Tres veranos en comunidad

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El tiempo pasa excesivamente rápido cuando te empeñas en vivir la vida hasta el fondo, estrujando la madeja invisible de todo cuanto ocurre. Hemos empeñado parte de nuestra vida en este loco proyecto comunitario, hipotecando quizás unos años futuros con tal de que merezca la pena el realizar un sueño colectivo. O Couso se ha convertido en una pequeña luciérnaga que ilumina en una eterna noche oscura. Atrae hasta sus mieles pequeñas luminarias que se decantan por unos días de descanso, de retiro o simplemente de compartir. Cuando ves todo lo que aquí se genera de forma humilde e invisible dan ganas de compartirlo de alguna manera.

Es evidente que esto no es ninguna panacea, ni la utopías completa ni un mundo maravilloso, pero también es evidente que nos resultaría muy difícil vivir en otro tipo de lugar. La apuesta, la entrega, el relato de una vida que se experimenta segundo tras segundo es algo que no tiene precio. Contemplarla como un observador silencioso, dejando que las cosas fluyan a su ritmo, aprendiendo de la fortaleza de los robles y buceando en la flexibilidad del agua que recorre toda la tierra húmeda es algo que ennoblece el alma y ocupa la atención del espíritu que todo lo mueve.

Son tres los veranos que hemos pasado aquí. Hemos aprendido mucho, hemos acelerado nuestros procesos cognitivos y estamos aprendiendo a inclinar con humildad todo nuestro bagaje pasado. Aquí nos damos cuenta de la minúscula atención que el universo entero muestra sobre nuestras pequeñas vidas. Nos ilumina la inmensidad a cada instante, por lo tanto, tomamos consciencia de nuestra pequeña trascendencia. Aún así, nos sentimos afortunados por ser partícipes vivos de este hermoso elemento, de esta hermosa tierra que nos acoge y dulcifica con su belleza nuestras penurias y desalientos.

Hemos aprendido a soportar los ciclos y hemos sabido adaptar al milímetro nuestras vidas a los elementos. Nos hemos llenado de coraje y valor y hemos comprendido la importancia de estar aquí, de ser guardianes de ese pequeño destello que debe sumarse a la estrellada noche del alma. Nuestro papel es bien fácil. Debemos alimentar al peregrino. Primero con un poco de cobijo y comida y luego, alentar con nuestra presencia y nuestros silencios la curiosidad del alma. Una vez abierta la brecha interna, la luz avivada, nuestro papel se limita a dar de beber al sediento con un trozo de pergamino antiguo, con un poco de esa perenne esencia.

Nos alegra poder servir para eso. Hacer unas alubias por la mañana y ofrecer un poco de aliento por la tarde. Y como mínimo, sembrar siempre esa semilla de amor y esperanza para que en un futuro, quien sabe si en esta o en otras vidas, esa semilla crezca y prevalezca como propósito vital. La luz del alma solo puede alimentarse desde el alma. Por eso, aunque aparentemente no ocurra nada ahí fuera, realmente se está librando una gran batalla aquí dentro. En los planos invisibles, un ejército de luminarias nos asisten. Por fuera, seguirá siendo todo igual de sencillo, enigmático, amable, amoroso. Por dentro nos enriquecemos a cada instante, a cada segundo. Somos privilegiados testigos de cada una de esas experiencias.

 

Fukuoka: de la agricultura ecológica a la agricultura natural

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Entre los jóvenes que llegan a las cabañas de estas montañas están los que, pobres de espíritu y cuerpo han abandonado toda esperanza. Sólo soy un viejo agricultor que siente no poder darles ni siquiera un par de sandalias… aunque todavía hay algo que sí puedo darles. Una brizna de paja. Recogí un manojo de paja de enfrente de una de las cabañas y dije: “Con sólo esta paja puede empezar una revolución”. (Fukuoka, “La revolución de una brizna de paja”).

En estos tiempos de cambio se ha puesto de moda todo lo que tenga que ver con lo ecológico. De alguna forma, se está comercializando con la etiqueta “eco” y se intenta mercantilizar algo tan serio como la consciencia dentro de los alimentos. A modo de crítica, o quizás con ansias de espiritualizar algo tan importante como la agricultura y los alimentos, el japonés Fukuoka ideó un método inspirado en el wu wei, la filosofía oriental del no hacer o de la no intervención, que llamó agricultura natural. Este fin de semana hemos tenido la oportunidad de leer dos de sus libros y de entender como el ser humano se ha alejado del sentido natural de la colaboración con la tierra. Hemos tiranizado nuestra relación con la naturaleza, convirtiéndonos en explotadores de algo que debería ser cuidado con sumo amor y cariño.

El método de Fukuoka consiste no tan solo en trabajar la tierra desde otra perspectiva más conectada con la propia naturaleza, también nos habla de una agricultura que reconecta y reconcilia la naturaleza humana. Es decir, un sistema donde el ser humano no se vea a sí mismo como parte ajena de la naturaleza, sino como algo dentro de la misma.

En O Couso estamos intentando aplicar su sabiduría y sus métodos de la mejor manera posible. Estamos intentando seguir los cuatro principios de la agricultura natural que consisten en:

  1. No arar la tierra: de esta forma se mantiene la estructura y composición del suelo con sus características óptimas de humedad y micronutrientes
  2. No usar abonos ni fertilizantes químicos: mediante la interacción de los diferentes elementos botánicos, animales y minerales del suelo, la fertilidad del terreno de cultivo se regenera como en cualquier ecosistema no domesticado.
  3. No eliminar malas hierbas ni usar herbicidas químicos: éstos destruyen los nutrientes y microorganismos del suelo y sólo se justifican en monocultivos.
  4. No usar pesticidas: también matan la riqueza natural del suelo. La presencia de insectos puede equilibrarse en el propio cultivo.

Es algo muy nuevo e innovador y estamos empezando a experimentar para ver los resultados. De momento, es un placer poder comer fresas y todo tipo de productos de la tierra totalmente naturales, que han nacido libres de pesticidas y de químicos. Nos encanta poder trabajar así la tierra, pero sobre todo, nos emociona la idea de poder aplicar los principios de espiritualidad y de consciencia a los elementos propios de la naturaleza. Agua, tierra, sol y viento mezclados con una forma diferente de hacer las cosas, con esos momentos de silencio cuando regamos por las tardes o de consciencia cuando por las mañanas trabajamos con nuestras manos la tierra. De alguna forma respetuosa, nos sentimos agradecidos por esta reconciliación necesaria entre lo humano y su parte más esencial.

(Foto: el huerto-mandala de O Couso cubierto por una capa de paja, siguiendo el método de Fukuoka).

 

¡Me voy a los bosques!

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Cuando decidimos marcharnos al mundo rural nunca fuimos conscientes del cambio radical que iba a suponer para nuestras vidas. Nuestra intención era bucear en una utopía comunitaria apartados del ruido de la fábrica y el anexo que nació a su alrededor: la ciudad. La historia humana es rocambolesca. Nuestros antepasados abandonaron el mundo agrario y autosuficiente del campo para entrar en la esclavitud de los sueldos, las fábricas y el pago de grandes cantidades de dinero para poder usar un trozo de madriguera llamada piso, apartamento o garaje. Para nuestros antepasados la esclavitud y la pobreza estaban en el campo, cohibidos por los ciclos vitales de la naturaleza y a expensas de la generosidad del tiempo y la tierra. Veían en la ciudad y el trabajo en la fábrica una salida aparentemente buena para intentar al menos beber de las fuentes de la prosperidad y la riqueza. Por desgracia, no todos tuvieron esa suerte.

Paradojas de la vida, las nuevas generaciones desean emanciparse de la esclavitud de la fábrica y retornar a los apacibles atardeceres del campo. Tras casi tres años de vida rural nos hemos dado cuenta de que vivir en el campo no es nada fácil. Aún estamos lejos de la autosuficiencia de nuestros abuelos pero aspiramos, gracias a las nuevas tecnologías y las nuevas formas de vida, poder disfrutar de lo bueno del mundo rural junto a la riqueza que llega, ahora lejos de la fábrica, del mundo tecnológico.

En nuestro pequeño espacio utópico a veces recibimos la agradable visita de personas inspiradoras que desean dar un salto cualitativo en sus vidas. No es que ahora en la ciudad se viva mal, pero todas las posibilidades y retos que ofrece un bosque o una montaña no se encuentra entre las calles de la city. Contemplar los espacios sagrados y sublimes que se entrevén por valles y montañas mientras saboreas los ciclos profundos de la naturaleza es algo que no tiene precio.

En un mes nos visitarán los amigos de Pandora Hub para ofrecer y buscar inspiración. Según anuncian en su web, Pandora Hub es un movimiento de reactivación y repoblación de pueblos y zonas rurales. Una reivindicación de la buena vida y retorno a los orígenes. Una fórmula actual de devolver la vida y la actividad económica al medio rural mediante la emprendeduría, el workation, el co-working, el co-living, la permacultura, el crowdfunding y la vida sana.

La nostalgia de la vida del campo, teñida siempre por la poesía bucólica del romanticismo y los altos ideales de filósofos de todo cuño están inspirando a muchos jóvenes que desean abrazar el reto de una vida diferente e inquietante, llena de aventuras cotidianas y encuentros apasionantes entre nuestros sueños y la vida real que se impone a cada instante. Con esta visita de nuestros amigos de Pandora Hub queremos inaugurar el encuentro con grupos que se atrevan a investigar o vivir la inquietante atmósfera de una vida totalmente en contacto con lo real. Lejos de la ficción y la ilusión de mensajes que nos alejan de nuestra esencia, en los bosques encontraremos sentido único a todo cuanto somos.

Estáis invitados. Bienvenidos a los bosques.

Primera semana de experiencia 2016

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El tiempo pasa volando. Ya casi estamos terminando la segunda semana de experiencia y no habíamos tenido tiempo de hablar de la primera. Casi no tenemos tiempo para nada en este hermoso verano y son muchos los aprendizajes y los hermosos encuentros vividos y compartidos. Nos sentimos como siempre desbordados de tanto cariño y nunca sabemos si estamos a la altura a la hora de devolver tanto amor.

Gracias a todas las personas que nos han acompañado en esta Semana de Experiencia hemos podido continuar con la construcción del nuevo gallinero, colocando los cimientos de lo que será la futura casita de nuestras hermosas gallinas. Lo curioso de todo es que la obra que empezamos en Semana Santa para que nuestras amigas vivieran en ella nos ha gustado tanto que hemos decidido utilizar ese espacio para otra cosa, y hacer algo más modesto para nuestras amigas. Todo pasa tan deprisa que ya estamos a mitad del verano y aún no tenemos el nuevo hogar para ellas. Pero al menos el trabajo ya ha empezado y seguro que quedará pronto terminado. 

También ha sido muy especial la colaboración en el huerto quitando hierbas, acumulando restos para el futuro compost de la temporada próxima, y la colocación de la paja en los bancales; un trabajo durillo bajo el sol pero muy divertido y enriquecedor. Nos damos cuenta de todo lo que nuestros antepasados lucharon para poder arrancar de la tierra un poco de vida que alimentara a nuestros cuerpos. Los que venimos de la ciudad nunca apreciamos sinceramente el trabajo hortelano, y ahora que lo vivimos en nuestras propias carnes, honramos aún más los agradecimientos a la hora de comer. El estar en contacto con la tierra nos hace comprender la dificultad, al mismo tiempo que el logro, de todo lo que hemos recibido en esa herencia milenaria. Ahora nos toca consagrar ese trabajo y compartirlo con todos los que nos visitan para que entre todos honremos esa maravillosa labor que con el tiempo nos hizo más humanos y menos animales. 

En esta semana también hemos dedicado tiempo a la limpieza de hierbas altas en el perímetro de la casa y alrededores. Luije con su nueva desbrozadora nos ha vuelto a abrir los caminos que con la hierba se habían cerrado. Esto es algo que hacían muy bien nuestras amigas las cabras y Rocío, nuestra querida yegua. Por desgracia, y es algo de lo que aún no nos hemos recuperado, tuvimos que entregar a nuestras amigas a familias que pudieran hacerse cargo de ellas. Para nosotros fue una gran pérdida dado el cariño que teníamos a estos animales y las aventuras que sufrimos con ellas, pero nos era materialmente imposible poder atender a todas sus necesidades. Ha sido una gran lección para nosotros y a partir de ahora intentaremos asumir cosas que podamos cuidar con dedicación. 

En O Couso seguimos siendo poquitos, por eso estamos planteando fomentar el voluntariado mediante “wwoofers” o similares y así poder atender a todas las necesidades que una casa de campo tan grande requiere. Esto nos permitirá al mismo tiempo profundizar en las relaciones y expandir la acogida con más detalle y decoro. 

Gracias a tod@s por vuestra bonita compañía y esfuerzos para seguir creando de un mundo bueno, un mundo mejor.

Os esperamos de nuevo en O Couso, vuestra casa.

Gracias, gracias, gracias!!

O Couso hace un año

 

Proyecto O Couso - Google Maps2015

Hemos podido rescatar esta foto de Google Maps donde se ve O Couso como era hace un año, con la huerta-mándala recién terminada, como un sello o tatuaje celta a modo de símbolo protector de una tierra que cada día se vuelve más generosa con nosotros.

Los que participasteis en la construcción y consagración de la huerta debéis saber que este verano ya estamos recogiendo kilos de fresas y otras verduras y frutos que nos están alegrando todos los días. Vemos como el esfuerzo compartido al final da resultados, y eso nos llena de optimismo y alegría.

Uno de los ambiciosos proyectos que tenemos en la mente y el corazón es el de crear un autentico jardín cargado de belleza y cariño en todo el recinto de O Couso. Así, cuando vengáis a esta vuestra casa, podréis pasear por un lugar hermoso, cuidado y lleno de armonía. Aún queda mucho trabajo para que ese día llegue, pero estamos sembrando entre todos la semilla del mañana.

Si queréis veniros unos días aquí os esperamos con ilusión. Aquí tenéis vuestra casa y vuestros amigos. También los espíritus de la naturaleza, que esperan ansiosos poder contactar con la sensibilidad humana para construir juntos ese jardín hermoso.

 

Empieza la primera semana de experiencia

Los voluntarios estamos aquí, esperando quizás el soplo de alguna llama interna que nos guíe por las veredas del servicio, de la acción, de la intuición grupal. Aguardamos en la penumbra, en la niebla, en el borde del camino alguna señal, ignorando a veces todas aquellas que desde lo más remoto aparecen a cada instante. A veces nos sentimos desorientados y repetimos una y otra vez aquel viejo mantra de siglos pasados. Amamos pero desde el desconocimiento, alejados de la raíz de aquello que nos fuerza a resumir en palabras una sabiduría necesaria. También amamos, o intentamos amar, sin voluntad alguna, esgrimiendo la responsabilidad en cosas superfluas. Aún así levantamos las piedras, limpiamos la casa, acogemos al peregrino y luchamos cada instante para que la belleza florezca en todas partes. Es posible que no sepamos hacerlo todo bien, pero lo intentamos, nos esforzamos todos los días, nos levantamos con ese ánimo de mejora.

El trabajo es arduo y a veces la pérdida de sentido es propia. Tras el cansancio de la jornada ignoramos que somos piezas de algo mayor, que servimos de engranaje de una malla aún más amplia que nuestra propia esfera de influencia. Requerimos de continuas advertencias, de guiño tras guiño para intentar comprender que el trabajo no es algo aislado, individual y temporal. A veces, en la noche oscura, nos cuesta entender que la búsqueda de sentido solo puede ser posible ante la actuación de aquellos que cabalgan juntos en un mismo viaje.

Hay un propósito oculto que está presto a ser aplicado de forma inteligente. Somos corresponsables de su empleo, de su puesta en marcha en el mundo real. Los trabajadores están ahí, esperando inmaduros la señal. Mientras, la potencia del trabajo corresponde a una necesidad que se agranda ante nuestro miedo y pesar. No es solo levantar una piedra o construir un gallinero. Es la intención que subyace en toda esa obra, en todo ese esfuerzo colectivo. Es la imagen que proyectamos hacia el futuro. Es la esperanza que colma de vida todo cuanto hacemos, por muy invisible que sea el gesto.

El mundo arquetípico espera, no tiene prisa por enfrentarse al mundo con diligencia y ecuanimidad. Es ese lugar de elevada inspiración y de luz donde las formas no producen sombra y por lo tanto, no existe confusión. Elevar nuestra mirada a esa visión más grande, más amplia, más profunda, requiere cierto entrenamiento, cierta disciplina. Pero también cierta voluntad de obrar hacia esas metas de amor y compasión hacia los seres sintientes. Esa misma necesidad de querer transformar y elevar las cosas bellas a un plano aún más abarcante, armónico y eficaz. Esa energía elevada que requiere atención plena, entrega y fuerza para arrancar de la inercia el esperado sueño.

Queremos y estamos dispuesto a ello. Sólo debemos empezar a recordar quienes somos, cual es el motivo real de nuestra vida y por qué avanzamos juntos en esta nodriza que tanto nos da. Podemos despertar al furor de la urgencia, podemos abrazar el inmanente sueño común y volver a sentir el roce suave de la esperanza. No solo es levantar una piedra tras otra… Es algo más, mucho más profundo.

Ya no es una ficción el poder hablar de un mundo nuevo. Es algo que sembró en la tierra del ayer y que se expresa tímido en los brotes del presente y sempiterno ahora. Ya es posible vivir para siempre en esa emoción. Tomemos un momento para rememorar la esencia de nuestro propósito interior y poder así expresarlo sin miedo, sin temor. Tomemos un momento para expresar libres esa gran propuesta.

Aquí, en O Couso, ya ha empezado la primera semana de experiencia, y a cada gesto, a cada paso, elevamos la mirada a ese compromiso vital, a esa apuesta por un mundo mejor. Estamos felices. Estamos alegres de poder compartir esa nueva buena.

Datos económicos del proyecto O Couso

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Algunos de vosotros nos habéis preguntado como se financia la fundación y el proyecto O Couso, de qué viven sus miembros y donde invertimos el dinero que recibimos. Como sabéis los miembros de la comunidad no perciben ningún dinero de la fundación. Más bien es todo lo contrario. Utilizan sus trabajos para financiar parte de lo que aquí se hace. Tanto María, Iván, Laura y Javier tienen sus propios trabajos y todos los meses hacen aportaciones económicas para que la fundación y el proyecto sigan adelante.

Como ya hemos contado alguna vez, la finca fue comprada por la fundación Dharana. Como la fundación no tenía recursos para poder comprarla, los miembros del patronato hicieron una donación a modo particular a la misma.

Los pagos se realizaron de la siguiente forma:

  1. a) Uno de los miembros donó 33 mil euros.
  2. b) Un segundo miembro donó 66 mil euros.
  3. c) Un familiar nos prestó 25 mil euros.

El miembro a) donó ese dinero gracias a unos ahorros.

El miembro b) solicitó préstamos personales por importes de 60 mil euros, los cuales está devolviendo poco a poco. El resto lo aportó de sus ahorros. De estos 60 mil euros aún debe 45 mil euros.

Del préstamo familiar que nos hicieron para comprar la finca aún debemos 12 mil euros, los cuales vamos devolviendo todos los meses en amortizaciones de 500 euros.

Como gastos fijos mensuales, en el proyecto O Couso tenemos dos:

  1. a) Gestoría: 100 euros
  2. b) Préstamo familiar compra: 500 euros

Como gastos variables de Comida, botellas de butano, Ferretería y obras en 2015 tuvimos unos gastos de 9895,12 euros, es decir, unos 800 euros mensuales que llegaron a la fundación mediante donativos o ingresos de los miembros del patronato.

Actualmente tenemos un déficit de 3000 euros. Esto equivale a:

  1. a) 1000 euros. Dos mensualidades del préstamo familiar (mayo y junio).
  2. b) 200 euros. Pago del IVA del tejado de la casa. El IVA fueron 2776 euros.
  3. c) 1000 euros. Pago del arreglo de los muros que se han caído este invierno (el presupuesto era de 5000 euros y hemos arreglado tan solo hasta 2000 euros).

En resumen, estas son las cuentas actualmente. Si alguien desea tener más detalles de las mismas por favor poneros en contacto con nosotros y os pasaremos todo el extracto financiero que la gestoría nos detalla cada mes. También será bienvenida cualquier aportación.

Una vez nos pongamos al día de los pagos, la idea es seguir con la rehabilitación de la casa para intentar terminar los lavabos, la cocina, los suelos, los tejados, las puertas, las ventanas… Sin prisas pero sin pausa, con el afán de que esta casa de todos sea cada día más cómoda.