales y donde podremos proteger, si todo va bien, la casa del siglo XVI que espera ansiosa una profunda renovación. Ya tenemos los primeros troncos que hemos podido limpiar para en unos días poder colocar en el tejado. Luego tendremos que pasar a la fase de entablado y aislamiento y por último la compra de losas de pizarra para poder culminar esta parte del tejado. Es un reto, un gesto, una prueba más de que podemos seguir avanzando para ofrecer cada día más lo mejor de nosotros.

Dar y recibir es una constante universal, una fuerza que mueve el mundo y el universo, y que también contagia energías suficientes para movilizarnos como seres humanos. En el Proyecto O Couso nuestra constante es dar, dar y dar más. Por eso, cuando recibimos, nos sentimos profundamente agradecidos por obrar la obra y el milagro. Nuestro empeño continua. Fieles a nuestro mandato, seguiremos construyendo este nuevo mundo, materialmente, y también humana y consciencialmente.

Gracias Fundación Anananta por vuestra aportación, esperando poder ser útiles también a vuestra causa.

Pd. Si deseas ayudarnos a reconstruir y culminar las obras del tejado, puedes hacerlo de múltiples formas. Puedes venir de voluntario, formar parte del patronato de la fundación y apoyar con ello de forma más comprometida el proyecto. También puedes venir una temporada para vivir con nosotros y así contagiarte de la difícil tarea de convivencia y reto humano. Hacen faltan responsables para todos los departamentos. También puedes echarnos una mano desde donde estés, con un ingreso a la fundación Dharana, proyecto O Couso, número de cuenta o a nuestra cuenta de Paypal:

info@dharana.org

Cuenta Triodos Bank: ES54 1491 0001 2121 2237 2325

Gracias de corazón por cualquier granito que ayude a soportar esta hermosa obra.

21 días de experiencia

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Hoy era un buen momento para empezar los 21 días de experiencia. La noche no quiere aparecer. Amanece tan temprano que resulta incómodo no disfrutar de la vida a altas horas de la mañana. Las meditaciones, ante la ausencia de frío, se hacen más pausadas y serenas. A las ocho de la mañana y a las ocho de la tarde. Para empezar el día en silencio y terminarlo en silencio. Y esas dos personas, valientes y decididas, han empezado su proceso de silencio. 21 días que les llevará por los recovecos de este lugar y también por los aledaños de su interior. Tres semanas de silencio para empezar a explorar toda esa vida envolvente que muchas veces, ante nuestro ruido interior, no vemos. Tres semanas de introspección para poder reencontrarse de nuevo con lo importante, con lo esencial, con lo verdadero más allá del velo de la rutina y el tedio.

Comemos en la hierba bajo el sol. Sonreímos y gastamos bromas. Unos se enamoran de otros y empiezan a verse parejitas alegres entre los árboles, buscando flores mientras caminan y se dedican sonrisas y miradas. La complicidad se puede ver cuando los pajarillos no paran de gritar que están artos del invierno. La vida en la pequeña comunidad no es fácil. Tras el duro invierno apetece pasear, estar tranquilos, trabajar alegres bajo el sol pelando los troncos que servirán para sostener el nuevo tejado o buscando plantas comestibles en los campos para aderezar una improvisada ensalada de hojas y flores silvestres.

No, aquí la vida no es fácil, pero resulta que es única y verdadera. La naturaleza nos enseña. Cuida de nuestro cuerpo físico. Vitaliza nuestra ánima con energía y fuerza. Nuestras emociones se tiñen de la espectacular visión que nos rodea. Las montañas y los valles fijan en nuestra mente mensajes calmados y llenos de gracia. No es fácil pero nuestro deseo quiere que la dificultad sea afrontada con serenidad y alegría, a sabiendas de que todo lo que hacemos es por el bien común. Todo es un aprendizaje. Vivir aislados en nuestras madrigueras es relativamente sencillo. Pero cuando salimos al mundo y nos enfrentamos a los otros resulta que aprendemos, resulta que la vida nos llama a envejecer juntos para comprender en profundidad sus misterios.

La primavera tiene una magia especial. Hace unos días un ciervo entró a la comunidad. Nos cruzamos con él, junto a las cabañas y se asustó. Las cigüeñas nos rodean buscando algo que comer mientras cientos de pájaros de todos los colores nos despiertan con sonidos imposibles. Hoy ha sido el primer día de la experiencia y tocaba no hacer nada, bucear en la quietud mientras se disfruta del espectacular paisaje salvaje. Pasear, comer algo y contemplar. Esa era la rutina para las dos valientes que se enfrentan al reto. Silencio, silencio, silencio. Y entonces ocurren cosas, algo se mueve, algo se instala, algo se reordena. Las emociones cobran sentido, los pensamientos fluyen vigorosamente. La vida continua su ciclo maravilloso y oxigena todo lo que somos. 21 días de experiencia, en silencio, nos ayuda a recordar quienes somos, a qué hemos venido y hacia donde vamos. Y todo como un regalo que despierta en nosotros esa emoción de compartir, de contemplar, de embellecer la vida con más vida.

¿Derrota o victoria?

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El otro día hacíamos una memoria para ver en qué lugar nos encontrábamos, cuales iban a ser las necesidades futuras y cómo íbamos a alcanzar el punto de equilibrio en el proyecto. Nunca se nos ha dado muy bien eso de hacer números. Nos atenemos a ese principio oculto de no comercializar con las cosas del espíritu, y hacer lo posible por su difusión, pero admitimos que cierta sensación de derrota chocó frontalmente con la realidad.

En la memoria comprobamos que en estos últimos años hemos hecho una inversión de al menos trescientos mil euros, si contamos en esa cifra no sólo la compra de la finca y los costes de construcción realizados hasta el momento, sino también otros gastos como alimentación. Haciendo números, resultaba agotador pensar que aún nos quedan al menos unos doscientos mil euros, tirando a la baja, para completar el proyecto y que éste empiece a ser auto sostenible llegando al ansiado punto de equilibrio.

Las personas que nos rodean no paran de decirnos que no nos rindamos, que aguantemos, que saquemos fuerzas de donde sea con tal de seguir inspirando. Rendirse o no hacerlo tiene mucho que ver con la fortaleza interior. Seguramente, una composición frágil interior hace que tiremos la toalla a la primera de cambio cuando la presión de las circunstancias provoca una prudente retirada. La resistencia en las batallas de la vida tiene mucho que ver con la fuerza a la que uno se enfrenta. De alguna forma podemos entender a esas personas que son sometidas constantemente a pruebas humanas de cualquier tipo y soportan con valentía las mismas. Por eso nos empeñamos en meditar, meditar, meditar, como ejercicio práctico para dotarnos de fuerza interior como personas y como grupo. Los rituales también nos fortalecen, y las canciones, y la alegría ante la adversidad cotidiana.

A veces el ánimo te juega malas pasadas. Especialmente cuando todo se junta en una sólida circunstancia aparentemente difícil de derrumbar. Siempre está ahí esa sensación tan humana de estar remando contra corriente cuando las fuerzas empiezan a enviarte hasta el fondo, hasta la oscuridad, hasta la desesperación. Cuando estos días salían por fin los primeros rayos de sol nos felicitábamos unos a otros por haber resistido valientes las crudezas de este largo invierno. Algo habíamos logrado y una sonrisa cómplice se apoderó de nosotros. Había llegado por fin la primavera y seguíamos ahí, erguidos, dignos, alegres.

En este punto circunstancial podríamos ver el proyecto como una derrota, pero también como una victoria. Es evidente que es el tiempo el que juzgará todo lo que hacemos, especialmente el cómo lo hacemos.

Cuando decidimos no pedir ningún crédito a los bancos para no hipotecar el futuro del proyecto y con eso dejar libertad absoluta al principio de no comercializar con las cosas del espíritu, asumimos una apuesta arriesgada. La carga de esa apuesta la soportamos unos pocos, evidenciando la generosidad de unos y de otros para que a largo plazo pudiéramos seguir sirviendo sin una contraprestación dineraria. Es decir, queríamos que las personas pusieran el foco de atención en los valores y principios del proyecto, y no en si ha costado veinte o treinta euros al día el comer y dormir.

Esto es una paradoja en sí misma. Porque es cierto que hasta el día de hoy la experiencia podría hacernos pensar que se ha convertido en una derrota material, pero al mismo tiempo, interiormente, sentimos cierta victoria. Hemos vencido al tiempo, hemos vencido a las terribles circunstancias, hemos vencido al qué dirán, hemos vencido a la indigencia de no tener nada y a la miseria de vernos sin saber qué cocinar día sí y día no. Pero sobre todo hemos vencido al miedo de vernos como los pájaros del campo, sin saber qué nos deparará el día. Y nos acordamos de aquellos proverbios en los que se dice que las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, la vida las alimenta, o miramos con atención esos lirios del campo cómo crecen. Ellos no trabajan ni hilan pero ni aun Salomón, con toda su gloria, fue vestido como uno de ellos. Sí, hemos vencido ese miedo, y por eso seguimos adelante…

(Foto: Daniela esta mañana trabajando en la que será su mini-cabaña de seis metros cuadrados, una solución intermedia para seguir creando espacios privados que nos doten de calor y fuerza).